SITUACION AMBIENTAL ARGENTINA

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Uruguay no cumple con el derecho internacional

Horacio Cardo

Clarín, 12 de abril de 2006

 


En las papeleras, el país vecino pone en juego una idea de soberanía que no corresponde a quienes firman tratados internacionales.
Julio Barboza EMBAJADOR RETIRADO, EX MIEMBRO DE LA COMISION DE DERECHO INTERNACIONAL DE LAS NACIONES UNIDAS
Dos grandes magnitudes campean en el asunto de las papeleras uruguayas: el interés nacional y la soberanía. La segunda, que suele originar los mayores espejismos, tiene en realidad dos caras, como Jano, sólo que una no es muy visible. Nuestros vecinos orientales ven su aspecto positivo; ellos en su territorio pueden hacer lo que les venga en gana. Nosotros, en cambio, percibimos su lado exclusivista: que no se perturbe nuestra integridad territorial con contaminación, ni que se perjudique el libre goce de nuestro territorio.
Corolarios igualmente válidos de la soberanía, dieron lugar a un viejo pleito en los "ríos internacionales", esto es, los que atraviesan o separan Estados. La doctrina Harmon, que pretendía que Estados Unidos podía hacer lo que quisiera, en su territorio, con ríos que iban a parar a México, jamás fue tomada en serio y hoy el agua de los ríos internacionales es un recurso natural compartido entre los Estados ribereños.
De forma que el Uruguay sí debe tener cuidado con lo que hacen sus papeleras porque el derecho internacional, que algunas autoridades importantes —actuales y pasadas— del Uruguay alegremente invocan en su favor, dista mucho de mirar con buenos ojos la actitud que adoptaron.
Y aquí entra el interés nacional. No hay país más cercano al nuestro, en todo sentido, que el Uruguay: la región del Plata es una sola zona humana dividida en dos por una frontera que existe más por factores de política internacional de la época, allá por 1828, que por incompatibilidad de coexistencia. Nuestras luchas civiles no conocieron esa frontera, como pueden atestiguarlo tanto don Frutos Rivera como don Manuel Oribe, y la guerra del Paraguay se originó en una cuestión interna de la Banda Oriental. Huelga recordar la expedición de los 33 Orientales, que zarpó de Buenos Aires y el Congreso de la Florida, y los tantos sucesos de guerra y de paz que sellaron nuestra relación a lo largo de la historia. Somos hermanos de sangre, eso es sabido.
Pero los españoles tienen un dicho aplicable también, y acaso principalmente, entre hermanos: "las cuentas claras y el chocolate, espeso". Y las cuentas aquí no son claras. No son claras porque ya es de público conocimiento que el Uruguay no ha cumplido con su obligación internacional hacia nosotros, y no hubo forma de que la cumpliera no obstante las penurias de la delegación argentina en el grupo de alto nivel que sesionó por seis meses, penurias fielmente reflejadas en el informe aparecido en la página Web de la Cancillería.
¿Dónde figura esa obligación? En el derecho internacional y más específicamente en el tratado entre nuestros países, que se llama Estatuto del Río Uruguay y que dice claramente qué deben hacer ambas partes cuando emprendan una obra nueva que pueda afectar la ecología del río. Porque lo que no puede hacer ninguna de las dos partes es contaminar ese sistema ecológico, producir en él un "daño sensible" en los términos del tratado. Cuando un Estado ingresa en un tratado abdica de cierta porción de su soberanía, de lo contrario, ¿para qué suscribirlo si después no lo va a cumplir porque es soberano? La Argentina tiene el derecho de oponerse a la contaminación del sistema del río Uruguay y Uruguay el deber de encontrar un método no contaminante para producir su papel.
Es tan simple como todo eso. Pues bien, lo primero que deben hacer las partes del Estatuto citado es notificar la realización de una obra nueva y proveer toda la información necesaria a la otra parte para que ésta pueda formarse su propio juicio respecto al impacto que tendrá en su territorio. Los uruguayos dieron autorizaciones unilaterales a las papeleras y a nosotros nos dijeron que se utilizará el método Kraft. Pero dicho método es contaminante y para que no lo sea, o lo sea lo menos posible, deben tomarse muchas otras medidas, como el tratamiento de los efluentes líquidos, sólidos y gaseosos.
Es un asunto muy complejo, pero a menos que nos digan precisamente en qué consisten tales medidas, no se podrá saber si el funcionamiento de las papeleras será o no contaminante.
Si alguien tiene obligación jurídica de dar cierta información, y no la da, ¿qué puede pensarse? Lo primero, que intenta hacer lo que no debe, y —en este caso- que va nomás a contaminar. Lo segundo, simplemente que no tiene información, porque no se la han dado. Esto parece lo más probable y denuncia una situación que comenzaba a perfilarse nítidamente, esto es, la predominancia de Botnia en su relación con el Uruguay y el carácter más o menos leonino del contrato que el Gobierno uruguayo anterior firmó con ella.
Por lo demás, si el vecino país firmó otro tratado, como se dice ahora, con Finlandia que le impide cumplir con su obligación según el que lo une con nosotros, tiene responsabilidad internacional.
Así las cosas, nuestros vecinos de Gualeguaychú le dieron al presidente Vázquez la salida que necesitaba y a éste la dorada oportunidad de aparecer duro con alguien: llamó de vuelta al canciller Gargano y anunció su intención de ir al Mercosur. A buen puerto van nuestros vecinos por agua: el Mercosur carece de competencia al respecto. El presidente Vázquez quiere tapar con los cortes de ruta su propia obligación, pero debemos ir por partes. Primero, lo suyo, porque no puede avanzarse en el proceso hasta tanto Uruguay no cumpla con su deber primario. Después veremos si la presión, a través de los cortes, para que Uruguay cumpla con su deber, es ilegal.
Pero bueno, así es la política. Es claro que el presidente Kirchner no va a mandar a aquellos buenos y respetables vecinos de Gualeguaychú la Gendarmería Nacional, que hubiera resuelto el problema en poco más de cinco minutos, ni el presidente Vázquez va a romper sus buenas relaciones con Botnia ni a denunciar el contrato que en su momento criticó cuando era opositor.
El Presidente oriental está, como dicen los criollos, embretado, por cuanto el plan de los conservadores uruguayos de convertir al país en un gran productor de papel no parece malo y puede significar mucho empleo y un cambio sustancial en la economía oriental. Lo único que queremos nosotros es que no se haga a costa nuestra y eso hubiera podido ser si se hubiera puesto en la otra banda un poco más de cuidado en sus relaciones con esta olvidada rivera, lo que no sucedió. ¿Por qué fue así? Preferimos no ahondar en esta veta.

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Informacion correspondiente a la seccion papeleras sobre el rio Uruguay 
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