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Por
una Ética para la Sustentabilidad
Una
primera versión del Manifiesto fue presentada ante la Séptima Reunión
del Comité Intersesional del Foro de Ministros de Medio Ambiente de América
Latina y el Caribe, celebrada en San Pablo, Brasil, los días 15 al 17 de
mayo de 2002. La presente versión es una reelaboración de ese texto
basada en las consultas realizadas con los participantes del Simposio, así
como en los comentarios de un grupo de personas, entre las cuales
agradecemos las sugerencias de Lucia Helena de Oliveira Cunha (Brasil);
Diana Luque, Mario Núñez, Armando Páez y José Romero (México).
Introducción
1.
La crisis ambiental es una crisis de civilización. Es la crisis de un
modelo económico, tecnológico y cultural que ha depredado a la
naturaleza y negado a las culturas alternas. El modelo civilizatorio
dominante degrada el ambiente, subvalora la diversidad cultural y
desconoce al Otro (al indígena, al pobre, a la mujer, al negro, al Sur)
mientras privilegia un modo de producción y un estilo de vida
insustentables que se han vuelto hegemónicos en el proceso de globalización.
2.
La crisis ambiental es la crisis de nuestro tiempo. No es una crisis ecológica,
sino social. Es el resultado de una visión mecanicista del mundo que,
ignorando los límites biofísicos de la naturaleza y los estilos de vida
de las diferentes culturas, está acelerando el calentamiento global del
planeta. Este es un hecho antrópico y no natural. La crisis ambiental es
una crisis moral de instituciones políticas, de aparatos jurídicos de
dominación, de relaciones sociales injustas y de una racionalidad
instrumental en conflicto con la trama de la vida.
3.
El discurso del "desarrollo sostenible" parte de una idea equívoca.
Las políticas del desarrollo sostenible buscan armonizar el proceso económico
con la conservación de la naturaleza favoreciendo un balance entre la
satisfacción de necesidades actuales y las de las generaciones futuras.
Sin embargo, pretende realizar sus objetivos revitalizando el viejo mito
desarrollista, promoviendo la falacia de un crecimiento económico
sostenible sobre la naturaleza limitada del planeta. Mas la crítica a
esta noción del desarrollo sostenible no invalida la verdad y el sentido
del concepto de sustentabilidad para orientar la construcción de una
nueva racionalidad social y productiva.
4.
El concepto de sustentabilidad se funda en el reconocimiento de los límites
y potenciales de la naturaleza, así como la complejidad ambiental,
inspirando una nueva comprensión del mundo para enfrentar los desafíos
de la humanidad en el tercer milenio. El concepto de sustentabilidad
promueve una nueva alianza naturaleza-cultura fundando una nueva economía,
reorientando los potenciales de la ciencia y la tecnología, y
construyendo una nueva cultura política fundada en una ética de la
sustentabilidad -en valores, creencias, sentimientos y saberes- que
renuevan los sentidos existenciales, los mundos de vida y las formas de
habitar el planeta Tierra.
5.
Las políticas ambientales y del desarrollo sostenible han estado basadas
en un conjunto de principios y en una conciencia ecológica que han
servido como los criterios para orientar las acciones de los gobiernos,
las instituciones internacionales y la ciudadanía. A partir del primer Día
de la Tierra en 1970 y de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio
Ambiente Humano (Estocolmo, 1972) y hasta la Conferencia de las Naciones
Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo (Río 92) y en el proceso de Río+10;
desde La Primavera Silenciosa, La Bomba Poblacional y Los Límites del
Crecimiento, hasta Nuestro Futuro Común, los Principios de Río y la
Carta de la Tierra, un cuerpo de preceptos ha acompañado a las
estrategias del ecodesarrollo y las políticas del desarrollo sostenible.
Los principios del desarrollo sostenible parten de la percepción del
mundo como "una sola tierra" con un "futuro común"
para la humanidad; orientan una nueva geopolítica fundada en "pensar
globalmente y actuar localmente"; establecen el "principio
precautorio" para conservar la vida ante la falta de certezas del
conocimiento científico y el exceso de imperativos tecnológicos y económicos;
promueven la responsabilidad colectiva, la equidad social, la justicia
ambiental y la calidad de vida de las generaciones presentes y futuras.
Sin embargo, estos preceptos del "desarrollo sostenible" no se
han traducido en una ética como un cuerpo de normas de conducta que
reoriente los procesos económicos y políticos hacia una nueva
racionalidad social y hacia formas sustentables de producción y de vida.
6.
En la década que va de la Cumbre de Río (1992) a la Cumbre de
Johannesburgo (2002), la economía se volvió economía ecológica, la
ecología se convirtió en ecología política, y la diversidad cultural
condujo a una política de la diferencia. La ética se está transmutando
en una ética política. De la dicotomía entre la razón pura y la razón
práctica, de la disyuntiva entre el interés y los valores, la sociedad
se desplaza hacia una economía moral y una racionalidad ética que
inspira la solidaridad entre los seres humanos y con la naturaleza. La ética
para la sustentabilidad promueve la gestión participativa de los bienes y
servicios ambientales de la humanidad para el bien común; la coexistencia
de derechos colectivos e individuales; la satisfacción de necesidades básicas,
realizaciones personales y aspiraciones culturales de los diferentes
grupos sociales. La ética ambiental orienta los procesos y
comportamientos sociales hacia un futuro justo y sustentable para toda la
humanidad.
7.
La ética para la sustentabilidad plantea la necesaria reconciliación
entre la razón y la moral, de manera que los seres humanos alcancen un
nuevo estadio de conciencia, autonomía y control sobre sus mundos de
vida, haciéndose responsables de sus actos hacia sí mismos, hacia los
demás y hacia la naturaleza en la deliberación de lo justo y lo bueno.
La ética ambiental se convierte así en un soporte existencial de la
conducta humana hacia la naturaleza y de la sustentabilidad de la vida.
8.
La ética para la sustentabilidad es una ética de la diversidad donde se
conjuga el ethos de diversas culturas. Esta ética alimenta una política
de la diferencia. Es una ética radical porque va hasta la raíz de la
crisis ambiental para remover todos los cimientos filosóficos,
culturales, políticos y sociales de esta civilización hegemónica,
homogeneizante, jerárquica, despilfarradora, sojuzgadora y excluyente. La
ética de la sustentabilidad es la ética de la vida y para la vida. Es
una ética para el reencantamiento y la reerotización del mundo, donde el
deseo de vida reafirme el poder de la imaginación, la creatividad y la
capacidad del ser humano para transgredir irracionalidades represivas,
para indagar por lo desconocido, para pensar lo impensado, para construir
el por-venir de una sociedad convivencial y sustentable, y para avanzar
hacia estilos de vida inspirados en la frugalidad, el pluralismo y la
armonía en la diversidad.
9.
La ética de la sustentabilidad entraña un nuevo saber capaz de
comprender las complejas interacciones entre la sociedad y la naturaleza.
El saber ambiental reenlaza los vínculos indisolubles de un mundo
interconectado de procesos ecológicos, culturales, tecnológicos, económicos
y sociales. El saber ambiental cambia la percepción del mundo basada en
un pensamiento único y unidimensional, que se encuentra en la raíz de la
crisis ambiental, por un pensamiento de la complejidad. Esta ética
promueve la construcción de una racionalidad ambiental fundada en una
nueva economía -moral, ecológica y cultural- como condición para
establecer un nuevo modo de producción que haga viables estilos de vida
ecológicamente sostenibles y socialmente justos.
10.
La ética para la sustentabilidad se nutre de un conjunto de preceptos,
principios y propuestas para reorientar los comportamientos individuales y
colectivos, así como las acciones públicas y privadas orientadas hacia
la sustentabilidad. Entre ellos identificamos los siguientes:
Ética
de una producción para la vida
11.
La pobreza y la injusticia social son los signos más elocuentes del
malestar de nuestra cultura, y están asociadas directa o indirectamente
con el deterioro ecológico a escala planetaria y son el resultado de
procesos históricos de exclusión económica, política, social y
cultural. La división creciente entre países ricos y pobres, de grupos
de poder y mayorías desposeídas, sigue siendo el mayor riesgo ambiental
y el mayor reto de la sustentabilidad. La ética para la sustentabilidad
enfrenta a la creciente contradicción en el mundo entre opulencia y
miseria, alta tecnología y hambruna, explotación creciente de los
recursos y depauperación y desesperanza de miles de millones de seres
humanos, mundialización de los mercados y marginación social. La
justicia social es condición sine qua non de la sustentabilidad. Sin
equidad en la distribución de los bienes y servicios ambientales no será
posible construir sociedades ecológicamente sostenibles y socialmente
justas.
12.
La construcción de sociedades sustentables pasa por el cambio hacia una
civilización basada en el aprovechamiento de fuentes de energía
renovables, económicamente eficientes y ambientalmente amigables, como la
energía solar. El viraje del paradigma mecanicista al ecológico se está
dando en la ciencia, en los valores y actitudes individuales y colectivas,
así como en los patrones de organización social y en nuevas estrategias
productivas, como la agroecología y la agroforestería. Tanto los
conocimientos científicos actuales, como los movimientos sociales
emergentes que pugnan por nuevas formas sustentables de producción están
abriendo posibilidades para la construcción de una nueva racionalidad
productiva, fundada en la productividad ecotecnológica de cada región y
ecosistema, a partir de los potenciales de la naturaleza y de los valores
de la cultura. Esta nueva racionalidad productiva abre las perspectivas a
un proceso económico que rompe con el modelo unificador, hegemónico y
homogeneizante del mercado como ley suprema de la economía.
13.
La ética para la sustentabilidad va más allá del propósito de otorgar
a la naturaleza un valor intrínseco universal, económico ó
instrumental. Los bienes ambientales son valorizados por la cultura a través
de cosmovisiones, sentimientos y creencias que son resultado de prácticas
milenarias de transformación y co-evolución con la naturaleza. El
reconocimiento de los límites de la intervención cultural en la
naturaleza significa también aceptar los límites de la tecnología que
ha llegado a suplantar los valores humanos por la eficiencia de su razón
utilitarista. La bioética debe moderar la intervención tecnológica en
el orden biológico. La técnica debe ser gobernada por un sentido ético
de su potencia transformadora de la vida.
Ética
del conocimiento y diálogo de saberes
14.
La ciencia ha constituido el instrumento más poderoso de conocimiento y
transformación de la naturaleza, con capacidad para resolver problemas críticos
como la escasez de recursos, el hambre en el mundo y de procurar mejores
condiciones de bienestar para la humanidad. La búsqueda del conocimiento
a través de la racionalidad científica ha sido uno de los valores
sobresalientes del espíritu humano. Sin embargo, se ha llegado a un
dilema: al mismo tiempo que el pensamiento científico ha abierto las
posibilidades para una "inteligencia colectiva" asentada en los
avances de la cibernética y las tecnologías de la información, la
sumisión de la ciencia y la tecnología al interés económico y al poder
político comprometen seriamente la supervivencia del ser humano; a su
vez, la inequidad social asociada a la privatización y al acceso desigual
al conocimiento y a la información resultan moralmente injustos. La
capacidad humana para trascender su entorno inmediato e intervenir los
sistemas naturales está modificando, a menudo de manera irreversible,
procesos naturales cuya evolución ha tomado millones de años,
desencadenando riesgos ecológicos fuera de todo control científico.
15.
El avance científico ha acompañado a una ideología del progreso económico
y del dominio de la naturaleza, privilegiando modelos mecanicistas y
cuantitativos de la realidad que ignoran las dimensiones cualitativas,
subjetivas y sistémicas que alimentan otras formas del conocimiento. El
fraccionamiento del pensamiento científico lo ha inhabilitado para
comprender y abordar los problemas socio-ambientales complejos. Si bien
las ciencias y la economía han sido efectivas para intervenir sistemas
naturales y ampliar las fronteras de la información, paradójicamente no
se han traducido en una mejoría en la calidad de vida de la mayoría de
la población mundial; muchos de sus efectos más perversos están
profundamente enraizados en los presupuestos, axiomas, categorías y
procedimientos de la economía y de las ciencias.
16.
La ciencia se debate hoy entre dos políticas alternativas. Por una parte,
seguir siendo la principal herramienta de la economía mundial de mercado
orientada por la búsqueda de la ganancia individual y el crecimiento
sostenible. Por otra parte, está llamada a producir conocimientos y
tecnologías que promuevan la calidad ambiental, el manejo sustentable de
los recursos naturales y el bienestar de los pueblos. Para ello será
necesario conjugar las aportaciones racionales del conocimiento científico
con las reflexiones morales de la tradición humanística abriendo la
posibilidad de un nuevo conocimiento donde puedan convivir la razón y la
pasión, lo objetivo y lo subjetivo, la verdad y lo bueno.
17.
La eficacia de la ciencia le ha conferido una legitimidad dentro de la
cultura hegemónica del Occidente como paradigma "por
excelencia" de conocimiento, negando y excluyendo los saberes no
científicos, los saberes populares, los saberes indígenas, tanto en el
diseño de estrategias de conservación ecológica y en los proyectos de
desarrollo sostenible, así como en la resolución de conflictos
ambientales. Hoy los asuntos cruciales de la sustentabilidad no son
comprensibles ni resolubles solo mediante los conocimientos de la ciencia,
incluso con el concurso de un cuerpo científico interdisciplinario,
debido en parte al carácter complejo de los asuntos ambientales y en
parte porque las decisiones sobre la sustentabilidad ecológica y la
justicia ambiental ponen en juego a diversos saberes y actores sociales.
Los juicios de verdad implican la intervención de visiones, intereses y
valores que son irreductibles al juicio "objetivo" de las
ciencias.
18.
La toma de decisiones en asuntos ambientales demanda la contribución de
la ciencia para tener información más precisa sobre fenómenos
naturales. Es el caso del calentamiento global del planeta, donde las
predicciones científicas sobre la vulnerabilidad ecológica y los riesgos
socio-ambientales, a pesar de su inevitable grado de incertidumbre, deben
predominar sobre las decisiones basadas en el interés económico y en
creencias infundadas en las virtudes del mercado para resolver los
problemas ambientales.
19.
La ética de la sustentabilidad remite a la ética de un conocimiento
orientada hacia una nueva visión de la economía, de la sociedad y del
ser humano. Ello implica promover estrategias de conocimiento abiertas a
la hibridación de las ciencias y la tecnología moderna con los saberes
populares y locales en una política de la interculturalidad y el diálogo
de saberes. La ética implícita en el saber ambiental recupera el
"conocimiento valorativo" y coloca al conocimiento dentro de la
trama de relaciones de poder en el saber. El conocimiento valorativo
implica la recuperación del valor de la vida y el reencuentro de nosotros
mismos, como seres humanos sociales y naturales, en un mundo donde
prevalece la codicia, la ganancia, la prepotencia, la indiferencia y la
agresión, sobre los sentimientos de solidaridad, compasión y comprensión.
20.
La ética de la sustentabilidad induce un cambio de concepción del
conocimiento de una realidad hecha de objetos por un saber orientado hacia
el mundo del ser. La comprensión de la complejidad ambiental demanda
romper el cerco de la lógica y abrir el círculo de la ciencia que ha
generado una visión unidimensional y fragmentada del mundo. Reconociendo
el valor y el potencial de la ciencia para alcanzar estadios de mayor
bienestar para la humanidad, la ética de la sustentabilidad conlleva un
proceso de reapropiación social del conocimiento y la orientación de los
esfuerzos científicos hacia la solución de los problemas más acuciantes
de la humanidad y los principios de la sustentabilidad: una economía ecológica,
fuentes renovables de energía, salud y calidad de vida para todos,
erradicación de la pobreza y seguridad alimentaria. El círculo de las
ciencias debe abrirse hacia un campo epistémico que incluya y favorezca
el florecimiento de diferentes formas culturales de conocimiento. El saber
ambiental es la apertura de la ciencia interdisciplinaria y sistémica
hacia un diálogo de saberes.
21.
La ética de la sustentabilidad implica revertir el principio de
"pensar globalmente y actuar localmente". Este precepto lleva a
una colonización del conocimiento a través de una geopolítica del saber
que legitima el pensamiento y las estrategias formuladas en los centros de
poder de los países "desarrollados" dentro de la racionalidad
del proceso dominante de globalización económica, para ser reproducidos
e implantados en los países "en desarrollo" o "en transición",
en cada localidad y en todos los poros de la sensibilidad humana. Sin
desconocer los aportes de la ciencia para transitar hacia la
sustentabilidad, es necesario repensar la globalidad desde la localidad
del saber, arraigado en un territorio y una cultura, desde la riqueza de
su heterogeneidad, diversidad y singularidad; y desde allí reconstruir el
mundo a través del diálogo intercultural de saberes y la hibridación de
los conocimientos científicos con los saberes locales.
22.
La educación para la sustentabilidad debe entenderse en este contexto
como una pedagogía basada en el diálogo de saberes, y orientada hacia la
construcción de una racionalidad ambiental. Esta pedagogía incorpora una
visión holística del mundo y un pensamiento de la complejidad. Pero va más
allá al fundarse en una ética y una ontología de la otredad que del
mundo cerrado de las interrelaciones sistémicas del mundo objetivado de
lo ya dado, se abre hacia lo infinito del mundo de lo posible y a la
creación de "lo que aún no es". Es la educación para la
construcción de un futuro sustentable, equitativo, justo y diverso. Es
una educación para la participación, la autodeterminación y la
transformación; una educación que permita recuperar el valor de lo
sencillo en la complejidad; de lo local ante lo global; de lo diverso ante
lo único; de lo singular ante lo universal.
Ética
de la ciudadanía global, el espacio público y los movimientos sociales
23.
La globalización económica está llevando a la privatización de los
espacios públicos. El destino de las naciones y de la gente está cada
vez más conducido por procesos económicos y políticos que se deciden
fuera de sus esferas de autonomía y responsabilidad. El movimiento
ambiental ha generado la emergencia de una ciudadanía global que expresa
los derechos de todos los pueblos y todas las personas a participar de
manera individual y colectiva en la toma de decisiones que afectan su
existencia, emancipándose del poder del Estado y del mercado como
organizadores de sus mundos de vida.
24.
El sistema parlamentario de las democracias modernas se encuentra en
crisis porque la esfera pública, entendida como el espacio de interrelación
dialógica de aspiraciones, voluntades e intereses, ha sido desplazada por
la negociación y el cálculo de interés de los partidos que, convertidos
en grupos de presión, negocian sus respectivas oportunidades de ocupar el
poder. Para resolver las paradojas del efecto mayoría es necesario
propiciar una política de tolerancia y participación de las disidencias
y las diferencias. Asimismo debe alentarse los valores democráticos para
practicar una democracia directa.
25.
La democracia directa se funda en un principio de participación colectiva
en los procesos de toma de decisiones sobre los asuntos de interés común.
Frente al proyecto de democracia liberal que legitima el dominio de la
racionalidad del mercado, la democracia ambiental reconoce los derechos de
las comunidades autogestionarias fundadas en el respeto a la soberanía y
dignidad de la persona humana, la responsabilidad ambiental y el ejercicio
de procesos para la toma de decisiones a partir del ideal de una
organización basada en los vínculos personales, las relaciones de
trabajo creativo, los grupos de afinidad, y los cabildos comunales y
vecinales.
26.
El ambientalismo es un movimiento social que, nacido de esta época de
crisis civilizatoria marcada por la degradación ambiental, el
individualismo, la fragmentación del mundo y la exclusión social, nos
convoca a pensar sobre el futuro de la vida, a cuestionar el modelo de
desarrollo prevaleciente y el concepto mismo de desarrollo, para enfrentar
los límites de la relación de la humanidad con el planeta. La ética de
la sustentabilidad nos confronta con el vínculo de la sociedad con la
naturaleza, con la condición humana y el sentido de la vida.
27.
La ética para la construcción de una sociedad sustentable conduce hacia
un proceso de emancipación que reconoce, como enseñaba Paulo Freire, que
nadie libera a nadie y nadie se libera sólo; los seres humanos sólo se
liberan en comunión. De esta manera es posible superar la perspectiva
"progresista" que pretende salvar al otro (al indígena, al
marginado, al pobre) dejando de ser él mismo para integrarlo a un ser
ideal universal, al mercado global ó al Estado nacional; forzándolo a
abandonar su ser, sus tradiciones y sus estilos de vida para convertirse
en un ser "moderno" y "desarrollado".
Ética
de la gobernabilidad global y la democracia participativa
28.
La ética para la sustentabilidad apela a la responsabilidad moral de los
sujetos, los grupos sociales y el Estado para garantizar la continuidad de
la vida y para mejorar la calidad de la vida. Esta responsabilidad se
funda en principios de solidaridad entre esferas políticas y sociales, de
manera que sean los actores sociales quienes definan y legitimen el orden
social, las formas de vida, las prácticas de la sustentabilidad, a través
del establecimiento de un nuevo pacto ciudadano y de un debate democrático,
basado en el respeto mutuo, el pluralismo político y la diversidad
cultural, con la primacía de una opinión pública crítica actuando con
autonomía ante los poderes del Estado.
29.
La ética de la sustentabilidad cuestiona las formas vigentes de dominación
establecidas por las diferencias de género, etnia, clase social y opción
sexual, para establecer una diversidad y pluralidad de derechos de la
ciudadanía y la comunidad. Ello implica reconocer la imposibilidad de
consolidar una sociedad democrática dentro de las grandes inequidades
económicas y sociales en el mundo y en un escenario político en el cual
los actores sociales entran al juego democrático en condiciones de
desigualdad y donde las mayorías tienen nulas o muy limitadas
posibilidades de participación.
30.
La ética para la sustentabilidad demanda un nuevo pacto social.
Este
debe fundarse en un marco de acuerdos básicos para la construcción de
sociedades sustentables que incluya nuevas relaciones sociales, modos de
producción y patrones de consumo.
Estos
acuerdos deben incorporar la diversidad de estilos culturales de producción
y de vida; reconocer los disensos, asumir los conflictos, identificar a
los ausentes del diálogo e incluir a los excluidos del juego democrático.
Estos principios éticos conducen hacia la construcción de una
racionalidad alternativa que genere sociedades sustentables para los
millones de pobres y excluidos de este mundo globalizado, reduciendo la
brecha entre crecimiento y distribución, entre participación y marginación,
entre lo deseable y lo posible.
31.
Una ética para la sustentabilidad debe inspirar nuevos marcos jurídico-institucionales
que reflejen, respondan y se adapten al carácter tanto global y regional,
como nacional y local de las dinámicas ecológicas, así como a la
revitalización de las culturas y sus conocimientos asociados. Esta nueva
institucionalidad debe contar con el mandato y los medios para hacer
frente a las inequidades en la distribución económica y ecológica la
concentración de poder de las corporaciones transnacionales, la corrupción
e ineficacia de los diferentes órganos de gobierno y gestión, y para
avanzar hacia formas de gobernabilidad más democráticas y participativas
de la sociedad en su conjunto.
Ética
de los derechos, la justicia y la democracia
32.
El derecho no es la justicia. La racionalidad jurídica ha llevado a
privilegiar los procesos legales por encima de normas sustantivas,
desatendiendo así el establecimiento de un vínculo social fundado en
principios éticos, así como la aplicación de principios esenciales para
garantizar el ejercicio de los derechos humanos fundamentales, ambientales
y colectivos. Apoyados en la Declaración Universal de los Derechos
Humanos, todos tenemos derecho a las mismas oportunidades, a tener
derechos comunes y diferenciados. El proyecto para avanzar hacia la nueva
alianza solidaria con una civilización de la diversidad y una cultura de
baja entropía, presupone el primado de una ética implicada en una nueva
visión del mundo que nos disponga para una transmutación de los valores
que funden un nuevo contrato social. En las circunstancias actuales de
bancarrota moral, ecológica y política, este cambio de valores es un
imperativo de supervivencia.
33.
La concepción moral de la modernidad ha tendido a favorecer las acciones
regidas por la racionalidad instrumental y el interés económico, al
tiempo que ha diluido la sensibilidad que permite diferenciar un
comportamiento utilitarista de otro fundado en valores sustantivos e intrínsecos.
La complejidad creciente del mundo moderno ha erradicado una visión
universal del bien o un principio trascendental de lo justo que sirvan de
cimiento para el vínculo social solidario. La ética de la
sustentabilidad debe ser una ética aplicada que asegure la coexistencia
entre visiones rivales en un mundo constituido por una diversidad de
culturas y matrices de racionalidad, centradas en diferentes ideas del
bien.
34.
Si lo que caracteriza a las sociedades contemporáneas es el poder científico
sobre la naturaleza y el poder político sobre los seres humanos, la ética
para la sustentabilidad debe formular los principios para prevenir que
cualquier bien social sirva como medio de dominación. Existiendo
diferentes bienes sociales, su distribución configura distintas esferas
de justicia, cada una de las cuales debe ser autónoma y dotada de reglas
propias. De esta complejidad de los bienes sociales nace la noción de
equidad compleja resultante de la intersección entre el proyecto de
combatir la dominación y el programa de diferenciación de esferas de la
justicia.
35.
Si la dominación es una de las formas esenciales del mal, abolirla es el
bien supremo. Ello significa desatar los nudos del pensamiento y las
estrategias de poder en el saber que nos someten a los distintos
dispositivos de sojuzgamiento activados en ideologías e instituciones
sociales. La lucha contra la dominación es un proyecto moral cuyo núcleo
consiste en cultivar una ética de las virtudes que nos permita renunciar
a los valores morales, los sistemas de organización política y los
artefactos tecnológicos que han servido como medios de dominación. Es al
mismo tiempo un proyecto cultural para avanzar hacia la reinvención ética
y estética de la mente, los modelos económico-sociales y las relaciones
naturaleza-cultura que configuran el estilo de vida dominante en esta
civilización. Se trata de una ética de las virtudes personales y cívicas
que garantice el respeto de una base mínima de deberes positivos y
negativos, que asegure las normas básicas de convivencia para la
sustentabilidad.
36.
La ética para la sustentabilidad es una ética de los derechos
fundamentales predicables que promueve la dignidad humana como el valor más
alto y condición fundamental para reconstruir las relaciones del ser
humano con la naturaleza. Es una ética de la solidaridad que rebasa el
individualismo para fundarse en el reconocimiento de la otredad y de la
diferencia; una ética democrática participativa que promueve el
pluralismo, que reconoce los derechos de las minorías y las protege de
los abusos que les pueden causar los diferentes grupos de poder. El bien
común es asegurar la producción y procuración de justicia para todos,
respetando lo propio de cada quién y dando a cada cual lo suyo.
Ética
de los bienes comunes y del Bien Común
37.
Los actuales procesos de intervención tecnológica, de revalorización
económica y de reapropiación social de la naturaleza están planteando
la necesidad de establecer los principios de una bioética junto con una
ética de los bienes y servicios ambientales.
Los
bienes comunales no son bienes libres, sino que han sido significados y
transformados por valores comunes de diferentes culturas. Los bienes públicos
no son bienes de libre acceso pues deben ser aprovechados para el bien común.
Hoy, los "bienes comunes" están sujetos a las formas de
propiedad y normas de uso donde confluyen de manera conflictiva los
intereses del Estado, de las empresas transnacionales y de los pueblos en
la redefinición de lo propio y de lo ajeno; de lo público y lo privado;
del patrimonio de los pueblos, del Estado y de la humanidad. Los bienes
ambientales son una intrincada red de bienes comunales y bienes públicos
donde se confrontan los principios de la libertad del mercado, la soberanía
de los Estados y la autonomía de los pueblos.
38.
La ética del bien común se plantea como una ética para la resolución
del conflicto de intereses entre lo común y lo universal, lo público y
lo privado. La ética del orden público y los derechos colectivos
confrontan a la ética del derecho privado como mayor baluarte de la
civilización moderna, cuestionando al mercado y la privatización del
conocimiento -la mercantilización de la naturaleza y la privatización y
los derechos de propiedad intelectual- como principios para definir y
legitimar las formas de posesión, valorización y usufructo de la
naturaleza, y como el medio privilegiado para alcanzar el bien común.
Frente a los derechos de propiedad privada y la idea de un mercado neutro
en el cual se expresan preferencias individuales como fundamento para
regular la oferta de bienes públicos, hoy emergen los derechos colectivos
de los pueblos, los valores culturales de la naturaleza y las formas
colectivas de propiedad y manejo de los bienes comunales, definiendo una
ética del bien común y confrontando las estrategias de apropiación de
la biodiversidad por parte de las corporaciones de la industria de la
biotecnología.
39.
La ética de la sustentabilidad implica cambiar el principio del egoísmo
individual como generador de bien común por un altruismo fundado en
relaciones de reciprocidad y cooperación. Esta ética está arraigando en
movimientos sociales ascendentes, en grupos culturales crecientes, que hoy
en día comienzan a enlazarse en torno de redes ciudadanas y de foros
sociales mundiales en la nueva cultura de solidaridad.
Ética
de la diversidad cultural y de una política de la diferencia
40.
El discurso del "desarrollo sostenible" preconiza un futuro común
para la humanidad, mas no incluye adecuadamente las visiones diferenciadas
de los diferentes grupos sociales involucrados, y en particular, de las
poblaciones indígenas que a lo largo de la historia han convivido
material y espiritualmente en armonía con la naturaleza. La
sustentabilidad debe estar basada en un principio de integridad de los
valores humanos y las identidades culturales, con las condiciones de
productividad y regeneración de la naturaleza, principios que emanan de
la relación material y simbólica que tienen las poblaciones con sus
territorios, con los recursos naturales y el ambiente. Las cosmovisiones
de los pueblos ancestrales están asentadas en y son fuente inspiradora de
prácticas culturales de uso sustentable de la naturaleza.
41.
La ética para la sustentabilidad acoge esta diversidad de visiones y
saberes, y contesta todas las formas de dominación, discriminación y
exclusión de sus identidades culturales. Una ética de la diversidad
cultural implica una pedagogía de la otredad para aprender a escuchar
otros razonamientos y otros sentimientos. Esa otredad incluye la
espiritualidad de las poblaciones indígenas, sus conocimientos
ancestrales y sus prácticas tradicionales, como una contribución
fundamental de la diversidad cultural a la sustentabilidad humana global.
42.
Para los pueblos indígenas y afro-descendientes, así como para muchas
sociedades campesinas y organizaciones populares, la ética de la
sustentabilidad se traduce en una ética del respeto a sus estilos de vida
y a sus espacios territoriales, a sus hábitos y a su hábitat, tanto en
el ámbito rural como en el urbano. La ética se traduce en prácticas
sociales para la protección de la naturaleza, la garantía de la vida y
la sustentabilidad humana. Los conocimientos ancestrales, por su carácter
colectivo, se definen a través de sus propias cosmovisiones y
racionalidades culturales y contribuyen al bien común del pueblo al que
pertenecen. Por ello sus saberes, su naturaleza y su cultura no deben ser
sometidos al uso y a la propiedad privados.
43.
En las cosmovisiones de los pueblos indígenas y afro-descendientes, así
como de muchas comunidades campesinas, la naturaleza y la sociedad están
integradas dentro de un sistema biocultural, donde la organización
social, las prácticas productivas, la religión, la espiritualidad y la
palabra integran un ethos que define sus estilos propios de vida. La ética
remite a un concepto de bienestar que incluye a la "gran
familia" y no únicamente a las personas. Este vivir bien de la
comunidad se refiere al logro de su bienestar fundado en sus valores
culturales e identidades propias. Las dinámicas demográficas, de
movilidad y ocupación territorial, así como las prácticas de uso y
manejo de la biodiversidad,
se definen dentro de una concepción de la trilogía
territorio-cultura-biodiversidad como un todo íntegro e indivisible.
El
territorio se define como el espacio para ser y la biodiversidad como un
patrimonio cultural que permite al ser permanecer; por tanto la existencia
cultural es condición para la conservación y uso sustentable de la
biodiversidad. Estas concepciones del mundo están generando nuevas
alternativas de vida para muchas comunidades rurales y urbanas.
44.
El derecho inalienable de los pueblos a su ser cultural debe llevar a una
nueva ética de los derechos de los pueblos frente al Estado. La ética
para la sustentabilidad abre así los cauces para recuperar identidades,
para volver a preguntarnos quienes somos y quienes queremos ser. Es una ética
para mirar y volver a nuestras raíces. Una ética para reconocernos y
regenerar lazos de comunicación y solidaridad desde nuestras diferencias
y para no seguir atropellando al otro. Una ética para reestablecer la
confianza entre los seres humanos y entre los pueblos sojuzgados, haciendo
realidad los preceptos de la Declaración Universal de los Derechos
Humanos.
Ética
de la paz y el diálogo para la resolución de conflictos
45.
El peor mal de la humanidad es la guerra que aniquila la vida y aplasta a
la naturaleza, así como la violencia física y simbólica que desconoce
la dignidad humana y el derecho del otro. La ética para la
sustentabilidad es la ética de una cultura de paz y de la no-violencia;
de una sociedad que resuelva sus conflictos a través del diálogo. Esta
cultura de diálogo y paz sólo puede darse dentro de una sociedad de
personas libres donde se construyan acuerdos y consensos en procesos en
los cuales también haya lugar para los disensos.
46.
La capacidad argumentativa ha permitido a los seres humanos usar el juicio
racional y la retórica para mantener y defender posiciones e intereses
individuales y de grupo frente al bien común y de las mayorías. Sólo un
juicio moral puede dirimir y superar las controversias entre juicios
racionales igualmente legítimos. La función de la inteligencia no es sólo
la de razonar lógicamente, conocer y crear productivamente, sino la de
orientar sabiamente el comportamiento
y dar sentido a la existencia. Estas son funciones éticas del bien vivir.
En este sentido, la ética enaltece a la razón. La dignidad, la identidad
y la autonomía de las personas aparecen como derechos fundamentales del
ser a existir y a ser respetado.
47.
Si todo orden social -incluso el democrático- supone formas de exclusión,
en cada escenario de negociación se debe incluir a todos los grupos
afectados e interesados. Esta transparencia es fundamental en los procesos
de resolución de conflictos ambientales por la vía del diálogo y la
negociación, sobretodo si consideramos que las comunidades e individuos más
afectados por la crisis ambiental en todas sus manifestaciones son
justamente los más pobres, los subalternos y los excluidos del esquema de
la democracia liberal.
48.
Para que la ética se convierta en un criterio operativo que permita
dirimir conflictos entre actores en diferentes escalas y poderes
desiguales, será necesario un acuerdo de principios de igualdad que sea
asumido y practicado por todos los actores de la sustentabilidad. Ello
implica reconocer la especificidad de los diferentes actores y sectores
sociales con sus impactos ecológicos, responsabilidades, intereses y
demandas, y en sus diferentes escalas de intervención: local, nacional,
internacional. Para ello es necesario superar las dicotomías entre países
ricos y pobres, así como las oposiciones convencionales entre Norte/Sur,
Estado/sociedad civil, esfera pública/esfera privada, de manera que se
identifiquen los valores, intereses y responsabilidades de actores
concretos dentro de las controversias puestas en juego por grupos
sociales, corporaciones, empresas y Estados específicos. Este ejercicio
es fundamental para que las políticas, las decisiones y los compromisos
adoptados correspondan con las responsabilidades diferenciadas y con las
condiciones específicas de los actores involucrados.
Ética
del ser y el tiempo de la sustentabilidad
49.
La ética de la sustentabilidad es una ética del ser y del tiempo. Es el
reconocimiento de los tiempos diferenciados de los procesos naturales,
económicos, políticos, sociales y culturales: del tiempo de la vida y de
los ciclos ecológicos, del tiempo que se incorpora al ser de las cosas y
el tiempo que encarna en la vida de los seres humanos; del tiempo que
marca los ritmos de la historia natural y la historia social; del tiempo
que forja procesos, acuña identidades y desencadena tendencias; del
encuentro de los tiempos culturales diferenciados de diversos actores
sociales para generar consultas, consensos y decisiones dentro de sus
propios códigos de ética, de sus usos y costumbres.
50.
La vida de una especie, de la humanidad y de las culturas no concluye en
una generación. La vida individual es transitoria, pero la aventura del
sistema vivo y de las identidades colectivas trasciende en el tiempo. El
valor fundamental de todo ser vivo es la perpetuación de la vida. El
mayor valor de la cultura es su apertura hacia la diversidad cultural. La
construcción de la sustentabilidad está suspendida en el tiempo, en una
ética transgeneracional. El futuro sustentable sólo será posible en un
mundo en el que la naturaleza y la cultura continúen co-evolucionando.
51.
La ética de la sustentabilidad coloca a la vida por encima del interés
económico-político o práctico-instrumental. La sustentabilidad sólo
será posible si regeneramos el deseo de vida que sostiene los sentidos de
la existencia humana. La ética de la sustentabilidad es una ética para
la renovación permanente de la vida, donde todo nace, crece, enferma,
muere y renace. La preservación del ciclo permanente de la vida implica
saber manejar el tiempo para que la tierra se renueve y la vida florezca
en todas sus formas conviviendo en armonía en los mundos de vida de las
personas y las culturas.
52.
La ética de la sustentabilidad se nutre del ser cultural de los pueblos,
de sus formas de saber, del arraigo de sus saberes en sus identidades y de
la circulación de saberes en el tiempo. Estos legados culturales son los
que hoy abren la historia y permiten la emergencia de lo nuevo a través
del diálogo intercultural y transgeneracional de saberes, fertilizando
los caminos hacia un futuro sustentable.
Epílogo
53.
La ética para la sustentabilidad es una ética del bien común. Este
Manifiesto ha sido producido en común para convertirse en un bien común;
en este sentido, busca inspirar principios y valores, promover razones y
sentimientos, y orientar procedimientos, acciones y conductas, hacia la
construcción de sociedades sustentables.
54.
Este Manifiesto no es un texto definitivo y acabado. La ONU, los
gobiernos, las organizaciones ciudadanas, los centros educativos y los
medios de comunicación de todo el mundo deberán contribuir a difundir
este Manifiesto para propiciar un amplio diálogo y debate que conduzcan a
establecer y practicar una ética para la sustentabilidad
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LA
OPINION DE DSOSTENIBLE NO
NECESARIAMENTE COINCIDE CON LA OPINION DE LOS COUMNISTAS. A
RAIZ DE CUALQUIER NOTA PUBLICADA EN ESTA PAGINA SE CONCEDERA DERECHO
A REPLICA A QUIEN LO SOLICITE CON LA FINALIDAD DE MOSTRAR OTRO
ENFOQUE SOBRE EL MISMO TEMA, ENRIQUECIENDO DE ESTA MANERA, LOS
DEBATES QUE SE GENEREN.
SITUACION
AMBIENTAL INTERNACIONAL
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