El
Área Metropolitana de Buenos Aires está enfrentando una profunda
crisis en cuanto a lo que vulgarmente se denomina "el problema
de la basura". A la saturación de las instalaciones de
disposición final dependientes de la CEAMSE* y la dificultad para
encontrar nuevas localizaciones
- que cuenten no sólo con una aprobación técnica sino
también social- se suma el enorme crecimiento del sector informal.
Sin embargo, esta es la punta de un iceberg cuya mayor parte creció
a lo largo de años durante los cuales:
- La
tasa de generación de residuos de la región aumentaba debido
al crecimiento de la población y al aumento en la tasa
individual de generación de residuos, propiciada
fundamentalmente por una cultura que privilegió lo desechable
- Existió
una actitud ciudadana completamente indiferente en cuanto a la
cantidad y calidad de los desechos que se generaban. Pero
tampoco, desde el Estado, se hicieron esfuerzos educativos para
cambiar esa actitud
- Las
empresas no se preocuparon por minimizar aquellos residuos
asociados a los envases de los productos de consumo
- Las
actividades de recuperación de materiales fueron
mayoritariamente de tipo informal
- Si
bien gran parte de los residuos del área vienen siendo
depositados en rellenos sanitarios, se observan fuertes
diferencias en la construcción y operación de éstos. Ello
implica que existan algunas instalaciones que presentan serias
deficiencias en aspectos técnicos, ambientales y sanitarios
- Persistió
la proliferación de los basurales a cielo abierto, sostenidos
por los distintos niveles de la recuperación informal, pero
también por evasores de la legislación, por ejemplo, de
residuos peligrosos
- Al
igual que otras actividades "poco deseables"
(cárceles, cementerios u otros) no existió una política
que permitiera asegurar y cautelar localizaciones definitivas
para estas. No se generaron instancias de participación,
negociación y acuerdo social que establecieran, entre otras
materias, las compensaciones adecuadas para los territorios
"afectados". Las instalaciones, formales o no, en
general comparten el territorio con los sectores más pobres y más
vulnerables de la sociedad
- La
participación privada en el manejo de los residuos
domiciliarios, en cuanto vienen existiendo muy pocas empresas
que controlan el mercado, evidencian distintas señales de
competencia imperfecta
- Pese
a la existencia de legislación con respecto a residuos
peligrosos, sistemáticamente se ha desconocido la presencia de
ese tipo de residuos en la corriente general, no generándose
ningún mecanismo para segregarlos y tratarlos adecuadamente.
Además, los altísimos costos que representa el tratamiento de
peligrosos ha fomentado la clandestinidad desde grandes
generadores.
- Una
gran cantidad de organismos públicos sin clara definición de
funciones y misiones, con solapamiento de competencias, y sin
ningún nivel de integración, fue conduciendo a un Estado
desdibujado dentro de las apetencias privadas, y a la carencia
de cualquier tipo de control y penalización, ante
incumplimientos de la legislación existente.
La
complejidad de la crisis radica en las múltiples dimensiones que
involucra: institucional, económica, tecnológica, ambiental,
territorial, social y política; el peligro es que se quiera
enfrentar el tema sólo desde una perspectiva de corto plazo, no
considerando aspectos tales como: minimización en la generación de
residuos, desarrollo de nuevas alternativas para el tratamiento de
los residuos sólidos, participación social, revisión de la
institucionalidad, etc.
Hoy
los municipios aparecen como responsables directos, sin embargo,
enfrentar el tema requiere una perspectiva más amplia que la
exclusivamente local que se formalice a través del diseño de una
política al menos regional. Tal política para la Gestión Integral
de Residuos Sólidos Urbanos (GIRS) debería contener a las
dimensiones antes mencionadas, así como considerar la estrecha
relación que debe exhibir con:
- La
protección de la calidad y el suministro de los recursos hídricos
- El
fomento del desarrollo sostenible de los asentamientos humanos
- La
protección sanitaria
- La
evolución de las modalidades de consumo
La
gestión integral de residuos es una actividad que sólo puede ser
exitosa si involucra a toda la sociedad.
Prácticamente toda la actividad humana genera residuos o
contribuye a que otros lo hagan.
Por lo tanto, una política en Residuos Sólidos Urbanos
(RSU) debería ir más allá de la simple eliminación o el
aprovechamiento por métodos seguros de los desechos producidos y
procurar resolver la causa fundamental del problema, intentando
cambiar las pautas no sostenibles de producción y consumo. Ello
entraña la aplicación del concepto de gestión integrada del ciclo
vital que representa una oportunidad única de conciliar el
desarrollo con la protección del ambiente.
EL
DESARROLLO DE PROGRAMAS DENTRO DE LA PLANIFICACIÓN
Los
procesos de gestión de energía, de aguas y de residuos sólidos
han demostrado poseer más de un aspecto en común. Por un lado
evidencias científicas requieren cierta urgencia en la acción.
Además, demasiadas condiciones cambiando muy rápidamente
demuestran la necesidad de un importante poder de adaptación.
Sin
embargo, esto no quiere decir que la solución provenga de la adopción
de compulsivas medidas coyunturales, lo que significaría ir siempre
detrás de las crisis. Más bien lo que cada día se pone en
evidencia es la necesidad de una planificación a largo plazo,
basada en tendencias proyectadas a partir de datos pasados y
presentes, y con la suficiente flexibilidad para permitir la adaptación a los diferentes escenarios que
se puedan ir presentando.
Otro
aspecto común a estos temas tiene que ver con que todos representan
recursos naturales y, en este sentido, también ha resultado
evidente en los últimos años la necesidad de una política, propia
para cada país, del manejo de recursos y materiales. Gran parte del
éxito que muchos países obtengan en su desarrollo para los años
que vienen dependerá de las previsiones realizadas sobre la
calificación y la cuantificación de las disponibilidades de sus
recursos naturales.
Es
notable como al hacer estas consideraciones se encuentran
interconexiones entre la gestión de la energía, de las aguas y de
los residuos sólidos, demostrándose que la planificación además
debe exhibir altos grados de coordinación entre
distintas áreas y debe contar con el aporte integrado de los
organismos poseedores de datos e información.
Uno
de los desafíos presentes es cómo adecuar los marcos regulatorios
a la creciente complejidad de cada caso. Una profusa legislación
unida a intrincados mecanismos burocráticos históricamente no ha
sido garantía de acatamiento generalizado. En una sociedad con
bajos niveles éticos y/ o de concientización, el incremento en la
presión regulatoria sólo ha logrado fomentar el incumplimiento. En
contrapartida, la tendencia actual es a producir una legislación
que contenga fuertes lineamientos generales y que aliente la
implantación de programas locales de gestión.
Las
ventajas de los programas son que acompañan a los cambios de manera
más flexible, posibilitan la divulgación de la información y
facilitan los procesos de participación y toma de conciencia. La
comunidad toda, paulatinamente, va comprendiendo la necesidad de
cumplir con las regulaciones analizando los problemas globales desde
una visión local. Además se van perfeccionando los mecanismos de
prevención en la medida que se aprende a considerar la escalada de
efectos que cualquier decisión puede conllevar. Experiencias en
todo el mundo han demostrado que programas de uso eficiente de energía,
de uso racional de agua, tanto como programas de reducción de
residuos sólidos y/o de separación en origen, resultan exitosos
sin van unidos a la participación sustantiva de la gente.
En
el caso de los residuos sólidos, el marco de acción debería
apoyarse en una jerarquía de objetivos y centrarse en cuatro áreas
principales de programas:
1.
Reducción al mínimo de los residuos generados
2.
Aumento al máximo de la reutilización y el reciclado
3.
Promoción de la eliminación y el tratamiento ambientalmente
racionales de residuos
4.
Ampliación del alcance de los servicios que se ocupan de los
residuos
Dichas
áreas deben estar integradas, aunque la importancia relativa de
cada una de ellas, así como la combinación de actividades variarán
en función de las características de cada localidad.
DEL
GOBIERNO NACIONAL O PROVINCIAL
(1)
El Congreso puede proveer un fuerte liderazgo
estableciendo una clara política nacional o provincial con
articuladas metas y prioridades.
El
sistema que genera y gestiona RSU incluye un rango de participantes
que fabrican, distribuyen, consumen y disponen de materiales y
productos. El marco institucional incluye las entidades
gubernamentales que afectan las interacciones entre esos
participantes.
Existen
por lo menos cinco categorías de opciones para mejorar el marco
institucional para la prevención y la gestión de RSU:
A.
Integración: planeamiento y coordinación
Los
esfuerzos cooperativos deberían crecer, especialmente entre
provincias y gobiernos municipales y esos niveles del gobierno y el
sector privado. En muchos casos, sin embargo, existe una crítica
carencia de grupos de trabajo, particularmente con respecto a la
reducción y al reciclaje. Por otra parte, el límite de la
autoridad del Gobierno Central necesitaría ser delineado.
B.
Localización/ Adopción de métodos
La
oposición de los ciudadanos a la localización de nuevas
instalaciones es bastante generalizada, aun cuando dichas
instalaciones deberían alcanzar estrictos estándares. Varios
estudios indican que si el público es envuelto temprana y
sustantivamente en el proceso de selección, evaluación y
localización, las chances de éxito pueden aumentar
significativamente.
El
Estado debería establecer guías para los procedimientos,
establecer arbitrajes y grupos mediadores que puedan ayudar a las
comunidades a resolver disputas.
C.
Cumplimiento de leyes.
El
gobierno podría definir un fuerte rol de policía, por ejemplo,
para la Secretaría de Recursos Naturales y Desarrollo Sustentable.
También podría incrementar los niveles de penas civil y/o
comercial por violaciones de los requerimientos.
La
habilidad de los ciudadanos para demandar al Gobierno por falta de
cumplimiento de las leyes también es un mecanismo potencialmente
importante.
D.
Flujo de información
El
éxito de cualquier esfuerzo nacional para adoptar una política de
reducción y de gestión de RSU dependerá fuertemente de la calidad
y divulgación de la información.
Información
no solo debe incluir conocimiento y datos sobre generación y gestión
de materiales, sino también una adecuada educación y esfuerzos en
investigación.
Un
banco de datos centralizado podría ofrecer datos sobre etiquetado,
generación de RSU, fuentes de sustancias tóxicas en los RSU,
tendencias en productos y embalajes y, acciones que los individuos
pueden tomar para reducir la generación de RSU. Esta información
podría ayudar a los consumidores a identificar formas de cambiar
sus decisiones de compra y a los fabricantes, especialmente a Pymes
con limitados recursos técnicos, a hacer uso de técnicas
desarrolladas por otros.
Con
respecto a la educación, folletos, curriculums escolares y
publicidad en medios de comunicación podrían ser de gran ayuda. Es
crítico que los niños (la próxima generación de consumidores)
sean bien informados sobre el sistema de gestión de RSU y las
implicancias ambientales de cómo la Nación usa sus recursos
naturales.
La
relación entre la extracción de recursos vírgenes y las montañas
de basura que son descargadas, tanto como otros problemas
ambientales deben ser más evidentes para las próximas generaciones
de lo que han sido para la mayoría de nosotros.
Ambos,
fabricantes y consumidores, necesitan aceptar que sus decisiones
sobre los productos afectan la generación y la gestión de RSU, y
conocer qué oportunidades existen para realizar cambios hacia
mayores tasas de reducción y reciclaje.
Por
otra parte, se debería incrementar el flujo de fondos destinados a
la realización de investigaciones por parte de instituciones
estatales para desarrollar metodologías para evaluar la efectividad y para mejorar los programas de prevención y gestión.
E.
Fondos
Un
importante punto de interés cuando se considera una nueva política
es como serán financiadas las actividades involucradas. En general,
nuevas o independientes fuentes de fondos son deseables, para que
los nuevos programas no compitan con los existentes.
Dichos
fondos podrían provenir de distintos tipos de imposiciones. Con
respecto al producto, por ejemplo,
sobre el uso de materiales vírgenes, sobre los productos que
no presentan características de reciclabilidad,
sobre productos más tóxicos o menos durables,
sobre la ineficiencia en el consumo de energía durante la
fabricación, etc.
Con
respecto a los consumidores, podrían considerarse distintas
opciones de imposiciones sobre las cantidades enviadas a disposición
final.
(2)
En principio los gobiernos deberían fijarse como objetivos:
- Contar
con la capacidad suficiente para obtener, organizar, y analizar
la información relativa a la calidad y cantidad de RSU, así
como de las tendencias que las modifiquen.
- Establecer
programas para estabilizar o reducir la producción de residuos
destinados a su disposición definitiva.
- Establecer
programas para reducir la producción de desechos agroquímicos,
de envases, y de materiales de embalaje.
- Reforzar
y ampliar los sistemas nacionales/ regionales de reciclado.
- Crear
un programa modelo para el reaprovechamiento y el reciclado
internos de los residuos generados.
- Difundir
información, técnicas e instrumentos de política adecuados
para fomentar y poner en marcha sistemas de reaprovechamiento y
reciclado.
- Promover
la capacidad financiera y tecnológica en los planos regional,
nacional, y local suficientes para poder aplicar políticas y
medidas de reaprovechamiento y reciclado.
- Imponer
metas para que, de los residuos que deben ser dispuestos,
porcentajes crecientes, de acuerdo a una línea de tiempo, lo
sean por métodos seguros.
- Establecer
criterios de calidad, y normas referentes a la eliminación y el
tratamiento de residuos que están basados en la naturaleza y en
la capacidad de asimilación del cuerpo receptor.
- Disponer
de la capacidad suficiente para vigilar los efectos de la
contaminación debida a los desechos, y mantener una vigilancia
sistemática, incluida vigilancia epidemiológica.
- Imponer
metas para que cada vez mayores porcentajes de efluentes
cloacales y de residuos sólidos se traten o eliminen en
conformidad con directrices de calidad ambiental y sanitaria.
- Imponer
metas para que, en el plazo más corto posible, se provea a toda
la población de los servicios de recolección y eliminación de
residuos por métodos ambiental y sanitariamente compatibles.
Cabe
destacar, que en el caso del AMBA existe una frondosa legislación
que desde los niveles nacional, provincial, y municipal, provee el
marco jurídico para una adecuada gestión ambiental en general, y
de residuos sólidos en particular. Lo importante hoy es determinar
los por qué de los altísimos niveles de incumplimiento, así como
diseñar procedimientos periódicos de revisión de esa legislación
en función de los cambios de condiciones.
Además,
en lo que se refiere a la necesidad de algún organismo coordinador,
se podrá decir que la CEAMSE ya ocupa ese lugar, al menos desde lo
teórico. También habría que revisar, entonces, las causales de la
brecha entre la teoría y la práctica, así como repensar un
organismo con verdadera participación de todos los niveles
gubernamentales, y en el cual la relación con el sector privado
otorgue mayor importancia a la responsabilidad compartida.
DE
LOS GOBIERNOS MUNICIPALES
A
la hora de implementar programas en pos de una gestión integral de
residuos sólidos los planificadores locales deberán considerar que
sin importar cuáles sean los elementos que la comunidad desea
adoptar para la gestión, antes de que el programa pueda ser
implementado se debe obtener y analizar una gran variedad de datos,
y las metas de la comunidad y la escala del programa deben ser
fijados
La
comunidad también debe, antes de comenzar la gestión, conocer y
entender las características de la generación de residuos, y su
proyección a futuro, como un medio para planificar y financiar un
programa eficiente. Una información realista permitirá a la
comunidad asegurar un presupuesto para las necesidades del programa,
definir el tamaño adecuado para las instalaciones, y le ayudará a
evaluar mejor los éxitos del programa una vez puesto en marcha.
El
proceso de establecer un programa de gestión de residuos es lento y
complejo. A medida que el proceso avanza aparecen los problemas y es
fácil empantanarse en los detalles cotidianos de la implementación.
Muchas veces un problema que podría haber sido detectado con
anterioridad es enmascarado por otras consideraciones. Y, aunque la
naturaleza humana tiende a transformar un gran problema en una serie
de otros pequeños más "manejables", siempre se debe
mantener una visión del programa como un todo, lo que imposibilitará
que cualquier elemento individual reciba demasiada o muy poca atención.
(3)
Para mantener una buena perspectiva del programa los
planificadores deben prestar atención a cinco elementos (5 Ps):
- Planificación
- Precios
- Publicidad
- Políticas
- Perseverancia
Considerar
a estos elementos es fundamental para el éxito del programa.
Inversamente, ignorar u olvidar alguno aumentará las posibilidades
de fracaso.
I.
Planificación
Aunque
parezca obvia la importancia de una planificación antes de
implementar un programa exitoso, en la práctica, frecuentemente se
olvida la necesidad de formular y seguir un plan bien diseñado. Un
vertedero colmatado u otro problema relacionado con los residuos
puede presionar a la comunidad a actuar precipitadamente causando
errores, los cuales resultan en dilaciones y derroche de recursos.
Aunque
no todas las situaciones posibles pueden ser anticipadas, existen
modelos basados en experiencias exitosas que pueden ser usados como
base para la planificación en una localidad.
La
planificación es especialmente importante debido a la gran cantidad
de actores que pueden intervenir en los procesos de la gestión de
residuos: funcionarios públicos, operadores de plantas, compradores
de energía y materiales, propietarios de rellenos sanitarios, y
ciudadanos en general deben ser incluidos para que un programa sea
exitoso.
II.
Precios
Las
decisiones que se tomen con respecto a la adopción de alternativas
para una GIRS deben estar basadas en un continuo y profundo análisis
económico que considere los recursos de la comunidad y anticipe los
impactos ambientales, tanto negativos como positivos. Comparar
costos y beneficios previo a cualquier acción es esencial para el
éxito en el largo plazo.
III.
Publicidad
La
exitosa implementación de un programa de gestión de residuos puede
llevar varios años y comprometer importantes porciones de los
recursos de la comunidad. Mientras la decisión de adoptar
determinadas estrategias suele estar acompañada por grandes campañas
publicitarias, el sostén para un programa puede ser erosionado a
menos que se preste mucha atención a mantener el programa en la
agenda pública para conseguir apoyo por parte de la comunidad.
Debería desarrollarse e implementarse un plan para informar al público
sobre los progresos del programa, sobre todo antes de que la función
pública vote un programa de inversiones. El programa de gestión de
residuos debe ser visto por el público como algo de lo que debería
enorgullecerse, como un ejemplo del progreso de la comunidad y de su
compromiso con un ambiente limpio.
IV.
Políticas
Al
igual que la publicidad, sostener el soporte político durante el
largo y costoso proceso de implementación es vital para el éxito
del programa. Cuando el presupuesto local es muy ajustado, un
programa puede no sobrevivir a recortes a menos que tenga un fuerte
respaldo político. El apoyo político también es crucial para
obtener financiamiento y asegurar que el programa cuente con los
recursos necesarios para construir y operar las instalaciones de
manera eficiente.
Los
representantes políticos deberían mantenerse informados acerca de
los progresos del programa, de la misma forma en que las autoridades
electas para un nuevo período deberían ser educados con respecto a
los esfuerzos que la comunidad viene llevando a cabo.
V.
Perseverancia
Finalmente,
una comunidad que esté considerando un programa de gestión de
residuos debe prepararse para pensar en el largo plazo. Algunos
programas llevan varios años de implementación, siendo complejos,
onerosos, y unidos a menudo a un cierto grado de frustración. Una
comunidad que elija implementar un programa debe estar predispuesta
a comprometer los esfuerzos y recursos necesarios. El último
elemento clave para el éxito es perseverar hasta que el programa
esté en marcha en su totalidad.
Referencias
*
CEAMSE: sigla que en principio correspondió a Cinturón Ecológico
Área Metropolitana Sociedad del Estado, hoy corresponde a
Coordinación Ecológica Área Metropolitana Sociedad del Estado.
(1)"¡S.O.S.!
Políticas claras" Revista Énfasis Packaging - Año 5 N°2
Marzo de 1999 (Ing. Rosana Iribarne)
(2)Agenda
21 (Naciones Unidas)
(3)Decision
Maker's Guide to Solid Waste Management, Volume II, (EPA
530-R-95-023), 1995
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