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RESUMEN
En el presente artículo se abordan temas importantes
para la economía de América Latina, en el marco
de los acuerdos bilaterales y multilaterales, vistos desde
la óptica del desarrollo sostenible. En el escenario
de la internacionalización de la economía y
en especial en los tratados de libre comercio, existen temas
a los cuales se les debe prestar especial atención
como el caso de la agricultura, la propiedad intelectual,
las patentes y deuda externa. Estos elementos son analizados
teniendo en cuenta los criterios de la sostenibilidad, la
favorabilidad ecosistémica y la oferta y demanda de
bienes y servicios ambientales o conexos al ambiente, en los
mercados internacionales y la oportunidad o riesgo que pueden
enfrentar estos bienes y servicios en la evolución
del sistema capitalista, que vive cambios profundos en el
corto plazo.
INTRODUCCIÓN
Con los cambios dramáticos sucedidos en la economía
del mundo, especialmente los que se acontecen en el nuevo
milenio, las estrategias se orientan a la creación
de bloques económicos que permitan a los países
mayores oportunidades para sus economías, la consolidación
de un sistema capitalista central, de donde fluyan los capitales,
se libere el comercio, impere la economía de mercado
y se consoliden monopolios, todo asociado simultáneamente
en magnitudes no registradas en la historia económica
del mundo. Dentro de los elementos de análisis se incluye
uno de relativa novedad en los escenarios internacionales,
el desarrollo sostenible, que entra a jugar un papel protagónico
en los conflictos de intereses y de saberes regionales y colectivos
en el mundo contemporáneo.
En todos los medios periodísticos se habla sobre las
negociaciones internacionales de comercio, especialmente la
que tienen que ver con América Latina, en el fallido
intento estadoudinense de Área de Libre Comercio de
las Américas (ALCA) y el agitado discurso por parte
de los involucrados en las negociaciones bilaterales o multilaterales,
tomando por separado a uno o a un pequeño grupo de
países del hemisferio, para negociar con los Estados
Unidos. ¿Cuáles serán las condiciones
de comercio que mayoritariamente determinen la oferta de nuestros
productos primarios, estructurando una arquitectura de negociación
con intereses, condiciones y reglas de comercio que no necesariamente
sean la mejor opción de integración para América
Latina en estos momentos? La rigidez de Estados Unidos en
sus barreras arancelarias y no arancelarias y la asignación
de subsidios, no pueden ni deben ser interpretados como liberalización
del comercio bilateral, sino como una ampliación del
comercio y la oportunidad de penetrar más fácilmente
mercados de una proximidad geográfica favorable.
Se presentan a consideración dos elementos centrales
de análisis: la deuda externa como participación
interesante del escenario internacional hacia cada país,
como una oportunidad e intervencionismo internacional al interior
de las economías y el problema de la negociación
en la agricultura, teniendo en cuenta las condiciones de producción
y comercio de los países que intervienen en el tratado.
Estos aspectos son vistos con el lente de la sostenibilidad
y con los recursos analíticos que ella ofrece.
1. EL
PAPEL DEL DESARROLLO SOSTENIBLE EN LA LIBERALIZACIÓN
COMERCIAL VIA TRATADO DE LIBRE COMERCIO
En la evolución de la economía de mercado y
el flujo de capitales a través de las economías,
se generan otros paradigmas, especialmente cuando se crea
una nueva oferta y demanda de bienes y servicios que son ambientales.
Bajo estas condiciones hay que hacer claridad sobre algunos
interrogantes que vale reflexionar en estos momentos. ¿Qué
papel juega el desarrollo sostenible y qué incidencia
tiene este elemento económico y social en las actuales
condiciones de transnacionalización y mundialización
de la economía latinoamericana? Poco se ha debatido
y ventilado públicamente sobre elementos jurídicos
internacionales de gran relevancia como la propiedad intelectual,
los bienes agrícolas dumping, las licencias de uso,
los transgénicos, los Adpics, la biopiratería,
los subsidios, las reglas de origen, el biocomercio, entre
otros.
Los cuestionamientos en este escenario son la relación
con la sostenibilidad del modelo latinoamericano y por qué
es importante abordar cada uno de ellos. Antes de encaminarnos
a un unimercado estadoudinense, con pocas opciones de crecimiento
y desarrollo real en lo relacionado con la oferta de bienes
primarios (que hasta el momento tienen la mayor participación
en la balanza comercial de los países latinoamericanos)
es necesario ver como afecta la aplicación de principios
jurídicos que otorgan privilegios en el mercado, como
la propiedad intelectual y las patentes, que permiten a aquellos
que tienen la oportunidad de avanzar en la investigación
científica y en el mejoramiento de técnicas
y procedimientos en los diferentes campos de la ciencia, un
derecho económico transable y negociable que tendrá
su mejor desarrollo en espacios de negociación como
los actuales. Desde las negociaciones de la Ronda Uruguay
del Gatt, en el artículo 27 ya quedaba explícita
la obligación de todos los estados miembros de conferir
protección por medio de patentes en todos los campos
de la tecnología sin discriminación alguna.
Sin embargo los miembros podrán excluir la patente
de las invenciones cuya explotación comercial en su
territorio este relacionada con la salud de las personas o
los daños al ambiente en varios países, instrumentos
que no quedan claramente definidos en las negociaciones del
tratado de libre comercio.
Estos y algunos otros elementos son la oportunidad o el fracaso
de las economías de América Latina, cuando se
incrementa la demanda mundial de bienes naturales (especialmente
la de combustibles fósiles) y de algunos servicios
(captación de Co2, el de órganos y tejidos animales
y humanos) que en la actualidad son una mercancía adicional,
con mercado real y potencial. Por otro lado, no sólo
contamos con el pulmón del mundo como es la selva del
amazonas, sino con la ecoregión más extensa
y que contiene la mayor biodiversidad y recursos hídricos
del planeta.
Si se hace válido el principio de las ventajas comparativas,
sería la oportunidad de asignar, de ser posible, un
valor real al capital natural, que por fortuna nos pertenece
y que presenta una gran vulnerabilidad si no se hacen precisiones
y exactitudes sobre cómo afectaría la puesta
en marcha de un tratado de libre comercio a nuestro ecosistema
general. No queda claro quién patentará nuestra
biodiversidad, cuánto cuestan los bienes o servicios
ambientales, cuánto se pueden llegar a degradar nuestros
suelos, si es conveniente continuar con un modelo agropecuario
que intensifica su producción con miras a un incremento
en el volumen de oferta internacional y que disminuye su valor
en términos reales en registros monetarios. Debería
saberse si, en conjunto, estas condiciones de economía
y de comercio permiten aproximarnos a un modelo sostenible
o existen alternativas serias para pensar en otras opciones
de economía que faciliten la construcción hacia
un futuro sostenible para América Latina. Las alternativas
actuales no presentan claridad en ninguna de las dos opciones.
2. LA
DEUDA EXTERNA COMO INSTRUMENTO DE LA SOSTENIBILIDAD
El modelo cepalino y su incremento insostenido en el gasto
público, permitió que América Latina,
elevara sus niveles de deuda pública a valores impagables,
como se pudo evidenciar desde los años 80. A esto se
suman situaciones como las que se pueden evidenciar en el
siguiente ejemplo: el departamento del tesoro de Estados Unidos,
informó en el 2004, que Colombia fue elegida dentro
de un programa bajo su Ley de Conservación de Bosques
Tropicales de 1998. Mediante ese programa bajo un mecanismo
de canje de deuda externa por protección de biodiversidad
y bosques tropicales, ese país podría tener
un beneficio en la construcción de un modelo de desarrollo
sostenible. Según la intención y la estructura
jurídica estadoudinense, el gobierno podrá autorizar
operaciones de intercambio de deuda pública a países
en desarrollo, siempre y cuando tengan por objeto reducir
el valor de la deuda, mejorar su perfil o incentivar proyectos
de interés social o de inversión en sectores
prioritarios, sin que tales operaciones constituyan un nuevo
financiamiento y por tanto no se afecta su cupo de endeudamiento.
Colombia se compromete a realizar pagos bajo el canje de deuda
externa por naturaleza por un monto total de U$10.045.147
(resolución 778 del Ministerio de hacienda y crédito
público de Colombia de 29 de marzo 2004). Si se considera
que el monto del servicio de la deuda colombiana, según
informe del emisor para el 2004 ascendió a 24.139 millones
de dólares, esto representa tan solo el 0.041% del
valor total de la deuda pública del país. Cabe
entonces preguntarse si es verdaderamente un aporte y un apoyo
hacia la sostenibilidad del sistema. Ademas falta ver cuál
será el resultado de la ejecución y el beneficio
de la inversión de estos aportes en la recuperación
y preservación de nuestros espacios forestales. De
conformidad con el fondo para la acción ambiental y
la niñez, ese país presenta un listado de proyectos
en ejecución y en proceso de aprobación que
comprometen la producción agrícola, la educación
ambiental, el uso sostenido de reservas forestales, entre
otros.
Las proporciones de la participación del PIB en deuda
externa en América Latina son totalmente preocupantes.
Casi la totalidad de estos países afrontan compromisos
con el sistema financiero internacional, riguroso en los cálculos
de los pasivos y en los intereses, que en ocasiones ni siquiera
se pueden cubrir anualmente por los deudores. Es conveniente
detenernos a reflexionar si en la actualidad no se vive una
relación de interdependencia que une nuestras historias
norte sur, con la oferta por mucho tiempo de productos principalmente
agrarios, pagados a un valor inferior del de su costo real
y la colonización del material genético que
tienen nuestras selvas por parte de los paises centrales.
Agreguese el dominio de las condiciones desiguales a las cuales
nos debemos enfrentar en el comercio internacional, que cada
día incluye nuevas condiciones y cláusulas jurídicas,
a las cuales nos debemos acomodar sin recibir realmente nada
a cambio y que adicionalmente no equilibran los montos desembolsados
por financiamiento externo y los pagos hechos a los intereses
de esas mismas obligaciones financieras.
"Si calculamos solamente cuánto hemos cubierto
en exceso de intereses, cuánto además la banca
internacional decidió unilateralmente en 1982 subirlos
del 6 al 20%, es posible demostrar que la deuda está
pagada y en exceso. Para obtener estos fondos y enviarlos
como pago de la deuda externa, nuestros países se ven
obligados a exportar cada vez más, en condiciones de
poca equidad comercial y lo que es más grave a cualquier
costo" 1
Es apropiado desde este punto de vista afirmar que, aunque
Estados Unidos incluya a algun país en particular,
en este tipo de ayuda no reembolsable, la deuda externa de
América Latina es uno de los principales obstáculos
para poder desarrollar un modelo sostenido consistente o un
reajuste de sus modos y formas de producción, que lo
aproximen a un cambio real en el interior de sus economías
con miras a una producción limpia y un uso adecuado
de su capital natural, buscando opciones de sostenibilidad
endógenas o acoplando otras de experiencias foráneas
aplicables a nuestro propio modelo. La dificultad estriba
en como conseguir ese modelo, cuando estos mismos países
periféricos deben enfrentar simultáneamente
otros conflictos de gran envergadura como la violencia y el
desplazamiento de sus ciudadanos, el desempleo, la corrupción
y un descenso de sus condiciones en su calidad de vida.
Otro elemento que preocupa, es la eficacia de estos programas
financieros de ayuda internacional ya que no comprometen a
quien gira, sino a quien invierte. Esto tiene que ver con
el concepto real de sostenibilidad. Cabe preguntarse si América
Latina está preparada para afrontar las reales dimensiones
y los compromisos que ha pactado principalmente en la cumbre
de Río y en las cumbres, protocolos y acuerdos internacionales
posteriores, que comprometen el ambiente y la biodiversidad.
"Existe incapacidad de satisfacer las necesidades de
las generaciones actuales, entonces ¿cómo puede
pensarse en las necesidades de las generaciones futuras? América
Latina enfrenta serios problemas para suplir sus necesidades
básicas de una parte considerable de su población,
las políticas de redistribución del ingreso
y el manejo de subsidios no alcanzan a cubrir a la población
afectada y en algunas ocasiones se utilizan mecanismos ineficaces
para estos propósitos"2
La inversión ambiental por su connotación sostenida,
no tendrá resultados efectivos sino pasados algunos
años; su eficacia se podrá medir a través
de su capacidad de preservación en su conjunto; además,
falta ver cómo la sociedad dará respuesta a
sus necesidades generación por generación. Falta
ver cuánto agregan a la calidad de vida de la población
estas medidas y cómo se transforma el concepto de bienestar
y de desarrollo con nuevas necesidades y requerimientos, dados
principalmente por el fenómeno mundializado y los cambios
abruptos derivados de la situación en general, en escenarios
de economía abierta totalmente matriculados con la
globalización. Adicionalmente, los recursos que se
pueden captar (como ayuda internacional y participación
del gasto público para estos fines y conexos como la
investigación y estímulos tributarios) son escasos
y de manera opuesta. Las áreas y sectores que necesitan
inversión son cada vez mayores.
"Es notable que la asignación de recursos financieros
con destino a los compromisos de la cumbre de Río no
son los que se esperaban. En la Agenda 21, los países
industrializados prometieron aumentar sus contribuciones anuales
de asistencia extranjera al 0.7% del PNB. En su lugar los
niveles de ayuda total han descendido desde Río y ahora
promedian solo el 0.3% del PNB. La caída más
dramática la tienen los Estados Unidos, donde la asistencia
al exterior ha descendido de 11.700 millones de dólares
en 1992 a 7.300 millones de dólares en 1995" 3
Si verdaderamente existiera un compromiso real de los países
desarrollados hacia los países en vía de desarrollo,
como se ha pretendido ver en todos los escenarios internacionales,
para la preservación ambiental y la sostenibilidad
del planeta y la capacidad misma de los países centrales
de poder dar las pautas a esta gran reto, ¿por qué
existe tanta limitación al momento de presentar resultados
efectivos? Para citar un ejemplo se tiene el caso de los Estados
Unidos en la reducción de los gases efecto invernadero
y su resistencia a ratificar el protocolo de Kioto.
3. EL
TEMA AGRARIO EN EL COMERCIO INTERNACIONAL
Existe una relación directa entre ambiente o capital
natural y agricultura, especialmente cuando se trata de las
economías pobres de América Latina, que tienen
en su producción nacional una alta participación
del sector. La economía campesina y la agroindustria
difícilmente se puedan integrar en un mercado abierto.
No es raro encontrar una gran dependencia en la producción
de parcela, con una baja elasticidad de los bienes agrícolas,
como componente de la producción de casi todo Centro
y Sudamérica. La producción a escala y la industria
del sector agrícola corresponde por la evolución
del capitalismo, a los países centrales, por la especialización
en los factores de producción y por la continuada renovación
y reposición tecnológica que los caracterizan,
representan seriamente una oferta de producción alimenticia
para el mundo. Que cada país produzca de la mejor manera
posible, intentando combinar óptimamente sus factores
productivos, no tiene discusión, pero que las diferentes
formas y modos de producción agropecuaria del centro
y la periferia, se enfrenten en un mercado no equitativo y
con competencias marcadas que aventajan a algunos, es la base
del análisis (incluyendo temas como el beneficio o
el perjuicio) del comercio de las economías de América
Latina frente a la de Estados Unidos.
Alimentos como el arroz, el maíz y la soja que históricamente
han sido producidos por los países de América
Latina, han tenido modificaciones sustanciales al haberse
instrumentado algunos elementos seriamente distorsionadores
del mercado como los aranceles, los subsidios, los agroquímicos
y los transgénicos entre otros.
Los cambios en el ecosistema mundial, principalmente los sucedidos
en los países en vía de desarrollo de América
Latina, tienen serios compromisos con la subsistencia de su
población, especialmente del campesinado, que deriva
del sustento de la autoproducción y lo asocia a su
pobreza y crecimiento poblacional. En este sentido la FAO
afirma que "en cerca de 40 países en desarrollo,
con una población total de dos mil millones de personas,
incluyendo 450 millones de personas desnutridas, las pérdidas
de producción agrícola por los efectos del cambio
climático pueden incrementar en forma dramática
el número de víctimas del hambre, comprometiendo
severamente los logros alcanzados en la lucha contra la desnutrición
y la inseguridad alimentaria".
La oferta de productos primarios tiene para los países
pobres unos fuertes competidores, los países centrales,
quienes a través de mecanismos de asignación
de subsidios y estímulos a sus productores, dejan sin
oportunidad al resto de países de beneficios en una
economía globalizada. No se puede afirmar que la globalización
traerá beneficios al mundo en su conjunto, sólo
es un momento serio y dominante de la historia económica
y social de la humanidad pero cabe preguntarse ¿hasta
cuándo durará un modelo con implicaciones mundiales
cuestionado en su sostenibilidad?
El soporte de la fluidez de capitales en el escenario internacional,
la eficiencia en la producción, un dominante incremento
en el valor agregado, una nueva combinación en los
factores de producción y una marcada arquitectura jurídica
internacional orientada hacia la legalización de nuevos
dominios y productos en servicios y bienes patentados y con
derechos de autor que garantizan un incremento de la riqueza
y estímulo a la propiedad intelectual, se convierten
en características serias de la economía en
el siglo XXI.
¿Cómo y para quién producen los agricultores
de los países en vía de desarrollo?, ¿es
bueno invertir en el agro en estas condiciones?, ¿son
eficaces las reformas agrarias y la reasignación de
tierras?, ¿vale la pena un ordenamiento territorial,
con miras a una producción agraria sostenible?, ¿es
una alternativa el campo? La población rural cada día
migra con mayor rapidez a las urbes aumentando los conflictos
de oferta de mano de obra no calificada y las necesidades
crecientes de subsidios en vivienda, salud y educación.
Son demasiados interrogantes para poder responder en un escenario
previo a la creación de acuerdos bilaterales como el
tratado de libre comercio con Estados Unidos. ¿han
sido examinados en profundidad por los gobernantes locales
antes de llegar a las mesas de negociación?. ¿Se
podrá disponer de un Estado favorable que compense
los desastres que pueden llegar a suceder cuando los errores
en la ejecución de unos acuerdos internacionales carentes
de equidad y cooperación internacional sean nuestra
realidad?. Si las respuestas no pueden ser positivas, ¿qué
va a ser de toda la población en su conjunto, si se
llegan a presentar descensos en el ingreso per cápita
y un incremento en los niveles de pobreza, cómo se
comportará nuestra demanda interna, existirán
nuevos instrumentos económicos que compensen estos
daños, nos afrontaremos a un caos interregional asociado
a conflictos en la democracia y pérdida de identidad?
pero lo más complicado de afrontar ¿se puede
hablar de un modelo de desarrollo sostenible para América
Latina?
Referencias
1 DONOSO, Adam. Ecoligical Debit: South tells Nort. Acción
Ecológica. 2000.
2 NEIRA, juan. (2001), Desarrollo Sostenible. Icba. primera
edición. Tunja.
3 DELGADO, Carlos. (1999) Cuba Verde. Editorial José
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