ANIMALES EN PELIGRO DE EXTINCION

El lobo marino de un pelo

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SITUACION AMBIENTAL ARGENTINA

 

 

Cristian Frers

 
El Lobo marino de un pelo (Otaria flavencens) se distingue claramente del resto de los lobos marinos por presentar una fisonomía más leonina.

Son mamíferos con ciertas adaptaciones que le permiten salir a tierra para procrear. Son carnívoros con las extremidades muy cortas, transformadas en aletas con los dedos incluidos en las membranas interdigitales. Están cubiertos de una gruesa piel con pelo. El nombre de otaridos alude al pequeño pabellón auditivo que caracteriza a esta familia.

Los machos adultos presentan una cabeza robusta de hocico romo, con una densa melena que cubre el cuello y parte del pecho; el resto del cuerpo presenta una capa de pelo muy corta. El cuerpo de las hembras es distinto puesto que no presentan melena y su cabeza y cuello son más estilizados. El largo máximo para un macho adulto es de 2,8 metros y el peso se encuentra entre los 300 y 350 kilos; una hembra tiene un largo máximo de 2,20 metros y pesa 144 kilos. Su color varia entre el macho y la hembra ya que los primeros poseen un color marrón oscuro y las segundas son de color amarillento-parduzco. La vida de estos animales dura entre los 18 y 24 años.

Ningún otro animal lo supera en su habilidad para nadar; usan las aletas anteriores para impulsarse y las posteriores para detenerse, y nadan en todas direcciones.

Habitan en barrancas rocosas, con acantilados con entradas a cuevas, excavadas por la erosión marina. También en playas de cantos rodados con barrancas suaves o inexistentes.

Presentan un rango de distribución que abarca casi la totalidad de las costas atlántica y pacífica de Sudamérica. En el océano Atlántico el límite norte de su distribución se encuentra en Torres al sur de Brasil. El límite sur en el Atlántico sudoccidental comprende a la provincia de Tierra del Fuego e Islas Malvinas en Argentina. El litoral del océano Pacífico se distribuye desde Tierra del Fuego y el sur de Chile hasta Zorritos en el norte de Perú. En las costas del Atlántico se estima que existen aproximadamente 110.000 individuos, concentrados principalmente en Argentina en la región patagonica que abarcan cuatro provincias (Rio Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego). No existe una estimación reciente sobre la abundancia poblacional para el litoral del océano Pacífico, aunque es significativa menor que la del litoral atlántico.

El comportamiento de esta especie ha sido estudiada con detalle en la península Valdes, Argentina, desde 1980. La mayor parte de estos estudios se llevaron a cabo en la Reserva Provincial de Fauna de Punta Norte, en la provincia de Chubut.

El lobo marino de un pelo se alimenta de peces que es su alimento principal. Diariamente pueden ingerir hasta unos veinte kilos. Raramente se aventuran aguas adentro para obtener la comida diaria. Las presas más comunes son las corvinas, las anchoitas, los bagres marinos, las pescadillas y las rayas. Estos animales suelen ingerir piedras para ayudarse a triturar los peces y otros componentes de su dieta.

A finales de diciembre comienzan a llegar los machos, y se entablan arduas luchas por formar el territorio donde se instalan los harenes. Una vez establecidos defienden su territorio con constantes amenazas, que son advertencias a distancia de que nadie debe acercarse.

Los machos están permanentemente en alerta y es durante la pleamar donde se produce la mayor actividad, ya que es el momento en que entran las hembras (llegan a principios de enero para tener las crías) y machos sub-adultos (menores de 8 años). Son estos últimos los que perturban el territorio, pues los adultos ya instalados se ponen nerviosos y no cesan de correrlos amenazándolos constantemente. Los mantienen casi permanentemente en el agua, sin permitirles salir a tierra. Los más valientes tratan de establecerse y luchan con los adultos, pero aunque logren algún territorio difícilmente consigan hembras adultas.

Las hembras comienzan a subir en grupos de 6 a 8 durante la pleamar, los machos tratan de sacarlas del mar y van formando el haren. El nacimiento de las crías ocurren a poco que las hembras arriban a las roquerías. A principios de enero, la gestación ha durado casi un año y cada hembra tiene una sola cría por vez.

Antes del 15 de enero, cada macho posee entre 5 y 15 hembras, contando las hembras jóvenes que no pueden tener crías. Lo común es encontrar entre 6 o 7 hembras reproductoras. La hembra es sexualmente activa hacia el final del cuarto año de vida, pero es solo entre los cuatro y cinco años cuando adquiere aspecto de adulta.

Tanto machos como hembras son polígamas. Suele suceder que cuando los harenes están muy cerca unos de otros y cuentan con mucha población de hembras, estas son servidas por distintos machos.

Durante el período en que el rebaño está organizado tiene lugar la cópula, precedida de un juego amoroso que puede durar horas y hasta días. Luego de la fecundación, la hembra recobra la libertad de salir del harén y encaminarse al mar en busca de alimento o de frescura. Puede alejarse tranquila, sin temor al macho, que es capaz de diferenciarla muy bien de las hembras todavía no fecundadas.

La lactancia puede prolongarse por un año, recibiendo la cría una leche muy rica en grasa, que le permite aumentar rápidamente de peso.

Cuando los harenes se van desorganizando las crías caminan lo suficiente como para trasladarse y reunirse entre ellas. Llegan así a formar grupos de hasta doscientos cachorros. Entre ellos la hembra distingue al propio valiéndose de un balido especial y del olfato. Al abandonar el mar y dirigirse a tierra para amamantar a su cría, que a veces se aleja demasiado del lugar en que se encontraba cuando la madre se introduce al mar, emite una serie de balidos especiales a los cuales responde el cachorro. En los últimos metros del encuentro ya se reconocen por el olfato.

La madre ordena la succión durante la mamada mediante las aletas. En efecto, cuando quiere indicar a su cría que succione de la otra mama, cubre la primera con la aleta.

A principios de febrero los cachorros tienen un mes de vida, su pelaje se ha vuelto amarronado y caminan. Es el momento de hacer las primeras armas en la natación. Se los ve entonces nadando rápidamente en pequeñas bahías casi sin desplazarse. Poco a poco aprenden a internarse en el agua profunda guiados y protegidos por la madre. Es una experiencia que tiene sus riesgos, pues muchas veces los cachorros se ahogan en la zona costera, de ahí que a menudo la madre lo sujeta con los dientes para evitar que el reflujo de las olas arrastre al mar al pequeño aprendiz.

Hacia fines de marzo ya no quedan machos adultos en el territorio y no regresarán hasta el próximo diciembre. Las hembras son costeras y se quedan con las crías durante 6 o 7 meses. Los cachorros permanecen con la madre durante su primer año de vida.

El gran depredador de esta especie es la orca que actúa como un equilibrador natural. Sólo ataca en alta mar a los más débiles o enfermos. De esta manera asegura la perfección de la especie.

El hombre es la principal amenaza para el lobo marino de un pelo, quién lo cazaba por su cuero y su grasa, la que servía en grandes recipientes para obtener aceite de uso industrial. Se calcula que un lobo mediano puede llegar a producir de veinte a treinta y cinco litros de aceite. La caza se efectuaba en tierra firme, donde resultan mucho más vulnerables a los ataques humanos. Para 1950, más de un cuarto de millón de lobos marinos habían sido eliminados, la población se redujo en un 80 a 90 por ciento.

En la Argentina, en 1946 se inicia el control de explotación lobera por la Dirección de Piscicultura, Pesca y Caza Marítima de la Nación. En 1972 se firma un convenio para la protección de estas especies y en 1974 se da a conocer un decreto del poder ejecutivo donde se prohibe en todo el territorio y mar territorial argentino la caza de lobos, elefantes marinos, focas y pingüinos y especies similares de fauna marina.

En la actualidad las poblaciones de estos animales se van reponiendo lentamente pero nuevos peligros como la contaminación por derrames de petróleo y una descontrolada actividad turística los acechan.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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