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El Lobo marino de un pelo
(Otaria flavencens) se distingue claramente del resto de los lobos
marinos por presentar una fisonomía más leonina.
Son mamíferos con ciertas
adaptaciones que le permiten salir a tierra para procrear. Son carnívoros
con las extremidades muy cortas, transformadas en aletas con los
dedos incluidos en las membranas interdigitales. Están cubiertos de
una gruesa piel con pelo. El nombre de otaridos alude al pequeño
pabellón auditivo que caracteriza a esta familia.
Los machos adultos presentan una
cabeza robusta de hocico romo, con una densa melena que cubre el
cuello y parte del pecho; el resto del cuerpo presenta una capa de
pelo muy corta. El cuerpo de las hembras es distinto puesto que no
presentan melena y su cabeza y cuello son más estilizados. El largo
máximo para un macho adulto es de 2,8 metros y el peso se encuentra
entre los 300 y 350 kilos; una hembra tiene un largo máximo de 2,20
metros y pesa 144 kilos. Su color varia entre el macho y la hembra
ya que los primeros poseen un color marrón oscuro y las segundas
son de color amarillento-parduzco. La vida de estos animales dura
entre los 18 y 24 años.
Ningún otro animal lo supera en
su habilidad para nadar; usan las aletas anteriores para impulsarse
y las posteriores para detenerse, y nadan en todas direcciones.
Habitan en barrancas rocosas,
con acantilados con entradas a cuevas, excavadas por la erosión
marina. También en playas de cantos rodados con barrancas suaves o
inexistentes.
Presentan un rango de distribución
que abarca casi la totalidad de las costas atlántica y pacífica de
Sudamérica. En el océano Atlántico el límite norte de su
distribución se encuentra en Torres al sur de Brasil. El límite
sur en el Atlántico sudoccidental comprende a la provincia de
Tierra del Fuego e Islas Malvinas en Argentina. El litoral del océano
Pacífico se distribuye desde Tierra del Fuego y el sur de Chile
hasta Zorritos en el norte de Perú. En las costas del Atlántico se
estima que existen aproximadamente 110.000 individuos, concentrados
principalmente en Argentina en la región patagonica que abarcan
cuatro provincias (Rio Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del
Fuego). No existe una estimación reciente sobre la abundancia
poblacional para el litoral del océano Pacífico, aunque es
significativa menor que la del litoral atlántico.
El comportamiento de esta
especie ha sido estudiada con detalle en la península Valdes,
Argentina, desde 1980. La mayor parte de estos estudios se llevaron
a cabo en la Reserva Provincial de Fauna de Punta Norte, en la
provincia de Chubut.
El lobo marino de un pelo se
alimenta de peces que es su alimento principal. Diariamente pueden
ingerir hasta unos veinte kilos. Raramente se aventuran aguas
adentro para obtener la comida diaria. Las presas más comunes son
las corvinas, las anchoitas, los bagres marinos, las pescadillas y
las rayas. Estos animales suelen ingerir piedras para ayudarse a
triturar los peces y otros componentes de su dieta.
A finales de diciembre comienzan
a llegar los machos, y se entablan arduas luchas por formar el
territorio donde se instalan los harenes. Una vez establecidos
defienden su territorio con constantes amenazas, que son
advertencias a distancia de que nadie debe acercarse.
Los machos están
permanentemente en alerta y es durante la pleamar donde se produce
la mayor actividad, ya que es el momento en que entran las hembras
(llegan a principios de enero para tener las crías) y machos
sub-adultos (menores de 8 años). Son estos últimos los que
perturban el territorio, pues los adultos ya instalados se ponen
nerviosos y no cesan de correrlos amenazándolos constantemente. Los
mantienen casi permanentemente en el agua, sin permitirles salir a
tierra. Los más valientes tratan de establecerse y luchan con los
adultos, pero aunque logren algún territorio difícilmente consigan
hembras adultas.
Las hembras comienzan a subir en
grupos de 6 a 8 durante la pleamar, los machos tratan de sacarlas
del mar y van formando el haren. El nacimiento de las crías ocurren
a poco que las hembras arriban a las roquerías. A principios de
enero, la gestación ha durado casi un año y cada hembra tiene una
sola cría por vez.
Antes del 15 de enero, cada
macho posee entre 5 y 15 hembras, contando las hembras jóvenes que
no pueden tener crías. Lo común es encontrar entre 6 o 7 hembras
reproductoras. La hembra es sexualmente activa hacia el final del
cuarto año de vida, pero es solo entre los cuatro y cinco años
cuando adquiere aspecto de adulta.
Tanto machos como hembras son
polígamas. Suele suceder que cuando los harenes están muy cerca
unos de otros y cuentan con mucha población de hembras, estas son
servidas por distintos machos.
Durante el período en que el
rebaño está organizado tiene lugar la cópula, precedida de un
juego amoroso que puede durar horas y hasta días. Luego de la
fecundación, la hembra recobra la libertad de salir del harén y
encaminarse al mar en busca de alimento o de frescura. Puede
alejarse tranquila, sin temor al macho, que es capaz de
diferenciarla muy bien de las hembras todavía no fecundadas.
La lactancia puede prolongarse
por un año, recibiendo la cría una leche muy rica en grasa, que le
permite aumentar rápidamente de peso.
Cuando los harenes se van
desorganizando las crías caminan lo suficiente como para
trasladarse y reunirse entre ellas. Llegan así a formar grupos de
hasta doscientos cachorros. Entre ellos la hembra distingue al
propio valiéndose de un balido especial y del olfato. Al abandonar
el mar y dirigirse a tierra para amamantar a su cría, que a veces
se aleja demasiado del lugar en que se encontraba cuando la madre se
introduce al mar, emite una serie de balidos especiales a los cuales
responde el cachorro. En los últimos metros del encuentro ya se
reconocen por el olfato.
La madre ordena la succión
durante la mamada mediante las aletas. En efecto, cuando quiere
indicar a su cría que succione de la otra mama, cubre la primera
con la aleta.
A principios de febrero los
cachorros tienen un mes de vida, su pelaje se ha vuelto amarronado y
caminan. Es el momento de hacer las primeras armas en la natación.
Se los ve entonces nadando rápidamente en pequeñas bahías casi
sin desplazarse. Poco a poco aprenden a internarse en el agua
profunda guiados y protegidos por la madre. Es una experiencia que
tiene sus riesgos, pues muchas veces los cachorros se ahogan en la
zona costera, de ahí que a menudo la madre lo sujeta con los
dientes para evitar que el reflujo de las olas arrastre al mar al
pequeño aprendiz.
Hacia fines de marzo ya no
quedan machos adultos en el territorio y no regresarán hasta el próximo
diciembre. Las hembras son costeras y se quedan con las crías
durante 6 o 7 meses. Los cachorros permanecen con la madre durante
su primer año de vida.
El gran depredador de esta
especie es la orca que actúa como un equilibrador natural. Sólo
ataca en alta mar a los más débiles o enfermos. De esta manera
asegura la perfección de la especie.
El hombre es la principal
amenaza para el lobo marino de un pelo, quién lo cazaba por su
cuero y su grasa, la que servía en grandes recipientes para obtener
aceite de uso industrial. Se calcula que un lobo mediano puede
llegar a producir de veinte a treinta y cinco litros de aceite. La
caza se efectuaba en tierra firme, donde resultan mucho más
vulnerables a los ataques humanos. Para 1950, más de un cuarto de
millón de lobos marinos habían sido eliminados, la población se
redujo en un 80 a 90 por ciento.
En la Argentina, en 1946 se
inicia el control de explotación lobera por la Dirección de
Piscicultura, Pesca y Caza Marítima de la Nación. En 1972 se firma
un convenio para la protección de estas especies y en 1974 se da a
conocer un decreto del poder ejecutivo donde se prohibe en todo el
territorio y mar territorial argentino la caza de lobos, elefantes
marinos, focas y pingüinos y especies similares de fauna marina.
En la actualidad las poblaciones
de estos animales se van reponiendo lentamente pero nuevos peligros
como la contaminación por derrames de petróleo y una descontrolada
actividad turística los acechan.
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