SITUACION AMBIENTAL INTERNACIONAL

Cambio climático - Grupo intergubernamental de expertos sobre el cambio climático

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Cambio climático 1995: SINTESIS DEL SEGUNDO INFORME DE EVALUACIÓN DEL IPCC SOBRE LA INFORMACIÓN CIENTÍFICA Y TÉCNICA PERTINENTE PARA INTERPRETAR EL ARTÍCULO 2 DE LA CONVENCIÓN MARCO

 

ÍNDICE
PREFACIO
PRÓLOGO
SÍNTESIS

  1. El Artículo 2 de la CMCC

  2. Interferencia antropógena en el sistema climático

  3. Sensibilidad y adaptación de los sistemas al cambio climático

  4. Enfoque analítico de la estabilización de las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera

  5. Tecnología y opciones de política para la mitigación

  6. Consideraciones de equidad y sociales

  7. Desarrollo económico para proceder en forma sostenible

  8. El camino que habría que seguir

Referencias

APÉNDICE: AUTORES PRINCIPALES, AUTORES Y COLABORADORES

 

 

PREFACIO

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) fue establecido conjuntamente por la Organización Meteorológica Mundial y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente en 1988, con el fin de: i) evaluar la información científica disponible sobre el cambio climático, ii) evaluar los impactos del cambio climático sobre el medio ambiente y sobre las actividades sociales y económicas, y iii) formular estrategias de respuesta. El Primer Informe de Evaluación del IPCC quedó terminado en agosto de 1990, y sirvió de base para la negociación de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. El IPCC terminó también su Suplemento 1992 y la publicación Cambio Climático 1994: Forzamiento radiativo del cambio climático y una evaluación de los escenarios de emisiones IS92 del IPCC, para seguir apoyando en el proceso de avance de la Convención. En 1992, el Grupo reorganizó sus Grupos de Trabajo II y III para evaluar, respectivamente, los impactos y las opciones de respuesta, y los aspectos sociales y económicos del cambio climático. Se comprometió a terminar su Segundo Informe de Evaluación en 1995, no sólo actualizando la información sobre la misma serie de temas del Primer Informe de Evaluación, sino incluyendo además la nueva esfera de cuestiones técnicas relacionadas con los aspectos socioeconómicos del cambio climático. Nos felicitamos de que el IPCC haya elaborado su Segundo Informe de Evaluación (SIE) en la forma prevista. Estamos convencidos de que el SIE, lo mismo que los informes anteriores del IPCC, se convertirá en una obra de referencia normalizada, de la que harán gran uso los responsables de políticas, los científicos y otros expertos. Como es habitual en el IPCC, el éxito en la preparación de este informe se ha debido al entusiasmo y a la cooperación de numerosos científicos activos y otros expertos mundiales. Nos complace sumamente señalar los especialísimos esfuerzos realizados por el IPCC para lograr la participación en sus actividades de científicos y otros expertos de países en desarrollo y con economías en transición, sobre todo en la redacción, análisis y revisión de sus informes. Los científicos y expertos de los países desarrollados, en desarrollo y con economías en transición han aportado con la mayor generosidad su tiempo, y los gobiernos les han ayudado en el enorme esfuerzo intelectual y físico requerido, superando a menudo sustancialmente las exigencias razonables del deber. Sin esa intervención concienzuda y profesional, el IPCC no sería ni mucho menos lo que es. Expresamos a todos esos científicos y expertos, y a los gobiernos que les han apoyado, nuestro sincero agradecimiento. Aprovechamos la ocasión para expresar nuestra gratitud a las siguientes personas por haber realizado a plena satisfacción otro informe del IPCC:

 
  • Prof. Bolin, Presidente del IPCC, por su acertada dirección y hábil orientación del IPCC;
  • Vicepresidente del IPCC, Prof. Yu A. Izrael (Federación de Rusia) y Dr. A. Al-Gain (Arabia Saudita);
  • Copresidentes del Grupo de Trabajo I, Dr. L.G. Meira Filho (Brasil) y Sir John Houghton (Reino Unido); Vicepresidentes del Grupo de Trabajo, Dr. Ding Yuhui (China), Dr. H. Grassl y posteriormente Prof. D. Ehhalt (Alemania) y Dr. A.B. Diop (Senegal);
  • Copresidentes del Grupo de Trabajo II, Dr. R.T. Watson (Estados Unidos) y Dr. M.C. Zinyowera (Zimbabwe); Vicepresidentes del Grupo de Trabajo, Dr. O Canziani (Argentina), Dr. M. Petit
    (Francia), Dr. S.K. Sharma (India), Sr. H. Tsukamoto (Japón), Prof. P. Vellinga (Países Bajos), Dr. M. Beniston (Suiza), Dr. A. Hentati y posteriormente Dr. J. Friaa (Túnez) e Ing. (Sra.)
    M. Perdomo (Venezuela);
  • Copresidentes del Grupo de Trabajo III, Dr. J.P. Bruce (Canadá) y Dr. Hoesung Lee (Repúglica de Corea); Vicepresidentes del Grupo de Trabajo, Prof. R. Odingo (Kenya) y Dr. T. Hanisch y posteriormente Dr. L. Lorentsen (Noruega);
  • Representantes Regionales en la Mesa del IPCC, Dr. A. Adejokun (Nigeria, por África), Dr. H. Nasrallah (Kuwait, por Asia), Dr. F. Fajardo Moros (Cuba por América del Norte, Central y el
    Caribe),Dr. N. Sabogal y posteriormente Dr. K. Robertson (Colombia por América del Sur), Dr. J. Zillman (Australia por Pacífico Sudoccidental) y Dr. M. Bautista Pérez (España) por Europa;
  • Dr. B. Callender, Jefe del Servicio de Apoyo Técnico del Grupo de Trabajo I y su personal, Sra. K. Maskell, Sra. J.A. Lakeman y Sra. F. Mills, y quienes proporcionaron asistencia adicional a
    saber: Dr. N. Harris (Servicio Europeo de Coordinación sobre la Investigación del Ozono, Cambridge, Reino Unido) y Dr. A Kattenberg (Real Instituto Meteorológico de Países Bajos);
  • Dr. R.H. Moss, Jefe del Servicio de Apoyo Técnico del Grupo de Trabajo II y su personal, interno o voluntario, a saber, Sr. S. Agarwala, Sr. D.J. Dokken, Sr. S. Greco, Sra. D. Hagag, Sra. S. MacCracken, Sra. F. Ormond, Sra. M. Taylor, Sra. A. Temey y Sra. L. Van Wie; o Dr. E. Haites, Jefe del Servicio de Apoyo Técnico del Grupo de Trabajo III y su personal, Sra. L. Lawson y Sra. V. Dreja;
  • Dr. N. Sundararaman, Secretario del IPCC y su personal en la Secretaría del IPCC, el difunto Sr. S. Tewungwa, Sra. R. Bougeois, Sra. C. Ettori y Sra. C. Tanikie.

G.O.P. Obasi
Secretario General Organización Meteorológica Mundial

Sra. E. Dowdeswell
Directora Ejecutiva del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente

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PRÓLOGO

El IPCC terminó su Segundo Informe de Evaluación (SIE) en diciembre de 1995. El SIE consta de cuatro partes:

  • la síntesis del Segundo Informe de Evaluación del IPCC sobre la información científica y técnica pertinente para interpretar el artículo 2 de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático;
  • el informe del Grupo de Trabajo I del IPCC, la Ciencia del cambio climático, con un Resumen para responsables de políticas (RRP);
  • el informe del Grupo de Trabajo II del IPCC, Análisis científicos y técnicos de impactos, adaptaciones y mitigación del cambio climático, con un RRP;
  • el informe del Grupo de Trabajo III del IPCC, Las dimensiones económicas y sociales del cambio climático.

La síntesis del Segundo Informe de Evaluación del IPCC y los Resúmenes para Responsables de Políticas de los tres grupos de trabajo constituyen el informe del IPCC (1995). Se publican en el presente volumen, en los seis idiomas de las Naciones Unidas, a saber: árabe, chino, español, francés, inglés y ruso. Los informes de los grupos de trabajo, con sus respectivos RRP, existen solo en inglés y se publican por separado, con fines comerciales.

En razón de la abundante información errónea y de las grandes incomprensiones sobre el asunto, aprovechamos la ocasión para informar al lector sobre la manera como el IPCC realiza sus evaluaciones.

  1. El Grupo de expertos decide al comienzo el contenido, dividido en capítulos, del informe de cada uno de sus grupos de trabajo. Se constituye un equipo de redacción de tres a seis expertos (y raras veces más) para la redacción inicial y las revisiones subsiguientes de un capítulo. Se pide a los Gobiernos y a organizaciones intergubernamentales y no gubernamentales que designen personas con los conocimientos debidos para considerar su inclusión en los equipos de redacción. También se solicita el historial de publicaciones de las personas designadas y otra información pertinente. Se confeccionan listas de esas personas, entre las que la Mesa del Grupo de trabajo correspondiente (es decir, los copresidentes y los vicepresidentes del Grupo de Trabajo) seleccionan el equipo de redacción. El IPCC exige que al menos un miembro de cada equipo de redacción proceda de un país en desarrollo.
  2. Con los informes se elabora un Resumen para Responsables de Políticas (RRP). El RRP debe reflejar la comprensión de las técnicas más modernas del asunto y estar redactado en forma fácilmente comprensible para los que no son especialistas. En los informes y en los RRP deben exponerse opiniones diferentes pero bien fundadas desde el punto de vista científico o técnico, si no pueden conciliarse durante la evaluación.
  3. Los equipos de redacción preparan los capítulos y el material para incluirlo en los RRP. Los proyectos se basan en la literatura publicada en revistas revisadas por otros expertos e informes de organizaciones profesionales, como el Consejo Internacional de Uniones Científicas, la Organización Meteorológica Mundial, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, la Organización Mundial de la Salud y la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación. A veces, el IPCC realiza cursillos para reunir información de la que de otro modo no se dispondría; esto se hace particularmente para estimular la reunión de información sobre los países en desarrollo y en ellos.
  4. Cada proyecto de capítulo se envía a decenas de expertos del mundo entero para que lo examinen. Esos expertos se eligen también entre los candidatos presentados por gobiernos y organizaciones. El tiempo de que disponen para el examen es de seis semanas. El proyecto, revisado teniendo en cuenta los comentarios recibidos, se envía a los gobiernos y a las organizaciones para su examen técnico. Para este (segundo) examen se dispone asimismo de seis semanas. En algunos casos, por razones de tiempo, los exámenes de los expertos y de los gobiernos se realizan simultáneamente.
  5. El proyecto se revisa una segunda vez tomando en consideración los exámenes recibidos de los gobiernos y de las organizaciones. Luego se envía a los gobiernos (y a las organizaciones) un mes antes de la reunión del Grupo de Trabajo que lo considerará. El Grupo de Trabajo aprueba el RRP, línea por línea, y acepta los capítulos correspondientes; ambos constituyen conjuntamente el informe del Grupo de Trabajo. No es práctico que el Grupo de Trabajo apruebe su informe, que normalmente tiene 200 páginas o más. El término "aceptación" significa en este contexto que los capítulos correspondientes y el RRP son coherentes entre sí.
  6. Cuando el Grupo de Trabajo aprueba el RRP, los Miembros elegidos de los equipos de redacción - de países en desarrollo y desarrollados - están presentes, y el texto del RRP se examina en la reunión, con su participación. Por consiguiente, en realidad, los informes de los grupos de trabajo son redactados y examinados por expertos y revisados por otros expertos.
  7. El informe del Grupo de trabajo (con el RRP aprobado) se envía a los gobiernos y a las organizaciones un mes antes de la reunión del IPCC en que se considerará su aceptación.
  8. Como podrá observar el lector, el IPCC es un órgano científico-técnico totalmente intergubernamental. Todos los Estados Miembros de las Naciones Unidas y de la Organización Meteorológica Mundial son miembros del IPCC y de sus grupos de trabajo. Por lo tanto, los gobiernos aprueban los RRP y aceptan los capítulos correspondientes que, como ya se ha dicho, son redactados y revisados por expertos.

La síntesis del Segundo informe de evaluación del IPCC la preparó un equipo de redacción constituido bajo la presidencia del Presidente del IPCC. Y se sometió simultáneamente a la revisión de los expertos y de los Gobiernos. Fue aprobada línea por línea por el IPCC en su undécima reunión (Roma, 11-15 de diciembre de 1995). Debemos reiterar que los informes del IPCC y de sus grupos de trabajo contienen la realidad del cambio climático, extraída de los textos técnicos disponibles por expertos y revisada luego minuciosamente por expertos y gobiernos. En total, participan en su redacción y revisión más de 2000 expertos del mundo entero. Los gobiernos aprueban y aceptan su contenido científico y técnico. Los productos finales son redactados por expertos seleccionados del mundo entero y aceptados por los gobiernos que participan en las sesiones plenarias. Deseamos aprovechar también la ocasión para dejar constancia de la triste pérdida de un valioso miembro de la Secretaría del IPCC. El Sr. Samuel Tewungwa, fallecido en enero de 1996, había sido enviado a la Secretaría por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Su animosidad, buen humor y dedicación se echan y echarán mucho de menos.

N. Sundararaman
Secretario del IPCC

B. Bolin
Presidente del IPCC


 
SÍNTESIS SOBRE LA INFORMACIÓN CIENTÍFICA Y TÉCNICA PERTINENTE
PARA INTERPRETAR EL ARTÍCULO 2 DE LA CONVENCIÓN MARCO
 

1.- EL ARTÍCULO 2 DE LA CMCC

1.1 En cumplimiento de una resolución del Consejo Ejecutivo de la Organización Meteorológica Mundial (julio de 1992), el IPCC decidió incluir en su programa de trabajo un examen de los enfoques del Artículo 2, Objetivo de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMCC). En octubre de 1994 organizó en Fortaleza (Brasil) un cursillo por invitación del Gobierno brasileño. Posteriormente, el Presidente del IPCC reunió a un equipo de autores principales (cuya lista figura al final del presente informe, en el Apéndice), bajo su presidencia, para redactar la Síntesis. El equipo elaboró el proyecto que se sometió a expertos y gobiernos para que lo examinaran y formularan comentarios. El proyecto final de la Síntesis fue aprobado punto por punto por el IPCC en su undécima reunión (Roma, 11-15 de diciembre de 1995), a la que asistieron representantes de 116 gobiernos, así como de 13 organizaciones intergubernamentales y 25 no gubernamentales. Procede señalar, para información, que todos los Estados Miembros de la Organización Meteorológica Mundial y de las Naciones Unidas son miembros del IPCC, y pueden asistir a sus reuniones y a las de sus grupos de trabajo. La Síntesis contiene información sobre las cuestiones científicas y técnicas relacionadas con la interpretación del Artículo 2 de la CMCC, extraída del Segundo Informe de Evaluación del IPCC. Como la Síntesis no es meramente un resumen del Segundo Informe de Evaluación del IPCC, para el resumen del Segundo Informe de Evaluación deben consultarse asimismo los Resúmenes para responsables de políticas de los tres grupos de trabajo del IPCC.

1.2 En los últimos decenios han destacado dos importantes factores sobre la relación entre el ser humano y el clima de la Tierra. En primer lugar, las actividades humanas, incluida la quema de combustibles fósiles, el cambio en el uso de la tierra y la agricultura, incrementan las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera (lo que tiende a calentarla) y, en algunas regiones, los aerosoles (partículas microscópicas en suspensión en el aire, que tienden a enfriar la atmósfera). Se estima que estas alteraciones en los gases de efecto invernadero y en los aerosoles, consideradas conjuntamente, cambiarán el clima regional y global y los parámetros relacionados con el clima, como temperatura, precipitación, humedad del suelo y nivel del mar. En segundo término, algunas comunidades humanas resultan más vulnerables1 a riesgos como tormentas, crecidas y sequías, debido a la mayor densidad demográfica en zonas sensibles, como cuencas fluviales y llanuras costeras. Se han identificado cambios potencialmente graves, como el aumento en algunas regiones de la incidencia de fenómenos extremos de altas temperaturas, crecidas y sequías, con consecuencias para incendios, brotes de plagas y composición, estructura y funcionamiento del ecosistema, incluida la productividad primaria.

1.3 Las evaluaciones científicas y técnicas del cambio climático y sus impactos han sido realizadas por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC). La Primera Evaluación, publicada en 1990, proporcionó una base científica y técnica para la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMCC) que se abrió a la firma en la Cumbre para la Tierra, en Río, en 1992.

1.4 El objetivo último de la CMCC, expresado en el Artículo 2, es: "... la estabilización de las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera a un nivel que impida interferencias antropógenas peligrosas en el sistema climático. Ese nivel debería lograrse en un plazo suficiente para permitir que los ecosistemas se adapten naturalmente al cambio climático, asegurar que la producción de alimentos no se vea amenazada y permitir que el desarrollo económico prosiga de manera sostenible".

1.5 Los desafíos que presenta al responsable de políticas el Artículo 2 son la determinación de las concentraciones de gases de efecto invernadero que pueden considerarse "interferencia antropógena peligrosa en el sistema climático" y la preparación de un futuro que permita el desarrollo económico sostenible. La finalidad de este informe de síntesis es ofrecer información científica, técnica y socioeconómica que pueda utilizarse, entre otras cosas, para afrontar esos desafíos. Se basa en los informes de los grupos de trabajo del IPCC de 1994 y 1995.

1.6 En el informe se analizan las diversas materias de que trata el Artículo 2. Comienza resumiendo brevemente el grado del cambio climático -- las "interferencias en el sistema climático" -- que está previsto que se produzca como resultado de actividades humanas. Luego destaca cuanto conocemos sobre las vulnerabilidades de los ecosistemas y las comunidades humanas a los probables cambios climáticos, especialmente en lo relativo a la agricultura y la producción de alimentos, y a otros factores como disponibilidad de agua, salud y las consecuencias de la elevación del nivel del mar, que son consideraciones importantes para el desarrollo sostenible. La tarea del IPCC es proporcionar una buena base científica que permita a los responsables de políticas interpretar mejor la interferencia antropógena peligrosa en el sistema climático.

1.7 En vista de las actuales tendencias de aumento de las emisiones de la mayoría de los gases de efecto invernadero, las concentraciones atmosféricas de esos gases aumentarán a lo largo del próximo siglo y aún posteriormente. A medida que crezcan las concentraciones de gases radiativamente activos en la atmósfera, su efecto en el sistema climático será mayor y aumentará la posibilidad de que se produzcan impactos adversos del cambio climático que pueden ser considerados como peligrosos. Por lo tanto se han considerado diversas posibilidades de emisiones netas futuras que permitan conducir a una estabilización a diferentes niveles, y los condicionamientos generales que ello entraña. Esta consideración constituye la siguiente parte del informe, y va seguida de un resumen de las opciones técnicas y de política para reducir las emisiones y aumentar los sumideros de gases de efecto invernadero.

1.8 En el informe se abordan luego cuestiones relacionadas con la equidad y con la manera de lograr un desarrollo económico sostenible. Para ello hay que tratar, por ejemplo, las estimaciones de los daños probables de los impactos del cambio climático, y los efectos, incluidos los costos y los beneficios, de la adaptación y la mitigación. Por último, las diversas ideas derivadas de los estudios disponibles indican la manera de emprender la primeras acciones (véase la sección sobre El camino que habría que seguir), incluso si, de momento, es difícil tomar una decisión sobre cuál debe ser el objetivo final (incluyendo los plazos temporales) en cuanto a las concentraciones atmosféricas para tratar de impedir "las interferencias antropógenas peligrosas en el sistema climático".

1.9 El cambio climático presenta al decisor una serie de enormes complicaciones: la subsistencia de considerables incertidumbres propias de la complejidad del problema, las posibilidades de daños y costos irreversibles, un horizonte de planificación a muy largo plazo, períodos muy amplios entre las emisiones y los efectos, una extensa variación regional de causas y efectos, el irreducible alcance mundial del problema, y la necesidad de considerar numerosos gases de efecto invernadero y aerosoles. Y a esto hay que agregar la complicación de que para proteger eficazmente el sistema climático se requiere la cooperación internacional en el contexto de grandes variaciones en los niveles de ingresos, flexibilidad, y expectativas de futuro, lo que plantea problemas de eficiencia y equidad dentro de cada país, internacional e intergeneracional. La equidad es un importante elemento para legitimizar decisiones y fomentar la cooperación.

1.10 Las decisiones con respecto al Artículo 2 de la CMCC comprenden tres opciones distintas pero correlacionadas: nivel de estabilización, trayectoria de las emisiones netas, tecnologías y políticas de mitigación. En el informe se presenta la información científica y técnica de que se dispone sobre estas tres opciones. También se señalan los aspectos en que subsisten incertidumbres con respecto a tal información. En el Artículo 3 de la CMCC se indican una serie de principios que sirven de orientación, entre otras cosas, para la adopción de decisiones sobre el objetivo último de la Convención, según figura en el Artículo 2. En el Artículo 3.32 se dan orientaciones, entre otras cosas, sobre la adopción de decisiones cuando se carece de una plena certidumbre científica, y se dice que las Partes deberían: "tomar medidas de precaución para prever, prevenir o reducir al mínimo las causas del cambio climático y mitigar sus efectos adversos. Cuando haya amenaza de daño grave o irreversible, no debería utilizarse la falta de total certidumbre científica como razón para posponer tales medidas, teniendo en cuenta que las políticas y medidas para hacer frente al cambio climático deberían ser eficaces en función de los costos a fin de asegurar beneficios mundiales al menor costo posible. A tal fin, esas políticas y medidas deberían tener en cuenta los distintos contextos socioeconómicos, ser integrales, incluir todas las fuentes, sumideros y depósitos pertinentes de gases de efecto invernadero y abarcar todos los sectores económicos. Los esfuerzos para hacer frente al cambio climático pueden llevarse a cabo en cooperación entre las Partes interesadas." El Segundo Informe de Evaluación del IPCC proporciona también información a este respecto.

1.11 Los largos períodos del cambio climático (por ejemplo, el largo tiempo de permanencia de gases de efecto invernadero en la atmósfera) y de la sustitución de infraestructura, el transcurso de varios decenios o siglos entre la estabilización de concentraciones y la estabilización de la temperatura y el nivel medio del mar indican la importancia de la adopción oportuna de decisiones.

2.- INTERFERENCIA ANTROPÓGENA EN EL SISTEMA CLIMÁTICO

Interferencia a la actualidad

2.1 Con el fin de comprender lo que constituyen las concentraciones de gases de efecto invernadero que impedirían la interferencia peligrosa en el sistema climático, hay que comprender primero las concentraciones actuales en la atmósfera y las tendencias de los gases de efecto invernadero, y sus consecuencias (tanto presentes como previstas) para el sistema climático.

2.2 Las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera, y entre ellos dióxido de carbono (CO2), metano (CH4) y óxido nitroso (N2O), han crecido considerablemente desde la era preindustrial (alrededor de 1750 A.D.): el CO2 de unos 280 a casi 360 ppmv3, el CH4 de 700 a 1720 ppbv3, y el N2O de unos 275 a unos 310 ppbv3. Estas tendencias pueden atribuirse en gran parte a las actividades humanas, sobre todo al uso de combustibles fósiles, al cambio en la utilización de la tierra y a la agricultura. También han aumentado las concentraciones de otros gases de efecto invernadero antropógenos. El incremento de las concentraciones de gases de efecto invernadero provoca, por término medio, un calentamiento adicional de la atmósfera y de la superficie de la Tierra. Muchos gases de efecto invernadero permanecen en la atmósfera -- y afectan al clima -- durante largo tiempo.

2.3 Los aerosoles de la troposfera resultantes de la combustión de combustibles fósiles, de la quema de biomasa y de otras fuentes han tenido un forzamiento directo negativo, y posiblemente también un forzamiento indirecto negativo de la misma magnitud. Si bien el forzamiento negativo se centra en determinadas regiones y zonas subcontinentales, puede tener efectos a escala continental-hemisférica sobre las características del clima. Al nivel local, el forzamiento de los aerosoles puede ser suficientemente grande para compensar con creces el forzamiento positivo debido a los gases de efecto invernadero. A diferencia de los gases de efecto invernadero de período prolongado, los aerosoles antropógenos pasan muy poco tiempo en la atmósfera, por lo que su forzamiento radiativo se ajusta rápidamente a los aumentos o disminuciones de las emisiones.

2.4 La temperatura superficial media global ha aumentado entre 0,3 y 0,6°C desde finales del siglo XIX, cambio que tal vez no tenga un origen totalmente natural. Los cambios en la temperatura media global del aire en la superficie y los cambios en las características geográficas, estacionales y verticales de la temperatura de la atmósfera sugieren una discernible influencia humana en el clima global. Existen incertidumbres en factores esenciales, como la magnitud y las características de la variabilidad natural a largo plazo. El nivel del mar global ha crecido entre 10 y 25 cm en los últimos 100 años, y gran parte de la elevación puede estar relacionada con el aumento de la temperatura media global.

2.5 Los datos de que se dispone no son adecuados para determinar si en el siglo XX se han producido cambios globales coherentes en la variabilidad del clima o si han habido cambios en los valores extremos. En la escala regional, hay claras pruebas de cambios en algunos indicadores de valores extremos y de la variabilidad del clima. Algunos de esos cambios tienden a una variabilidad mayor, y otros a una variabilidad menor. Sin embargo, hasta ahora no ha sido posible determinar firmemente una clara relación entre esos cambios regionales y las actividades humanas.

Posibles consecuencias de la interferencia futura

2.6 A falta de políticas de mitigación o de avances tecnológicos importantes que permitan reducir las emisiones y/o aumentar los sumideros, se espera que las concentraciones de gases de efecto invernadero y aerosoles crezcan durante todo el siglo próximo. El IPCC ha elaborado una serie de escenarios, IS92 a-f, de futuras emisiones de gases de efecto invernadero y precursores de aerosoles sobre la base de hipótesis relacionadas con el crecimiento de la población y económico, el uso de la tierra, los cambios tecnológicos, la disponibilidad de energía y la mezcla de combustible en el período 1990 a 21004. Según estos escenarios, se prevé que las emisiones de dióxido de carbono en el año 2100 se sitúen en la gama de unas 6GtC5 al año, aproximadamente igual a las emisiones actuales, hasta unas 36 GtC al año (con el extremo inferior de la gama del IPCC), suponiendo un bajo crecimiento demográfico y económico hasta 2100. Se ha previsto que las emisiones de metano se sitúen entre 540 y 1170 Tg6 CH4 al año (las emisiones fueron en 1990 de unas 500 Tg CH4); que las emisiones de óxido nitroso se sitúen entre 14 y 19 Tg N al año (las emisiones en 1990 fueron de unos 13 Tg N). En todos los casos, las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera y el forzamiento radiativo total siguen aumentando durante el período de simulación de 1990 a 2100.

2.7 Para el escenario de emisiones del IPCC a medio plazo, IS92a, partiendo de la hipótesis del valor de la "mejor estimación" de la sensibilidad del clima7, incluidos los efectos de los futuros aumentos de las concentraciones de aerosoles, en los modelos se prevé un incremento de la temperatura superficial media global con relación a 1990 de unos 2°C para 2100. Esta estimación es aproximadamente inferior en un tercio a la "mejor estimación" en 1990. Se debe principalmente a escenarios de menores emisiones (en particular de CO2 y CFC), a la inclusión del efecto de enfriamiento de sulfatos en aerosol, y a las mejoras en el tratamiento del ciclo de carbono. Combinando el escenario de emisiones más bajas del IPCC (IS92c) con un "bajo" valor de sensibilidad al clima, e incluyendo los efectos de futuros cambios en las concentraciones de aerosoles se llega a un aumento previsto de 1°C aproximadamente para 2100. La proyección correspondiente para el escenario de mayores emisiones del IPCC (IS92e), combinado con un "alto" valor de sensibilidad climática, da un calentamiento de unos 3,5°C. En todos los casos, la tasa media de calentamiento probablemente sea mayor que cualquiera de las observadas en los últimos 10 000 años, pero en los cambios reales anuales a decenales habrá una considerable variabilidad natural. Los cambios regionales de temperatura pueden diferir sustancialmente del valor medio global. Debido a la inercia térmica de los océanos, para 2100 sólo tendría lugar entre el 50% y el 90% del cambio de temperatura de equilibrio final, y la temperatura seguiría aumentando después de 2100, incluso si se estabilizara entonces la concentración de gases de efecto invernadero.

2.8 Se espera que el nivel medio del mar aumente como resultado de la expansión térmica de los océanos y de la fusión de glaciares y capas de hielo. En el escenario IS92a, suponiendo los valores de la "mejor estimación" de sensibilidad del clima y de sensibilidad de la fusión de los hielos al calentamiento, incluidos los efectos de los futuros cambios en las concentraciones de aerosoles, en los modelos se prevé un aumento del nivel del mar de unos 50 cm desde ahora hasta 2100. Tal estimación es un 25% inferior aproximadamente a la "mejor estimación" de 1990, debido a la menor proyección de la temperatura, pero refleja asimismo mejoras en los modelos del clima y de fusión de hielos. Combinando el escenario de las emisiones más bajas (IS92c) con las "bajas" sensibilidades del clima y de la fusión de hielos, incluidos los efectos de los aerosoles, se obtiene una elevación del nivel del mar prevista de unos 15 cm desde ahora hasta 2100. La proyección correspondiente para el escenario de emisiones más altas (IS92c) combinado con "elevadas" sensibilidades del clima y de la fusión de hielos da una elevación del nivel del mar de unos 95 cm desde ahora hasta 2100. El nivel del mar seguirá subiendo a un ritmo similar en los próximos siglos después de 2100, incluso si para entonces se estabilizaran las concentraciones de gases de efecto invernadero, proceso que continuaría incluso después de estabilizarse la temperatura media global. Los cambios regionales en el nivel del mar pueden diferir del valor medio global debido a movimientos de tierras y a los cambios de las corrientes oceánicas.

2.9 La confianza es mayor en las proyecciones a escala hemisférica-continental de modelos climáticos acoplados atmósfera- océano que en las proyecciones regionales, donde la confianza sigue siendo reducida. Hay más confianza en las proyecciones de temperatura que en las previsiones de cambios hidrológicos.

2.10 Todas las simulaciones realizadas con los modelos, tanto aquellas en las que se tienen en cuenta los gases de efecto invernadero y los aerosoles, como aquellas otras en las que solamente se tienen en cuenta los gases de efecto invernadero, muestran las siguientes características: un calentamiento máximo en superficie sobre las tierras de latitudes septentrionales altas en invierno, poco calentamiento en superficie sobre el Ártico en verano; una intensificación del ciclo hídrico mundial medio, y más precipitaciones y humedad del suelo en elevadas latitudes en invierno. Todos estos cambios están vinculados a mecanismos físicos identificables.

2.11 En temperaturas más cálidas, el ciclo hidrológico será más vigoroso, lo que se traduce en perspectivas de sequías y/o crecidas más severas en unos lugares y menos severas en otros. Varios modelos indican un aumento de la intensidad de las precipitaciones, lo que sugiere la posibilidad de fenómenos de precipitaciones más extremos. Los conocimientos actuales no son suficientes para afirmar si habrá cambios en el acaecimiento o distribución geográfica de fuertes tormentas; por ejemplo, ciclones tropicales.

2.12 Existen numerosas incertidumbres, y muchos factores limitan de momento nuestra capacidad para predecir y detectar el cambio climático. Es difícil predecir, por su propia naturaleza, los cambios inesperados, grandes y rápidos del sistema climático en el futuro (lo mismo que ha ocurrido en el pasado). Esto presupone que los futuros cambios climáticos pueden deparar también "sorpresas". En particular, esto se debe al carácter no lineal del sistema climático. Cuando se produce un rápido forzamiento, los sistemas no lineales están sometidos especialmente a un comportamiento imprevisto. Pueden realizarse avances investigando procesos no lineales y subcomponentes del sistema climático. Entre los ejemplos de comportamiento no lineal cabe citar rápidos cambios de circulación en el Atlántico Norte y retroacciones asociadas con los cambios del ecosistema terrestre.

 

 

3.- SENSIBILIDAD Y ADAPTACIÓN DE LOS SISTEMAS AL CAMBIO CLIMÁTICO

3.1 En esta sección se proporciona información científica y técnica que puede utilizarse, entre otras cosas, al evaluar si la gama prevista de impactos plausibles constituye "interferencias antropógenas peligrosas en el sistema climático", como se dice en el Artículo 2, y al evaluar las opciones de adaptación. Sin embargo, todavía no es posible vincular impactos particulares con concentraciones específicas de gases de efecto invernadero en la atmósfera.

3.2 La salud humana, los sistemas ecológicos terrestres y acuáticos y los sistemas socioeconómicos (por ejemplo, agricultura, silvicultura, pesquería y recursos hídricos) son vitales para el desarrollo humano y el bienestar y sensibles a la magnitud y al ritmo del cambio climático. Si bien muchas regiones probablemente sufran los efectos adversos del cambio climático - algunos de los cuales son potencialmente irreversibles - probablemente algunos de sus efectos sean beneficiosos. De ahí que quepa esperar que diferentes segmentos de la sociedad afronten una diversidad de cambios y sientan la necesidad de adaptarse a ellos.

3.3 El cambio climático provocado por actividades humanas representa una importante presión adicional, sobre todo para los numerosos sistemas ecológicos y socioeconómicos ya afectados por la contaminación, las crecientes demandas de recursos y las prácticas de gestión no sostenibles. La vulnerabilidad de la salud humana y de los sistemas socioeconómicos - y, en mayor medida, de los sistemas ecológicos - depende de las circunstancias económicas y de la infraestructura institucional. Debido a ello, los sistemas son normalmente más vulnerables en países en desarrollo, donde las circunstancias económicas e institucionales son menos favorables.

3.4 Si bien en el último decenio se ha conocido mucho mejor la situación, y pueden elaborarse estimaciones cualitativas, es difícil hacer proyecciones cuantitativas de los impactos del cambio climático para determinado sistema en un lugar dado, porque las proyecciones del cambio climático a escala regional son inciertas; nuestro conocimiento actual de muchos procesos críticos es limitado; los sistemas están sometidos a múltiples presiones climáticas y no climáticas, cuyas interacciones no son siempre lineales o aditivas, y en poquísimos estudios se han considerado respuestas dinámicas al aumento sostenido de las concentraciones de gases de efecto invernadero o las consecuencias de aumentos superiores a una duplicación de concentraciones equivalentes de CO2 en la atmósfera.

3.5 En los próximos decenios será sumamente difícil detectar inequívocamente los cambios de origen climático en la mayoría de los sistemas ecológicos y sociales, en razón de la complejidad de esos sistemas, de sus numerosas retroacciones no lineales, y de su sensibilidad a un mayor número de factores climáticos y no climáticos, todos los cuales se espera que sigan cambiando simultáneamente. A medida que el clima futuro rebase las fronteras del conocimiento empírico (es decir, los impactos documentados de la variación del clima en el pasado), será más probable que los resultados reales deparen sorpresas y rápidos cambios imprevistos.

Sensibilidad de los sistemas

Ecosistemas terrestres y acuáticos

3.6 Los ecosistemas contienen toda la reserva de diversidad genética y de las especies de la Tierra y proporcionan numerosos bienes y servicios: i) suministro de alimentos, fibras, medicinas y energía; ii) proceso y almacenamiento de carbono y otros nutrientes; iii) asimilación de desechos, purificación de agua, regulación de la escorrentía y control de las crecidas, degradación del suelo y erosión de las playas; y iv) oportunidades para el recreo y el turismo. La composición y la distribución geográfica de muchos ecosistemas (por ejemplo, bosques, pastizales, desiertos, sistemas montañosos, lagos, marismas y océanos) variará, al responder ciertas especies a los cambios del clima; es probable que haya reducciones en la diversidad biológica y en los bienes y servicios que proporcionan los ecosistemas a la sociedad. Puede que algunos sistemas ecológicos no alcancen un nuevo equilibrio hasta varios siglos después de que el clima lo logre. En esta sección se ilustran los impactos del cambio climático sobre varios sistemas ecológicos seleccionados.

3.7 Bosques: En los modelos se prevé que, como consecuencia de posibles cambios de temperatura y disponibilidad de agua en condiciones de equilibrio de CO2 equivalente8 duplicado, una parte sustancial (media global de un tercio, variable según las regiones de un séptimo a dos tercios) de la zona forestal existente en el mundo sufrirá importantes cambios en los tipos generales de vegetación, registrándose los más importantes en latitudes altas, y los menos en las regiones tropicales. Se espera que el cambio climático evolucione rápidamente en relación con la velocidad a que crecen, se reproducen y se restablecen las especies forestales. Por tanto, probablemente cambie la composición de las especies en los bosques; tal vez desaparezcan tipos de bosques completos y se establezcan nuevos conjuntos de especies y, por ende, nuevos ecosistemas. Durante la transición de un tipo de bosque a otro en la atmósfera pueden liberarse grandes cantidades de carbono, porque la velocidad a que puede perderse carbono en momentos de elevada mortalidad forestal es mayor que la velocidad a que puede ganarse desde el crecimiento hasta alcanzar la madurez.

3.8 Desiertos y desertificación: Los desiertos probablemente resulten más extremos porque, con pocas excepciones, está previsto que sean más calientes, pero no mucho más húmedos. Los aumentos de temperatura pueden representar una amenaza para los organismos que existen cerca de sus límites de tolerancia al calor. Es más probable que la desertificación - degradación de tierras en zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas como consecuencia de diversos factores, entre ellos las variaciones climáticas y las actividades humanas - resulte irreversible si el medio ambiente se hace más seco y el suelo se degrada todavía más a causa de la erosión y la compactación.

3.9 Ecosistemas montañosos: Se prevé que la distribución en altitud de la vegetación se desplace a mayor altura; algunas especies con gamas climáticas limitadas a las cumbres montañosas pueden extinguirse debido a la desaparición de hábitat o al menor potencial de migración.

3.10 Ecosistemas acuáticos y terrestres: En los lagos y los cursos de agua, los mayores efectos biológicos del calentamiento se producirán en latitudes altas, donde aumentará la productividad biológica, y en latitudes bajas en los límites entre las áreas que ocupan las especies de aguas frescas y frías, zonas en las que las extinciones serán mayores. La distribución geográfica de las zonas húmedas posiblemente resulte alterada por los cambios de temperatura y precipitación. Los sistemas costeros son económica y ecológicamente importantes, y se espera que su respuesta a los cambios del clima y del nivel del mar varíe ampliamente. Algunos ecosistemas costeros son particularmente vulnerables; como marismas de agua salada, ecosistemas de manglares, zonas húmedas costeras, playas de arena, arrecifes de coral, atolones de coral y deltas de ríos. Los cambios en esos ecosistemas tendrían importantes efectos negativos para el turismo, el abastecimiento de agua dulce, la pesquerías y la biodiversidad.

Hidrología y gestiòn de recursos hídricos

3.11 En los modelos se prevé que entre un tercio y la mitad de la masa de glaciares montañosos existentes puede desaparecer en los próximos cien años. La reducida extensión de glaciares y el espesor de la capa de nieve influirían también en la distribución estacional del caudal fluvial y del abastecimiento de agua para la generación de energía hidroeléctrica y la agricultura. Los cambios hidrológicos y las reducciones previstas en la extensión zonal y el espesor de permafrost pueden suponer un gran daño para la infraestructura, una entrada adicional de dióxido de carbono en la atmósfera, y cambios en los procesos que contribuyen a la entrada de metano en la atmósfera.

3.12 El cambio climático supondrá una intensificación del ciclo hidrológico global y podrá tener importantes repercusiones en los recursos hídricos regionales. Los cambios en la cantidad total de precipitación y en su frecuencia e intensidad influyen directamente en la magnitud y el momento de la escorrentía, así como en la intensidad de las crecidas y las sequías, pero, los efectos regionales concretos son de momento inciertos. Cambios relativamente pequeños en la temperatura y en la precipitación, junto a los efectos no lineales sobre la evapotranspiración y la humedad del suelo, pueden originar cambios relativamente grandes de la escorrentía, sobre todo en regiones áridas y semiáridas. La cantidad y la calidad de los abastecimientos de agua plantea ya graves problemas en numerosas regiones, incluidas algunas zonas costeras bajas, deltas e islas pequeñas, resultando los países de esas regiones particularmente vulnerables a toda reducción adicional de los abastecimientos de agua propios.

Agricultura y silvicultura

3.13 Los rendimientos de las cosechas y las variaciones de productividad debidas al cambio climático diferirán considerablemente entre regiones y entre localidades, modificándose así las normas de producción. Se prevé que la productividad aumente en algunas zonas y disminuya en otras, especialmente en las regiones tropicales y subtropicales. Según muestran los estudios, en general la producción agrícola mundial podrá mantenerse con relación a la producción de referencia frente al cambio climático previsto en condiciones de equilibrio de CO2 equivalente duplicado. En esta conclusión se tienen en cuenta los efectos benéficos de la fertilización de CO2, pero no así las variaciones en las plagas agrícolas y los posibles efectos del cambio en la variabilidad del clima. Sin embargo, al centrarse en la producción agrícola mundial no se abordan las posibles graves consecuencias de las grandes diferencias a escala local y regional, incluso en latitudes medias. Puede aumentar el riesgo de hambre y de inanición en algunos lugares; gran parte de la población más pobre del mundo - en particular la que vive en zonas subtropicales y tropicales y la que depende de sistemas agrícolas aislados en regiones semiáridas y áridas - es la más vulnerable al aumento del hambre. Los suministros mundiales de madera en el próximo siglo pueden ser cada vez menos adecuados para atender el consumo previsto, debido a factores climáticos y no climáticos.

Infraestructura humana

3.14 Con el cambio climático aumentarán sin duda la vulnerabilidad de algunas poblaciones costeras a las inundaciones y las pérdidas de tierras debido a la erosión. Se estima que unos 46 millones de personas están expuestas cada año a inundaciones a causa de mareas de tempestad. Si no se adoptan medidas de adaptación, y no se tiene en cuenta el crecimiento previsto de la población, con una elevación del nivel del mar de 50 cm esta cifra crecería a unos 92 millones, y con una elevación del nivel del mar de 1 m pasaría a unos 118 millones. Los estudios en que se utiliza una proyección de 1 m indican un riesgo particular para islas pequeñas y deltas. Este aumento corresponde a la gama superior de las estimaciones del Grupo de Trabajo I del IPCC para 2100. Debe señalarse, empero, que según las previsiones el nivel del mar seguirá aumentando en los próximos siglos después de 2100. Las pérdidas de tierra estimadas varían desde el 0,05% en Uruguay, el 1,0% en Egipto, el 6% en Países Bajos y el 17,5% en Bangladesh hasta el 80% aproximadamente en el Atolón de Majuro, en las Islas Marshall, en vista del estado actual de los sistemas de protección. Algunas naciones insulares pequeñas y otros países serán más vulnerables porque sus sistemas de defensa marítima y costera son más débiles. Los países con mayores densidades demográficas serían más vulnerables. Las mareas de tempestad y las inundaciones pueden representar una amenaza para culturas enteras. En esos países, la elevación del nivel del mar podría forzar la migración interna o internacional de poblaciones.

Salud humana

3.15 El cambio climático probablemente tenga una gran variedad de efectos, particularmente adversos, sobre la salud humana, con importantes pérdidas de vidas. Los efectos directos para la salud comprenden aumentos de la mortalidad y las enfermedades (predominantemente cardiorrespiratorias) debido a la mayor intensidad prevista y a la duración de las olas de calor. Como consecuencia de los aumentos de temperatura en las regiones más frías debe haber menos muertes a causa del frío. Los efectos indirectos del cambio climático, que se espera predominen, comprenden aumentos de la posible transmisión de enfermedades infecciosas por vectores (por ejemplo, paludismo, dengue, fiebre amarilla y alguna encefalitis viral), como resultado de ampliaciones de los límites geográficos y de la estación para los organismos vectores. En los modelos (en los que se hacen necesariamente hipótesis simplificadoras) se prevé que los aumentos de temperatura de 3-5°C (en comparación con la proyección del IPCC de 1-3,5°C para 2100) pueden dar lugar a incrementos potenciales de la incidencia del paludismo (del orden de 50 a 80 millones más de casos anuales, en relación con un total mundial supuesto de 500 millones de casos), sobre todo en las poblaciones de las regiones tropicales, subtropicales y de zonas templadas menos protegidas. También pueden producirse algunos aumentos de las enfermedades infecciosas no trasmitidas por vectores - como salmonelosis, cólera y giardiasis - como resultado de altas temperaturas y más inundaciones. Las limitaciones en el abastecimiento de agua dulce y de alimentos, así como la agravación de la contaminación del aire, tendrán igualmente consecuencias para la salud humana.

3.16 Es difícil cuantificar los impactos previsto, porque el grado de los trastornos para la salud originado por el clima depende de la interacción y coexistencia de numerosos factores que caracterizan la vulnerabilidad de la población de que se trate, como las circunstancias medioambientales y socioeconómicas, el régimen nutritivo e inmunitario, la densidad demográfica, y el acceso a buenos servicios de atención de salud. Por tanto, la vulnerabilidad a los impactos para la salud a causa del clima diferiría entre poblaciones con distintos niveles de recursos naturales, técnicos y sociales.

Tecnología y opciones de política para la adaptación

3.17 Con los avances tecnológicos generalmente hay más opciones de adaptación para los sistemas gestionados. Las opciones de adaptación de recursos de agua dulce comprenden una gestión más eficaz de los suministros y la infraestructura existentes; arreglos institucionales para limitar las demandas futuras y fomentar la conservación; el mejoramiento de los sistemas de vigilancia y predicción de crecidas y sequías; la rehabilitación de cuencas hidrológicas, especialmente en las regiones tropicales, y la construcción o ampliación de embalses. Las opciones de adaptación por lo que respecta a la agricultura - como cambios en los tipos y variedades de cultivos, el mejoramiento de los sistemas de aprovechamiento del agua y de irrigación, y los cambios en los planes de plantación y las técnicas de cultivo - serán importantes para limitar los efectos negativos y sacar provecho de los cambios benéficos del clima. Mediante la gestión eficaz de las zonas costeras de la concentración de dióxido de carbono a diversos niveles. Esos perfiles se han producido para una serie ilustrativa de niveles: 450, 550, 650, 750 y 1 000 ppmv. Entre los varios medios y la planificación del uso de la tierra se puede ayudar directamente a las poblaciones a desplazarse fuera de los lugares vulnerables como llanuras inundables, laderas escarpadas y costas bajas. Entre las opciones adaptables para reducir los efectos sobre la salud figuran la tecnología de protección (por ejemplo, vivienda, acondicionamiento de aire, purificación de agua y vacunación), la preparación para casos de desastre, y la atención sanitaria apropiada.

3.18 Sin embargo, muchas regiones tienen actualmente un acceso limitado a esas tecnologías y a la información apropiada. En algunas naciones insulares, cuesta tanto proporcionar una protección adecuada que es prácticamente inviable, sobre todo debido a la escasez de capital para la inversión. La eficacia y la rentabilidad de las estrategias de adaptación dependerá de la disponibilidad de recursos financieros, la transferencia de tecnología y prácticas culturales, educativas, de gestión, institucionales, jurídicas y normativas, tanto a nivel nacional como internacional. La adaptación se facilitará incorporando las preocupaciones por el cambio climático en las decisiones sobre utilización de recursos y desarrollo y los planes para programar regularmente las inversiones en infraestructura.

 

 

4.- ENFOQUE ANALÍTICO DE LA ESTABILIZACIÓN DE LAS CONCENTRACIONES DE GASES DE EFECTO INVERNADERO EN LA ATMÓSFERA

4.1 En el Artículo 2 de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático se hace referencia expresamente a la "estabilización de las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera". En esta sección se facilita información sobre la importancia relativa de los diversos gases de efecto invernadero para el forzamiento climático y se considera cómo pueden variarse las emisiones de gases de efecto invernadero para lograr la estabilización a niveles seleccionados de concentración en la atmósfera.

4.2 El dióxido de carbono, el metano y el óxido nitroso tienen orígenes naturales y antropógenos. Las emisiones antropógenas de estos gases han contribuido con el 80% aproximadamente del forzamiento adicional del clima debido a los gases de efecto invernadero desde la época preindustrial (es decir, desde 1750 A.D aproximadamente). La contribución del CO2 es del orden del 60% de este forzamiento, alrededor del cuádruplo que la de CH4.

4.3 Entre otros gases de efecto invernadero figuran el ozono troposférico (cuyos precursores químicos comprenden óxidos nitrosos, hidrocarburos no parafínicos y monóxido de carbono), halocarbonos9 (incluidos HCFC y HFC)) y SF6. Los aerosoles troposféricos y el ozono troposférico se distribuyen de forma no homogénea en el tiempo y en el espacio, y su permanencia en la atmósfera es breve (de días a semanas). Los sulfatos en aerosol son sensibles a las medidas de reducción, medidas que se contemplan en los escenarios del IPCC

4.4 La mayoría de los escenarios de emisiones indican que, a falta de políticas de mitigación, las emisiones de gases de efecto invernadero seguirán aumentando el próximo siglo y darán lugar a unas concentraciones de gases de efecto invernadero que se prevé cambien más el clima para el año 2100 que las proyectadas para el doble de las concentraciones de dióxido de carbono preindustriales.

Estabilización de los gases de efecto invernadero

4.5 Para abordar la estabilización de las concentraciones de gases de efecto invernadero es preciso considerar todos los gases pertinentes. El primero de ellos es el dióxido de carbono, que, en razón de su importancia y complicado comportamiento, requiere un examen más detallado que los otros gases de efecto invernadero.

Dióxido de carbono

4.6 El dióxido de carbono se elimina de la atmósfera mediante varios procesos que operan en diversos momentos. Tiene un tiempo de permanencia en el sistema climático relativamente largo, del orden de un siglo o más. Si se mantuvieran las emisiones antropógenas globales netas10 (es decir, las fuentes antropógenas menos los sumideros antropógenos) en los niveles actuales (unas 7 GtC/año incluidas las emisiones de la combustión de combustibles fósiles, la producción de cemento y el cambio en el uso de la tierra), se llegaría a una tasa casi constante de aumento de las concentraciones atmosféricas durante dos siglos por lo menos, alcanzando unos 500 ppmv (aproximadamente el doble de la concentración preindustrial de 280 ppmv) para finales del siglo XXI. Los modelos del ciclo de carbono muestran que la estabilización inmediata de la concentración de dióxido de carbono en su nivel actual sólo podría lograrse mediante una reducción inmediata de sus emisiones de 50-70%, y procediendo a más reducciones posteriormente.

4.7 Se han utilizado modelos del ciclo de carbono para estimar los perfiles de las emisiones de dióxido de carbono para estimar los perfiles de emisiones de dióxido de carbono a diversos niveles. Estos perfiles se han producido por una serie ilustrativa de niveles: 450, 550, 650, 750 y 1000 ppmv. Entre los varios medios posibles de llegar a la estabilización, en la figura 1 se ilustran dos para cada uno de los niveles de estabilización de 450,550, 650 y 750 ppmv y uno para 1000 ppmv. Cuanto mayor es el aumento de las emisiones (y por lo tanto de la concentración) en estos escenarios, mas rápidamente se proyecta el cambio del clima.

 

Figura 1 a). Gráfico de la evolución temporal de concentración de dióxido de carbono que conduce a la estabilización a 450, 550, 650 y 750 ppmv siguiendo las trayectorias definidas en el IPCC (1994) (curvas continuas) y para trayectorias que permiten la continuación de las emisiones IS92a hasta al menos el año 2000 (curvas discontinuas). También se ha definido un solo perfil que se estabiliza en una concentración de dióxido de carbono de 1 000 ppmv con una continuación de las emisiones IS92a hasta al menos el año 2000. La estabilización en concentraciones de 450, 650 y 1 000 ppmv conduciría a aumentos de la temperatura de equilibrio con relación a 199011 debido al dióxido de carbono solamente (es decir, sin incluir los efectos de otros gases de efecto invernadero y aerosoles) del orden de 1°C (gama: 0,5 a 1,5°C); 2°C (gama: 1,5 a 4°C) y 3,5°C (gama: 2 a 7°C) respectivamente. Una duplicación de la concentración de dióxido de carbono preindustrial de 280 ppmv conduciría a una concentración de 560 ppmv, y la duplicación de la concentración actual de 358 ppmv conduciría a una concentración de unas 720 ppmv.

Figura 1 b). Emisiones de dióxido de carbono que conducen a la estabilización en concentraciones de 450, 550, 650, 750 y 1 000 ppmv siguiendo los perfiles mostrados en a) a partir de un modelo de ciclo de carbono de alcance medio. Los resultados de otros modelos pueden diferir de los presentados aquí en ± 15% como máximo, aproximadamente. Para facilitar una posible comparación se muestran también aquí, en trazo fino continuo, las emisiones de dióxido de carbono actuales y las correspondientes al escenario IS92a.

Figura 2. Emisiones anuales de dióxido de carbono antropógenas según los escenarios de emisiones IS92 (para más detalles, véase el Cuadro 1 en el Resumen para responsables de políticas del Grupo de Trabajo II del IPCC).

 

 

4.8 Toda posible concentración estabilizada se rige más por las emisiones de dióxido de carbono antropógenas acumuladas desde ahora hasta el momento de la estabilización que por la manera en que cambian esas emisiones durante el período. Esto significa que, para determinado valor de concentración estabilizado, las emisiones más altas en los primeros decenios requieren emisiones más bajas después. En el Cuadro 1 se muestran las emisiones acumulativas desde 1991 hasta 2100 correspondientes a esos niveles de estabilización, junto con las emisiones acumulativas de dióxido de carbono para todos los escenarios de emisiones IS92 del IPCC (para los detalles de estos escenarios véanse la Figura 2 y el Cuadro 1 en el Resumen para responsables de políticas del Grupo de Trabajo II del IPCC.

 

 

4.9 La Figura 1 y el Cuadro 1 se presentan para aclarar alguna de las restricciones que se impondrían sobre las futuras emisiones de dióxido de carbono, para lograr la estabilización a los niveles de concentración indicados. Estos ejemplos no representan ningún tipo de recomendación sobre la manera en que puede lograrse esa estabilización o el nivel de estabilización que pueda elegirse.

4.10 Habida cuenta de las emisiones acumulativas, y de los escenarios de población y económicos IS92a del IPCC para 1990-2100, pueden derivarse emisiones anuales y globales medias de dióxido de carbono para los escenarios de estabilización sobre una base per cápita o por unidad de actividad económica. Para mantener las concentraciones atmosféricas por debajo de 550 ppmv, las futuras emisiones anuales medias para el mundo entero no deberían sobrepasar la media mundial actual a lo largo del próximo siglo y tendrían además que ser mucho más bajas tanto antes de que se acabara el siglo venidero como posteriormente. Las emisiones anuales globales medias podrían ser más altas para niveles de estabilización de 750 a 1000 ppmv. Sin embargo, incluso para lograr esos niveles de estabilización posteriores, las emisiones anuales globales medias habrían de ser inferiores al 50% por encima de los niveles actuales sobre una base per capita o inferiores a la mitad de los niveles actuales por unidad de actividad económica12.

4.11 Las emisiones anuales medias globales per capita de dióxido de carbono debidas a la combustión de combustibles fósiles es aproximadamente de unas 1,1 toneladas (computadas como carbono). Además, a causa de la deforestación y del cambio en el uso de la tierra hay una emisión neta del orden de 0,2 toneladas per cápita. Las emisiones anuales medias de combustibles fósiles per capita en los países desarrollados y con economías en transición es de unas 2,8 toneladas y varía de 1,5 a 5,5 toneladas. La cifra para los países en desarrollo es de 0,5 toneladas, variando de 0,1 toneladas a más de 2,0 toneladas, en algunos casos (todas las cifras corresponden a 1990).

4.12 Utilizando las estimaciones del PIB (producto interior bruto) del Banco Mundial a tipos de cambio del mercado, la emisión anual media global actual de dióxido de carbono relacionado con la energías es de unas 0,3 toneladas por mil dólares (EE.UU., 1990) de producto. Además, las emisiones netas globales de los cambios en el uso de los suelos ascienden a unas 0,05 toneladas por mil dólares EE.UU. de producto. Las emisiones medias anuales actuales relacionadas con la energía por mil dólares (EE.UU., 1990) de producto, evaluadas a tipos de cambio del mercado, ascienden a una 0,27 toneladas en los países desarrollados y con economías en transición, y a unas 0,41 toneladas en los países en desarrollo. Utilizando las estimaciones de PIB del Banco Mundial a tipos de cambio de paridad de poder adquisitivo, las emisiones anuales medias relacionadas con la energía por mil dólares (EE.UU., 1990) de producto ascienden a unas 0,26 toneladas en los países desarrollados y con economías en transición y a unas 0,16 toneladas en los países en desarrollo.


 

Metano

4.13 Las concentraciones de metano en la atmósfera se ajustan a los cambios en las emisiones antropógenas en un período de 9 a 15 años. Si se redujeran inmediatamente las emisiones anuales de metano en 30 Tg CH4 aproximadamente (alrededor del 8% de las emisiones antropógenas actuales), las concentraciones de metano permanecerían en sus niveles actuales. Si las emisiones de metano se mantienen en los niveles actuales, su concentración (1720 ppbv en 1994) alcanzará aproximadamente 1820 ppbv antes de que pasen 40 años. Óxido nitroso

4.14 El óxido nitroso tiene un largo tiempo de vida en la atmósfera (unos 120 años). Para estabilizar la concentración cerca de sus niveles actuales (312 ppbv en 1994), sería necesario reducir inmediatamente las fuentes antropógenas en más del 50%. Si las emisiones de óxido nitroso se mantuvieran constantes en sus niveles actuales, su concentración aumentaría a unas 400 ppbv en varios centenares de años, con lo que su forzamiento radiativo se multiplicaría por cuatro con respecto a su nivel actual. Otros aspectos de la estabilización

4.15 La estabilización de las concentraciones de gases muy duraderos, como SF6 o hidrocarburos perfluorados, sólo puede lograrse eficazmente poniendo fin a las emisiones.

4.16 La importancia de la contribución de CO2 al forzamiento climático, con relación a la de los otros gases de efecto invernadero, aumenta con el tiempo en todos los escenarios de emisiones IS92 (a a f). Por ejemplo, en el escenario IS92a, la contribución de CO2 pasa del 60% actual al 75% aproximadamente para el año 2100. En el mismo período, los forzamientos de metano y de óxido nitroso aumentan en términos absolutos en un factor que varía entre dos y tres.

4.17 El efecto combinado de todos los gases de efecto invernadero para producir el forzamiento radiativo se expresa con frecuencia en términos de la concentración equivalente de dióxido de carbono que produciría el mismo forzamiento. Debido a los efectos de los otros gases de efecto invernadero, para lograr la estabilización a cierto nivel de concentración de dióxido de carbono equivalente hay que mantener la concentración de dióxido de carbono a un nivel inferior.

4.18 La estabilización de concentraciones de gases de efecto invernadero no significa que no habrá un nuevo cambio climático. Una vez lograda la estabilización, la temperatura media mundial de la superficie seguirá aumentando durante algunos siglos, y el nivel del mar durante muchos siglos.

 

 

5.- TECNOLOGÍA Y OPCIONES DE POLÍTICA PARA LA MITIGACIÓN

5.1 En el Segundo Informe de Evaluación del IPCC (1995) se examinan muchos métodos para reducir las emisiones y aumentar los sumideros de gases de efecto invernadero. En esta sección se ofrece información técnica sobre las opciones que pueden utilizarse para reducir las emisiones antropógenas y aumentar los sumideros de los principales gases de efecto invernadero con miras a estabilizar sus concentraciones en la atmósfera; sin embargo, en este análisis no se trata de cuantificar las posibles consecuencias macroeconómicas que puedan guardar relación con la mitigación.

5.2 Ya es técnicamente posible, y económicamente factible, realizar importantes reducciones de las emisiones netas de gases de efecto invernadero. Tales reducciones pueden lograrse utilizando una amplia serie de tecnologías y de medidas de política que aceleren la evolución, la difusión y la transferencia de la tecnología en todos los sectores, incluidos los de la energía, la industria, el transporte, los edificios residenciales y comerciales y la agricultura y la silvicultura.

5.3 El grado de realización de las posibilidades técnicas y la rentabilidad depende de iniciativas para contrarrestar la falta de información y superar los obstáculos culturales, institucionales, jurídicos, financieros y económicos que pueden impedir la difusión de tecnología o los cambios de comportamiento.

5.4 Desde hoy hasta el año 2100, el sistema mundial de energía comercial será sustituido, en efecto, al menos dos veces, lo que permitirá cambiar el sistema de producción de energía sin una retirada prematura de las inversiones; también se sustituirán importantes cantidades de capital en los sectores industrial, comercial/ residencial y agrícola/forestal. Estos ciclos de sustitución de capital ofrecen la oportunidad de utilizar tecnologías nuevas y más eficaces.

5.5 El IPCC (IPCC 1992; IPCC 1994) prevé que sin intervención política puede haber una importante expansión de las emisiones en los sectores industrial, del transporte y comercial/ residencial. Numerosos estudios indican que es posible economizar entre un 10% y un 30% de energía con respecto a los niveles actuales, con un costo negativo16 o nulo en cada uno de los sectores en muchas partes del mundo, aplicando medidas técnicas de conservación y mejores prácticas de gestión en los dos a tres próximos decenios. Mediante tecnologías que producen actualmente el más alto rendimiento de los servicios de energía con determinado insumo de ella, sería técnicamente posible aumentar la eficiencia entre el 50% y el 60% en numerosos países, durante el mismo período. El que se consiga o no dependerá de las futuras reducciones de costos, del ritmo de desarrollo y de la aplicación de nuevas tecnologías, de la financiación y la transferencia de tecnología, así como de medidas para superar diversos obstáculos no técnicos. Como el uso de la energía crece en todo el mundo, incluso sustituyendo tecnología actual por tecnología más eficiente, en el futuro puede haber un aumento absoluto en las emisiones de gases de efecto invernadero. Entre las tecnologías y medidas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en los sectores del uso final de la energía figuran las siguientes:

  • Industria: mejora de la eficiencia; reciclaje de materiales y utilización de otros con menos emisiones de gases de efecto invernadero, y elaboración de procesos que utilicen menos energía y menos materiales.
  • Transporte: uso de vehículos de tracción muy eficaces, con construcción ligera y un diseño de poca resistencia al aire; utilización de vehículos más pequeños; otros medios para el uso de la tierra, sistemas de transporte, diferentes pautas de movilidad humana y modos de vida; medios de transporte que consuman menos energía; y empleo de otros combustibles y electricidad procedente de fuentes renovables y otras fuentes de combustibles que no aumenten las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera.-
  • Comercial/residencial: disminución de pérdidas de calor merced a las estructuras de los edificios y a mejores sistemas de acondicionamiento del espacio y abastecimiento de agua, alumbrado y aparatos electrodomésticos.

Suministro de energía

5.6 Técnicamente es posible hacer fuertes reducciones de las emisiones en el sector de suministro de energía en un plazo de 50 a 100 años, utilizando estrategias alternativas al mismo tiempo que se realizan inversiones normales para sustituir la infraestructura y el equipo a medida que se gasta o queda anticuado. Entre los enfoques prometedores figuran, sin seguir un orden de prioridad, los siguientes:

a) Reducciones de gases de efecto invernadero en el uso de combustibles fósiles;

 
  • conversión más eficaz de combustibles fósiles (por ejemplo, producción combinada de calor y fuerza motriz y generación más eficiente de electricidad);
  • utilización de combustibles fósiles con poco carbono y supresión de emisiones (pasando del carbón al petróleo o al gas natural, o del petróleo al gas natural);
  • descarbonización de gases de escape y combustibles, y almacenamiento de dióxido de carbono (por ejemplo, captación y almacenamiento de CO2 resultante del uso de materias primas y combustibles fósiles para obtener combustibles ricos en hidrógeno);
  • reducción de fugas, especialmente de metano, en la extracción y distribución de combustibles.

b) Utilización de fuentes de energía de combustibles no fósiles

 
  • utilización de la energía nuclear (si pueden hallarse respuestas generalmente aceptables a preocupaciones como la seguridad de los reactores, el transporte y la eliminación de desechos radiactivos, y la proliferación nuclear);
  • utilización de fuentes de energía renovables (por ejemplo, solar, biomasa, eólica, hidroeléctrica y geotérmica).

Integración de las opciones para reducir las emisiones originadas en el sistema energético

5.7 Hay más posibilidades de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero que de utilizar eficientemente la energía, debido a que es posible hacer uso de otros tipos de combustibles y fuentes de energía, así como reducir su demanda. Se puede incluso conseguir una mayor eficiencia energética, y de esta forma reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, mediante el uso de cadenas conjuntadas origen-destino (productor-usuario) en el sistema de abastecimiento energético.

5.8 Para evaluar las posibles efectos de combinar distintas medidas a nivel de los sistemas energéticos se han descrito "experimentos meditados" en que se exploran las variantes de un sistema de suministro de energía con bajas emisiones de CO2. Estas variantes muestran la posibilidad técnica de reducir fuertemente las emisiones de CO2 procedentes del sistema de suministro de energía entre 50 y 100 años utilizando estrategias alternativas. Estos ejercicios indican la posibilidad técnica de reducir las emisiones globales anuales de 6 GtC en 1990 a unas 4 GtC en 2050 y a unas 2 GtC en 2100. Las emisiones de CO2 acumulativas desde 1990 hasta 2100 variarían entre unas 450 GtC y unas 470 GtC en esas construcciones, manteniendo así las concentraciones en la atmósfera por debajo de 500 ppmv.

5.9 Los costos de los servicios de energía integrados con relación a los costos de la energía convencional dependen de los precios relativos de la energía en el futuro, en gran medida inciertos, y del rendimiento y de las características de los costos supuestos para las tecnologías alternativas. Sin embargo, dentro de la amplia gama de precios futuros de la energía, una o más de las altermativas podrían muy bien proporcionar los servicios de energía solicitados a costos estimados aproximadamente iguales a los futuros costos estimados de la energía convencional actual. No es posible determinar un sistema de energía futuro menos costoso a más largo plazo, pues los costos relativos de las opciones dependen de las restricciones sobre los recursos y de posibilidades tecnológicas que no se conocen bien, así como de las actuaciones de los gobiernos y del sector privado. Para reducir fuertemente las emisiones de gases de efecto invernadero es esencial mejorar la eficiencia de la energía, realizar una inversión fuerte y sostenida en investigación, desarrollo y demostración para estimular la trasferencia y la difusión de tecnologías alternativas de suministro de energía y mejorar la eficiencia de la energía. Muchas de las tecnologías que se están desarrollando necesitarían inicialmente un apoyo para penetrar en el mercado, y alcanzar el suficiente volumen a fin de reducir los costos para ser competitivas.

5.10 La penetración en el mercado y la continuada aceptabilidad de diferentes tecnologías de energía dependen en última instancia de su costo relativo, del funcionamiento (incluido el comportamiento medioambiental), los arreglos institucionales, y la reglamentación y las políticas. Como los costos varían según los lugares y aplicaciones, la amplia variedad de circunstancias crea al principio oportunidades para que las nuevas tecnologías puedan penetrar en el mercado. Para comprender mejor las posibilidades de reducir las emisiones se necesitarán análisis más detallados de las opciones, teniendo en cuenta las condiciones locales.

 

 

Emisiones de procesos industriales y asentamientos urbanos

5.11 En algunos casos es posible realizar grandes reducciones de los gases de efecto invernadero relacionados con los procesos, incluidos CO2, CH4, N2O, halocarbonos y SF6, liberados en los procesos de fabricación e industriales, como producción de hierro, acero, aluminio, amoníaco, cemento y otros materiales. Estas medidas comprenden la modificación de los procesos de producción, la eliminación de disolventes, la sustitución de materias primas y de materiales, un mayor reciclaje y un menor consumo de materiales con gran intensidad de gases de efecto invernadero. Capturando y utilizando metano de las instalaciones de tratamiento de desechos y aguas residuales, y reduciendo la tasa de fuga de refrigerantes de halocarbonos procedentes de fuentes móviles y fijas también pueden reducirse notablemente las emisiones de gases de efecto invernadero.

Agricultura, pastizales y silvicultura

5.12 Además de utilizar combustibles de biomasa para substituir a los combustibles fósiles, la gestión de bosques, tierras agrícolas y pastizales puede desempeñar una importante función para reducir las emisiones actuales de dióxido de carbono, metano y óxido nitroso y aumentar los sumideros de carbono. Merced a diversas medidas se pueden conservar y secuestrar sustanciales cantidades de carbono (aproximadamente de 60 a 90 GtC en el sector forestal solamente) en los próximos 50 años. En dicho sector, las medidas comprenden la conservación de la cubierta forestal existente, la disminución de la deforestación; la regeneración de bosques naturales; el establecimiento de plantaciones de árboles, y el fomento de la agrosilvicultura. En el sector agrícola pueden reducirse mediante otras prácticas las emisiones de otros gases de efecto invernadero, como metano y óxido nitroso. En el sector forestal, los costos de la conservación y el secuestro de carbono en la biomasa y el suelo se estima que varían ampliamente, pero pueden ser competitivos con otras opciones de mitigación.

Instrumentos de política

5.13 La disponibilidad de tecnologías "de poco carbono" es un requisito previo, pero no una garantía, de la posibilidad de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a un costo razonable. La mitigación de las emisiones depende de la reducción de los obstáculos a la difusión y la transferencia de tecnología, la movilización de recursos financieros, el apoyo a la creación de capacidad en los países en de- sarrollo y países con economías en transición, y otros métodos para ayudar a realizar los cambios de comportamiento y aprovechar las oportunidades tecnológicas en todas las regiones del mundo. La combinación óptima de políticas variará de un país a otro, según sus mercados de energía, las consideraciones económicas, la estructura política y la receptividad de las sociedad. Los dirigentes de los gobiernos nacionales, al aplicar esas políticas, contribuirán a responder a las consecuencias adversas del cambio climático. Las políticas para reducir las emisiones netas de gases de efecto invernadero pueden aplicarse más fácilmente cuando se conciben para abordar otros problemas que impiden el desarrollo sostenible (por ejemplo, la contaminación del aire y la erosión del suelo). Cierto número de políticas, muchas de las cuales pueden ser aplicadas unilateralmente por las naciones, y algunas de ellas por grupos de países mediante acuerdos regionales o internacionales, pueden facilitar la implantación de tecnologías con menos intensidad de gases de efecto invernadero y de nuevos hábitos de consumo. Entre ellas figuran (sin seguir un orden de prioridad) las siguientes:

  • establecimiento de marcos institucionales y estructurales apropiados;
  • estrategias para determinar los precios de la energía; por ejemplo, impuestos sobre el carbono y la energía, y reducción de las subvenciones para la producción de energía;
  • reducción gradual de las políticas existentes que distorsionan el mercado y conducen a un aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero, como algunas subvenciones y reglamentaciones, la no internalización de los costos de la protección del medio ambiente, y distorsiones en la determinación de los precios en la agricultura y el transporte;
  • permisos negociables de emisiones;
  • programas voluntarios y acuerdos negociados con la industria;
  • programas de gestión de la demanda en servicios públicos;
  • programas de reglamentación, con inclusión de normas mínimas sobre la eficiencia de la energía, por ejemplo para electrodomésticos y para reducir el consumo de combustible;
  • estimulo de la investigación, el desarrollo y la demostración para disponer de nuevas tecnologías;
  • programas de demostración e impulso del mercado que estimulen el desarrollo y la aplicación de tecnologías avanzadas;
  • incentivos a la energía renovable durante su establecimiento en el mercado;
  • incentivos tales como disposiciones para acelerar la amortización y reducir los costos de los consumidores;
  • educación y formación; medidas de información y asesoramiento;
  • opciones que puedan servir asimismo de respaldo a otros objetivos económicos y medioambientales.
 

5.14 La elección de medidas a nivel nacional puede reflejar finalidades distintas de la rentabilidad, como el logro de objetivos fiscales. Si el impuesto sobre el carbono o el carbono-energía se utiliza como instrumento de política para reducir las emisiones, los impuestos podrán proporcionar sustanciales ingresos, y la manera de distribuirlos puede influir enormemente en el costo de la mitigación. Si los ingresos se distribuyen reduciendo impuestos perturbadores en el sistema existente, ayudarán a reducir la excesiva carga del sistema fiscal vigente, con la posibilidad de producir un beneficio económico adicional (doble dividendo). Por ejemplo, los estudios europeos más optimistas con respecto a la posibilidad de reconversión del impuesto muestran costos negativos inferiores y, en algunos casos, ligeramente negativos. A la inversa, con una reconversión ineficiente de los ingresos procedentes de los impuestos podrán aumentar los costos. Por ejemplo, si los ingresos de los impuestos se utilizan para financiar programas estatales que producen un rendimiento menor que las inversiones en el sector privado inevitables a causa del impuesto aumentarán los costos globales. La elección de instrumentos puede reflejar asimismo otros objetivos ambientales como la reducción de emisiones de gases contaminantes sin efecto invernadero o el aumento de la cobertura forestal o bien otras preocupaciones como impactos específicos para determinadas regiones o comunidades.

6.- CONSIDERACIONES DE EQUIDAD Y SOCIALES

6.1 Las consideraciones de equidad son un aspecto importante de la política del cambio climático y de la Convención, así como para lograr el desarrollo sostenible17. La equidad entraña cuestiones de procedimiento y de consecuencia. Las de procedimiento se refieren a cómo se toman las decisiones, en tanto que las de consecuencia se refieren a los resultados. Para ser eficaces y promover la cooperación, los acuerdos han de considerarse legítimos, y la equidad es un elemento importante para conseguir la legitimidad.

6.2 La equidad de procedimiento abarca cuestiones de proceso y participación. Requiere que todas las partes puedan participar efectivamente en negociaciones internacionales relacionadas con el cambio climático. Las medidas apropiadas para que las Partes de países en desarrollo puedan participar efectivamente en negociaciones aumentan las perspectivas de alcanzar acuerdos eficaces, duraderos y equitativos acerca de la mejor manera de abordar la amenaza del cambio climático. Las preocupaciones por la equidad y los impactos sociales señalan la necesidad de establecer capacidades endógenas y de reforzar capacidades institucionales, particularmente en países en desarrollo, para tomar y aplicar decisiones colectivas en forma legítima y equitativa.

6.3 La equidad de consecuencia tiene dos componentes: la distribución de los costos de daños o adaptación y medidas para mitigar el cambio climático. Como hay sustanciales diferencias entre los países en cuanto a vulnerabilidad, riqueza, capacidad, dotación de recursos, y otros factores que se enumeran a continuación, los costos de los daños, la adaptación y la mitigación pueden soportarse en forma poco equitativa, a menos que se aborde explícitamente la distribución de esos costos.

6.4 El cambio climático probablemente imponga costos a las generaciones futuras y a regiones donde se producen daños, incluidas regiones con bajas emisiones de gases de efecto invernadero. Los impactos del cambio climático se distribuirán de manera desigual.

6.5 Los aspectos intertemporales de la política sobre el cambio climático plantean asimismo cuestiones de equidad entre generaciones, porque las generaciones futuras no pueden influir directamente en las políticas elegidas hoy que posiblemente afecten a su bienestar, y porque tal vez no sea posible compensar a esas generaciones por la disminución consiguiente de su bienestar. El descuento es el principal instrumento analítico que utilizan los economistas para comparar efectos económicos que se producen en diferentes momentos. La elección del tipo de descuento tiene fundamental importancia técnica en los análisis de políticas sobre el cambio climático, porque el horizonte de tiempo es sumamente largo, y los costos de mitigación suelen llegar mucho antes que los beneficios de los daños evitados. Cuanto más alto es el tipo de descuento, menores serán los beneficios futuros y más importancia tendrán los costos corrientes en el análisis.

6.6 La Convención reconoce en el Artículo 3.1 el principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas y sus respectivas capacidades. Las acciones que trascienden las medidas " sin pesar18" imponen costos a la generación actual. Las políticas de mitigación plantean inevitablemente cuestiones sobre cómo compartir los costos. Las intenciones iniciales para la limitación de las emisiones de las Partes del Anexo I representan un primer paso colectivo y convenido de esas Partes para abordar el cambio climático.

6.7 Los argumentos sobre la equidad pueden apoyar una diversidad de propuestas para distribuir los costos de mitigación. La mayoría de ellas se agrupan o combinan en dos enfoques: iguales asignaciones a las emisiones per cápita y asignaciones basadas en desviaciones incrementales de las emisiones nacionales de referencia (actuales o previstas). Las consecuencias del cambio climático para los países en desarrollo difieren con respecto a los países desarrollados. Los primeros tienen a menudo prioridades urgentes diferentes, instituciones más débiles, y son en general más vulnerables al cambio climático. Sin embargo, es probable que la parte de las emisiones de los países en desarrollo crezca todavía más para atender sus necesidades sociales y de desarrollo. Es probable que las emisiones de gases de efecto invernadero sean cada vez más globales, aunque subsistan al mismo tiempo grandes disparidades per cápita.

6.8 Entre países desarrollados y en desarrollo hay sustanciales variaciones en cuanto a la aplicación de los principios de equidad a la mitigación. Entre ellas figuran variaciones de emisiones históricas y acumulativas, emisiones actuales totales y per cápita, intensidades de las emisiones y resultado económico, proyecciones y emisiones futuras y factores como riqueza, estructuras de energía y dotación de recursos. 6.9 Varios principios éticos, como la importancia de atender las necesidades fundamentales de la población, pueden ser pertinentes para abordar el cambio climático, pero la aplicación de principios desarrollados para orientar el comportamiento individual es compleja y nada sencilla cuando se trata de relaciones entre Estados . Las políticas sobre el cambio climático no deben agravar las disparidades existentes entre una región y otra, ni tratar de resolver todos los problemas de equidad. nacionales y los ecosistemas naturales. Existen opciones de adaptación en muchos sectores, desde la agricultura y la energía hasta la salud, la gestión de zonas costeras, las pesquerías en alta mar y actividades recreativas. Algunas de ellas ofrecen mejores posibilidades para afrontar los impactos actuales de la variabilidad del clima. No se dispone de estimaciones sistemáticas de los costos de adaptación para hacer frente a los impactos sobre la agricultura, la salud humana, el abastecimiento de agua y otros cambios. Cuando las medidas de adaptación son técnicamente factibles, los costos de adaptación, por ejemplo frente a la elevación del nivel del mar, pueden ser prohibitivamente onerosos para algunos países que no dispongan de ayuda exterior. Costos y beneficios de la mitigación

 
   

7.- DESARROLLO ECONÓMICO PARA PROCEDER EN FORMA SOSTENIBLE

7.1 El desarrollo económico, el desarrollo social y la protección del medio ambiente son componentes del desarrollo sostenible interdependientes y que se refuerzan mutuamente, lo cual es el marco de nuestros esfuerzos para lograr una mejor calidad de vida para todos. En la CMCC se señala que las respuestas al cambio climático deben coordinarse con el desarrollo social y económico en forma integrada con el fin de evitar efectos adversos para éste último, teniendo plenamente en cuenta las legítimas necesidades prioritarias de los países en desarrollo para lograr el desarrollo sostenible y erradicar la pobreza. En la Convención se mencionan también las responsabilidades comunes pero diferenciadas y las respectivas capacidades de todas las Partes para proteger el sistema climático. En esta sección se analiza brevemente lo que se sabe sobre los costos y los beneficios de las medidas de mitigación y de adaptación, puesto que se refieren, entre otras cosas, a la sostenibilidad del desarrollo económico y el medio ambiente.

Costos sociales del cambio climático

7.2 Los daños netos del cambio climático comprenden impactos relacionados y no relacionados con el mercado, en la medida en que pueden cuantificarse actualmente y, en ocasiones, los costos de adaptación. los daños se expresan en términos netos para tener en cuenta que también hay algunos impactos benéficos del cambio climático, dominados empero por los costos de los daños. Los impactos no relacionados con el mercado, como salud humana, riesgo de mortalidad humana y daño a los ecosistemas, constituyen un componente importante de las estimaciones disponibles de los costos sociales del cambio climático. Sin embargo, las estimaciones de los daños no relacionados con el mercado son sumamente especulativas e incompletas, y motivo por tanto de gran incertidumbre al evaluar las consecuencias del cambio climático global para el bienestar humano.

7.3 Los textos analizados en que se cuantifican los daños totales del calentamiento de 2-3°C proporcionan una amplia gama de estimaciones puntuales de los daños, en vista del presunto cambio en las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera. Las estimaciones acumuladas tienden a ser varios puntos porcentuales del PIB mundial, y son, en general, estimaciones considerablemente más altas de daños a países en desarrollo como parte de su PIB. Las estimaciones acumuladas están sometidas a considerable incertidumbre, pero la gama de incertidumbre no puede deducirse de la literatura sobre el tema. No es posible interpretar la gama de estimaciones como intervalo de confianza, en vista de que las hipótesis y las metodologías difieren ampliamente en los estudios. La agregación probablemente encubra incluso mayores incertidumbres sobre los componentes del daño. En los planteamientos regionales o sectoriales para estimar las consecuencias del cambio climático figura una gama mucho más amplia de estimaciones de los efectos económicos netos. Para algunas áreas, los daños estimados son considerablemente mayores, y podrían afectar negativamente al desarrollo económico. Para otras, se estima que el cambio climático aumentará la producción económica y ofrecerá oportunidades de desarrollo económico. La igualación del valor de una vida estadística al nivel típico de la que se da en los países desarrollados aumentaría varias veces los daños monetizados, e incrementaría aún más la parte de los países en desarrollo en la estimación del daño total. Las islas pequeñas y las zonas costeras bajas son particularmente vulnerables. En estas estimaciones no se reflejan los daños debidos a posibles catástrofes en gran escala, como importantes cambios en la circulación oceánica.

Beneficios de la limitación del cambio climático

7.4 Los beneficios de limitar las emisiones de gases de efecto invernadero y de aumentar los sumideros son: a) la evitación de daños debidos al cambio climático y de costos de adaptación; y b) los beneficios económicos y medioambientales indirectos asociados con las políticas pertinentes, como reducciones en otros contaminantes producidos junto con los gases de efecto invernadero, la conservación de la diversidad biológica y la innovación tecnológica derivada de la respuesta al cambio climático.

Costos de adaptación

7.5 Se dispone de muchas opciones para adaptarse a los impactos del cambio climático y reducir así los daños para las economías nacionales y los ecosistemas naturales. Existen opciones de adaptación en muchos sectores, desde la agricultura y la energía hasta la salud, la gestión de zonas costeras, las pesquerías en alta mar y actividades recreativas. Algunas de ellas ofrecen mejores posibilidades para afrontar los impactos actuales de la variabilidad del clima. No se dispone de estimaciones sistemáticas de los costos de adaptación para hacer frente a los impactos sobre la agricultura, la salud humana, el abastecimiento de agua y otros cambios. Cuando las medidas de adaptación son técnicamente factibles, los costos de adaptación, por ejemplo frente a la elevación del nivel del mar, pueden ser prohibitivamente onerosos para algunos países que no dispongan de ayuda exterior.

Costos y beneficios de la mitigación

7.6 Los costos de estabilizar las concentraciones en la atmósfera de gases de efecto invernadero a determinados niveles y dentro de períodos temporales que impidan la interferencia antropógena peligrosa en el sistema climático dependerán fundamentalmente de la elección de la evolución temporal de las emisiones, los hábitos de consumo, los recursos y la disponibilidad de tecnología, así como de la elección de instrumentos de política. En el costo del programa de reducción influirán el ritmo de sustitución de capital, el tipo de descuento y el efecto de la investigación y el desarrollo. Si no se adoptan políticas cuanto antes para estimular las inversiones de sustitución eficientes al final de la vida económica de una planta o de un equipo (es decir, en el momento de rotación del capital) se impondrá un costo económico a la sociedad. La aplicación de reducciones de las emisiones en proporciones que puedan absorberse durante la rotación normal del capital probablemente sea una medida más económica que aplicar ahora una retirada prematura. La elección de procedimientos de reducción entraña, pues, un equilibrio entre los riesgos económicos de una rápida reducción ahora y el riesgo de la demora. Las medidas de mitigación aplicadas en forma que se capitalicen otros beneficios ambientales podrían ser rentables y mejorar el desarrollo sostenible. La evolución de actividades contaminantes que entrañan un aumento de las emisiones globales de gases de efecto invernadero puede reducirse mediante acciones coordinadas de grupos de países.

7.7 Si bien se han publicado muy pocos estudios de los costos que supone la estabilización de concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera, en los textos publicados figuran algunas estimaciones de los costos de diversos grados de reducción de las emisiones. Las estimaciones de los costos de mitigación varían mucho, según la elección de metodologías, hipótesis básicas, escenarios de emisión, instrumentos de política, año al que se refieran los datos, etc.

7.8 A pesar de considerables diferencias de opiniones, se coincide en que en los dos o tres próximos decenios podrán realizarse ganancias de rendimiento energético tal vez del 10% al 30% por encima de la referencia con un costo neto nulo o negativo. Con horizontes temporales más largos, que permitan una rotación más completa de capital y ofrezcan la posibilidad de que las políticas de investigación, desarrollo y demostración, y transformación del mercado influyan en ciclos de sustitución múltiples, tales posibilidades son mucho mayores. La magnitud de estas posibilidades "sin pesar" depende de la existencia de sustanciales imperfecciones del mercado o institucionales que impiden la aplicación de medidas rentables para reducir las emisiones. La principal cuestión es, pues, el grado en que esas imperfecciones y obstáculos pueden superarse de manera rentable mediante iniciativas en el ámbito político.

7.9 Países de la OCDE: Si bien es difícil generalizar , los análisis de cima hacia abajo19 indican que los costos de las reducciones sustanciales por debajo de los niveles de las emisiones de CO2 de 1990 pueden llegar a varios puntos del PIB. En el caso concreto de la estabilización de las emisiones a niveles de 1990, en la mayoría de los estudios se estima que en los próximos decenios puede llegarse a unos costos anuales que varían entre -0,5% del PIB (equivalente a un beneficio de unos 60 000 millones $ en total para los países de la OCDE a los niveles de PIB actuales) y más del 2% del PIB (equivalente a una pérdida de unos 240 000 millones $). No obstante, los estudios muestran igualmente que aplicando medidas apropiadas sobre el momento de la reducción, y disponiendo de alternativas de bajo costo, puede reducirse sustancialmente el importe de la factura global. Algunos estudios de base hacia arriba muestran que los costos de reducir las emisiones en un 20% en los países desarrollados en dos o tres decenios son insignificantes o negativos. Otros estudios de base hacia arriba sugieren que es posible lograr reducciones absolutas superiores al 50% a más largo plazo, sin aumentar, y quizá incluso reduciendo, los costos totales del sistema energético.

7.10 Países con economías en transición: El potencial de reducciones rentables en el uso de la energía puede ser considerable, pero el potencial realizable dependerá del modelo económico y del desarrollo tecnológico que se elija, así como de la disponibilidad de capital para seguir diferentes modalidades. Una cuestión esencial es el futuro de los cambios estructurales en esos países, que pueden variar espectacularmente el nivel de las emisiones de referencia y los costos de reducción de las emisiones.

7.11 Países en desarrollo: Los análisis indican que puede haber grandes posibilidades de reducir las emisiones de dióxido de carbono de combustibles fósiles a bajo costo en los países en desarrollo. Las modalidades de desarrollo que aumenten la eficiencia de la energía, fomenten tecnologías de energía alternativas, reduzcan la deforestación y mejoren la productividad agrícola y la producción de energía de biomasa pueden ser beneficiosas desde el punto de vista económico. Mas para ello se requiere una importante cooperación internacional y la transferencia de recursos económicos y de tecnología. Pero es probable que no sea insuficiente para compensar el rápido crecimiento de las emisiones de referencia, asociado al mayor crecimiento económico y al bienestar general. Tal vez sea costoso estabilizar las emisiones de dióxido de carbono.

7.12 Las estimaciones de los costos de varios enfoques concretos para mitigar las emisiones o aumentar los sumideros de gases de efecto invernadero varían considerablemente y dependen de las características de cada lugar. Así ocurre, por ejemplo, en el caso de las tecnologías de energía renovable, y en el de las opciones de secuestro de carbono. Estas últimas pueden compensar hasta el 15-30% de las emisiones globales relacionadas con la energía en 1990 anualmente en los bosques durante los próximos 50 años. Los costos del secuestro de carbono, que son competitivos con las opciones de control de las fuentes, pueden diferir entre las diversas regiones del mundo.

 

 

7.13 El control de las emisiones de otros gases de efecto invernadero, especialmente metano y óxido nitroso, pueden ofrecer valiosas oportunidades de rentabilidad en algunos países. Aproximadamente el 10% de las emisiones de metano antropógenas pueden reducirse a un costo negativo o bajo mediante opciones de mitigación disponibles para fuentes de metano como sistemas de gas natural, gestión de desechos y agricultura. Los costos difieren entre países y regiones para algunas de estas opciones. Subvenciones, imperfecciones del mercado y obstáculos

7.14 La economía mundial, y particularmente algunas economías nacionales, padecen diversas alteraciones de precios que aumentan las emisiones de gases de efecto invernadero, como algunas subvenciones a la agricultura y a combustibles y distorsiones en los precios del transporte. Varios estudios sobre este tema indican que, disminuyendo gradualmente las subvenciones a los combustibles, es posible obtener reducciones de las emisiones de 4 a 18% por ciento y aumentos en los ingresos reales.

7.15 En varios países se han realizado progresos en la reducción rentable de imperfecciones y obstáculos institucionales en los mercados merced a instrumentos de políticas basados en acuerdos voluntarios, incentivos de eficiencia de energía, normas sobre la eficiencia de productos y programas de adquisiciones para economizar energía con la intervención de fabricantes, además de reformas en la reglamentación de los servicios públicos. En las evaluaciones empíricas, muchos han observado que la relación costo-beneficio de aumentar la eficiencia de la energía es favorable, lo que sugiere la viabilidad práctica de realizar potenciales "sin pesar" a un costo neto negativo.

Valor de la mejor información y de la investigación

7.16 El valor de la mejor información sobre los procesos, impactos y respuestas al cambio climático probablemente sea agrande. Los análisis de las cuestiones económicas y sociales relacionadas con el cambio climático, especialmente en los países en desarrollo, reviste gran prioridad para la investigación. Se necesitan más análisis sobre los efectos de las opciones de respuesta en relación con el empleo, la inflación, el comercio, la competitividad y otras cuestiones públicas.

 
   

8.- EL CAMINO QUE HABRÍA QUE SEGUIR

8.1 Las publicaciones científicas, técnicas, económicas y de ciencias sociales nos sugieren la manera de avanzar hacia el objetivo último de la Convención. Entre las posibles medidas figuran la mitigación del cambio climático merced a reducciones de las emisiones de gases de efecto invernadero y a una mayor captación mediante sumideros, la adaptación al cambio climático observado y/o previsto, y la investigación, el desarrollo y la demostración con el fin de conocer mejor los riesgos del cambio climático y las posibles respuestas.

8.2 Subsisten incertidumbres relacionadas con el juicio de lo que constituyen interferencias antropógenas peligrosas en el sistema climático y lo que ha de hacerse para impedirlas. En las publicaciones se indica, sin embargo, que se dispone de importantes oportunidades "sin pesar" en la mayoría de los países y que el riesgo del daño neto agregado debido al cambio climático, la consideración de aversión al riesgo y la aplicación del principio de precaución ofrecen razones para actuaciones que superan a las de "sin pesar". La dificultad no estriba en hallar la mejor política hoy para los 100 años próximos, sino en elegir una estrategia prudente y ajustarla periódicamente, habida cuenta de la nueva información.

8.3 En las publicaciones se sugiere que las políticas flexibles y rentables basadas en incentivos e instrumentos económicos, así como instrumentos coordinados, pueden disminuir considerablemente los costos de mitigación o adaptación, o aumentar la rentabilidad de las medidas para reducir las emisiones. Para que productores y consumidores puedan adaptarse rentablemente a los imperativos sobre las emisiones de gases de efecto invernadero y estimular la inversión, la investigación, el desarrollo y la demostración se necesitan señales apropiadas a largo plazo.

8.4 La mayoría de las políticas y de las decisiones para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y aumentar sus sumideros, y estabilizar finalmente su concentración en la atmósfera, ofrecerían oportunidades y desafíos para los sectores privado y público. Merced a una serie de respuestas y acciones nacionales e internacionales cuidadosamente seleccionadas para la mitigación, adaptación y mejora de los conocimientos se pueden reducir los riesgos que supone el cambio climático para los ecosistemas, la seguridad alimentaria, los recursos hídricos, la salud humana y otros sistemas naturales y socioeconómicos. Existen grandes diferencias entre países en cuanto al costo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, y aumentar los sumideros, debido a su estado de desarrollo económico, opciones de infraestructura y base de recursos naturales. Mediante la cooperación internacional en un marco de acuerdos bilaterales, regionales o internacionales pueden disminuirse considerablemente los costos globales de reducir las emisiones y sus escapes. Aplicadas meticulosamente, esas respuestas pueden ayudar a afrontar al desafío del cambio climático y a mejorar las perspectivas del desarrollo económico sostenible para todos los pueblos y naciones.

 

 

Referencias
1. IPCC, 1990: i) El Cambio Climático, Evaluación Científica del IPCC

  1. El Cambio Climático, Evaluación de los Impactos del IPCC
  2. El Cambio Climático, Estrategias de Respuesta del IPCC
  3. Resumen General y Resúmenes para Responsables de Políticas

2. IPCC, 1992:

  1. Climate Change 1992, The Supplementary Report to the IPCC Scientific Assessment
  2. Climate Change 1992, The Supplementary Report to the IPCC Impacts Assessment
     

3. IPCC, 1994: Cambio Climático 1994, Forzamiento radiativo del cambio climático, y Evaluación de los escenarios de emisiones IS92 del IPCC


4. IPCC, 1995:

  1. Cambio Climático 1995, Segunda síntesis de evaluación del IPCC de la información ciéntífica y técnica pertinente para interpretar el artículo 2 de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático
  2. Cambio Climático 1995, La ciencia del cambio climático
  3. Cambio Climático 1995, Análisis científicos y técnicos de impactos, adaptaciones y mitigación del cambio climático
  4. Cambio Climático 1995, Las dimensiones económicas y sociales del cambio climático
 
APÉNDICE: AUTORES PRINCIPALES, AUTORES Y COLABORADORES

Equipo de redacción de la síntesis
Bert Bolin (Presidente del IPCC y Presidente del Equipo de Redacción) John T. Houghton; Gylvan Meira Filho; Robert T. Watson; M. C. Zinyowera; James Bruce; Hoesung Lee; Bruce Callander; Richard Moss;
Erik Haites; Roberto Acosta Moreno; Tariq Banuri; Zhou Dadi; Bronson Gardner; José Goldemberg; Jean-Charles Hourcade; Michael Jefferson; Jerry Melillo; Irving Mintzer; Richard Odingo; Martin Parry; Martha Perdomo; Cornelia Quennet-Thielen; Pier Vellinga; Narasimhan Sundararaman (Secretario del IPCC)

INFORME DEL GRUPO DE TRABAJO I DEL IPCC, 1995
Resumen técnico
D. Albritton, EE.UU.; B. Bolin, Suecia; B. Callander, Reino Unido; K. Denman, Canadá; R. Dickinson, EE.UU.; L. Gates, EE.UU.; H. Grassl, Suiza; M. Grubb, Reino Unido; N. Harris, Reino Unido; J. Houghton, Reino Unido; P. Jonas, Reino Unido; A. Kattenberg, Países Bajos; K. Maskell, Reino Unido; G. McBean, Canadá; M. McFarland, Kenya; G. Meira , Brasil; J. Melillo, EE.UU.; N. Nicholls, Australia; L. Ogallo, Kenya; M. Oppenheimer, EE.UU.; M. Prather, EE.UU.; B. Santer, EE.UU.; D. Schimel, EE.UU.; K. Shine, Reino Unido; K. Trenberth, EE.UU.; R. Warrick, Nueva Zelandia; R. Watson, EE.UU.; J. Zillman, Australia

Capítulo 1: The climate system: an overview
Autor principal coordinador
K. Trenberth, EE.UU.
Autores principales
J. Houghton, Reino Unido; G. Meira, Brasil

Capítulo 2: Radiative forcing of climate change
Autor principal coordinador
D. Albritton, EE.UU.; P. Jonas, Reino Unido; M. Prather, EE.UU.; D. Schimel, EE.UU.; K. Shine, Reino Unido
Autores principales
D. Alves, Brasil; R. Charlson, EE.UU.; R. Derwent, Reino Unido; D. Ehhalt, Alemania; I. Enting, Australia; Y. Fouquart, Francia; P. Fraser, Australia; M. Heimann, Alemania; I. Isaksen, Noruega; F. Joos, Suiza; M. Lal, India; V. Ramaswamy, EE.UU.; D. Raynaud, Francia; H. Rodhe, Suecia; S. Sadasivan, India; E. Sanhueza, Venezuela; S. Solomon, EE.UU.; J. Srinivasan, EE.UU.; T. Wigley, EE.UU.; D. Wuebbles, EE.UU.; X. Zhou, China
Colaboradores
F. Alyea, EE.UU.; T. Anderson, EE.UU.; M. Andreae, Alemania; D. Blake, EE.UU.; O. Boucher, Francia; C. Brühl, Alemania; J. Butler, EE.UU.; D. Cunnold, EE.UU.; J. Dignon, EE.UU.; E. Dlugokenchy, EE.UU.; J. Elkins, EE.UU.; I. Fung, Canadá; M. Geller, EE.UU.; D. Hauglustaine, Francia; J. Haywood, EE.UU.; J. Heintzenberg, Alemania; D. Jacob, EE.UU.; A. Jain, EE.UU.; C. Keeling, EE.UU.; S. Khmelevtsov, Federación de Rusia; J. Lelieveld, Países Bajos; H. Le Treut, Francia; I. Levin, Alemania; M. Maiss, Alemania; G. Marland, EE.UU.; S. Marshall, EE.UU.; P. Midgley, Alemania; B. Miller, EE.UU.; J. Mitchell, Reino Unido; S. Montzka, EE.UU.; H. Nakane, Japón; P. Novelli, EE.UU.; B. O'Neill, EE.UU.; D. Oram, Reino Unido; S. Penkett, Reino Unido; J. Penner, EE.UU.; S. Prinn, EE.UU.; P. Quay, EE.UU.; A. Robock, EE.UU.; S. Schwart, EE.UU.; P. Simmonds, Reino Unido; S. Singh, India; A. Slingo, Reino Unido; F. Stordal, Noruega; E. Sulzman, EE.UU.; P. Tans, EE.UU.; R. Weiss, EE.UU.; A. Wharner; Alemania; T. Whorf, EE.UU.

Capítulo 3: Observed climate variability and change
Autor principal coordinador
N. Nicholls, Australia.
Autores principales
G. Gruza, Federación de Rusia; J. Jouzel, Francia; T. Karl, EE.UU.; L. Ogallo, Kenya; D. Parker, Reino Unido
Colaboradores
J. Angell, EE.UU.; S. Anjian, China; P. Arkin, EE.UU.; R. Balling Jr, EE.UU.; M. Bardin, Federación de Rusia; R. Barry, EE.UU.; W. Bomin, China; R. Bradley, EE.UU.; K. Briffa, Reino Unido; A. Carleton, EE.UU.; D. Cayan, EE.UU.; F. Chiew, Australia; J. Christy, EE.UU.; J. Church, Australia; E. Cook, EE.UU.; T. Crowley, EE.UU.; N. Datsenko, Federación de Rusia; R. Davis, EE.UU.; B. Dey, EE.UU.; H. Dia, EE.UU.; W. Drosdowsky, Australia; M. Duarte, Argentina; J. Duplessy, Francia; D. Easterling, EE.UU.; J. Eischeid, EE.UU.; W. Elliott, EE.UU.; B. Findlay, Canadá; H. Flohn, Alemania; C. Folland, Reino Unido; R. Franke, Alemania; P. Frich, Dinamarca; D. Gaffen, EE.UU.; V. Georgievsky, Federación de Rusia; T. Ginsburg, Federación de Rusia; W. Gould, Reino Unido; P. Groisman, Federación de Rusia; D. Gullet, Canadá; W. Haeberli, Suiza; S. Hastenrath, EE.UU.; A. Henderson-
Sellers, Australia; M. Hoelzle, Suiza; W. Hogg, Canadá; G. Holland, Australia; L. Hopkins, Australia; M. Hulme, Reino Unido; N. Ivachtchenko, Federación de Rusia; P. Jones, Reino Unido; R. Kat, EE.UU.; B. Kininmonth, Australia; R. Knight, EE.UU.; N. Kononova, Federación de Rusia; L. Korovkina, Federación de Rusia; G. Kukla, EE.UU.; K. Kumar, India; P. Lamb, EE.UU.; C. Landsea, EE.UU.; S. Levitus, EE.UU.; T. Lewis, Canadá; H. Lins, EE.UU.; J. Lough, Australia; L. Malone, Canadá; J. Marengo, Brasil; T. McMahon, Australia; E. Mekis, Canadá; A. Meshcherskya, Federación de Rusia; P. Michaels, EE.UU.; S. Nicholson, EE.UU.; J. Oerlemans, Países Bajos; G. Ohring, EE.UU.; G. Pant, India; N. Plummer, Australia; F. Quinn, EE.UU.; E. Ran'kova, Federación de Rusia; E.V. Rocheva, Federación de Rusia; C. Ropelewski, EE.UU.; B. Santer, EE.UU.; H. Schmidt, Alemania; E. Semenyuk, Federación de Rusia; I. Shiklomanov, Federación de Rusia; M. Shinoda, Japón; N. Sidorenkov, Federación de Rusia; I. Soldatova, Federación de Rusia; D. Sonechkin, Federación de Rusia; R. Spencer, EE.UU.; N. Speranskaya, Federación de Rusia; K. Trenberth, EE.UU.; C. Tsay, Taiwan; J. Walsh, EE.UU.; K. Wang, Canadá; N. Ward, Italia; S. Warren, EE.UU.; T. Yasunari, Japón; Q. Zu, China


Capítulo 4: Climate processes
Autor principal coordinador
R. Dickinson, EE.UU.
Autores principales
V. Meleshko, Federación de Rusia; D. Randall, EE.UU.; E. Sarachik, EE.UU.; P. Silva-Dias, Brasil; A. Slingo, Reino Unido
Colaboradores
A. Barros, EE.UU.; O. Boucher, Francia; R. Cess, EE.UU.; A. Del Genio, EE.UU.; L. Dumenil, Alemania; R. Fu, EE.UU.; P. Gleckler, EE.UU.; J. Hansen, EE.UU.; R. Lindzen, EE.UU.; E. Maier-Reimer, Alemania; K. McNaughton, Nueva Zelandia; J. McWilliams, EE.UU.; G. Meehl, EE.UU.; M. Miller, Reino Unido; D. Neelin, EE.UU.; E. Olaguer, EE.UU.; T. Palmer, Reino Unido; C. Penland, EE.UU.; R. Pinker, EE.UU.; V. Ramaswamy, EE.UU.; D. Rind, EE.UU.; A. Robock, EE.UU.; M. Salby,
EE.UU.; M. Schlessinger, EE.UU.; H. Schmid, Suiza; C. Senior, Reino Unido; Q. Shao, EE.UU.; K. Shine, Reino Unido; H. Sundquist, Suecia; A. Vogelmann, EE.UU.; A. Weaver, Canadá


Capítulo 5: Climate models - evaluation
Autor principal coordinador
W. Gates, EE.UU.
Autores principales
G. Boer, Canadá; A. Henderson-Sellers, Australia; C. Folland, Reino Unido; A. Kitoh, Japón; B. McAvaney, Australia; F. Semazzi, EE.UU.; N. Smith, Australia; A. Weaver, Canadá; Q. Zeng, China
Colaboradores
J. Boyle, EE.UU.; R. Cess, EE.UU.; T. Chen, Australia; J. Christy, EE.UU.; C. Covey, EE.UU.; T. Crowley, EE.UU.; U. Cubasch, Alemania; J. Davies, Reino Unido; M. Fiorino, EE.UU.; G. Flato, Canadá; C. Fredericksen, Australia; F. Giorgi, EE.UU.; P. Gleckler, EE.UU.; J. Hack, EE.UU.; J. Hansen, EE.UU.; G. Hegerl, Alemania; R. Huang, EE.UU.; P. Irannejad, Australia; T. Johns, Reino Unido; J. Kiehl, EE.UU.; H. Koide, Japón; R. Koster, EE.UU.; J. Kutzbach, EE.UU.; S. Lambert, Canadá; R. Latif, Alemania; N. Lau, EE.UU.; P. Lemke, Alemania; R. Livezey, EE.UU.; P. Love, Australia; N. McFarlane, Canadá; K. McGuffie, EE.UU.; G. Meehl, EE.UU.; I. Mokhov, Federación de Rusia; A. Noda, Japón; B. Otto- Bliesner, EE.UU.; T. Palmer, Reino Unido; T. Phillips, EE.UU.; A. Pitman, Australia; J. Polcher, Francia; G. Potter, EE.UU.; S.B. Power, Australia; D. Randall, EE.UU.; P. Rasch, EE.UU.; A. Robock, EE.UU.; B. Santer, EE.UU.; E. Sarachik, EE.UU.; N. Sato, Japón; A. Semtner Jr, EE.UU.; J. Slingo, Reino Unido; I. Smith, Reino Unido; K. Sperber, EE.UU.; R. Stouffer, EE.UU.; M. Sugi, Japón; J. Syktus, Australia; K. Taylor, EE.UU.; S. Tett, Reino Unido; S. Tibaldi, Italia; W. Wang, EE.UU.; W. Washington, EE.UU.; B. Weare, EE.UU.; D. Williamson, EE.UU.; T. Yamagata, Japón; Z. Yang, EE.UU.; R. Zhang, China; M. Zhang, EE.UU.; F. Zwiers, Canadá

Capítulo 6: Climate models - projections of future climate
Autor principal coordinador
A. Kattenberg, Países Bajos
Autores principales
F. Giorgi, EE.UU.; H. Grassl, Alemania; G. Meehl, EE.UU.; J. Mitchell, Reino Unido; R. Stoufer, EE.UU.; T. Tokioka, Japón; A. Weaver, Canadá; T. Wigley, EE.UU.
Colaboradores
A. Barros, EE.UU.; M. Beniston, Suiza; G. Boer, Canadá; T. Buishand, Países Bajos; J. Christensen, Dinamarca; R. Colman, Australia; J. Copeland, EE.UU.; P. Cox, Reino Unido; A. Cress, Alemania; U. Cubasch, Alemania; M. Deque, Francia; G. Flato, Canadá; C. Fu, China; I. Fung, Canadá; J. Garratt, Australia; S. Ghan, EE.UU.; H. Gordon, Australia; J. Gregory, Reino Unido; P. Guttorp, EE.UU.; A. Henderson-Sellers, Australia; K. Hennessy, Australia; H. Hirakuchi, Japón; G. Holland, Australia; B. Horton, Reino Unido; T. Johns, Reino Unido; R. Jones, Reino Unido; M. Kanamitsu, EE.UU.; T. Karl, EE.UU.; D. Karoly, Australia; A. Keen, Reino Unido; T. Kittel, EE.UU.; T. Knutson, EE.UU.; T. Koide, Japón; G. Können, Países Bajos; M. Lal, India; R. Laprise, Canadá; R. Leung, EE.UU.; A. Lupo, EE.UU.; A. Lynch, Australia; C. Ma, EE.UU.; B. Machenhauer, Alemania; E. Maier-Reimer, Alemania; M. Marinucci, EE.UU.; B. McAvaney, Australia; J. McGregor, Australia; L. Mearns, EE.UU.; N. Miller, EE.UU.; J. Murphy, Reino Unido; A. Noda, Japón; M. Noguer, Reino Unido; J. Oberhuber, Alemania; S. Parey, Francia; H. Pleym, Noruega; J. Raisanen, Finlandia; D. Randall, EE.UU.; S. Raper, Reino Unido; P. Rayner, EE.UU.; J. Roads, EE.UU.; E. Roeckner, Alemania; G. Russell, EE.UU.; H. Sasaki, Japón; F. Semazzi, EE.UU.; C. Senior, Reino Unido; C. Skelly, Australia; K. Sperber, EE.UU.; K. Taylor, EE.UU.; S. Tett, Reino Unido; H. von Storch, Alemania; K. Walsh, Australia; P. Whetton, Australia; D. Wilks, EE.UU.; I. Woodward, Reino Unido; F. Zwiers, Canadá

Capítulo 7: Changes in sea level
Autor principal coordinador
D. Warrick, Nueva Zelandia
Autores principales
C. Le Provost, Francia; M. Meier, EE.UU.; J. Oerlemans, Países Bajos; P. Woodworth, Reino Unido
Colaboradores
R. Alley, EE.UU.; C. Bentley, EE.UU.; R. Bindschadler, EE.UU.; R. Braithwaite, Reino Unido; B. Douglas, EE.UU.; M. Dyurgerov, Federación de Rusia; N. Flemming, Reino Unido; C. Genthon, Francia;
V. Gornit, EE.UU.; J. Gregory, R eino Unido; W. Haeberli, Suiza; P. Huybrechts, Alemania; T. Jóhannesson, Islandia; U. Mikolajewic, Alemania; S. Raper, Reino Unido; D. Sahagian, EE.UU.; T. Wigley, EE.UU.; J. de Wolde, Países Bajos

Capítulo 8: Detection of climate change and attribution of causes
Autor principal coordinador
B. Santer, EE.UU.
Autores principales
E. Anyamba, EE.UU.; T. Barnett, EE.UU.; T. Wigley, EE.UU.
Colaboradores
P. Bloomfield, EE.UU.; E. Cook, EE.UU.; C. Covey, EE.UU.; T. Crowley, EE.UU.; T. Delworth, EE.UU.; L. Gates, EE.UU.; N. Graham, EE.UU.; J. Gregory, Reino Unido; J. Hansen, EE.UU.; K. Hasselmann, Alemania; G. Hegerl, Alemania; T. Johns, Reino Unido; P. Jones, Reino Unido; T. Karl, EE.UU.; D. Karoly, Australia; H. Kheshgi, EE.UU.; M. MacCracken, EE.UU.; K. Maskell, Reino Unido; G. Meehl, EE.UU.; J. Mitchell, Reino Unido; J. Murphy, Reino Unido; N. Nicholls, Australia; G. North, EE.UU.; M. Oppenheimer, EE.UU.; J. Penner, EE.UU.; S. Power, Australia; A. Robock, EE.UU.; C. Senior, Reino Unido; K. Taylor, EE.UU.; S. Tett, Reino Unido; F. Zwiers, Canadá

Capítulo 9: Terrestrial biotic responses to environmental change and feedbacks to climate
Autor principal coordinador
J. Melillo, EE.UU.
Autores principales
G. Farquhar, Australia; C. Prentice, Suecia; O. Sala, Argentina; E. Schulze; Alemania
Colaboradores
P. Bartlein; EE.UU., F. Bazzaz; EE.UU., R. Bradshaw, Suecia; J. Clark, EE.UU.; M. Claussen, Alemania; G. Collat, EE.UU.; M. Coughenour, EE.UU.; C. Field, EE.UU.; J. Foley, Australia; A. Friend, Reino Unido; B. Huntley, Reino Unido; C. Körner, Suiza; W. Kur, Canadá; R. Leemans, Países Bajos; J. Lloyd, Australia; P. Martin, Italia; K. McNaughton, Nueva Zelandia; A. McGuire, EE.UU.; R. Neilson,
EE.UU.; W. Oechel, EE.UU.; J. Overpeck, EE.UU.; W. Parton, EE.UU.; L. Pitelka, EE.UU.; D. Rind, EE.UU.; S. Running, EE.UU.; D. Schimel, EE.UU.; T. Smith, EE.UU.; T. Webb, EE.UU.; C. Whitlock,
EE.UU.

Capítulo 10: Marine biotic responses to environmental change and feedbacks to climate
Autor principal coordinador
K. Denman, Canadá
Autores principales
E. Hofmann, EE.UU.; H. Marchant, Australia
Colaboradores
M. Abbott, EE.UU.; T. Bates, EE.UU.; S. Calvert, Canadá ; M. Fasham, Reino Unido; R. Jahnke, EE.UU.; S. Kempe, Alemania; R. Lara, Alemania; C. Law, Reino Unido; P. Liss, Reino Unido; A. Michaels, Bermuda; T. Pederson, Canadá; M. Peña, Canadá; T. Platt, Canadá; K. Van Scoy, Reino Unido; J. Sharp, EE.UU.; D. Thomas, Israel; J. Walsh, EE.UU.; A. Watson, Reino Unido

Capítulo 11: Advancing our understandingAutor principal coordinador
G. McBean, Canadá
Autores principales
P. Liss, Reino Unido; S. Schneider, EE.UU.

INFORME DEL GRUPO DE TRABAJO II DEL IPCC, 1995

Autores/colaboradores del resumen para responsables de políticas y del resumen técnico
R.T. Watson, EE.UU.; M.C. Zinyowera, Zimbabwe; R.H. Moss, EE.UU.; R. Acosta Moreno, Cuba; S. Adhikary, Nepal; M. Adler, EE.UU.; S. Agrawala, India; A. Guillermo Aguilar, México; S. Al-Khouli, Arabia Saudita; B. Allen-Diaz, EE.UU.; M. Ando, Japón; R. Andressen, Venezuela; B.W. Ang, Singapur; N. Arnell, Reino Unido; A. Arquit Niederberger, Suiza; W. Baethgen, Uruguay; B. Bates, Australia; M. Beniston, Suiza; R. Bierbaum, EE.UU.; L. Bijlsma, Países Bajos; M. Boko, Benín; B. Bolin, Suecia; S. Bolton, EE.UU.; E. Bravo, Venezuela; S. Brown, EE.UU.; P. Bullock, Reino Unido; M. Cannell, Reino Unido; O. Canziani, Argentina; R. Carcavallo, Argentina; C. Clemente Cerri, Brasil; W. Chandler, EE.UU.; F. Cheghe, Kenya; Chunzhen Liu, China; V. Cole, EE.UU.; W. Cramer, Alemania; R.V. Cruz, Filipinas; O. Davidson, Sierra Leone; E. Desa, India; Deying Xu, China; S. Diaz, Argentina; A. Dlugolecki, Reino Unido; J. Edmonds, EE.UU.; J. Everett, EE.UU.; A. Fischlin, Suiza; B. Fitzharris, Nueva Zelandia; D. Fox, EE.UU.; J. Friaa, Túnez; A. Rauja Gacuhi, Kenya; W. Galinski, Polonia; H. Gitay, Australia; P. Groffman, EE.UU.; A. Grubler, Austria; H. Gruenspecht, EE.UU.; S. Hamburg, EE.UU.; T. Hoffman, Sudáfrica; J.I. Holten, Noruega; H. Ishitani, Japón; V. Ittekkot, Alemania; T. Johansson, Suecia; Z. Kaczmarek, Polonia; T. Kashiwagi, Japón; M. Kirschbaum, Australia; P. Komor, EE.UU.; A. Krovnin, Federación de Rusia; R. Klein, Países Bajos; S. Kulshrestha, India; H. Lang, Suiza; H. Le Houerou, Francia; R. Leemans, Países Bajos; M. Levine, EE.UU.; Lin Erda, China; D. Lluch-Belda, México; M. MacCracken, EE.UU.; J. Magnuson, EE.UU.; G. Mailu, Kenya; J. Mworia Maitima, Kenya; G. Marland, EE.UU.; K. Maskell, Reino Unido; R. McLean, Australia; A. McMichael, Australia/Reino Unido; L. Michaelis, Francia; E. Miles, EE.UU.; W. Moomaw, EE.UU.; R. Moreira, Brasil; P. Mulholland, EE.UU.; N. Nakicenovic, Austria; R. Nicholls, Reino Unido; S. Nishioka, Japón; I. Noble, Australia; L. Nurse, Barbados; R. Odongo, Kenya; R. Ohashi, Japón; E. Okemwa, Kenya; M. Oquist, Suecia; M. Parry, Reino Unido; M. Perdomo, Venezuela; M. Petit, Francia; W. Piver, EE.UU.;
P.S. Ramakrishnan, India; N.H. Ravindranath, India; J. Reilly, EE.UU.; A. Riedacker, Francia; H.-H. Rogner, Canadá; J. Sathaye, EE.UU.; D. Sauerbeck, Alemania; M. Scott, EE.UU.; S. Sharma, India; D. Shriner, EE.UU.; S.K. Sinha, India; J. Skea, Reino Unido; A. Solomon, EE.UU.; E. Stakhiv, EE.UU.; O. Starosolszky, Hungría; Su Jilan, China; A. Suarez, Cuba; B. Svensson, Suecia; H. Takakura, Japón; M. Taylor, EE.UU.; L.Tessier, Francia; D. Tirpak, EE.UU.; Tran Viet Lien, Vietnam; J.-P. Troadec, Francia; H. Tsukamoto, Japón; I. Tsuzaka, Japón; P. Vellinga, Países Bajos; T. Williams, EE.UU.; P. Young, EE.UU.; Youyu Xie, China; Zhou Fengqi, China

Capítulo A: Ecophysiological, ecological, and soil processes in terrestrial ecosystems: a primer on general concepts and relationships
Autor principal coordinador
M.U.F. Kirschbaum, Australia
Autores principales
P. Bullock, Reino Unido; J.R. Evans, Australia; K. Goulding, Reino Unido; P.G. Jarvis, Reino Unido; I.R. Noble, Australia; M. Rounsevell, Reino Unido; T.D. Sharkey, EE.UU.
Colaboradores
M.P. Austin, Australia; P. Brookes, Reino Unido; S. Brown, EE.UU.; H.K.M. Bugmann, Alemania; W.P. Cramer, Alemania; S. Diaz, Argentina; H. Gitay, Australia; S.P. Hamburg, EE.UU.; J. Harris, Reino
Unido; J.I. Holten, Noruega; P.E. Kriedemann, Australia; H.N. Le Houerou, Francia; S. Linder, Suecia; R.J. Luxmoore, EE.UU.; R.E. McMurtrie, Australia; L.F. Pitelka, EE.UU.; D. Powlson, Reino Unido; R.J. Raison, Australia; E.B. Rastetter, EE.UU.; R. Roetter, Alemania; J. Rogasik, Alemania; D.R. Sauerbeck, Alemania; W. Sombroek, FAO; S.C. van de Geijn, Países Bajos

Capítulo B: Energy primer
Autor principal coordinador
N. Nakicenovic, IIASA
Autores principales
A. Grübler, IIASA; H. Ishitani, Japón; T. Johansson, Suecia; G. Marland, EE.UU.; J.R. Moreira, Brasil; H-H. Rogner, Canadá

Capítulo 1: Climate change impacts on forests
Autor principal coordinador
M.U.F. Kirschbaum, Australia; A. Fischlin, Suiza
Autores principales
M.G.R. Cannell, Reino Unido; R.V.O. Cruz, Filipinas; W. Galinski, Polonia; W.P. Cramer, Alemania
Colaboradores
A. Alvarez, Cuba; M.P. Austin, Australia; H.K.M. Bugmann, Alemania; T.H. Booth, Australia; N.W.S. Chipompha, Malawi; W.M. Ciesla, FAO; D. Eamus, Australia; J.G. Goldammer, Alemania; A. Henderson-Sellers, Australia; B. Huntley, Reino Unido; J.L. Innes, Suiza; M.R. Kaufmann, EE.UU.; N. Kräuchi, Suiza; G.A. Kile, Australia; A.O. Kokorin, Federación de Rusia; Ch. Körner, Suiza; J. Landsberg, Australia; S. Linder, Suecia; R. Leemans, Países Bajos; R.J. Luxmoore, EE.UU.; A. Markham, WWF; R.E. McMurtrie, Australia; R.P. Neilson, EE.UU.; R.J. Norby, EE.UU.; J.A. Odera, Kenya; I.C. Prentice, Suecia; L.F. Pitelka, EE.UU.; E.B. Rastetter, EE.UU.; A.M. Solomon, EE.UU.; R. Stewart, Canadá; J. van Minnen, Países Bajos; M. Weber, Alemania; D. Xu, China

Capítulo 2: Rangelands in a changing climate: impacts, adaptations, and mitigation
Autor principal coordinador
B. Allen-Diaz, EE.UU.
Autores principales
F.S. Chapin, EE.UU.; S. Diaz, Argentina; M. Howden, Australia; J. Puigdefábregas, España; M. Stafford Smith, Australia
Autores
T. Benning, EE.UU.; F. Bryant, EE.UU.; B. Campbell, Nueva Zelandia; J. du Toit, Zimbabwe; K. Galvin, EE.UU.; E. Holland, EE.UU.; L. Joyce, EE.UU.; A.K. Knapp, EE.UU.; P. Matson, EE.UU.; R. Miller, EE.UU.; D. Ojima, EE.UU.; W. Polley, EE.UU.; T. Seastedt, EE.UU.; A. Suarez, Cuba; T. Svejcar, EE.UU.; C. Wessman, EE.UU.
Colaboradores
W.N. Ekaya, Kenya; J. Ellis, EE.UU.; L.D. Incoll, Reino Unido; J. Kinyamario, Kenya; N. Maceira, Argentina; C. Magadza, Zimbabwe; T. Oikawa, Japón; R. Rodriguez, Argentina; O. Sala, Argentina; C. Scoppa, Argentina

Capítulo 3: Deserts in a changing climate: impacts
Autor principal coordinador
I.R. Noble, Australia; H. Gitay, Australia
Colaboradores
A.N. Alwelaie, Arabia Saudita; M.T. Hoffman, Sudáfrica; A.R. Saunders, Australia

Capítulo 4: Land degradation and desertification
Autor principal coordinador
P. Bullock, Reino Unido; H. Le Houerou, Francia
Autores principales
M.T. Hoffman, Sudáfrica; M. Rounsevell, Reino Unido; J. Sehgal, India; G. Várallyay, Hungría
Colaboradores
A. Aïdoud, Argelia; R. Balling, EE.UU.; C. Long-Jun, China; K. Goulding, Reino Unido; L.N. Harsh, India; N. Kharin, Turkmenistán; J. Labraga, Argentina; R. Lal, EE.UU.; S. Milton, Sudáfrica; H. Muturi,
Kenya; F. Nachtergaele, FAO; A. Palmer, Sudáfrica; D. Powlson, Reino Unido; J. Puidefábregas, España; J. Rogasik, Alemania; M. Rostagno, Argentina; P. Roux, Sudáfrica; D. Sauerbeck, Alemania; W. Sombroek, FAO; C. Valentin, Francia; W. Lixian, China; M. Yoshino, Japón

Capítulo 5: Impacts of climate change on mountain regions
Autor principal coordinador
M. Beniston, Suiza; D.G. Fox, EE.UU.
Autores principales
S. Adhikary, Nepal; R. Andressen, Venezuela; A. Guisan, Suiza; J.I. Holten, Noruega; J. Innes, Suiza; J. Maitima, Kenya; M.F. Price, Reino Unido; L. Tessier, Francia
Colaboradores
R. Barry, EE.UU.; C. Bonnard, Suiza; F. David, Francia; L. Graumlich, EE.UU.; P. Halpin, EE.UU.; H. Henttonen, Finlandia; F.-K. Holtmeier, Alemania; A. Jaervinen, Finlandia; S. Jonasson, Dinamarca; T. Kittel, EE.UU.; F. Kloetzli, Suiza; C. Körner, Suiza; N. Kräuchi, Suiza; U. Molau, Suecia; R. Musselman, EE.UU.; P. Ottesen, Noruega; D. Peterson, EE.UU.; N. Saelthun, Noruega; Xuemei Shao, China; O. Skre, Noruega; O. Solomina, Federación de Rusia; R. Spichiger, Suiza; E. Sulzman, EE.UU.; M. Thinon, Francia; R. Williams, Australia

Capítulo 6: Non-tidal wetlands
Autor principal coordinador
M.G. Öquist, Suecia; B.H. Svensson, Suecia
Autores principales
P. Groffman, EE.UU.; M. Taylor, EE.UU.
Colaboradores
K.B. Bartlett, EE.UU.; M. Boko, Benin; J. Brouwer, Holanda; O.F. Canziani, Argentina; C.B. Craft, EE.UU.; J. Laine, Finlandia; D. Larson, EE.UU.; P.J. Martikainen, Finlandia; E. Matthews, EE.UU.; W. Mullié, Holanda; S. Page, Reino Unido; C.J. Richardson, EE.UU.; J. Rieley, Reino Unido; N. Roulet, Canadá; J. Silvola, Finlandia; Y. Zhang, China

Capítulo 7: The cryosphere: changes and their impacts
Autor principal coordinador
B. Blair Fitzharris, Nueva Zelandia
Autores principales
I. Allison, Australia; R.J. Braithwaite, Dinamarca; J. Brown, EE.UU.; P.M.B. Foehn, Suiza; W. Haeberli, Suiza; K. Higuchi, Japón; V.M. Kotlyakov, Federación de Rusia; T.D. Prowse, Canadá; C.A. Rinaldi,
Argentina; P. Wadhams, Reino Unido; M.-K. Woo, Canadá; Xie Youyu, China
Colaboradores
O. Anisimov, Federación de Rusia; A. Aristarain, Argentina; R.A. Assel, EE.UU.; R.G. Barry, EE.UU.; R.D. Brown, Canadá; F. Dramis, Italia; S. Hastenrath, EE.UU.; A.G. Lewkowicz, Canadá; E.C. Malagnino, Argentina; S. Neale, Nueva Zelandia; F.E. Nelson, EE.UU.; D.A. Robinson, EE.UU.; P. Skvarca, Argentina; A.E. Taylor, Canadá; A. Weidick, Dinamarca

Capítulo 8: Oceans
Autor principal coordinador
V. Ittekkot, Alemania
Autores principales
Su Jilan, China; E. Miles, EE.UU.
Autores
E. Desai, India; B.N. Desai, India; J.T. Everett, EE.UU.; J.J. Magnuson,
EE.UU.; A. Tsyban, Federación de Rusia; S. Zuta, Perú
Colaboradores
E. Aquize, Perú; S. Arnott, EE.UU.; P. Ayon Dejo, Perú; D. Binet, Francia; H.S. Bolton, EE.UU.; R. Calienes, Perú; S. Carrasco Barrera, Perú; J.A. Church, Australia; A. Copping, EE.UU.; D.L. Fluharty, EE.UU.; B.V. Glebov, Federación de Rusia; K.P. Koltermann, Alemania; A.S. Kulikov, Federación de Rusia; S. Nicol, Australia; P.D. Nunn, Fiji; G.V. Panov, Federación de Rusia; P.K. Park, EE.UU.; A.B. Pittock, Australia; P. Schaefer, Alemania; S. Shchuka, Federación de Rusia; H. Trevino, Perú; D.J. Webb, Reino Unido; R. Zahn, Alemania

Capítulo 9: Coastal zones and small islands
Autor principal coordinador
L. Bijlsma, Países Bajos
Autores principales
C.N. Ehler, EE.UU.; R.J.T. Klein, Países Bajos; S.M. Kulshrestha, India; R.F. McLean, Australia; N. Mimura, Japón; R.J. Nicholls, Reino Unido; L.A. Nurse, Barbados; H. Pérez Nieto, Venezuela; E.Z. Stakhiv, EE.UU.; R.K. Turner, Reino Unido; R.A. Warrick, Nueva Zelandia
Colaboradores
W.N. Adger, Reino Unido; Du Bilan, China; B.E. Brown, Reino Unido; D.L. Elder, Suiza; V.M. Gornitz, EE.UU.; K. Hofius, Alemania; P.M. Holligan, Reino Unido; F.M.J. Hoozemans, Países Bajos; D. Hopley, Australia; Y. Hosokawa, Japón; G.A. Maul, EE.UU.; K. McInnes, Australia; D. Richardson, Reino Unido; S. Subak, Reino Unido; M. Sullivan, Australia; L. Vallianos, EE.UU.; W.R. White, Reino Unido; P.L. Woodworth, Reino Unido; Yang Huating, China

Capítulo 10: Hydrology and freshwater ecology
Autor principal coordinador
N. Arnell, Reino Unido; B. Bates, Australia; H. Lang, Suiza; J.J. Magnuson, EE.UU.; P. Mulholland, EE.UU.
Autores principales
S. Fisher, EE.UU.; C. Liu, China; D. McKnight, EE.UU.; O. Starosolszky, Hungría; M. Taylor, EE.UU.
Colaboradores
E. Aquize, Perú; S. Arnott, Canadá; D. Brakke, EE.UU.; L. Braun, Alemania; S. Chalise, Nepal; C. Chen, EE.UU.; C.L. Folt, EE.UU.; S. Gafny, Israel; K. Hanaki, Japón; R. Hecky, Canadá; G.H. Leavesley, EE.UU.; H. Lins, EE.UU.; J. Nemec, Suiza; K.S. Ramasastri, India; L. Somlyódy, Hungría;
E. Stakhiv, EE.UU.
 

Capítulo 11: Industry, energy, and transportation:impacts and adaptation
Autor principal coordinador
R. Acosta Moreno, Cuba; J. Skea, Reino Unido
Autores principales
A. Gacuhi, Kenya; D.L. Greene, EE.UU.; W. Moomaw, EE.UU.; T. Okita, Japón; A. Riedacker, Francia; Tran Viet Lien, Vietnam
Autores
R. Ball, EE.UU.; W.S. Breed, EE.UU.; E. Hillsman, EE.UU.

Capítulo 12: Human settlements in a changing climate: impacts and adaptation
Autor principal coordinador
M.J. Scott, EE.UU.
Autores principales
A.G. Aguilar, Mexico; I. Douglas, Reino Unido; P.R. Epstein, EE.UU.; D. Liverman, EE.UU.; G.M. Mailu, Kenya; E. Shove, Reino Unido
Autores
A.F. Dlugolecki, Reino Unido; K. Hanaki, Japón; Y.J. Huang, EE.UU.; C.H.D. Magadza, Zimbabwe; J.G.J. Olivier, Países Bajos; J. Parikh, India; T.H.R. Peries, Sri Lanka; J. Skea, Reino Unido; M. Yoshino, Japón

Capítulo 13: Agriculture in a changing climate: impacts and adaptation
Autor principal coordinador
J. Reilly, EE.UU.
Autores principales
W. Baethgen, Uruguay; F.E. Chege, Kenya; S.C. van de Geijn, Países Bajos; Lin Erda, China; A. Iglesias, Spain; G. Kenny, Nueva Zelandia; D. Patterson, EE.UU.; J. Rogasik, Alemania; R. Rötter, Países Bajos; C. Rosenzweig, EE.UU.; W. Sombroek, FAO; J. Westbrook, EE.UU.
Colaboradores
D. Bachelet, Francia; M. Brklacich, Canadá; U. Dämmgen, Alemania; M. Howden, Australia; R.J.V. Joyce, Wales; P.D. Lingren, EE.UU.; D. Schimmelpfennig, EE.UU.; U. Singh, IRRI, Phillipines; O. Sirotenko, Federación de Rusia; E. Wheaton, Canadá

Capítulo 14: Water resources management
Autor principal coordinador
Z. Kaczmarek, Polonia
Autores principales
N.W. Arnell, Reino Unido; E.Z. Stakhiv, EE.UU.
Autores
K. Hanaki, Japón; G.M. Mailu, Kenya; L. Somlyódy, Hungría; K. Strzepek, EE.UU.
Colaboradores
A.J. Askew, Suiza; F. Bultot, Bélgica; J.Kindler, EE.UU.; Z. Kundzewicz, Suiza; D.P. Lettenmaier, EE.UU.; H.J. Liebscher, Alemania; H.F. Lins, EE.UU.; D.C. Major, EE.UU.; A.B. Pittock, Australia; D.G. Rutashobya , Tanzania; H.H.G. Savenije, Países Bajos; C. Somorowski, Polonia; K. Szesztay, Hungría

Capítulo 15: Wood production under changing climate and land use
Autor principal coordinador
A.M. Solomon, EE.UU.
Autores principales
N.H. Ravindranath, India; R.B. Stewart, Canadá; M. Weber, Alemania; S. Nilsson, Suecia
Autores
P.N. Duinker, Canadá; P.M. Fearnside, EE.UU.; P.J. Hall, Canadá; R. Ismail, Malaysia; L.A. Joyce, EE.UU.; S. Kojima, Japón; W.R. Makundi, Tanzania; D.F.W. Pollard, Canadá; A. Shvidenko, Federación de Rusia; W. Skinner, Canadá; B.J. Stocks, Canadá; R. Sukumar, India; Xu Deying, China

Capítulo 16: Fisheries
Autor principal coordinador
J.T. Everett, EE.UU.
Autores principales
A. Krovnin, Federación de Rusia; D. Lluch-Belda, Mexico; E. Okemwa, Kenya; H.A. Regier, Canadá; J.-P. Troadec, Francia
Colaboradores
D. Binet, Francia; H.S. Bolton, EE.UU.; R. Callendar, EE.UU.; S. Clark, EE.UU.; I. Everson, Reino Unido; S. Fiske, EE.UU.; G. Flittner, EE.UU.; M. Glantz, EE.UU.; G.J. Glova, Nueva Zelandia; C. Grimes, EE.UU.; J. Hare, EE.UU.; D. Hinckley, EE.UU.; B. McDowall, Nueva Zelandia; J. McVey, EE.UU.; R. Methot, EE.UU.; D. Mountain, EE.UU.; S. Nicol, Australia; L. Paul, Nueva Zelandia; R. Park, EE.UU.; I. Poiner, Australia; J. Richey, EE.UU.; G. Sharp, EE.UU.; K. Sherman, EE.UU.; T. Sibley, EE.UU.; R. Thresher, Australia; D. Welch, Canadá

Capítulo 17: Financial services
Autor principal coordinador
A.F. Dlugolecki, Reino Unido
Autores principales
K.M. Clark, EE.UU.; F. Knecht, Suiza; D. McCaulay, Jamaica; J.P. Palutikof, Reino Unido; W. Yambi, Tanzania

Capítulo 18: Human population health
Autor principal coordinador
A.J. McMichael, Australia/Reino Unido
Autores principales
M. Ando, Japón; R. Carcavallo, Argentina; P. Epstein, EE.UU.; A. Haines, Reino Unido; G. Jendritzky, Alemania; L. Kalkstein, EE.UU.; R. Odongo, Kenya; J. Patz, EE.UU.; W. Piver, EE.UU.
Colaboradores
R. Anderson, Reino Unido; S. Curto de Casas, Argentina; I. Galindez Giron, Venezuela; S. Kovats, Reino Unido; W.J.M. Martens, Países Bajos; D. Mills, EE.UU.; A.R. Moreno, Mexico; W. Reisen, EE.UU.; R. Slooff, WHO; D. Waltner-Toews, Canadá; A. Woodward, Nueva Zelandia

Capítulo 19: Energy supply mitigation options
Autor principal coordinador
H. Ishitani, Japón; T.B. Johansson, Suecia
Autores principales
S. Al-Khouli, Arabia Saudita; H. Audus, IEA; E. Bertel, IAEA; E. Bravo, Venezuela; J.A. Edmonds, EE.UU.; S. Frandsen, Dinamarca; D. Hall, Reino Unido; K. Heinloth, Alemania; M. Jefferson, WEC; P. de Laquil III, EE.UU.; J.R. Moreira, Brasil; N. Nakicenovic, IIASA; Y. Ogawa, Japón; R. Pachauri, India; A. Riedacker, Francia; H.-H. Rogner, Canadá; K. Saviharju, Finlandia; B. Sørensen, Dinamarca; G. Stevens, OECD/NEA; W.C. Turkenburg, Países Bajos; R.H. Williams, EE.UU.; Zhou Fengqi, China
Colaboradores
I.B. Friedleifsson, Islandia; A. Inaba, Japón; S. Rayner, EE.UU.; J.S. Robertson, Reino Unido

Capítulo 20: Industry
Autor principal coordinador
T. Kashiwagi, Japón
Autores principales
J. Bruggink, Países Bajos; P.-N. Giraud, Francia; P. Khanna, India; W.R. Moomaw, EE.UU.

Capítulo 21: Mitigation options in the transportation sector
Autor principal coordinador
L. Michaelis, OECD
Autores principales
D. Bleviss, EE.UU.; J.-P. Orfeuil, Francia; R. Pischinger, Austria
Autores
J. Crayston, ICAO; O. Davidson, Sierra Leone; T. Kram, Países Bajos; N. Nakicenovic, IIASA; L. Schipper, EE.UU.
Colaboradores
G. Banjo, Nigeria; D. Banister, Reino Unido; H. Dimitriou, Hong Kong; D. Greene, EE.UU.; L. Greening, EE.UU.; A. Grübler, IIASA; S. Hausberger, Austria; D. Lister, Reino Unido; J. Philpott, EE.UU.; J. Rabinovitch, Brasil; N. Sagawa, Japón; C. Zegras, EE.UU.

Capítulo 22: Mitigation options for human settlements
Autor principal coordinador
M.D. Levine, EE.UU.
Autores principales
H. Akbari, EE.UU.; J. Busch, EE.UU.; G. Dutt, Argentina; K. Hogan, EE.UU.; P. Komor, EE.UU.; S. Meyers, EE.UU.; H. Tsuchiya, Japón
Autores
G. Henderson, Reino Unido; L. Price, EE.UU.; K.R. Smith, EE.UU.; Lang Siwei, China

Capítulo 23: Agricultural options for mitigation of greenhouse gas emissions
Autor principal coordinador
V. Cole, EE.UU.
Autores principales
C. Cerri, Brasil; K. Minami, Japón; A. Mosier, EE.UU.; N. Rosenberg,
EE.UU.; D. Sauerbeck, Alemania
Autores
J. Dumanski, Canadá; J. Duxbury, EE.UU.; J. Freney, Australia; R. Gupta, India; O. Heinemeyer, Alemania; T. Kolchugina, Russia; J. Lee, EE.UU.; K. Paustian, EE.UU.; D. Powlson, Reino Unido; N. Sampson, EE.UU.; H. Tiessen, Canadá; M. van Noordwijk, Indonesia; Q. Zhao, China
Colaboradores
I.P. Abrol, India; T. Barnwell, EE.UU.; C.A. Campbell, Canadá; R.L. Desjardin, Canadá; C. Feller, Francia; P. Garin, Francia; M.J. Glendining, Reino Unido; E.G. Gregorich, Canadá; D. Johnson, EE.UU.; J. Kimble, EE.UU.; R. Lal, EE.UU.; C. Monreal, Canadá; D. Ojima, EE.UU.; M. Padgett, EE.UU.; W. Post, EE.UU.; W. Sombroek, Netherlands; C. Tarnocai, Canadá; T. Vinson, EE.UU.; S. Vogel, EE.UU.; G. Ward, EE.UU.

Capítulo 24: Management of forests for mitigation of greenhouse gas emissions
Autor principal coordinador
S. Brown, EE.UU.
Autores principales
J. Sathaye, EE.UU.; Melvin Cannell, Reino Unido; P. Kauppi, Finlandia
Colaboradores
P. Burschel, Alemania; A. Grainger, Reino Unido; J. Heuveldop, Alemania; R. Leemans, Países Bajos; P. Moura Costa, Brasil; M. Pinard,EE.UU.; S. Nilsson, Suecia; W. Schopfhauser, Austria; R. Sedjo, EE.UU.; N. Singh, India; M. Trexler, EE.UU.; J. van Minnen, Países Bajos; S. Weyers, Alemania

Capítulo 25: Mitigation: cross-sectoral and other issues
Autor principal coordinador
R. Leemans, Países Bajos
Autores principales
S. Agrawala, India; J.A. Edmonds, EE.UU.; M.C. MacCracken, EE.UU.; R. Moss, EE.UU.; P.S. Ramakrishnan, India

Capítulo 26: Technical guidelines for assessing climate change impacts and adaptations
Autor principal coordinador
T. Carter, Finlandia; H. Harasawa, Japón; S. Nishioka, Japón; M. Parry, Reino Unido
Colaboradores
R. Christ, UNEP; P. Epstein, EE.UU.; N.S. Jodha, Nepal; J. Scheraga, EE.UU.; E. Stakhiv, EE.UU.

Capítulo 27: Methods for assessment of mitigation options
Autor principal coordinador
D.A. Tirpak, EE.UU.
Autores principales
M. Adler, EE.UU.; D. Bleviss, EE.UU.; J. Christensen, Dinamarca; O. Davidson, Sierra Leone; D. Phantumvanit, Tailandia; J. Rabinovitch, Argentina; J. Sathaye, EE.UU.; C. Smyser, EE.UU.

Capítulo 28: Inventory of technologies, methods, and practices
Autor principal coordinador
D.G. Streets, EE.UU.
Autores principales
W.B. Ashton, EE.UU.; K. Hogan, EE.UU.; P. Wibulswas, Tailandia; T. Williams, EE.UU.

INFORME DEL GRUPO DE TRABAJO III DEL IPCC, 1995
Capítulo 1: Introduction: scope of the assessment
Autores principales
J. Goldemberg, Brasil; R. Squitieri, EE.UU.; J. Stiglitz, EE.UU.; A. Amano, Japón; X. Shaoxiong, China; R. Saha, Mauricio
Colaboradores
S. Kane, EE.UU.; J. Reilly, EE.UU.; T. Teisberg, EE.UU.

Capítulo 2: Decision-making frameworks for addressing climate change
Autores
K.J. Arrow, EE.UU.; J. Parikh, India; G. Pillet, Suiza
Autores asistentes
M. Grubb, Reino Unido; E. Haites, Canadá; J.-C. Hourcade, Francia; K. Parikh, India; F. Yamin, Reino Unido
Colaboradores
P.G. Babu, India; G. Chichilnisky, EE.UU.; S. Faucheux, Francia; G. Froger, Francia; F. Gassmann, Suiza; W. Hediger, Suiza; S. Kavi Kumar, India; S.C. Peck, EE.UU.; R. Richels, EE.UU.; C. Suarez, Argentina; R. Tol, Países Bajos

Capítulo 3: Equity and social considerations
Autores principales
T. Banuri, Pakistan; K. Goran-Maler, Suecia; M. Grubb, Reino Unido; H.K. Jacobson, EE.UU.; F. Yamin, Reino Unido

Capítulo 4: Intertemporal equity, discounting, and economic efficiency
Autores principales
K.J. Arrow, EE.UU.; W.R. Cline, EE.UU.; K. Goran-Maler, Suecia; M. Munasinghe, Sri Lanka; R. Squitieri, EE.UU.; J.E. Stiglitz, EE.UU.

Capítulo 5: Applicability of techniques of cost-benefit analysis to climate change
Autores principales
M. Munasinghe, Sri Lanka; P. Meier, EE.UU.; M. Hoel, Noruega; S.W. Hong, República de Korea; A. Aaheim, Noruega

Capítulo 6: The social costs of climate change: greenhouse damage and the benefits of control
Autores principales
D.W. Pearce, Reino Unido; W.R. Cline, EE.UU.; A.N. Achanta, India; S. Fankhauser, Reino Unido; R.K. Pachauri, India; R.S.J. Tol, Países Bajos; P. Vellinga, Países Bajos

Capítulo 7: A generic assessment of response options
Autores principales
C.J. Jepma, Países Bajos; M. Asaduzzaman, Bangladesh; I. Mintzer, EE.UU.; R.S. Maya, Zimbabwe; M. Al-Moneef, Arabia Saudita
Colaboradores
J. Byrne, EE.UU.; H. Geller, EE.UU.; C.A. Hendriks, España; M. Jefferson, Reino Unido; G. Leach, Reino Unido; A. Qureshi, EE.UU.; W. Sassin, Austria; R.A. Sedjo, EE.UU.; A. van der Veen, Países Bajos

Capítulo 8: Estimating the costs of mitigating greenhouse gases
Autor coordinador
J-C. Hourcade, Francia
Autores principales
R. Richels, EE.UU.; J. Robinson, Canadá
Autores
W. Chandler, EE.UU.; O. Davidson, Sierra Leone; J. Edmonds, EE.UU.; D. Finon, Francia; M. Grubb, Reino Unido; K. Halsnaes, Dinamarca; K. Hogan, EE.UU.; M. Jaccard, Canadá; F. Krause, EE.UU.; E. La Rovere, Brasil; W.D. Montgomery, EE.UU.; P. Nastari, Brasil; A. Pegov, Federación de Rusia; K. Richards, EE.UU.; L. Schrattenholzer, Austria; D. Siniscalco, Italia; P.R. Shukla, India; Y. Sokona, Senegal; P. Sturm, Francia; A. Tudini, Italia

Capítulo 9: A review of mitigation cost studies
Autor coordinador
J-C. Hourcade, Francia
Autores principales
K. Halsnaes, Dinamarca; M. Jaccard, Canadá; W. D. Montgomery, EE.UU.; R. Richels, EE.UU.; J. Robinson, Canadá; P.R. Shukla, India; P. Sturm, Francia
Autores
W. Chandler, EE.UU.; O. Davidson, Sierra Leone; J. Edmonds, EE.UU.; D. Finon, Francia; K. Hogan, EE.UU.; F. Krause, EE.UU.; A. Kolesov, Federación de Rusia; E. La Rovere, Brasil; P. Nastari, Brasil; A. Pegov, Federación de Rusia; K. Richards, EE.UU.; L. Schrattenholzer, Austria; R. Shackleton, EE.UU.; Y. Sokona, Senegal; A. Tudini, Italia; J. Weyant, EE.UU.

Capítulo 10: Integrated assessment of climate change: an overview and comparison of approaches and results
Autor principal coordinador
J. Weyant, EE.UU.
Autores principales
O. Davidson, Sierra Leone; H. Dowlatabadi, EE.UU.; J. Edmonds, EE.UU.; M. Grubb, Reino Unido; E.A. Parson, EE.UU.; R. Richels, EE.UU.; J. Rotmans, Países Bajos; P.R. Shukla, India; R.S.J. Tol, Países Bajos
Autores
W. Cline, EE.UU.; S. Fankhauser, Reino Unido

Capítulo 11: An economic assessment of policy instruments for combatting climate change
Autores principales
B.S. Fisher, Australia; S. Barrett, Reino Unido; P. Bohm, Suecia; M. Kuroda, Japón; J.K.E. Mubazi, Uganda; A. Shah, EE.UU.; R.N. Stavins, EE.UU.
Colaboradores
E. Haites, Canadá; M. Hinchy, Australia; S. Thorpe, Australia

 

LA OPINION DE DSOSTENIBLE  NO NECESARIAMENTE COINCIDE CON LA OPINION DE LOS COUMNISTAS.  A RAIZ DE CUALQUIER NOTA PUBLICADA EN ESTA PAGINA SE CONCEDERA DERECHO A REPLICA A QUIEN LO SOLICITE CON LA FINALIDAD DE MOSTRAR OTRO ENFOQUE SOBRE EL MISMO TEMA, ENRIQUECIENDO DE ESTA MANERA, LOS DEBATES QUE SE GENEREN.

 

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