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Radiaciones
no ionizantes
Campos electromagnéticos
generados por sistemas de
comunicaciones:
Efectos biológicos
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Introducción
Luego que en 1888 Hertz comprobó
empíricamente las predicciones formuladas por Maxwell, comenzó
la era de la tecnología eléctrica. Así, hacia 1897
Marconi utilizaba la posibilidad de producir radiaciones para enviar señales
a distancias del orden de 20 kilómetros y, tan sólo 4 años
más tarde, comunicarse instantáneamente a través del
Océano Atlántico. Edison perfeccionaba su primera luz eléctrica
en 1879 y en 1882 se instaló la primera central eléctrica:
Pearl Street Station en la ciudad de Nueva York.
Por lo tanto, alrededor del año
1900 comenzó la globalización de la explotación de
la energía eléctrica y, como consecuencia, el hombre pasó
a habitar un ambiente electromagnético que difería bastante
del natural que hasta entonces disfrutaba. El motor que impulsó
tales cambios estaba dado por las ventajas tanto económicas como
sociales de la nueva tecnología. Ya en ese entonces, comenzaron
a plantearse las primeras inquietudes con respecto a los efectos de los
campos sobre los seres vivientes y, en particular, sobre los humanos. La
primera conclusión fue que, debido a que los campos electromagnéticos
no se manifestaban con algún síntoma evidente en el cuerpo,
no eran perjudiciales. Para ello, se hicieron varias experiencias muy espectaculares
y publicitadas en el propio laboratorio de Edison: un perro fue sometido
a un campo magnético muy intenso durante 5 horas sin demostrar ningún
"disconfort" evidente; 5 voluntarios dijeron no sentir ningún efecto
particular cuando pusieron sus cabezas en un campo magnético intenso
que era encendido o apagado alternativamente.
Hoy no es aventurado decir que toda
actividad humana, tanto en los lugares de trabajo, de esparcimiento o en
el hogar, está totalmente relacionada con sistemas industriales,
científicos o médicos, de comunicaciones de todo tipo, de
navegación o de computación, que funcionan por medio de señales
eléctricas y ondas electromagnéticas.
Efectos Biológicos
La vida en la tierra está sustentada
a través de muy pocos parámetros ambientales muy bien definidos:
concentración de oxígeno, presión atmosférica,
temperatura, vapor de agua, luz. Los mismos, deben mantenerse dentro de
lo que denominamos ventanas de "límites normales", dado que ante
pequeñas desviaciones el organismo responde fisiológicamente.
Existen otros factores que constituyen
el medio ambiente electromagnético que pueden ser detectados sólo
mediante instrumental especializado. Mientras que la existencia del campo
magnético terrestre se ha estudiado y es bien conocido desde hace
cientos de años, hace sólo pocas décadas se ha entendido
su verdadera complejidad e influencia que se evidencia en la demostración
de que existen los denominados "biociclos". Es decir, seres vivientes tan
diversos como papas, ratones, moscas de la fruta y humanos, manifestaron
las mismas fluctuaciones cíclicas, asociadas con las variaciones
del campo.
Al ser estos campos naturales, son
perfectamente tolerables, dado que la evolución de todos los vegetales
y animales, incluido el hombre, se ha producido en su presencia.
En cambio, los campos artificiales
o generados por el hombre suelen tener valores varios órdenes de
magnitud superiores, a la vez que sus intensidades pueden estar varios
miles de veces por encima de las de los naturales. Lógicamente,
ya no es dable esperar la misma adaptabilidad, agravado por el hecho de
que los animales de orden superior no tienen modo de detectar los campos
electromagnéticos, salvo a frecuencias ópticas. Si no se
quiere repetir la experiencia de principios del siglo pasado, por la falta
de evidencias no debería deducirse que los seres no son afectados.
Por el contrario, cabría asegurar que existen efectos. Falta determinar,
hasta lo que sabemos hoy, si los mismos son beneficiosos o nocivos.
Este tipo de radiación se denomina
no-ionizante. No provoca la descomposición química de los
elementos constituyentes de la materia en iones. No existe la peligrosa
posibilidad de recombinación como ocurre en las ionizantes.
Existen varios factores que influyen
para que un ser vivo pueda soportar o no cierta cantidad de radiación
electromagnética sin efectos perjudiciales. Entre ellos, se pueden
citar: temperatura, humedad ambiente, cantidad de potencia ya absorbida
por exposiciones anteriores (efecto memoria), así como el estado
clínico general del sujeto.
En cada caso debe tenerse en cuenta
que lo importante es el nivel de campo que llega a los lugares bajo análisis
y el grado de absorción del mismo. Esto es algo verdaderamente difícil
de prever dado que las configuraciones de los seres vivos son sumamente
complejas. Basta con imaginar la diferencia entre una persona delgada,
casi libre de grasa, y una obesa. Es fácil suponer que, ante una
misma situación, no resulten semejantes los efectos provocados por
la radiación en las vísceras de uno u otro. La intensidad
de campo en el interior de un tejido vivo, depende de la frecuencia, la
modulación, la intensidad y polarización del campo externo,
del tamaño, forma y propiedades eléctricas del elemento expuesto,
de la configuración relativa de los tejidos interpuestos entre la
fuente y el material expuesto bajo estudio y de la presencia o ausencia
de otros elementos en la vecindad del lugar, en particular si hay elementos
capaces de reflejar señal y, finalmente, de la posición relativa
o contacto con el plano de tierra.
Los campos internos que pueden aparecer
en un ser humano y en una rata que son expuestos al mismo campo externo,
pueden ser notoriamente diferentes. Por lo tanto, las respuestas biológicas
en ambos casos serán distintas, independientemente de las diferencias
fisiológicas innatas en cada caso. De igual modo, puede suceder
que ambos tengan los mismos campos internos con campos externos diferentes.
Se acepta que el SAR (specific absortion
rate), es una unidad adecuada para consideraciones dosimétricas.
Representa la relación en que la energía electromagnética
se convierte en calor en el tejido (Watt/gramo) Según el caso, se
considera el SAR promedio en el ejemplar completo o el SAR local en un
determinado y, a veces, muy pequeño volumen. El SAR abre un camino
posible, aunque imperfecto, para comparar efectos entre los distintos tipo
de animales, permitiendo una extrapolación, en primera instancia,
para los seres humanos.
Tipo de efectos
Durante muchos años, se consideró
que el único efecto producido por las radiaciones era el de calentamiento.
Sobre esta hipótesis se desarrollaron normas y guías de prevención.
Veremos que existen factores de interacción biológica por
medio de otros mecanismos.
Suelen aparecer, a veces, quemaduras
superficiales que delatan el calentamiento. En frecuencias ubicadas por
debajo de 1 GHz, los efectos pueden ser peores, porque la piel no posee
elementos sensibles a la radiación y, a su vez, la penetración
es mayor, por lo que el calentamiento se puede producir en capas más
profundas.
Los tejidos más susceptibles
son los de baja irrigación sanguínea, como los ojos y genitales.
Existen numerosas investigaciones sobre cataratas producidas por efecto
térmico originado por campos electromagnéticos, especialmente
por microondas. La inducción de opacidad en las lentes debida a
sucesivas exposiciones a bajo nivel, sugiere la existencia de un efecto
acumulativo.
Dado que las distintas partes del
organismo, así como el cuerpo entero, tienen su resonancia en el
rango de las muy altas frecuencias, dependiendo de las medidas y formas
de cada individuo, pueden aparecer estos fenómenos en ciertas condiciones.
Algunos estudios señalan que
las frecuencias comprendidas entre 1 GHz y 3 GHz son particularmente peligrosas
porque es el rango en el que pueden resonar el cerebro y los ojos.
Aparentemente, las zonas sensibles
de las células se encuentran en su superficie y están constituidas
por cadenas de proteínas que oficiarían, en cierto modo,
de transductores capaces de llevar la señal al interior de la célula.
Llama la atención el nivel ínfimo de las señales para
los que aparecen respuestas. Son muy inferiores a los potenciales en las
membranas celulares, que están en el orden de 105 V/cm.
Los relacionados con los electrocardiogramas alcanzan 10-1 V/cm,
mientras que los campos con que se han advertido respuestas a nivel celular
son solamente de 10-7 V/cm.
Como se dijo, el gradiente eléctrico
en la membrana de la célula es de 105 V/cm. Dado su ínfimo
espesor, esto da lugar a una diferencia de potencial de 0,1 V entre el
interior y la superficie. Este valor tan elevado de gradiente eléctrico
se consideró como una sólida defensa frente a campos perturbadores
muchísimo más débiles. Sin embargo, hay evidencia
de que con campos muy débiles de muy baja frecuencia o de radiofrecuencia
modulada por señales de muy baja frecuencia, dan lugar a alteraciones
notorias en muchas de las funciones celulares. Los resultados deben ser
analizados como fenómenos "cooperativos", posiblemente interferentes
con "frecuencias propias" de la célula.
Efectos sobre la salud
Podemos dividir los efectos sobre
la salud debidos a la radiación no ionizante, en dos categorías:
-
Directos: La relación causa
– efecto se vincula con el organismo vivo en sí.
-
Indirectos: La relación
causa – efecto se aplica sobre un dispositivo eléctrico que el individuo
utiliza para conservar su salud.
Efectos directos
La relación entre los campos
electromagnéticos y la aparición de efectos directos, como
el cáncer ha sido, y sigue siendo, materia de estudios serios. Se
puede pensar que se está en presencia de dos tendencias, una de
las cuales toma parcialmente la información disponible como si buscara
justificar ideas preconcebidas; la otra, examina con más rigor todos
los datos conocidos a la fecha.
No puede descartarse la posibilidad
de la existencia de "factores de confusión" en muchos de los estudios
realizados que, por lo tanto, deberían perfeccionarse.
Aparte de la posibilidad de que los
campos electromagnéticos estén relacionados con los tumores,
existen otros muchos factores cancerígenos y, posiblemente, existan
muchos aún desconocidos. En muy pocos estudios, por no decir que
en ninguno, se dan informaciones complementarias sobre la presencia o no,
fehacientemente controlada, de otros elementos, tales como estado socioeconómico,
tipo de casa, diferencia entre zonas urbanas y rurales, movilidad familiar,
presencia de benceno, herbicidas, pesticidas u otros agentes químicos
en el aire, que pueden tener influencia en las conclusiones a que se llegue.
Además, no es sencillo llegar
a conclusiones satisfactorias dado que los resultados obtenidos hasta ahora,
distan de poder considerarse definitivos. El problema ha sido abordado
desde dos enfoques diferentes. Por un lado, mediante estudios teóricos,
basados en modelos humanos (fantomas) y de animales, en los que se busca
determinar la distribución del SAR en presencia de campos electromagnéticos.
Por otro lado, existen estudios sobre exposición de animales a radiaciones
de radiofrecuencia durante largos períodos.
Al trabajar con modelos, resulta necesario
aceptar ciertas aproximaciones, por lo que los resultados se apartan de
lo que correspondería a la realidad. Esto es así, entre otras
cosas, porque no se trata de un sistema "en reposo"sino que el organismo
vivo es algo que sufre cambios día a día y, aún, de
hora en hora. Aparte, se debe considerar la edad del sujeto, su sexo y
contextura.
Existen estudios de cáncer en
personas expuestas a radiofrecuencias por razones de trabajo y estudios
de correlación entre tasas de cáncer halladas en áreas
con diferente exposición potencial a radiofrecuencias, a los que
se llama estudios de "agrupamiento de cáncer". De estos estudios,
se infiere que es necesario definir un límite, para nada arbitrario,
en el espacio y en el tiempo, a fin de determinar si realmente se encuentran
incrementos en la manifestación de algún tipo específico
de cáncer, e identificar las exposiciones y características
comunes. Los trabajos disponibles proporcionan poca información
práctica como para sacar conclusiones valederas.
Conclusión: hasta
la fecha, no hay evidencias suficientes como para indicar que los campos
de radiofrecuencias, incluyendo las frecuencias utilizadas en telefonía
celular, sean cancerígenos.
Con respecto a la posibilidad de
que los campos electromagnéticos puedan inducir abortos o defectos
de nacimiento (teratogénesis), se puede afirmar que sólo
se han advertido efectos en sujetos expuestos a intensidades tan elevadas
como para llegar a causar un calentamiento de todo el cuerpo.
Hasta el momento, los niveles de potencia
asociados con la exposición pública a campos electromagnéticos
generados por servicios de radiodifusión, televisión y celulares,
no pueden asociarse con disfunciones genéticas.
Conclusión: No existen,
a la fecha, pruebas de laboratorio o epidemiológicas que sustenten
una asociación de los campos electromagnéticos con abortos
o defectos de nacimiento.
- Aspectos intangibles
(Jaquecas, pérdida de memoria, etc)
Hay numerosos estudios de tipo cualitativo
sobre el tema. Debido a la falta de información fehaciente sobre
muchas de las condiciones de los sujetos tomados en cuenta y la forma del
seguimiento realizado, no resulta posible considerar a los mismos más
que como referencias o como indicadores de caminos para encarar investigaciones
más rigurosas.
Efectos indirectos
La falla provocada por la radiación
sobre el dispositivo puede llegar a ser fatal pero es de difícil
diagnóstico en cuanto a poder determinar la correlación entre
la radiación incidente y el marcapasos. El caso más notable,
es el de uso de telefonía celular, por la cercanía entre
el aparato y el marcapasos.
Conclusión: si bien
no hay riesgo inmediato absolutamente demostrado, se aconseja evitar la
presencia de fuentes emisoras cerca del marcapasos.
Se han comprobado casos en los que,
colocando el celular sobre el desfibrilador, se lo deshabilita temporalmente
al no permitirle detectar la taquicardia ventricular.
Conclusión: las fallas
parecen ser inherentes a la mayor complejidad de los circuitos de control
de los desfibriladores, frente a la de, por ejemplo, los marcapasos.
Nuevamente, el emisor a considerar
por su cercanía, es el celular. Se ha establecido que hoy en día,
todos los audífonos, en mayor o menor grado, presentan una degradación.
Esto ocurre no sólo cuando el poseedor del audífono utiliza
el teléfono, sino cuando un tercero lo hace en un radio menor a
un metro. Varias compañías están trabajando para eliminar
estas interferencias, a la vez que tratan de eliminar el ruido ambiente.
- Aparatos de electromedicina
Últimamente, se ha manifestado
la inquietud con referencia al uso de telefonía celular en los hospitales
y centros de salud. El problema abarca dos aspectos: el primero, referido
a que en varios centros, se ha planteado la posibilidad de instalar radiobases;
el segundo, contempla el problema del uso de teléfonos celulares
en el interior del nosocomio. Si bien no existen aún suficientes
casos reportados, parecería racional contemplar el uso limitado
de la telefonía celular dentro de los hospitales, a menos que se
haya contemplado en las instalaciones del mismo, mecanismos de reducción
de interferencias electromagnéticas. En cuanto a las estaciones
fijas, se debe evaluar en cada caso a fin de evitar inconvenientes.
Normativa vigente
En el país se encuentra en vigencia
la Resolución SC 530/2000 de la Secretaría de Estado de Comunicaciones,
la que, a su vez, adopta los niveles establecidos en la Resolución
202/95 del Ministerio de Salud y Acción Social. Esta norma establece
los niveles máximos de densidad de potencia a los que pueden estar
expuestos tanto el público en general (poblacional o no ocupacional)
como el que trabaja en las áreas de irradiación (ocupacional)
en el rango de frecuencias comprendido entre 0,1 MHz y 300 GHz. Si bien
esta Resolución se basa en estudios realizados hace bastante tiempo
(años 70 y hasta anteriores) los niveles adoptados son más
conservadores que los establecidos por la norma IEEE C95.1, que es la que
se ha adoptado en la mayoría de los países en el mundo.
Niveles de Potencia máximos
tolerados en función de la frecuencia Resolución 202/95
Cabe abrigar la esperanza que se logre
una acertada disposición para que las mediciones que habrá
que realizar resulten comparables a través de protocolos únicos
de medición para cada tipo de servicio y que sean ejecutadas por
idóneos experimentados siguiendo pautas correctas, utilizando instrumental
adecuado y debidamente calibrado.
CAERCEM: Centro Argentino de
Estudios de Radiocomunicaciones y Compatibilidad Electromagnética
Ing. Víctor Padula Pintos;
Ing. Benito Alvarez Ovide; Ing. Claudio Marcelo Muñoz; Ing. Roxana
Saint Nom
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