Me resulta de sumo interés
el tema de las "antenas peligrosas". Coincido totalmente en
cuanto a la necesidad de difundir información cierta,
imparcial y que se pueda comprobar, porque se trata de temas
de salud pública, que pueden llevar temor a la población.
Lamentablemente, cierta información
no parece cumplir con ninguno de esos tres requisitos. La
calificación de "imparcial" resulta graciosa para referirse
a sitios de Internet cuya parcialidad ya está escrita
en sus nombres (por ejemplo, "antenaspeligrosas"). La información
"cierta", o por lo menos con grados razonables de certeza,
sólo puede obtenerse de estudios publicados en revistas
científicas de prestigio internacional, que aplican
una serie de pruebas y controles para asegurar, dentro de
lo humanamente posible, que han sido realizados con imparcialidad
y que cumplen rigurosas normas metodológicas. Para
tranquilidad de los lectores, que en gran parte son usuarios
de teléfonos celulares, no existe hasta hoy en la literatura
médica internacional ningún estudio en seres
humanos que haya demostrado que este tipo de emisiones de
radio sean peligrosas para la salud.
La afirmación de que hay
muchos estudios que han constatado los daños a la salud
me deja con la intriga, porque no he encontrado esos estudios
en las publicaciones médicas internacionales ni en
los sitios de Internet que muchas veces se propone. La información
que se brinda en esos sitios es en la mayoría de los
casos de carácter subjetivo o basada en testimonios
individuales, junto con recomendaciones generales de límites
de emisión en distintos países. Las opiniones
personales pueden ser muy valoradas pero no tienen por sí
solas validez científica y los límites de emisión
son sólo eso, límites (fijados por organismos
técnicos o burocráticos en distintos lugares
del mundo) y tampoco constituyen demostración alguna.
Si se quiere obtener información
seria sobre el tema se puede recurrir a los últimos
trabajos científicos publicados, entre los cuales podemos
citar "Cellular-telephone use and brain tumors" de la edición
del 11 de enero de 2001 de la revista New England Journal
of Medicine (volumen 344, número 2, páginas
79 a 86) en el que se concluye que no existe ninguna evidencia
de que el uso continuado de estos aparatos aumente el riesgo
de tumores cerebrales, y "Epidemiological evidence on health
risks of cellular telephones" de la edición del 25
de noviembre de 2000 de la revista The Lancet (volumen 356,
páginas 1837 a 1840), en el que tampoco se encuentran
evidencias de daños a la salud de ningún tipo.
Cabe aclarar que las dos revistas citadas se encuentran entre
las de mayor prestigio científico del mundo.
Un detalle que sí debería
llamarnos la atención es el gran aumento de los accidentes
de tránsito por el uso del teléfono celular
en el automóvil. Contrariamente a lo que se piensa,
estos accidentes no se solucionan con un teléfono de
"manos libres", porque el problema es la desconcentración
que puede producir el llamado telefónico y el consiguiente
aumento de los errores de manejo, aun después de haber
cortado la comunicación. Este efecto de los teléfonos
celulares es mucho más grave y cierto que el infundado
temor a las ondas de radio (para ampliar este punto puede
recurrirse a "Association between cellular telephone calls
and motor vehicle collisions", publicado en New England Journal
of Medicine, 1997; 336:453-458.
En conclusión, el miedo
a las ondas de radio se inscribe en lo que se ha dado en llamar
"leyendas urbanas", creencias que se transmiten de boca en
boca (o a través de Internet), en su mayoría
totalmente falsas, y que suelen tener como blanco predilecto
los temas médicos o de salud pública. Información
adicional sobre este tema se puede encontrar en www.delgaleno.com
(en el artículo "El aspartamo tóxico, las agujas
contaminadas con HIV y otras leyendas urbanas") o en inglés
en www.urbanlegends.com,
donde hay una interesante recopilación.
Nota: aclaro –por las dudas-
que no tengo ninguna vinculación con empresas de telefonía
celular. Mi interés en el tema proviene de mis profesiones
de médico y analista de sistemas, que me lleva a estudiar
con más interés los temas en donde confluyen,
aunque sea parcialmente, ambas profesiones.
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