La Secretaría
de Medio Ambiente y Desarrollo Regional del gobierno porteño
ha iniciado un programa de relevamiento del barrio de Mataderos,
con la finalidad de que vecinos, autoridades e industriales,
participen de un proceso de autodiagnóstico que permita
identificar los problemas ambientales que afectan al barrio
y se comprometan en una acción cooperativa de reconversión
para la solución de los mismos.
El autoritarismo,
como forma de ejercer el poder, descansa fundamentalmente
en la concentración de la información y del
poder de intervención en unos pocos individuos, mientras
que el resto de la población no sabe bien lo que está
pasando. Tradicionalmente las autoridades políticas
han efectuado diagnósticos y planificaciones sin considerar
de antemano la opinión de los propios afectados por
el problema. Sin embargo, en un sistema democrático
la gente misma selecciona sus problemas, reconoce su situación
y se organiza para buscar datos y sacar conclusiones; ejerce
en todo momento su poder de decisión, ofrece su esfuerzo
y su experiencia para llevar finalmente adelante una tarea
en común.
El conocer
la propia situación no es, pues, cuestión de
simple adquisición de información o de curiosidad.
Se trata de avanzar en una toma de conciencia de aquellos
elementos que obstaculizan el desarrollo individual y grupal,
y se trata de hacerlo mediante un aprendizaje colectivo, basado
en el intercambio de experiencias y en una apropiación
de la memoria histórica, es decir la historia de la
propia comunidad.
El autodiagnóstico
participativo tiene un alto valor educativo, todos se enriquecen
democráticamente con las experiencias ajenas ya que
en la cultura de la gente, en lo que piensa, hace, recuerda,
vive todos los días, hay una enorme riqueza, hay elementos
útiles para solucionar problemas de la existencia diaria.
Se constituye entonces en un buen camino para terminar con
la falta de comunicación entre los miembros de la comunidad
y las autoridades que ejercen el gobierno en representación
de esa comunidad.
Por
esta razón el autodiagnóstico participativo
se aplica para:
·
Identificar lo que a una comunidad le sucede
·
Seleccionar un tipo de problema y ver qué tan generalizado
está entre la población
·
Reconocer a fondo tanto las causas como las consecuencias
que acarreará en el futuro
·
Prever acciones organizadas a fin de lograr una solución
La idea
fuerza es reconocer un potencial de cambio en la interacción
de actores con experiencias y conocimientos diversos. Por
ello, este proceso trata de evitar la planificación
centralizada que no reconoce las diferencias y propone o impone
soluciones sólo adecuadas a la experiencia y a los
conocimientos de los profesionales que intervienen y no de
los pobladores.
Mas
allá de los recursos económicos
Los recursos
que este tipo de programas moviliza, no se agotan en lo que
convencionalmente suele entenderse por recursos económicos.
Mientras que estos últimos se reducen al trabajo, con
sus varias calificaciones y al capital, los otros recursos
que se movilizan incluyen:
1. La
conciencia social
2. Una cultura organizativa y de capacidad de gestión
3. La creatividad popular
4. La energía solidaria y la capacidad de ayuda mutua
5. La calificación y entrenamiento ofrecido por el
Gobierno
6. Una oportunidad de compromiso y dedicación particular
para los actores externos e internos del barrio
Es preciso
destacar la particularidad muy especial que distingue a los
recursos convencionales de los no convencionales. Mientras
los primeros se agotan en la medida en que se utilizan, los
segundos se pierden sólo en la medida en que no se
utilizan. Por ejemplo, el poder que se entrega, es poder que
se pierde; el dinero que se da es dinero que se deja de tener.
En cambio, la solidaridad que se da es solidaridad que crece;
el conocimiento que se entrega es conocimiento que se expande.
Los recursos
no convencionales potencian un desarrollo que va mas allá
de la noción convencional de acumulación, ya
que se funda, además, en el acervo del saber práctico
generado por la propia comunidad. Tal acumulación de
conocimientos amplia a su vez la potencialidad de los propios
recursos: capacidad organizativa, generación de nuevas
conductas y opciones enriquecedoras de interacción
comunitaria. Otro rasgo distintivo de estos recursos, y que
revierte las perspectivas economicistas habituales, es que,
contrariamente a los recursos económicos convencionales
que se caracterizan por la escasez, los recursos no convencionales
abundan. Tienen además una enorme capacidad de conservar
y transformar la energía social y lo hacen de forma
profunda y duradera.
Esta nueva
forma de ver los recursos que satisfacen necesidades humanas,
no sólo extiende las opciones en materia de planificación
y políticas, sino además destaca que el principal
agente de transformación es la capacidad del ser humano
de movilizar su sensibilidad, imaginación, voluntad
y su talento intelectual en un esfuerzo que se extiende desde
el desarrollo personal al desarrollo social y que genera así
una conciencia integradora que va de lo individual a lo colectivo,
transformando recursos internos de la persona en catalizadores
de una energía social transformadora. Es precisamente
este caudal sinérgico de los recursos no convencionales
lo que los convierte en una pieza clave para el “desarrollo
a escala humana”. Y es por su dimensión histórico-cultural
que una política de recursos no convencionales es mucho
más que una política económica o ambiental.
La problemática
ambiental en Buenos Aires
La ciudad
de Buenos Aires posee problemas ambientales de diversa índole,
al igual que otros grandes regiones metropolitanas de América
Latina. Muchos de estos problemas ambientales son consecuencias
no previstas de los procesos de crecimiento urbano y desarrollo
industrial generados durante muchos años, sin un adecuado
marco de planificación territorial. La ocupación
del espacio físico, la radicación de la infraestructura
urbana y la localización de actividades productivas
ha sido mas bien un proceso espontáneo cuyas causas
radican en la evolución de sectores económicos
y movimientos migratorios generados por factores sociológicos,
políticos y económicos de fuerte gravitación
durante las últimas décadas.
Durante
las primeras décadas del siglo, la Ciudad de Buenos
Aires ejerció una fuerte atracción de actividades
y radicación de poblaciones provenientes del "hinterland"
aledaño y del interior del país. La inserción
de la ciudad como principal puerto exportador de la producción
primaria, vinculada al perfil agroexportador de Argentina,
determinó la radicación de muchas industrias
afines al sector en esa circunstancia histórica.
El barrio
de Mataderos, al igual que otros distritos de Buenos Aires
y su conurbano fueron polos de atracción para actividades,
a veces de tipo industrial, a veces de tipo artesanal, relacionadas
con la industria de la carne y la producción de alimentos.
La radicación de estas actividades en el distrito de
Mataderos, no fue una casualidad. Hacia fines del siglo pasado,
el Gobierno Nacional decidió concentrar el mercado
de hacienda en el oeste del ejido urbano en la zona de Liniers.
Así nació un barrio cuya actividad casi exclusivamente
se centraría en la venta de animales y el procesamiento
de la carne vacuna. Crecieron así, las fábricas
de chacinados, la elaboración de sebos y grasas, además
de la clásica industria frigorífica.
El paso
del tiempo ha determinado que el emplazamiento originalmente
situado en la periferia de una ciudad ha quedado completamente
integrado a la trama urbana de Buenos Aires. La concentración
de industrias dedicadas a la elaboración de alimentos
y en especial al procesamiento de la carne, ha culminado con
una situación actual de sobrecarga de la infraestructura
de servicios, especialmente el cloacal, con el consiguiente
perjuicio ambiental para el entorno. Cabe señalar en
este sentido que los vertidos de efluentes líquidos
de la industria alimenticia y del chacinado se caracterizan
por su alto contenido orgánico con elevados tenores
de grasas.
El perfil
de las industrias radicadas en Mataderos, muchas de ellas
pequeños emprendimientos con escasa capacidad de gestión
para dar respuesta a los problemas ambientales que las mismas
ocasionan en el vecindario, genera en la actualidad una situación
de tensión social que contribuye al deterioro de la
calidad de vida de este barrio. Son periódicas las
denuncias referidas a vuelcos de efluentes líquidos
en la vía pública sin tratamiento previo, al
igual que la disposición precaria de los residuos sólidos
en las veredas de la zona aledaña al mercado de hacienda.
La gestión ambiental, en estas condiciones se torna
ilusoria además por la escasa aptitud de muchos establecimientos
para reconvertir sus procedimientos acorde a las exigencias
ambientales vigentes.
Dado el
crecimiento espontáneo de la actividad durante décadas,
con la consiguiente falta de espacio para la construcción
de sistemas de tratamiento convencional, existe una clara
limitación física en cuanto a la incorporación
de respuestas tecnológicas tradicionales. Si bien han
existido propuestas para la construcción de sistemas
de tratamiento en consorcio, las mismas nunca han prosperado
por dos razones determinantes:
·
La falta de espacio físico tanto para la planta de
tratamiento como para la instalación de los sistemas
de conexión entre la planta y sus potenciales usuarios.
· La falta de recursos financieros en un sector con
gran cantidad de pequeñas y medianas empresas para
emprender soluciones ambientales con una elevada inversión
inicial.
Marco
regulatorio vigente
El marco
regulatorio vigente para la actividad en materia ambiental,
refleja una situación común a muchas industrias,
no solo en la ciudad de Buenos Aires, sino en todo el país.
La superposición de atribuciones entre organismos nacionales
y locales es una constante histórica en Argentina y
por lo general ha sido un factor determinante en la escasa
vigencia concreta de muchas normas ambientales. La fragmentación
de funciones entre autoridades de aplicación por lo
general genera incertidumbre en el sector regulado. Es probable
que, quizás con la salvedad de las industrias grandes
que cuentan con una capacidad gerencial adecuada, muchos actores
opten por eludir o ignorar todo intento de contralor que no
sea indispensable para el funcionamiento en sí de la
actividad.
Tradicionalmente,
el cumplimiento estricto de las exigencias ambientales ha
sido una asignatura pendiente en Argentina. Por razones quizás
culturales vinculadas a una baja percepción de la problemática
ambiental, el acatamiento a los requisitos en cuanto a contar
con permisos de vuelco y cumplir con los parámetros
de vertido ha sido escaso. En igual sentido, los esfuerzos
del sector público, hasta el presente han soslayado
las tareas de verificación y seguimiento de la actividad
industrial en lo referido al cumplimiento de normativas ambientales.
En este
sentido, la generación de residuos líquidos
y barros de la industria de la carne y del chacinado en la
ciudad de Buenos Aires y especialmente en la zona de Mataderos,
se encuentra enmarcado en la normativa de efluentes vigente
a la fecha en la Ciudad de Buenos Aires.
En materia
de efluentes líquidos, por encontrarse dentro del radio
sometido a la concesión otorgada a Aguas Argentinas
S.A., es aplicable el régimen de control de efluentes
líquidos originalmente elaborado por O.S.N., además
del marco regulatorio de la Concesión.
En cuanto
a la normativa de la Ciudad de Buenos Aires, es de aplicabilidad
la Ordenanza 39.025 (Código de Control de la Contaminación).
Esta ordenanza prohibe el vuelco de efluentes sin sistemas
individuales de tratamiento. Por otra parte, la Ordenanza
46.956 establece que los vuelcos deberán adecuarse
a lo establecido en los Decretos PEN 674/89 y 776/92, siempre
que el Ejecutivo porteño no establezca límites
más estrictos.
Debe asimismo
considerarse la etapa transicional que está viviendo
la Ciudad de Buenos Aires ya que su suerte de joven ciudad
autónoma con "facultades propias de legislación
y jurisdicción" , y la necesidad de articular el traspaso
de funciones desde el Estado Nacional a su propia órbita,
la posiciona en una situación por cierto peculiar.
La Constitución
de la Ciudad Autónoma de 1996 que explícitamente
considera la cuestión de los recursos naturales y del
ambiente, es una muestra cabal de esta circunstancia. Asimismo,
las leyes de constitución del Consejo del Plan Urbano
Ambiental (N° 71) y del Procedimiento de Evaluación
de Impacto Ambiental (N° 123) constituyen los primeros
pasos en esta tarea que recién comienza.
Cabe destacar
que la Ley de Residuos Peligrosos 24.051, de plena vigencia
en el ámbito de la Ciudad de Buenos Aires hasta tanto
la Legislatura Porteña sancione su propia normativa,
no sería en principio aplicable al caso de los lodos
y biosólidos generados por la industria frigorífica,
siempre y cuando no se incluyan corrientes de desechos contemplados
en algunos de sus anexos. Si se incluyeran corrientes de desechos
contemplados en los anexos de la Ley referida y su tratamiento
fuera de origen microbiano, el mismo debería someterse
a lo establecido en la Resolución N° 618/98 de
la Secretaría de Recursos Naturales y Desarrollo Sustentable
de la Nación que exige la utilización de productos
con certificados oficiales de ecotoxicidad neutra o con un
informe técnico de evaluación ecotoxicológica.
En la
medida que los barros generados a partir de los sistemas de
tratamiento no posean estas corrientes de residuos, ni revistan
características de peligrosidad, se encuentran excluidos
del régimen de residuos peligrosos.
La exclusión
de esta clase de residuos del régimen de residuos peligrosos,
facilita su gestión, permitiendo su disposición
en el relleno sanitario, o alternativas innovadoras de recuperación
de los barros orgánicos, mediante su utilización
en el sector agropecuario.
Relevamiento
de campo
Con el
fin de abordar soluciones a la problemática, el Gobierno
de la Ciudad encaró durante 1998 y 1999 un relevamiento
de la zona a partir de un diagnóstico con datos de
campo con visitas a las zonas con mayores concentraciones
de industrias, evaluación de datos provenientes de
los registros industriales, información obtenida a
partir de los establecimientos registrados en el SENASA y
datos originados en el Instituto Nacional del Agua y el Ambiente
(INAA).
A los
efectos de realizar tareas de campo, el área ambiental
de la Ciudad de Buenos Aires, trabajó en coordinación
con personal especializado de la concesionaria Aguas Argentinas
S.A., realizándose 2 jornadas de capacitación
para inspectores en procedimientos de toma de muestra, manejo
de documentación ambiental y conocimientos de laboratorio.
El relevamiento
de la industria alimenticia de Mataderos, según la
información obtenida de las fuentes señaladas,
dio como resultado la existencia de unos 270 establecimientos.
Con la finalidad de priorizar los relevamientos en el terreno
se consideró la existencia de denuncias previas respecto
de incumplimientos ambientales, además de elementos
objetivos, tales como la superficie total de los establecimientos.
Para las
tareas de relevamiento en el terreno, se descartó el
modelo de "operativo policial", debido a los escasos resultados
obtenidos en otras ocasiones. Por el contrario, se adoptó
un esquema de relevamiento con un perfil más bajo,
desarrollándose a lo largo de varios días, con
menor presencia física y despliegue de efectivos.
Siguiendo el ejemplo positivo de otros relevamientos similares
realizados en la Ciudad de Buenos Aires, el operativo en Mataderos
se propone efectuar una suerte de censo ambiental de todas
las actividades en curso en el distrito mediante la visita
personal y la entrega de un formulario referido a la gestión
de residuos y efluentes.
Identificación
de actores relevantes, protagonistas y "cuellos de botella"
Uno de
los objetivos del relevamiento de campo inicial, consistió
en conocer el perfil de los actores y decisores claves en
la problemática. A estos efectos se realizaron varias
reuniones involucrando a la Secretaría de Industria
de la Ciudad, la Unión Industrial de la Ciudad de Buenos
Aires y la Cámara de la Industria del Chacinado con
la finalidad de determinar las posibles soluciones en lo técnico,
así como los "cuellos de botella" que dificultan e
impiden las soluciones.
Dadas
las características de los residuos con una composición
homogénea y tratándose de material orgánico
con grasas, las soluciones desde una óptica técnica,
no ofrecen mayores dificultades.
El obstáculo
de mayor importancia reside en dos factores de gestión
ambiental y empresaria. La primera de ellas se encuentra vinculada
a la escasa tradición de contralor o enforcement efectivo
desde los organismos oficiales, cualquiera su jurisdicción.
Este elemento posee una gravitación importante en cualquier
esquema de decisión empresaria, especialmente cuando
esta determine realizar inversiones. Si la probabilidad
de una exigencia estricta con la gestión de los residuos
es baja, la respuesta voluntaria también es baja.
La segunda
razón esgrimida es la dificultad de acceder a financiamiento
para las mejoras con tasas de interés acordes a la
difícil coyuntura económica y al perfil de pequeñas
empresas que representa mayoritariamente el sector. El problema
en este caso es común a muchas empresas que no acceden
a regímenes de financiamiento acorde a la tasa de inflación
imperante en la coyuntura económica actual. Este hecho
es un factor deletéreo para muchas iniciativas de mejora
ambiental.
Soluciones
técnicas
En cuanto
a las propuestas de solución técnica al problema,
mas allá de las anteriores consideraciones, podemos
señalar las siguientes:
·
Recolección, transporte y disposición final
en relleno sanitario o planta de tratamiento.
· Inyección de bacterias digestoras en sistema
de descarga en plantas.
· Instalación de sistemas mecánicos de
aireación y tratamiento.
La primera
de las soluciones es la más sencilla de realizar, exigiéndose
únicamente el contralor en el cumplimiento. En algunos
casos, los sectores industriales debieran construir o adecuar
sus instalaciones con decantadores, cámara toma muestras
y caudal, además de asegurar su conexión al
sistema cloacal, con el correspondiente permiso de vuelco.
Es de destacar que esta inversión en adecuación
de instalaciones es común a cualquiera de las soluciones
propuestas y el bajo costo de los trabajos no representa un
impedimento para la aplicación de las soluciones. Este
esquema de trabajo permite además visualizar una opción
futura con reutilización o aprovechamiento de los barros,
en el caso de que exista un mercado apropiado para tal fin.
La segunda
solución no exige inversiones grandes, además
de las ya señaladas, sin embargo sí exige un
seguimiento detallado en cuanto a la gestión operativa
(frecuencia de inyección, etc.) La incorporación
o siembra de bacterias en las cámaras o eventualmente
en el sistema cloacal, ofrece interesantes perspectivas que
requieren ser profundizadas para su aplicación eventual
y sistemática. Un posible inconveniente radica en el
hecho de convalidar en cierta forma el vertido al sistema
cloacal de efluentes por encima de los niveles actualmente
permitidos.
La tercera
solución (incorporación de unidades o equipos
de tratamiento aireador) exige un mayor nivel de inversión
que los anteriores, pero en principio permitiría mantener
los vuelcos dentro del rango de parámetros permisibles.
El programa
iniciado en Mataderos
En el
barrio de Mataderos y de acuerdo a los primeros problemas
identificados por los vecinos en talleres de autodiagnóstico,
la Subsecretaría de Medio Ambiente ha iniciado un relevamiento
ambiental de los establecimientos industriales de la zona,
para conocer la magnitud real de los problemas y lograr una
paulatina adecuación de las industrias a la normativa
legal en vigor. También se ofrece en estas visitas
establecer mecanismos de cooperación técnica
con distintos programas de gobierno y se brinda asesoramiento
por parte de la empresa Aguas Argentinas que participa activamente
como apoyo a la intervención comunitaria.
El objetivo
del operativo es lograr el conocimiento de la situación
ambiental actual del barrio y adoptar una metodología
que pueda ser aplicada posteriormente en el resto de la Ciudad
de Buenos aires; en particular, el Gobierno de la Ciudad busca
realizar una gestión proactiva que induzca a los industriales
para realizar la reconversión de sus establecimientos
cuando estén fuera de norma, contando para ello con
créditos otorgados por el Banco de la Ciudad de Buenos
Aires para la pequeña y mediana empresa. Simultáneamente,
Aguas Argentinas efectúa el relevamiento de los volcamientos
industriales a la red cloacal y se asegura el acceso a los
establecimientos inspeccionados, lo cual fue en muchos casos
anteriores denegado, ya que la Empresa carece del poder de
policía.
Durante
las inspecciones se procede según la siguiente metodología:
·
Se procede a verificar los desagües industriales, extrayéndose
muestras en caso de verificarse un volcamiento de efluentes
a la red.
· Se solicita al propietario del establecimiento la
documentación pertinente según la legislación
en vigor.
· Se procede a levantar las actas de infracción
correspondientes a las anomalías detectadas. La gravedad
del problema puede determinar la clausura del establecimiento,
si se afectan las condiciones de salubridad e higiene para
la población, como también dar lugar a intimaciones
para realizar mejoras.
· Se realiza una inspección de todos los sectores
del establecimiento, verificándose el suministro de
agua, las fuentes alternativas, los residuos generados, el
tratamiento de residuos, mantenimiento de las instalaciones,
higiene y seguridad en el trabajo.
· Se efectúan mediciones de otros parámetros
ambientales en caso de existir denuncias sobre el establecimiento
inspeccionado.
· Se consulta al vecindario sobre los problemas que
aquejan al barrio en el sector de las industrias inspeccionadas.
· Se vuelcan los datos obtenidos en la base de datos
de la Secretaría de Medio Ambiente y Desarrollo Regional
y en el de la empresa Aguas Argentinas, efectuándose
un control de gestión posterior para cada establecimiento
inspeccionado.
Se adjunta
para referencia, un plano del Barrio de Mataderos, donde se
puede apreciar la marcha del Operativo sobre el total de las
industrias del barrio. De acuerdo a los datos preexistentes,
éstas se agrupan dentro de las siguientes categorías:
Alimenticias
206
Curtiembres 13
Estaciones de servicio 33
Metalúrgicas 56
Químicas 21
Textiles 39
Otras (lavaderos, etc.) 103
TOTAL: 471
Conclusiones
El programa
de gestión de biosólidos así planteado,
representa un avance sustancial respecto de los esquemas convencionales
de control ambiental basados en los mecanismos de comando
y control. En estos esquemas, excesivamente dependientes de
la inspección de naturaleza represiva, se suele desatender
las dificultades materiales y sociales (financiamiento, altos
costos de tratamiento, externalidades hacia el barrio, condiciones
de higiene y seguridad en el trabajo, etc.) que normalmente
militan contra una correcta gestión ambiental de corte
proactivo.
La iniciativa,
construída sobre la base del consenso e identificando
a los actores claves del problema permite enfocar desde una
visión integradora aquellas soluciones que sean social,
económica y ambientalmente sustentables en el tiempo.
Por otra
parte y desde una visión estratégica del desarrollo
de la ciudad, la propuesta de trabajo se enmarca en la reconversión
de los sectores industriales postergados, al igual que la
revitalización de distritos y barrios de la ciudad
que históricamente han sido escasamente beneficiados
con la intervención pública. En este sentido
el programa permite implementar con medidas concretas, las
propuestas de desarrollo regional que surgen a partir del
Plan Urbano Ambiental de la Ciudad de Buenos Aires plasmado
en la Ley 71.
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