Situación Ambiental Argentina

PAGINA INICIAL
INDICE
Los residuos son recursos
Por Carolina Salem Bersais
Analista Ecológica
Adquirir la cultura de reducir y reutilizar los deshechos permite ahorrar espacio, energía y materia prima.

La cantidad de residuos que generan los ciudadanos constituye uno de los problemas ambientales más graves que presenta un conglomerado urbano como Buenos Aires. Cada habitante de Capital Federal tira en su casa alrededor de 1 kilo y medio de basura por día, mientras que en el Gran Buenos Aires el promedio es de 800 gramos.

A esto se agrega la desidia de algunas personas, que arrojan todo tipo de cosas en calles, ríos, vías del ferrocarril y parques, y los excrementos de mascotas que aparecen diseminados por las veredas y plazas, convirtiéndose en otra fuente de contaminación. Pero aunque hoy nadie arrojara en la calle un sólo plástico, lata, papel o chicle, el problema persistiría, solamente por tirar indiscriminadamente materiales cuyo valor como recurso o materia prima para otros usos es ignorado. Es decir, se trata como "basura" un material que muy bien podría ser reciclado y devuelto así al ciclo productivo. 

En Capital Federal y Gran Buenos Aires, la recolección y transporte de residuos comienzan su circuito con camiones que pasan por las puertas de las casas, continua con la compactación y luego, en el caso de Capital, los llevan a plantas de transferencia donde son cargados en trailer de gran capacidad. El destino común para Capital y el Conurbano Bonaerense es el relleno sanitario (el Buen Aire es el más conocido de cuatro existentes hasta hoy). Allí se entierran todos los residuos domiciliarios juntos: materia orgánica, plásticos, pilas, vidrios, latas y otros, sin tener en cuenta los diferentes tiempos de descomposición de cada elemento, la toxicidad de algunos de ellos (como las pilas) y el volumen que ocupan ciertos materiales. Si bien los espacios destinados a este fin son estudiados y protegidos para que tras la descomposición no haya contaminación, los riesgos son muchos.

Mucho de lo que se tira podría ser reciclado. Además de evitar los efectos negativos de la acumulación, que deriva en la consiguiente falta de espacio y contaminación visual, la reutilización de estos materiales ahorraría energía y materia prima. También traería beneficios ecológicos: en el caso del papel, por ejemplo, ayudaría a combatir la tala de árboles, pues se necesitaría menor cantidad de pulpa virgen para fabricarlo.

¿Por qué no se hace entonces?

La ausencia de una política pública integrada, un mercado aún no explotado y la falta de educación al respecto son los tres pilares de un círculo que debe empezar a quebrarse por algún lado.

Si bien algunos municipios han hecho intentos exitosos, pero aislados, por imponer la clasificación y reutilización de residuos (Trenquelaunquen, en Buenos Aires, es modelo en este sentido y también Laprida, entre otros), cambiar la manera de lidiar con la basura a nivel nacional implicaría una decisión política firme y permanente y un estudio de factibilidad previo a la planificación, sumado a un equipo técnico que trabaje a fondo en función de lograr una correcta separación domiciliaria y la consiguiente comercialización de los materiales recuperados, pero especialmente con una campaña de difusión que contemple informar a la población sobre cómo separar la basura y por qué, sin descuidar la motivación necesaria que deriva la responsabilidad y el interés. 

Por otro lado hay pocas empresas que se dedican al reciclado, porque, aunque a largo plazo resulta beneficioso para la economía, en principio es caro. Cualquier persona que ha ido a comprar papel reciclado sabe que cuesta más que el papel común. Es importante adecuar a nuestra realidad la experiencia de otros países como Suecia, EE.UU, Austria, Dinamarca y Japón, entre otros, que han logrado incorporar al mercado el residuo como un recurso valioso. Para que haya más empresas involucradas en este negocio debe haber una demanda acorde, y para que haya demanda debe existir la conciencia de que comprar este tipo de productos beneficia, en definitiva, a todos. La mentalidad porteña se puso en evidencia desde hace años, cuando comenzaron proyectos pilotos aislados en diferentes barrios, en donde se impusieron los cestos para clasificar basura en calles y plazas de la capital. El intento, sin el aval de una campaña de educación que enseñara a la gente dónde tirar cada cosa y para qué exactamente, fracasó. A pesar de los esfuerzos, iniciativas y convenios de algunas ONGs (asociaciones y fundaciones especializadas en medio ambiente) por difundir el tema, estamos lejos de ser un pueblo consciente de las consecuencias de tirar indiscriminadamente.

El granito de arena

Una forma simple de contribuir a la reducción de residuos es consumir aquellos productos que no contengan infinidad de envoltorios inútiles y al mismo tiempo conservar los envases que puedan servirnos como artesanías o para guardar cosas. Por ejemplo, utilizar como bolsas de residuos las bolsas de supermercado, reciclar el papel que ya no se utiliza (mientras no sea papel glasé, cerado o brillante ni tampoco papel de fax), usar pilas recargables, comprar bebidas cuyos envases sean retornables, preferir cajas y bolsas de papel o cartón a las de plástico, utilizar la hoja de papel de ambos lados, etcétera. 
También se pueden clasificar los propios residuos, separándolos en diferentes materiales, para llevarlos (o solicitar que los retiren) a los lugares donde se encargan de reciclarlos. La Asociación Amigos de la Tierra recibe papel y también hay colegios que participan en campañas de recolección de latas de aluminio para reciclar. El programa "Ceamse recicla" ejecuta programas de recuperación de vidrio, aluminio y papel tanto en la Ciudad de Buenos Aires como en el Conurbano Bonaerense, mediante la participación de instituciones educativas públicas y privadas y de asociaciones barriales, donde se desarrollan los trabajos para el reciclaje de dichos materiales. De esta manera se intenta propiciar acciones que promuevan la integración comunitaria y un protagonismo responsable.

En el caso de la materia orgánica, quien tiene jardín o un terreno la puede tirar allí: resulta un buen abono para el suelo. Para las baterías de celular, se puede llamar a Unifón Telefónica, que está llevando a cabo con Fundación Vida Silvestre un programa de recolección y posterior tratamiento.

Lo importante es no olvidar que la basura es basura si no se le da otro uso. Si no, pasa a ser un recurso. 
 

 
   
 
SUBIR
Copyright DSOSTENIBLE 2007©