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SITUACION AMBIENTAL INTERNACIONAL Cambio
climático - Grupo
intergubernamental de expertos sobre el cambio climático |
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IMPACTOS REGIONALES DEL CAMBIO CLIMÁTICO:
EVALUACIÓN DE LA VULNERABILIDAD
Índice |
LA OPINION DE DSOSTENIBLE NO NECESARIAMENTE COINCIDE CON LA OPINION DE LOS COUMNISTAS. A RAIZ DE CUALQUIER NOTA PUBLICADA EN ESTA PAGINA SE CONCEDERA DERECHO A REPLICA A QUIEN LO SOLICITE CON LA FINALIDAD DE MOSTRAR OTRO ENFOQUE SOBRE EL MISMO TEMA, ENRIQUECIENDO DE ESTA MANERA, LOS DEBATES QUE SE GENEREN.
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Prólogo El Grupo Intergubernamental
de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) fue creado conjuntamente
en 1988 por la Organización Meteorológica Mundial y por
el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, con la finalidad
de evaluar la bibliografía científica y técnica sobre
el cambio climático, los posibles impactos de un tal cambio y las
opciones de adaptación a él y de mitigación de sus
efectos. |
SITUACION AMBIENTAL INTERNACIONAL | ||||||
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Como es habitual en
el IPCC, la realización de este informe ha sido posible gracias
al entusiasmo y cooperación de numerosos científicos y de
otros expertos de todo el mundo. Para ello, estas personas han dedicado
generosamente su tiempo, a menudo más allá de lo razonablemente
exigible. A ellos aplaudimos, admiramos y damos las gracias por su dedicación
a las tareas del IPCC. Nos complace señalar los esfuerzos continuados
del IPCC para lograr la participación de científicos y otros
expertos de los países en desarrollo y de países con economías
de transición. Dada la orientación regional de este informe,
su participación ha sido especialmente importante para poder llevarlo
a término.
Prefacio El Grupo Intergubernamental
de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) ha producido una serie
de Informes de Evaluación, Informes Especiales, Documentos Técnicos
y metodologías. Como órgano intergubernamental, el IPCC
se atiene a unos procedimientos para la elaboración de este tipo
de documentos. El presente Informe Especial sobre los impactos regionales
del cambio climático fue solicitado por primera vez por el Órgano
subsidiario de asesoramiento científico y tecnológico (OSACT)
de la Conferencia de las Partes (CP) en la Convención Marco de
las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMCC/NU) como Documento
Técnico, lo cual constreñía a los autores a utilizar
únicamente material previamente existente en los Informes de Evaluación
e Informes Especiales del IPCC. Durante la preparación del trabajo,
los autores estimaron que el documento sería más completo,
más de actualidad y más representativo de las tendencias
y vulnerabilidades de la región si se incluía en él
nueva bibliografía aparecida desde la terminación del Segundo
Informe de Evaluación (SIE) del IPCC, y en particular los trabajos
realizados bajo los auspicios de varios "programas de estudios de
países". La incorporación de ese material en el informe
se habría apartado del procedimiento seguido por el IPCC en sus
documentos técnicos; por ello, en su duodécima Reunión
(Ciudad de México, 11-13 de septiembre de 1996), este Grupo decidió
reescribir dicho Documento Técnico como Informe Especial. Agradecimientos
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1.
Alcance de esta evaluación |
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3.
Modo de plantear la evaluación |
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4.1
Ecosistemas |
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4.2
Hidrología y recursos hídricos |
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4.3
Producción de alimentos y de fibras |
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4.4 Sistemas costeros Las zonas costeras se caracterizan por una rica diversidad de ecosistemas y por un gran número de actividades socioeconómicas. En muchos países, la población humana ha crecido dos veces más rápido en las costas que en el conjunto del país. Se estima actualmente que en torno a la mitad de la población mundial habita en zonas costeras, aunque hay grandes variaciones de un país a otro. Los cambios del clima afectarán a los sistemas costeros debido al aumento del nivel del mar, a un mayor riesgo de mareas de tempestad y a un posible cambio en la frecuencia y/o intensidad de los fenómenos extremos.Las costas de muchos países están ya hoy seriamente afectadas por un aumento del nivel del mar causado por hundimientos de origen tectónico y antropógeno. Unos 46 millones de personas al año están expuestos a inundaciones en la eventualidad de una marea de tempestad. El cambio climático acentuará estos problemas, posiblemente repercutiendo en los ecosistemas y en la infraestructura costera humana. Un gran número de personas podría resultar también afectado por un aumento del nivel del mar: así, por ejemplo, en ausencia de medidas de adaptación, un aumento de 1 m en el nivel del mar (la estimación más alta del Grupo de Trabajo I del IPCC para 2100) obligaría en Bangladesh a desplazarse a decenas de millones de personas. Dado que cada vez es mayor el número de megalópolis situadas en áreas costeras, este cambio podría afectar a una gran cantidad de infraestructura. Aunque para muchos países los costes anuales de protección son relativamente modestos (en torno a un 0.1% del PIB), el coste medio anual representaría para muchos pequeños países insulares varios puntos porcentuales de su PIB. Para algunos de ellos, el elevado coste de la protección frente a las mareas de tempestad haría ésta prácticamente inviable, especialmente si se tiene en cuenta la limitada disponibilidad de capital para inversiones. Las playas, dunas, estuarios y humedales costeros se adaptan de manera natural y dinámica a los cambios del viento y del mar, así como a los cambios del nivel del mar; en aquellas áreas en que la infraestructura no está muy desarrollada, sería posible planificar una retirada y adaptarse a los cambios. Sería también posible reconstruir o reubicar los bienes de capital cuando termine su período de vida útil. Pero en otras áreas la adaptación y la retirada planificada no son opciones viables, y será necesario instalar estructuras físicas (diques, malecones, muros de contención y barreras) y funcionales (enarenado de playas, restauración de dunas o creación de humedales) que sirvan de protección. Este tipo de realizaciones está limitado por factores tales como: insuficiencia de recursos financieros, capacidad institucional y tecnológica limitada, o carencia de personal adecuadamente formado. En la mayoría de las regiones, la gestión y la planificación de las costas no refleja la vulnerabilidad de los sistemas más importantes frente a los cambios del clima y del nivel del mar, ni los prolongados períodos de preparación necesarios para emprender muchas de las medidas de adaptación. Con políticas inapropiadas, se fomenta el desarrollo en áreas que podrían resultar afectadas. El aumento de la densidad de población en las zonas costeras, los largos períodos de preparación requeridos por muchas de las medidas de adaptación, y las limitaciones institucionales, financieras y tecnológicas (particularmente en muchos países en desarrollo) significan que los sistemas costeros deben ser considerados vulnerables a los cambios del clima. |
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4.5. Salud humana
En su conjunto, sin embargo, los impactos directos e indirectos del cambio climático sobre la salud humana entrañan efectivamente un riesgo para la salud de la población humana, especialmente en los países en desarrollo de las regiones tropicales y subtropicales; las posibilidades de que estos impactos acarreen cuantiosas muertes, afecten a las comunidades, encarezcan las prestaciones sanitarias e incrementen los días no trabajados es considerable. Las proyecciones de los modelos (basadas en la necesidad de simplificar los supuestos) indican que la zona geográfica de transmisión potencial de la malaria se extendería como consecuencia de un aumento de la temperatura media mundial para los valores altos de las proyecciones del IPCC (3-5ºC de aquí a 2100), con lo que la proporción de la población mundial afectada pasaría de 45% a 60% aproximadamente de aquí a mediados del próximo siglo. En aquellas áreas en que el paludismo es actualmente endémico, podría intensificarse la transmisión de esta enfermedad (del orden de 50 a 80 millones de casos más al año, frente a un total mundial estimado en 500 millones de casos). Las altas temperaturas y el mayor número de crecidas podrían potenciar también en cierta medida las enfermedades no transmitidas por vectores, como la salmonellosis, el cólera o la giardiasis. En aunque caso, es difícil cuantificar las proyecciones de los impactos sobre la salud, ya que la extensión de las afecciones causadas por el clima depende de otros factores, tales como migraciones, limpieza del medio ambiente urbano, mejor nutrición, mayor disponibilidad de agua potable o mejores condiciones sanitarias, así como del alcance de las medidas para combatir los vectores de enfermedades, de los cambios en la resistencia de los organismos vectores a los insecticidas, y de un más amplio acceso a servicios sanitarios. La salud humana es vulnerable a los cambios del clima, particularmente en las áreas urbanas, en que las posibilidades de acondicionar los espacios pueden ser limitadas, y en aquellas áreas en que pudiera aumentar la exposición a las enfermedades transmitidas por vectores y a las contagiosas, y en que los cuidados sanitarios y la prestación de servicios básicos (por ejemplo, de higiene) son deficientes. |
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5.
Adaptación anticipada en el contexto de las políticas y de
la situación actuales |
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6. La vulnerabilidad
al cambio climático mundial según las regiones El continente africano se caracteriza por diversos regímenes climáticos, siendo los más comunes los climas tropical húmedo y tropical seco, y la alternancia entre climas húmedos y secos. Numerosos países de ese continente son propensos a las sequías reiteradas; algunos episodios de sequía, particularmente en el sureste de África, están asociados al fenómeno ENOA. El deterioro de la actividad comercial, unas políticas inapropiadas, un fuerte crecimiento de la población y una escasez de inversiones, sumados a un clima extremadamente variable, han hecho difícil para algunos países desarrollar unas pautas de subsistencia que reduzcan la presión sobre los recursos naturales básicos. En el supuesto de que no se proporciones una financiación adecuada, África será el continente más vulnerable al impacto de los cambios proyectados, dado que la pobreza rampante limita la capacidad de adaptación. Ecosistemas: En el África actual, los bosques tropicales y los pastizales están amenazados por la presión demográfica y por los sistemas de utilización de las tierras. Algunos de los efectos visibles de estos factores son la pérdida de diversidad biológica, un rápido deterioro de la cubierta vegetal, y un agotamiento de los recursos hídricos debido a la destrucción de las cuencas de drenaje y acuíferos. Los cambios del clima interactuarán con estos cambios del medio ambiente, agravando las presiones sobre una situación ya en trance de deterioro. Un aumento sostenido de más de 1ºC en la temperatura ambiente media ocasionaría cambios importantes en la cubierta de bosques y de pastizales, en la distribución, composición y pautas migratorias de las especies, y en la distribución de bioma. En los desiertos, gran número de organismos están ya alcanzando sus límites de tolerancia, y algunos tal vez no lograrán seguir adaptándose si aumenta la temperatura. Son especialmente vulnerables las regiones áridas o semiáridas, y los pastizales del sur y este de África, así como otras tierras que actualmente corren peligro de degradarse y desertificarse. Si las lluvias aumentaran con arreglo a las proyecciones de algunos MCG en las altiplanicies de las regiones oriental y centroecuatorial de África, otras tierras marginales ganarían en productividad. Sin embargo, es probable que estos efectos queden contrarrestados por la presión demográfica en los bosques y praderas marginales. Algunas opciones de adaptación serían: el control de la desforestación, una mejor gestión de los pastizales, la ampliación de las áreas protegidas, y la gestión sostenible de los bosques. Hidrología y recursos hídricos: De los 19 países del mundo actualmente clasificados como afectados por la escasez de agua, hay un mayor número del continente africano que de ninguna otra región, y este número podría aumentar, independientemente del cambio climático, como consecuencia de la mayor demanda creada por el crecimiento de la población, de la degradación de las cuencas hídricas debida al cambio de utilización de las tierras, y del entarquinamiento de las cuencas fluviales. Una reducción de la precipitación prevista por ciertos MCG para el Sahel y el sur de África podría ser, si coincidiera con una fuerte variabilidad interanual, perjudicial para el balance hidrológico del continente, y perturbaría diversas actividades socioeconómicas dependientes del agua. Unas condiciones climáticas variables podrían dificultar la gestión de los recursos hídricos tanto en el interior de los países como entre unos y otros. Una disminución de los niveles de agua en los embalses y ríos podría afectar negativamente a la calidad del agua, ya que elevaría las concentraciones de agua de desecho y de efluentes industriales, favoreciendo con ello la aparición de enfermedades y reduciendo la calidad y cantidad de agua dulce disponible para usos domésticos. Algunas opciones de adaptación son: la recolecta de agua, la gestión de los aliviaderos de los embalses, y un uso más eficaz del agua. |
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Agricultura y seguridad de los alimentos: Excepto en los países exportadores de petróleo, la agricultura es la base de la economía en la mayoría Impactos regionales del cambio climático: evaluación de vulnerabilidad 6 de los países de África; representa un 20-30% del PIB en la región subsahariana, y un 55% del valor total de las importaciones del continente. En la mayor parte de África, la agricultura depende enteramente de la calidad de la estación de lluvias, lo que hace que ese continente sea especialmente vulnerable al cambio climático. Un aumento de las sequías podría afectar gravemente a la disponibilidad de alimentos, como ocurrió en el cuerno de África y en el sur del continente durante los años 80 y 90. Un aumento de las temperaturas medias mundiales en invierno perjudicaría también a la producción de trigo y fruta en esa estación, ya que necesitan de los fríos invernales. En el África subtropical, sin embargo, unos inviernos más templados reducirían la incidencia de las dañinas heladas, con lo cual los productos hortícolas sensibles a éstas podrían cultivarse a mayor altitud. La productividad de las pesquerías de agua dulce podría aumentar, aunque posiblemente variarían las proporciones de las distintas especies acuáticas. Los cambios en la dinámica de los océanos podrían alterar las pautas migratorias de los peces, y reducirían quizá también los lugares de aproximación a tierra, especialmente en las pesquerías artesanales costeras. Sistemas costeros: Diversas zonas costeras de África -muchas de las cuales están ya debilitadas por la presión demográfica y por los conflictos sobre el uso de las tierras- resultarían perjudicadas por el aumento del nivel del mar asociado al cambio climático. Los países costeros del África occidental y central (por ejemplo, Senegal, Gambia, Sierra Leona, Nigeria, Camerún, Gabón o Angola) poseen costas bajas lacustres susceptibles de erosión y amenazadas, consiguientemente, por el aumento del nivel del mar, particularmente si se tiene en cuenta que la mayoría de los países de aquel área tienen en sus costas grandes ciudades en rápida expansión. La costa occidental está frecuentemente azotada por mareas de tempestad, y está expuesta en la actualidad a riesgos de erosión, inundación y fenómenos tormentosos extremos. La zona costera del África oriental resultará también afectada, aunque el tiempo es en ella calmo durante buena parte del año. Sin embargo, el aumento del nivel del mar y la variación del clima podrían aminorar el efecto atenuador de los arrecifes de coral y de los bancos de arrecifes en esa costa, aumentando con ello el potencial de erosión. Varios estudios indican que se perderá una fracción considerable del delta del Nilo en su parte norte por el efecto conjunto de las inundaciones y erosiones, con la consiguiente pérdida de tierras agrícolas y de áreas urbanas. Aunque podrían adoptarse medidas de adaptación en las zonas costeras de África, para muchos países el costo sería muy elevado en proporción al PIB. Algunas de estas medidas podrían consistir en muros de contención, o en la reubicación de los asentamientos humanos vulnerables y de otros medios socioeconómicos. Asentamientos humanos, industria y transporte: Los desafíos más importantes a los que probablemente se enfrenten las poblaciones africanas estarán relacionados con situaciones climáticas extremas como, por ejemplo, las crecidas (y los deslizamientos de tierras que éstas originan en algunas áreas), vientos fuertes, sequías y olas de marea. Los habitantes de áreas marginales podrían verse obligados a migrar a áreas urbanas (en que la infraestructura está llegando a su límite por efecto de la presión demográfica) si las tierras marginales se vuelven menos productivas en unas condiciones climáticas diferentes. El cambio climático podría empeorar la actual tendencia al agotamiento de los recursos de energía de biomasa. La disminución de los cursos de agua podría reducir la producción de energía hidroeléctrica, influyendo negativamente en la productividad industrial y obligando a una costosa reubicación de algunas plantas industriales. El cambio de condiciones climáticas podría dificultar y encarecer la gestión de la contaminación, los saneamientos, la evacuación de desechos, el abastecimiento de agua y la salud pública, así como la creación de una infraestructura adecuada en las áreas urbanas. Salud humana: Es de temer que África resulte amenazada, principalmente, por un aumento de las enfermedades transmitidas por vectores y por una nutrición más deficiente. Un medio ambiente más cálido podría extender el alcance del paludismo; asimismo, la alteración de las pautas de temperatura y de lluvia podría aumentar la incidencia de la fiebre amarilla, el dengue, la oncocercasis y tripanosomiasis. Un aumento de la morbilidad y de la mortalidad en subregiones en que las enfermedades transmitidas por vectores aumenten por efecto del cambio climático tendría unas consecuencias económicas muy importantes. Habida cuenta del bajo nivel económico de la mayoría de los países africanos, será necesario un esfuerzo a nivel mundial para poder hacer frente a los posibles efectos sobre la salud. |
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Turismo, y fauna y flora silvestres: El turismo, una de las industrias más florecientes en África, está basado en la fauna y flora silvestres, en las reservas naturales, en los recursos costeros y en un abundante suministro de agua para fines recreativos. Las sequías y/o la reducción de precipitación que predicen las proyecciones para el Sahel y para el este y sur de África devastarían la flora y la fauna y restarían atractivo a algunas de las reservas naturales, disminuyendo con ello el rendimiento de las ingentes inversiones turísticas actuales. Conclusiones: El continente africano es particularmente vulnerable a los impactos del cambio climático, en razón de factores tales como la pobreza generalizada, la recurrencia de las sequías, la distribución desigual de las tierras y una dependencia excesiva de cultivos dependientes de la lluvia. Aunque en teoría existen opciones de adaptación, algunas de ellas basadas en estrategias tradicionalmente empleadas, en la práctica la capacidad económica necesaria para dar una respuesta a tiempo podría no estar al alcance de algunos países. |
SITUACION AMBIENTAL INTERNACIONAL | ||||||
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6.2 Regiones polares: el Ártico y el Antártico Las regiones polares combinan unos paisajes muy diversos, y el Ártico y el Antártico son muy diferentes entre sí. Definiremos aquí el Ártico como el área abarcada por el Círculo Polar Ártico, y el Antártico como la abarcada por la Convergencia Antártica, es decir, el continente Antártico, el Océano Sur y las islas subantárticas. El Ártico puede describirse como un océano helado rodeado de tierra, mientras que el Antártico es un continente helado rodeado por el océano. El calentamiento proyectado para las regiones polares es superior al de muchas otras regiones del mundo. Allí donde las temperaturas sean en promedio próximas al punto de congelación, el calentamiento mundial reducirá los hielos terrestres y marinos, contribuyendo en el primer caso al aumento del nivel del mar. Sin embargo, en el interior de los casquetes polares el aumento de temperatura podría no ser suficiente para causar deshielos de hielo y nieve, y tenderá a intensificar la acumulación de nieve. Ecosistemas: En el Ártico cabrá esperar importantes cambios físicos y ecológicos. Por efecto del calentamiento, áreas heladas cercanas al punto de congelación se fundirán y experimentarán cambios sustanciales. Se espera una pérdida considerable de hielo marino en el Océano Ártico. Con el calentamiento, se deshelarán grandes cantidades de permafrost, con lo que se modificarán los drenajes, aumentarán los hundimientos y se transformará el paisaje en extensas áreas. Aunque el calentamiento polar intensificará probablemente la producción biológica, la mixtura de especies podría cambiar, tanto en la tierra como en el mar. En la tierra habrá una tendencia al desplazamiento de biomasa importantes, como la tundra y los bosques boreales, y los animales que las habitan, afectando notablemente a especies tales como el oso y el caribú. Sin embargo, el Océano Ártico limitará geográficamente el movimiento hacia el norte.En el Antártico, los cambios que se esperan son mucho menores, pero podría producirse el desplazamiento de algunas especies. En el mar, los ecosistemas marinos se trasladarán hacia el polo. Los animales dependientes del hielo podrían encontrarse en desventaja en ambas áreas polares. Hidrología y recursos hídricos: El aumento de la temperatura deshelará el permafrost y fundirá una mayor cantidad de nieve y hielo. El volumen de agua corriente y detenida será mayor. Es probable que los sistemas de drenaje del Ártico cambien a escala local. Los hielos de ríos y lagos se romperán más pronto y se congelarán más tarde. Producción de alimentos y de fibras: Los climas rigurosos imponen unos límites muy estrictos a la agricultura. Muchos de esos límites subsistirán en el futuro, aunque en el norte la actividad agraria podría extenderse ligeramente hacia el Ártico. En términos generales, la productividad ecológica marina debería aumentar.El calentamiento debería incrementar las tasas de crecimiento y de desarrollo de los mamíferos; la radiación ultravioleta B (UV-B), sin embargo, sigue en aumento, lo cual podría perjudicar a la productividad básica y a la pesquera. Sistemas costeros: A medida que se produce el calentamiento, la cubierta de hielo del Ártico podría disminuir en grosor y en extensión. La navegación costera y fluvial aumentará, brindando nuevas oportunidades para el transporte de agua, el turismo y el comercio. El Océano Ártico se convertiría en una de las grandes rutas del comercio mundial. La disminución del hielo beneficiará a la producción de petróleo en el mar. Se espera una mayor erosión en las costas del Ártico, por efecto del aumento del nivel del mar, del deshielo de permafrost y de un mayor oleaje de mar abierto. Es probable una mayor fragmentación de las mesetas de hielo de la península antártica. En el resto del Antártico, se esperan pocos cambios en las costas y, probablemente, en sus extensas mesetas de hielo. Asentamientos humanos: Las comunidades humanas del Ártico se verán notablemente afectadas por los cambios físicos y ecológicos que predicen las proyecciones. Estos efectos serán particularmente importantes para los pueblos indígenas de costumbres tradicionales. Habrá nuevas oportunidades para la navegación, la industria petrolera y pesquera, la minería, el turismo y la migración de personas. Los cambios del hielo marino previstos en el Ártico tendrán implicaciones estratégicas importantes para el comercio, especialmente entre Asia y Europa. Conclusiones: La península antártica y el Ártico son muy vulnerables al cambio climático proyectado y a sus repercusiones. Aunque el número de personas directamente afectadas es relativamente pequeño, muchas comunidades nativas asistirán a cambios profundos que afectarán a sus costumbres tradicionales. Algunos de los efectos directos serían el desplazamiento de los ecosistemas, la pérdida de hielo de mares y ríos, y el deshielo de permafrost. Entre los indirectos, cabe señalar los efectos de retorno sobre el sistema climático, y en particular una mayor emisión de gases de efecto invernadero, cambios en las fuerzas que determinan la circulación de los océanos, y aumentos de las temperaturas, sumados a una mayor precipitación y a una pérdida de hielo, que podrían afectar al clima y al nivel del mar a nivel mundial. El interior de la región antártica es menos vulnerable al cambio climático, dado que los cambios de temperatura previstos para el siglo próximo tendrán probablemente un impacto escaso y afectarán a muy pocos individuos. No obstante, existe una considerable incertidumbre respecto del balance de masa de las láminas de hielo del Antártico y respecto del futuro comportamiento de la lámina de hielo del Antártico occidental (una baja probabilidad de desintegración durante el siglo próximo). Los cambios en cualquiera de ellas podrían afectar al nivel del hielo y a los climas del Hemisferio Sur. |
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6.3 El Asia occidental árida (Oriente Medio y Asia árida) Esta región abarca las áreas predominantemente áridas y semiáridas de Oriente Medio y de Asia central, y se extiende desde Turquía por el oeste hasta Kazajstán por el este, y desde Yemen por el sur hasta Kazajstán por el norte. La parte oriental de esta región contiene una gran extensión en que predominan las montañas. Ecosistemas: Las proyecciones de los modelos de vegetación arrojan escasos cambios para la mayoría de los tipos de flora árida o desértica por efecto del cambio climático: en otras palabras, la mayoría de los actuales desiertos lo seguirán siendo. Se esperan mayores cambios en la composición y distribución de los tipos de vegetación en áreas semiáridas (por ejemplo, praderas, pastizales y bosques).Se prevé un ligero aumento de la precipitación, que quedará sin embargo contrarrestado por una mayor temperatura y evaporación. Con el aumento de CO2, algunas plantas aprovecharán mejor el agua, lo cual podría mejorar la productividad y alterar la composición de los ecosistemas. Una gestión adecuada del uso de las tierras, y en particular la planificación urbana, podría atenuar las presiones que dan lugar a la degradación de las tierras. Las opciones de gestión como, por ejemplo, una ganadería mejor aprovechada y una mayor integración de los ecosistemas agrarios, podrían mejorar el estado de las tierras y contrarrestar las presiones debidas al cambio climático. Esta región es un refugio importante para las variedades silvestres de muchas especies de cultivo; con unas medidas de conservación adecuadas, podría seguir siendo una fuente de material genético de cara al clima futuro. Hidrología y recursos hídricos: Es poco probable que se atenúe, e incluso podría hacerse más acentuada, la escasez de agua, que constituye ya un problema para numerosos países de esa región árida. Los cambios en las prácticas de cultivo, y unas mejores prácticas de regadío, podrían mejorar considerablemente la eficacia de utilización del agua en algunos países.La fusión de los hielos aumentará, según las proyecciones, con el cambio climático, dando lugar, durante los próximos decenios, a un aumento del flujo de agua en algunos sistemas hídricos, que posteriormente disminuirá a medida que desaparezcan los glaciares. Producción de alimentos y de fibras: La degradación de la tierra y el carácter limitado de los recursos hídricos limitan actualmente la productividad agraria y amenazan la seguridad alimentaria en algunos países. Existen pocas proyecciones sobre los impactos del cambio climático en la producción de alimentos y fibras en esa región. Los impactos adversos que podrían afectar a la región se infieren de los resultados de ciertos estudios que estiman que la producción de trigo en Kazajstán y en Pakistán disminuirá para determinados escenarios de cambio climático. Estos estudios son, sin embargo, demasiado escasos para poder extraer conclusiones claras sobre la agricultura en el conjunto de la región. Muchas de las opciones disponibles para combatir los problemas actuales contribuirían a aminorar los impactos del cambio climático previstos. Al concentrarse en unas tierras mejor aprovechadas, la producción de alimentos podría tener una mayor fiabilidad y reducir los impactos negativos de los fenómenos climáticos extremos.Los países de la antigua Unión Soviética están experimentando importantes cambios económicos, particularmente en los sectores agrícola y de gestión. Esta transición brindará probablemente oportunidades para cambiar de tipos de cultivo e introducir un sistema de riego más eficaz, con lo que proporcionaría importantes opciones "de beneficio sin perjuicio" para la conservación de recursos, que compensarían los impactos proyectados del cambio climático. Salud humana: Los cambios del clima acentuarán probablemente los efectos del calor, que afectarán al nivel de bienestar de las personas y aumentarán la propagación de enfermedades transmitidas por vectores. La menor disponibilidad de agua y una menor producción de alimentos repercutirán indirectamente sobre la salud humana. Conclusiones: En esta región árida, el agua es un importante factor limitativo de los ecosistemas, de la producción de alimentos y fibras, de los asentamientos humanos y de la salud humana. Se prevé que el cambio climático altere el ciclo hidrológico, siendo improbable que reduzca las limitaciones impuestas por la escasez de agua en la región. Además, el cambio climático y las actividades humanas pueden alterar los niveles de los Mares Caspio y de Aral, influyendo así en los ecosistemas asociados, en la agricultura y en la salud humana en las áreas circundantes. Existen oportunidades "de beneficio sin perjuicio" que podrían reducir las presiones a que actualmente están sometidos los recursos y el bienestar de las personas de la región, y que podrían reducir la vulnerabilidad de éstos frente a los impactos adversos debidos al cambio climático. |
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6.4 Australasia Se entenderá por Australasia el conjunto formado por Australia, Nueva Zelandia y las islas adyacentes a éstas. Esta región abarca desde el trópico hasta las latitudes medias, y contiene una diversidad de ecosistemas y de climas, desde los desiertos interiores hasta los bosques pluviales de montaña. Su clima está fuertemente influenciado por el océano circundante y por el fenómeno ENOA. Ecosistemas: Algunos de los ecosistemas de la región parecen ser muy vulnerables al cambio climático, al menos a largo plazo, dado que es muy probable que sus suelos, sus plantas y sus ecosistemas experimenten alteraciones, y en razón del aumento de los incendios y de las plagas. Aunque muchas de las especies conseguirán adaptarse, es muy probable que en algunos casos disminuya la diversidad de las especies. Todos los cambios se producirán en un paisaje ya fragmentado por la agricultura y el desarrollo urbano, sumándose así a problemas existentes tales como la degradación de los suelos, las malas hierbas y las plagas. El impacto que sobre los ecosistemas acuáticos producirá el cambio en el flujo de los ríos, en la frecuencia de las crecidas y en la aportación de nutrientes y sedimentos será probablemente máximo en las partes más secas de la región. Los ecosistemas costeros son vulnerables a los impactos del aumento del nivel del mar y a los posibles cambios meteorológicos locales. Los arrecifes de coral tropicales, y en particular la Gran Barrera de arrecifes, podrían adaptarse al aumento del nivel del mar, pero serían vulnerables a la decoloración y muerte de corales que originaría un aumento de la temperatura del mar y otros factores perjudiciales. Algunas de las medidas que facilitarían la adaptación son: una mejor gestión de las praderas; plantación de especies vegetales junto a los cursos de agua; investigación, vigilancia continuada y predicción. Por lo general, no será posible una manipulación activa de las especies en unos ecosistemas tan extensos y tan escasamente gestionados. Hidrología y recursos hídricos: La vulnerabilidad es, en principio, potencialmente elevada. Una menor disponibilidad de agua, especialmente en las grandes extensiones de Australia propensas a la sequía, intensificaría la competencia entre distintos usos, y entre las necesidades de la agricultura y de los ecosistemas de tierras húmedas. Son también vulnerables los suministros de agua dulce en las islas bajas. Una mayor frecuencia de episodios de lluvia intensa podría potenciar la recarga de las aguas subterráneas y el llenado de los embalses, pero acentuaría también el impacto de las crecidas, de los deslizamientos de tierra y de la erosión, sometiendo las áreas urbanas propensas a la sequía a graves pérdidas económicas. Parece probable una disminución del manto de nieve y una menor duración de la estación de nieve, y es previsible que los glaciares de Nueva Zelandia se reduzcan todavía más. Existen algunas opciones de adaptación, pero su costo sería demasiado elevado. Producción de alimentos y de fibras: La vulnerabilidad parece ser escasa, al menos en los tres decenios próximos (la sensibilidad es potencialmente alta, y la adaptabilidad, también). La agricultura de la región es adaptable y, en algunos casos, la producción podría aumentar. A la larga, sin embargo, la vulnerabilidad podría tender a aumentar, especialmente en las partes de Australia más calurosas y con mayores limitaciones de agua, en que los aumentos iniciales en algunas cosechas decaerían posteriormente, al manifestarse de lleno los efectos retardados del cambio climático (por ejemplo, el cambio de las temperaturas y de las precipitaciones), que contrarrestarían los beneficios más inmediatos de un aumento en las concentraciones de CO2. Los impactos variarán considerablemente de un distrito a otro, y según el tipo de cultivo. Variarán el crecimiento y la calidad de los cultivos y de los pastos, y la idoneidad de los diferentes distritos para determinados cultivos; y, posiblemente, aumentarán los problemas derivados de las malas hierbas, de las plagas y de las enfermedades. El pastoreo de pradera y la agricultura de regadío se verán especialmente afectados cuando varíen las precipitaciones. Los cambios en la producción de alimentos de otros lugares del mundo, que afectarán a los precios, tendrán una seria repercusión económica en la región. En lo que se refiere a la silvicultura, el aumento de los períodos de maduración incrementaría el riesgo de pérdidas económicas a causa de fenómenos extremos, incendios o cambios localmente rápidos de las condiciones climáticas. Sistemas costeros: Ciertas partes de la costa de esa región, así como los asentamientos e infraestructura de las costas, en rápido crecimiento, son muy vulnerables a todo aumento de las crecidas y de la erosión en ellas por efecto del aumento del nivel del mar y de los cambios meteorológicos. Son especialmente vulnerables las comunidades costeras e indígenas del estrecho de Torres y de los territorios insulares de Nueva Zelandia en el Pacífico. Aunque existen numerosas opciones de adaptación, no son fáciles de poner en práctica en las islas bajas. Además, el cambio climático y el aumento del nivel del mar no tienen cabida adecuada en los actuales esquemas de planificación de la gestión de las costas. Asentamientos humanos: Además de los riesgos para la hidrología y para las costas, hay una vulnerabilidad moderada frente a los impactos que afecten a la calidad del agua, los desagües, la evacuación de desechos, la minería, el transporte, los seguros y el turismo. En conjunto, esos efectos serán probablemente pequeños en comparación con otras influencias económicas, pero aun así representan unos costos importantes para las grandes industrias. Salud humana: Parece existir un cierto grado de vulnerabilidad. Las comunidades indígenas y los menos favorecidos económicamente podrían hallarse más expuestos. Se espera un aumento de la mortalidad por efecto del calor, de las enfermedades transmitidas por vectores, como el dengue, y de las vinculadas al agua y a las aguas de desecho, y de los problemas respiratorios relacionados con la contaminación en las ciudades. Aunque pequeños en comparación con el conjunto de las afecciones, estos impactos podrían repercutir de manera considerable en las comunidades y en los costos. Conclusiones: La latitud relativamente baja de Australia hace que en este país sean especialmente vulnerables los escasos recursos hídricos y los cultivos que crecen a temperaturas óptimas o superiores, mientras que en Nueva Zelandia, situada en una latitud media y con un clima más fresco y húmedo, los efectos podrían ser ligeramente beneficiosos, gracias a la disponibilidad de los cultivos adecuados y a un posible aumento de la producción agrícola. Para ambos países, sin embargo, hay toda una diversidad de situaciones en que la vulnerabilidad se considera moderada o alta, y particularmente para los ecosistemas, la hidrología, las zonas costeras, los asentamientos humanos y la salud humana. |
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6.5 Europa Europa abarca la parte occidental del continente eurasiático. Su frontera oriental está delimitada por los Montes Urales, el río Ural y parte del Mar Caspio. La proximidad de la Corriente del Golfo, relativamente templada, además de una circulación atmosférica típica, contribuyen a la acentuada variabilidad espacial y temporal de la temperatura y de la precipitación en esa región. Al sur de la gran divisoria de los Alpes, el clima es de tipo mediterráneo. Ecosistemas: Los ecosistemas naturales se hallan por lo general fragmentados, alterados y confinados a suelos pobres. Esta situación los hace más sensibles al cambio climático. Las praderas mediterráneas y boreales podrían desplazarse en respuesta a un cambio en el volumen y distribución estacional de las precipitaciones. El límite septentrional de los bosques de la península fino-escandinava y del norte de Rusia invadirían probablemente regiones de tundra, reduciendo la extensión de éstas, de las ciénagas y del permafrost. La supervivencia de algunas especies y tipos de bosque podría verse amenazada si, como indican las proyecciones, el desplazamiento de las zonas climáticas es más rápido que la migración de aquéllas. Los ecosistemas y especies de gran altura son especialmente vulnerables, ya que no tienen a dónde migrar. Un aumento de la temperatura, sumado a una disminución de la humedad del suelo, reduciría considerablemente la formación de turba en la península finoescandinava y en las turberas del norte de Rusia. El deshielo de la capa de permafrost crearía extensiones de agua en algunas áreas e inundaría y fundiría los lagos en otras, alterando con ello los actuales tipos de ecosistemas de los humedales. Aunque la diversidad de especies de agua dulce podría aumentar en un clima más cálido, particularmente en las latitudes media y alta, la diversidad de especies podría disminuir inicialmente en las regiones templadas y boreales. Los ecosistemas del sur de Europa se verían amenazados por una disminución de la precipitación y por el consiguiente agravamiento de la escasez de agua. Hidrología y recursos hídricos: En el curso de este siglo, la mayor parte de Europa ha experimentado aumentos de temperatura superiores al promedio mundial, una mayor precipitación en la mitad norte, y una disminución de ésta en la mitad sur de la región. Las proyecciones del clima futuro indican, excluyendo el efecto de los aerosoles, que la precipitación podría aumentar en las latitudes altas de Europa, con resultados diversos en el resto. Las incertidumbres actuales respecto de la precipitación futura aumentarán en general si se incluye el efecto de los aerosoles. El suministro de agua podría resultar afectado si aumentan las crecidas en el norte y noroeste de Europa, y las sequías en el sur del continente. Muchas llanuras inundables de la Europa occidental se hallan ya superpobladas, lo que hace difícil mejorar la protección contra las crecidas. La contaminación es un problema importante en muchos ríos; un clima más templado podría empeorar la calidad del agua, particularmente si se produce también una disminución de la escorrentía. Unos veranos más cálidos harían aumentar la demanda de agua, si bien la mayor demanda de agua de riego quedaría compensada, en parte al menos, para muchos cultivos, por una mayor eficacia en la utilización del agua asociada a la fertilización por CO2. Los cambios previstos en relación con la nieve y el hielo tendrán un fuerte impacto en las corrientes y ríos de Europa. Hasta un 95% de la masa glaciar alpina podría desaparecer de aquí a 2100, lo cual influiría en el régimen de flujo hídrico, afectando, por ejemplo, al abastecimiento de agua en los veranos, a la navegación y a la energía hidroeléctrica. En algunas áreas, también el turismo de invierno podría resultar afectado negativamente. La gestión del agua está determinada en parte por la legislación y cooperación entre entidades estatales, en el ámbito de cada país y a nivel internacional; un cambio en el suministro y en la demanda de agua obligaría a reconsiderar las disposiciones actualmente existentes, tanto en materia jurídica como de cooperación. Producción de alimentos y de fibras: En un clima más templado, el riesgo de heladas sería menor, lo que permitiría extender hacia el sur de la península fino-escandinava y el oeste de Rusia los cultivos de cereales de invierno y otros. Se espera que aumente el rendimiento potencial de los cultivos de invierno, especialmente en la Europa central y meridional, suponiendo que la precipitación o el riego no impongan limitaciones, y que la eficacia en la utilización del agua aumente con la concentración de CO2 en la atmósfera. Una subida de las temperaturas primaverales ampliaría las zonas aptas para la mayoría de los cultivos de verano. En la Europa central y oriental el rendimiento de los cultivos podría aumentar, aunque en la parte occidental tal vez disminuya. Una menor precipitación en el sur de Europa reduciría el rendimiento de los cultivos y haría que el agua de riego compitiera aún más con la destinada a usos domésticos e industriales. Además del rendimiento de los cultivos, la adaptación de los agricultores, la política agrícola y los mercados mundiales constituyen factores importantes del impacto económico que producirá el cambio climático sobre el sector agrícola. Sistemas costeros: Las zonas costeras son importantes desde el punto de vista ecológico y económico. Los asentamientos y la actividad económica la han reducido la resistencia y adaptabilidad de los sistemas costeros a la variabilidad y al cambio del clima, así como al aumento del nivel del mar. Algunas áreas costeras se hallan ya bajo el nivel medio del mar, y muchas otras son vulnerables a las mareas de tempestad. Las áreas más expuestas son las costas de Holanda, Alemania, Ucrania y Rusia, algunos deltas del Mediterráneo, y las zonas costeras del Báltico. Los planificadores de las costas tendrán que hacer frente también a mareas de tempestad y cambios de la precipitación y de la velocidad y dirección del viento. Aunque en general será posible hacer frente a fuertes impactos económicos y sociales con un nivel de inversiones relativamente bajo, no ocurre lo mismo en las áreas urbanas de niveles bajos que son vulnerables a las mareas de tempestad, ni con los ecosistemas -particularmente los humedales costeros- que podrían resultar aún más dañados con las medidas de protección. Asentamientos humanos: Se producirá un cambio en la oferta y en la demanda de agua para refrigeración. La demanda de energía podría aumentar en verano (refrigeración) y disminuir en invierno (calefacción), y habrá un cambio en los valores máximos de la demanda de energía. Será necesario adaptar la infraestructura, los edificios y las ciudades previstos para temperaturas más bajas, y especialmente frente a las olas de calor, de forma que mantengan su funcionalidad actual. En aquellas áreas en que la precipitación aumente o se intensifique, habrá un mayor riesgo de deslizamientos de tierra y de crecidas de los ríos. Salud humana: Con el calentamiento mundial, habrá un mayor número de muertes a causa del calor, exacerbado por el empeoramiento de la calidad del aire en las ciudades; disminuirán, en cambio, los fallecimientos a causa del frío. Las enfermedades transmitidas por vectores se extenderán aún más. Estos impactos podrán atenuarse considerablemente adoptando medidas de atención sanitaria. Conclusiones: Aunque en muchas partes de Europa la capacidad de adaptación de los sistemas gestionados es relativamente sólida, serán previsibles otros impactos de gran magnitud como consecuencia del cambio climático. Los principales efectos se manifestarán probablemente en un cambio de la frecuencia de los fenómenos extremos y de la precipitación, que causará más sequías en algunas áreas y más crecidas fluviales en otras. Los efectos se harán sentir principalmente en la agricultura y en otras actividades que dependen del agua. Según las proyecciones, los bosques boreales y las áreas de permafrost experimentarán cambios importantes. Los ecosistemas son especialmente vulnerables, debido a la rapidez prevista del cambio climático y a las dificultades para la migración. |
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6.6 América Latina La América Latina abarca todos los países continentales al sur de Estados Unidos, desde México hasta Chile y Argentina, así como los mares adyacentes. Es una región muy heterogénea en términos de clima, ecosistemas, distribución de la población humana y tradiciones culturales. Algunos de los países de América Latina, especialmente los del istmo de América Central, más Ecuador, Brasil, Perú, Bolivia, Chile y Argentina, se ven muy afectados por las consecuencias socioeconómicas de la variabilidad del clima a escala entre estacional e interanual, y particularmente por el fenómeno El Niño Oscilación Austral (ENOA). La mayoría de la producción está basada en los extensos ecosistemas naturales de la región, y el impacto de la actual variabilidad del clima sobre los recursos naturales sugiere que la repercusión de los cambios climáticos previstos podría ser suficientemente importante para ser tenida en cuenta en las iniciativas de planificación nacionales y regionales. La utilización de las tierras es actualmente una de las causas más importantes del cambio que están experimentando los ecosistemas, mediante sus complejas interacciones con el clima. Este factor hace muy difícil encontrar pautas comunes en cuanto a la vulnerabilidad al cambio climático. Ecosistemas: Se espera que el cambio climático afecte a grandes extensiones de bosques y pastizales; los ecosistemas de montaña y las zonas de transición entre distintos tipos de vegetación serán especialmente vulnerables. El cambio climático podría agravar los efectos adversos de la continuada desforestación de los bosques pluviales de la Amazonia. Este impacto podría ocasionar una pérdida de diversidad biológica, y reduciría las lluvias y la escorrentía tanto en el interior como en el exterior de la cuenca del Amazonas (al haber un menor reciclado de la precipitación por evapotranspiración), afectando al ciclo del carbono mundial. Hidrología y recursos hídricos: El cambio climático podría afectar de manera notable al ciclo hidrológico, alterando la intensidad y la distribución temporal y espacial de la precipitación, de la escorrentía de superficie y de la recarga de agua, produciendo impactos diversos sobre diferentes ecosistemas naturales y actividades humanas. Las áreas áridas y semiáridas serán particularmente vulnerables a un cambio en la disponibilidad de agua. La generación de energía hidroeléctrica y la producción de cereales y ganado serán especialmente vulnerables al cambio en el suministro de agua, particularmente en Costa Rica, Panamá y el piedmont de los Andes, así como en áreas adyacentes de Chile y del occidente de Argentina, entre los 25ºS y los 37ºS. Los impactos sobre los recursos de agua podrían ser suficientes para provocar conflictos entre usuarios, regiones y países. Producción de alimentos y de fibras: Se prevé una disminución de la producción agrícola -incluso tomando en cuenta los efectos positivos del aumento de CO2 sobre el crecimiento de los cultivos y un cierto grado de adaptación de las explotaciones agrarias- para varios tipos de cultivos de México, países del istmo de América Central, Brasil, Chile,Argentina y Uruguay. Además, la producción pecuaria menguará si las praderas de las regiones templadas se ven afectadas por una disminución sustancial de la disponibilidad de agua. Los fenómenos extremos (por ejemplo, crecidas, sequías, heladas o tormentas) podrían perjudicar los pastizales y la producción agrícola (por ejemplo, los cultivos de banana de América Central). Las formas de vida de los pueblos tradicionales, por ejemplo las de muchas comunidades andinas, resultaría amenazada si disminuyera la productividad o la superficie de los pastizales o de los cultivos tradicionales. Sistemas costeros: En las costas bajas y estuarios de los países del istmo de América Central, Venezuela, Argentina o Uruguay el aumento del nivel del mar podría reducir la tierra de las costas y la diversidad biológica (en particular, arrecifes de coral, ecosistemas de manglares, humedales de estuario, mamíferos marinos y pájaros), dañar las infraestructuras y ocasionar intrusiones de agua salada. Si la subida del nivel del mar bloqueara la escorrentía de los ríos de llanura hacia el océano, podría aumentar el riesgo de crecida en esas cuencas (por ejemplo, en la Pampa argentina). Asentamientos humanos: El cambio climático tendría diversos efectos directos e indirectos sobre el bienestar, la salud y la seguridad de los habitantes de América Latina. Además, podría exacerbar el impacto directo como consecuencia del aumento del nivel del mar, de condiciones meteorológicas adversas y de episodios climáticos extremos (por ejemplo, crecidas, crecidas instantáneas, tempestades, desprendimientos de tierra u olas de frío o de calor), así como los efectos indirectos ocasionados por el impacto en otros sectores, tales como el abastecimiento de agua y alimentos, el transporte, la distribución de energía y los servicios de saneamiento. Serán particularmente vulnerables los grupos de población que habitan en barrios precarios en los suburbios de las grandes ciudades, y especialmente si están situados en áreas propensas a las crecidas o en laderas inestables. Salud humana: Los cambios proyectados del clima podrían intensificar los efectos del grave estado crónico de malnutrición y enfermedades en que se ya encuentran algunas poblaciones de América Latina. Si aumentaran la temperatura y las precipitaciones, la distribución geográfica de las enfermedades transmitidas por vectores (por ejemplo, paludismo, dengue, chagas) y de las enfermedades infecciosas (por ejemplo, el cólera) se extenderían hacia el sur y hacia terrenos más elevados. La contaminación y las altas concentraciones de ozono en la superficie, intensificados por un aumento de la temperatura superficial, podrían afectar negativamente a la salud y el bienestar de las personas, especialmente en áreas urbanas. Conclusiones: El creciente deterioro del medio ambiente (en forma, por ejemplo, de cambios en la disponibilidad de agua, pérdida de tierras agrícolas o anegamiento de áreas costeras, ribereñas y llanas) a que darían lugar la variabilidad y el cambio del clima y las prácticas de utilización de las tierras agravarían los problemas socioeconómicos y sanitarios, fomentarían la migración de las poblaciones rurales y costeras y recrudecerían los conflictos nacionales e internacionales. |
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6.7 América del Norte Esta región abarca Canadá y los Estados Unidos al sur del Círculo Polar Ártico. En su interior, la vulnerabilidad al cambio climático y los impactos producidos por éste varían notablemente de un sector a otro y de una a otra subregión. Esta "textura" es importante para comprender los efectos potenciales del cambio climático en América del Norte y para formular e implementar unas estrategias de respuesta viables. Ecosistemas: La mayoría de los ecosistemas presentan una sensibilidad entre moderada y alta a los cambios del clima. Sus efectos consistirán probablemente en alteraciones tanto beneficiosas como perjudiciales. Entre ellas, cabe citar las siguientes: desplazamiento hacia el norte de bosques y de otros tipos de vegetación, que al alterar los hábitats afectarían a la diversidad biológica y reducirían los bienes y servicios que aquéllos originan, tanto de mercado como no de mercado; disminución de la densidad de los bosques y de las áreas boscosas en algunas subregiones, aunque aumentando en otras; mayor frecuencia y alcance de los incendios; expansión de las especies de tierra árida hacia la región de la gran cuenca; desecamiento de los humedales de lodo de las praderas, que contienen actualmente más del 50% del total de los cursos de agua de América del Norte; y cambios en la distribución de los hábitats de los peces de aguas frías, templadas y cálidas. Para los ecosistemas actualmente no sometidos a una gestión intensiva, las posibilidades de emplear prácticas de gestión para limitar los posibles daños serán probablemente escasas. Hidrología y recursos hídricos: La cantidad y la calidad del agua son particularmente sensibles al cambio climático. Las repercusiones podrían consistir en una mayor escorrentía durante el invierno y la primavera, y en una disminución de la humedad del suelo y de la escorrentía durante el verano. Las Grandes Planicies y las regiones de praderas son especialmente vulnerables. El proyectado aumento de la frecuencia de precipitaciones intensas y de crecidas graves podría ir también acompañado de una mayor duración de los períodos secos entre lluvias y de una mayor frecuencia y/o gravedad de la sequía en algunas partes de América del Norte. La calidad del agua podría resentirse, y disminuiría en aquellos lugares en que amengüe el flujo de los ríos. Existe un gran número de oportunidades para adaptarse, aunque tanto su costo como los posibles obstáculos podrían limitar su aplicación. Producción de alimentos y de fibras: La productividad de los recursos de alimentos y fibras en América del Norte presenta una sensibilidad entre moderada y alta a los cambios del clima. La mayoría de los estudios, sin embargo, no han tenido enteramente en cuenta los efectos de los posibles cambios en la variabilidad del clima, la disponibilidad de agua, los efectos de las plagas, de las enfermedades y de los incendios, o la interacción con otros factores de desgaste actualmente presentes. Los escenarios de clima más templado (aumentos de 4-5ºC en América del Norte) han arrojado estimaciones de impacto negativo en las regiones oriental y sudoriental y en el llamado "cinturón del maíz", junto con efectos positivos en las llanuras septentrionales y en las regiones occidentales. Para un calentamiento mas moderado, las estimaciones indicaban efectos predominantemente positivos en algunos cultivos de estaciones templadas. La vulnerabilidad de la producción forestal comercial es incierta, aunque será probablemente menor que la de otros sistemas sujetos a una gestión menos intensiva, por efecto de los cambios tecnológicos y de las opciones de gestión. Se considera que la vulnerabilidad de la producción de alimentos y fibras en América del Norte es baja a escala continental, aunque a nivel subregional es posible que haya variaciones en cuanto a las pérdidas o ganancias. La capacidad de adaptarse podría quedar limitada a causa de: insuficiencia de información; obstáculos institucionales; un alto costo social, económico y medioambiental; y la rapidez del cambio climático. Sistemas costeros: Durante miles de años, el nivel del mar ha estado subiendo con respecto a la tierra en la mayor parte de la costa de América del Norte, y bajando en algunos lugares. En el siglo próximo, un aumento de 50 cm en el nivel del mar por efecto del cambio climático podría por sí solo inundar entre 8.500 y 19.000 km2 de tierras secas, aumentando en más de 23.000 km2 la extensión de sus llanuras inundadas en 100 años, y eliminando hasta un 50% de sus humedales costeros. Los cambios del nivel del mar obtenidos atribuibles en las proyecciones únicamente al cambio climático subestimarían, en la línea costera oriental y en la costa del Golfo, la variación total atribuible a la totalidad de las causas. En numerosas áreas, los humedales y las playas de estuarios podrían quedar atrapados entre el mar en ascenso y los diques o muros de contención levantados para proteger los asentamientos humanos. Varios gobiernos locales están poniendo en marcha reglamentaciones sobre la utilización de las tierras, para que los ecosistemas costeros puedan migrar hacia el interior a medida que asciende el nivel del mar. Las intrusiones de agua salina podrían poner en peligro el abastecimiento de agua en algunos lugares. Asentamientos humanos: Los cambios del clima proyectados podrían tener impactos positivos y negativos sobre los costos de explotación y mantenimiento de las tierras de América del Norte, y sobre el transporte de agua. Dichos cambios podrían también acentuar los peligros para la propiedad y para la salud y la vida humana, en razón de una mayor exposición a los riesgos naturales (por ejemplo, incendios, desprendimientos de tierra o fenómenos meteorológicos extremos), dando lugar a una demanda mayor para refrigeración y menor para calefacción, mientras que el efecto neto global variaría según la región geográfica. Salud humana: El clima puede producir unos efectos negativos de gran alcance sobre la salud humana, tanto por vía directa (por ejemplo, calor excesivo, o fenómenos meteorológicos/climáticos extremos) como indirecta (por ejemplo, vectores de enfermedades y agentes infecciosos, exposición ambiental o laboral a sustancias tóxicas, producción de alimentos). En regiones de latitudes altas, es previsible un cierto efecto sobre la salud humana, debido a los cambios de dieta a que darían lugar las variaciones en las pautas de migración y en la abundancia de fuentes de alimento autóctonas. Conclusiones: Considerados individualmente, los diferentes impactos del cambio climático podrían hallarse dentro de las posibilidades de respuesta de una subregión o sector determinados. Sin embargo, las proyecciones predicen que ocurrirán simultáneamente, y coincidiendo con cambios de población, tecnológicos, económicos, y otros de índole medioambiental y social, lo cual complica aún más la evaluación de impactos y la elección de unas respuestas adecuadas. Las características de las subregiones y sectores de América del Norte sugieren que tanto los impactos del cambio climático como las opciones de respuesta no serán uniformes. Muchos sistemas de América del Norte presentan una sensibilidad entre moderada y alta al cambio climático y, según las estimaciones, algunos de los efectos de dicho cambio podrían causar daños importantes. En muchos casos, se dispone de capacidad tecnológica para adaptar la gestión de los sistemas a fin de aminorar o evitar los efectos perjudiciales. Las posibilidades de adaptarse, sin embargo, disminuirían debido a los costos, a la falta de incentivo del sector privado para proteger los sistemas naturales públicos, a una deficiente información sobre los cambios futuros del clima y sobre las opciones de adaptación disponibles, y a obstáculos institucionales. Algunos de los sectores y regiones más vulnerables son los ecosistemas forestales naturales de largo período de vida existentes en el este y en el interior del oeste; los recursos hídricos de las llanuras del sur; la agricultura de las llanuras del sureste y del sur; la salud humana en aquellas áreas en que está empeorando la calidad del aire en las ciudades; los ecosistemas y hábitats del norte; las playas de estuario de las áreas desarrolladas; y las pesquerías de aguas frías y menos frías en latitudes bajas. Otros sectores y subregiones podrían también beneficiarse de las oportunidades creadas por el aumento de temperatura y, potencialmente, de la fertilización por CO2, y en particular: los bosques de coníferas de la costa oeste; algunos pastizales de la parte occidental; un menor costo de la energía en calefacción en las latitudes septentrionales; un menor costo en sal contra la nieve y en trabajos de quitanieves; una mayor duración de la estación sin hielos en aguas de los canales y puertos septentrionales; y la agricultura en las latitudes norte, en el interior del oeste y en la costa oeste. |
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6.8 Pequeños Estados insulares Con excepción de Malta y de Chipre en el Mediterráneo, todos los Estados insulares aquí examinados se hallan en los trópicos. Aproximadamente una tercera parte de ellos constan básicamente de una sola isla; el resto están constituidos por un número pequeño o grande de ellas. Los Estados insulares y atolones de baja altura son especialmente vulnerables al cambio climático y al aumento del nivel del mar que éste conllevaría, dado que en muchos casos (Bahamas, Kiribati, las Maldivas o las Islas Marshall), una gran parte de la superficie raramente sobrepasa hoy los 3-4 m por encima del nivel medio del mar. Numerosas islas de mayor altura son también vulnerables a los efectos del cambio climático, particularmente en su zona costera, en la que casi invariablemente se concentran los principales asentamientos y la infraestructura económica esencial. Ecosistemas: Aunque las proyecciones no indican que los aumentos de temperatura vayan a tener unas consecuencias adversas y generalizadas, algunos ecosistemas críticos como los arrecifes de coral son muy sensibles a los cambios de temperatura. Algunos arrecifes son capaces de adaptarse al rápido aumento del nivel del mar, pero en muchos lugares de los trópicos (por ejemplo, el Mar Caribe, o el Océano Pacífico) ciertas especies de corales viven ya al límite de su tolerancia de temperatura. Una subida de la temperatura del agua (por encima de los máximos estacionales) puede dañar seriamente los corales por decoloración y perjudicar sus funciones reproductivas, ocasionando una mayor mortalidad. La capacidad de adaptación de los manglares al cambio climático variará según las especies y las condiciones locales (por ejemplo, la presencia o no de entornos de grandes mareas y ricos en sedimentos, o la disponibilidad de agua dulce en cantidades suficientes para mantener el balance de salinidad). La capacidad natural de los manglares para adaptarse y migrar hacia tierra se reducirá también probablemente, debido a la pérdida de tierra en las costas y a la presencia de infraestructura en la zona costera. En algunas islas, los ecosistemas están ya acusando los efectos de otros factores antropógenos (por ejemplo, la contaminación) que podrían constituir una amenaza de la misma magnitud que el cambio climático. Éste vendría a ser un factor más, poniendo aún más en peligro la viabilidad a largo plazo de estos ecosistemas tropicales. Hidrología y recursos hídricos: La escasez de agua dulce constituye un grave problema en numerosos pequeños Estados insulares, muchos de los cuales dependen en gran medida del agua de lluvia para su abastecimiento. Un cambio en las pautas de precipitación podría causar graves problemas a esos países. Sistemas costeros: Se espera un mayor grado de erosión y una mayor pérdida de tierra en las costas en muchos pequeños estados insulares por efecto del aumento previsto en el nivel del mar. En el caso del atolón Majuro, en las Islas Marshall, y en Kiribati, se estima que, si el nivel del mar aumentara en 1 m, hasta un 80% y un 12.5% (respectivamente) de la extensión de tierra total podrían resultar vulnerables. En términos generales, se espera que los balances de sedimento de las playas resulten afectados negativamente por una menor deposición de sedimento. En las islas altas, sin embargo, un aumento de la acumulación de sedimento de los cursos de agua ayudaría a compensar la arena perdida en los arrecifes. Se espera también que los Estados insulares y atolones de baja altura experimenten un mayor número de crecidas e inundaciones, y de salinización (de los suelos y de los embolsamientos de agua dulce), como consecuencia directa del aumento del nivel del mar. Asentamientos humanos e infraestructura: En cierto número de islas, es probable que corran peligro las infraestructuras esenciales y los principales núcleos de población actualmente situados al nivel del mar, o próximos a éste, y cercanos a la costa (frecuentemente a 1-2 km de ésta, como sucede en Kiribati, Tuvalu, las Maldivas o las Bahamas). Además, las evaluaciones de vulnerabilidad sugieren también que los costos de protección de la orilla y de la infraestructura podrían ser muy gravosos para algunos de esos países. Salud humana: Se prevé que el cambio climático acentúe los problemas de salud en relación con las enfermedades vinculadas al calor, el cólera, el dengue y el envenenamiento por biotoxinas, y que sobrecargue aún más los esquemas de asistencia sanitaria de la mayoría de esas islas. Turismo: El turismo es el sector económico dominante en algunos pequeños estados insulares del Mar Caribe y de los Océanos Pacífico e Índico. En 1995, el turismo representó un 69%, un 53% y un 50% del producto nacional bruto (PNB) en Antigua, Bahamas y Maldivas, respectivamente. Este sector proporciona también un gran volumen de moneda extranjera a diversos pequeños Estados insulares, muchos de los cuales dependen en gran medida de la importación de alimentos, combustible y otros muchos bienes y servicios esenciales. En 1995, los ingresos de moneda extranjera obtenidos del turismo proporcionaron también a algunos países más del 50% de sus ingresos totales. El cambio climático y el aumento del nivel del mar afectarían al turismo de manera directa e indirecta. La pérdida de playas por erosión e inundaciones, la salinización de los acuíferos de agua dulce, un mayor efecto de desgaste sobre los ecosistemas costeros, los daños producidos en la infraestructura por las tormentas tropicales y extratropicales, y una pérdida de instalaciones recreativas en general pondrían en peligro la viabilidad, y amenazarían la sostenibilidad a largo plazo, de esta importante industria en muchas pequeñas islas. Conclusión: Para poder evaluar la vulnerabilidad de estos Estados insulares frente al cambio previsto del clima, será necesario evaluar su vulnerabilidad desde un punto de vista integrador. La interacción entre diversos atributos biofísicos (por ejemplo, las dimensiones, la altura, o el aislamiento relativo) y el carácter económico y sociocultural de las islas determinará en última instancia la vulnerabilidad de éstas. Además, algunas de ellas están expuestas periódicamente a riesgos no relacionados con el clima (por ejemplo, terremotos, erupciones volcánicas, tsunamis); no es posible evaluar con precisión la vulnerabilidad global de estas islas sin tener en cuenta esos riesgos. Del mismo modo, en las evaluaciones de vulnerabilidad de estos Estados habría que tomar en consideración el valor de los bienes y servicios no comercializados (por ejemplo, los bienes de subsistencia, la estructura comunitaria, o los conocimientos y artes tradicionales), que podrían resultar también amenazados por el cambio climático. En algunas sociedades insulares, este patrimonio es igual de importante que los bienes y servicios comercializados. Las incertidumbres de que adolecen las proyecciones del cambio climático podrían desfavorecer la adaptación, especialmente si se tiene en cuenta que algunas opciones pueden ser costosas u obligar a modificar las normas y los comportamientos sociales. En principio, las políticas y programas de desarrollo que procuran utilizar los recursos de manera sostenible, y que pueden responder de manera efectiva a situaciones cambiantes como el cambio climático, serían beneficiosos para los pequeños Estados insulares, aun en el caso de que no se produjera el cambio climático. Los pequeños Estados insulares son muy vulnerables al cambio climático y al aumento del nivel del mar a nivel mundial. En teoría, existe toda una diversidad de estrategias de adaptación. En algunos pequeños Estados insulares y atolones de baja altura, sin embargo, la retirada de las costas no es una opción. En algunos casos extremos, podría ser necesario considerar como posibilidad las migraciones y los reasentamientos fuera de las fronteras nacionales. |
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6.9 El Asia templada El Asia templada abarca los países de Asia comprendidos entre los 18ºN y el Círculo Polar Ártico, incluidas las islas de Japón, la península de Corea, Mongolia, la mayor parte de China y la Siberia rusa. La longitud de esta área, de este a oeste, es de unos 8.000 km y, de norte a sur, de aproximadamente 5.000 km. En ella cabe distinguir diferentes subregiones, como las regiones áridas/semiáridas, la región monzónica y Siberia. Ecosistemas: Aunque el área de distribución potencial de los bosques templados de esta región está, en gran medida, talada y se destina al cultivo intensivo, el cambio climático mundial podría ser suficiente para desencadenar cambios estructurales en los demás bosques templados. La naturaleza y magnitud de estos cambios depende, sin embargo, de los cambios concomitantes en cuanto a disponibilidad del agua y en cuanto a la eficiencia de su uso. El cambio de los valores de temperatura y precipitación en los pastizales templados podría alterar las estaciones de cultivo y ocasionar desplazamientos de las fronteras entre las praderas, los bosques y el monte bajo. Ciertos estudios realizados mediante modelos sugieren que en un clima con el doble de concentración de CO2 sobrevendría una gran disminución de la extensión (hasta un 50%) y de la productividad de los bosques boreales (principal en la Federación de Rusia), acompañada de una notable expansión de las praderas y del monte bajo. Habría también una disminución de hasta el 50% en la superficie de la tundra -acompañada de una emisión de metano procedente de depósitos de turba profundos - y un aumento (inferior al 25%) de las emisiones de CO2. Hidrología y recursos hídricos: En conjunto, la mayoría de las simulaciones basadas en escenarios en condiciones de equilibrio con duplicación de los niveles de CO2 predicen una disminución del suministro de agua, excepto en algunas cuencas fluviales. Unos inviernos más templados podrían afectar al balance hídrico, ya que la demanda de agua es mayor en primavera y en verano. Las características del clima previsto, en condiciones de equilibrio, para un valor doble de CO2 equivalente indican que de aquí a 2050 la masa de los glaciares de montaña podría disminuir en hasta un 25%. Según las proyecciones, la escorrentía de los glaciares en Asia central aumentaría inicialmente al triple de aquí a 2050, disminuyendo después hasta llegar a dos tercios de su valor actual en 2100. Los resultados de los modelos sugieren que en la parte septentrional de China la escorrentía es bastante vulnerable al cambio climático, básicamente como consecuencia de los cambios de la precipitación en primavera, verano y otoño, en especial durante la estación de lluvias. Para equilibrar el suministro de agua con la oferta, el planteamiento más adecuado para Japón consistiría probablemente en una gestión cada vez más eficaz de ese recurso. En otras partes de la región, el desarrollo de los recursos hídricos seguirá siendo importante: lo importante, en lo que se refiere a la adaptación, es cómo ajustar el diseño de las nuevas infraestructuras de recursos hídricos para que tengan presente las incertidumbres derivadas del cambio climático. De éstas, las más importantes son la falta de proyecciones fiables sobre los efectos del cambio mundial sobre el monzón de Asia o sobre el fenómeno ENOA, que tienen una gran influencia sobre las escorrentías fluviales. En el futuro, será necesario estudiar los impactos múltiples sobre los recursos hídricos en las cuencas fluviales internacionales. Producción de alimentos y de fibras: Según proyecciones sobre el clima obtenidas mediante diversos MCG, el rendimiento de los cultivos variará en muy diversa medida. En China, por ejemplo, los cambios proyectados para diversos cultivos hasta 2050 según diferentes escenarios serían como sigue: arroz, -78% a +15%; trigo, -21% a +55%; y maíz, -19% a +5%. Aunque la productividad podría aumentar, si se tienen en cuenta los efectos positivos del CO2 sobre el crecimiento de los cultivos, su magnitud sigue siendo incierta. Un desplazamiento hacia el norte de las zonas de cultivo incrementará previsiblemente la productividad agrícola en el norte de Siberia, pero reducirá (en un 25% aproximadamente) la producción de cereales en el suroeste de Siberia, por efecto de un clima más árido. La acuicultura es particularmente importante para el Asia templada. Podría intensificarse el cultivo de especies de aguas templadas. El aumento de temperaturas obligará a preocuparse por el agotamiento del oxígeno, las enfermedades de los peces y la introducción de especies no deseadas, así como por factores potencialmente negativos, tales como el cambio de las pautas reproductivas existentes, las rutas migratorias o las relaciones entre los ecosistemas. Sistemas costeros: Un aumento del nivel del mar acentuará los actuales problemas, ya graves, de hundimiento de los terrenos en deltas fluviales por causas tectónicas y antropógenas. La intrusión de agua salada podría también agravarse. Un aumento de 1 m en el nivel del mar podría en peligro ciertas áreas de la costa: por ejemplo, la zona costera de Japón, en la que se localiza el 50% de la producción industrial (Tokio, Osaka, Nagoya); además, cerca del 90% de las playas de arena que subsisten en ese país correrían peligro de desaparecer. Salud humana: El cambio climático proyectado por cierto MCG en condiciones de transición (GFDL X2, UKMO X6) elevaría a más del doble la mortalidad y enfermedades causadas por el calor (predominantemente de tipo cardiorrespiratorio) de aquí a 2050, debido a un aumento en la frecuencia o en la intensidad de las olas de calor. Un aumento neto -por efecto del cambio climático- de la distribución geográfica (en elevación y en latitud) de ciertos organismos vectores de enfermedades infecciosas (por ejemplo, mosquitos que inoculan el paludismo, o caracoles transmisores de la esquistosomiasis) y un cambio de la dinámica del ciclo de vida de los vectores y de los parásitos infecciosos podría incrementar, por añadidura, la propagación de muchas enfermedades transmitidas por vectores. Podrían aumentar también las enfermedades infecciosas no transmitidas por vectores -como el cólera, la salmonelosis y otras afecciones relacionadas con el agua y los alimentos-, por efecto de impactos climáticos sobre la distribución de agua, la temperatura y la proliferación de microorganismos. El riesgo de aparición y posterior propagación de epidemias podría reducirse: intensificando la vigilancia de las enfermedades e integrándola en otros sistemas de vigilancia continuada del medio ambiente, a fin de diseñar sistemas de aviso temprano; desarrollando con anticipación actuaciones de salud pública acordes con el medio ambiente; y desarrollando políticas sociales previsorias. Conclusiones: Si se produce un cambio climático mundial, los principales impactos para el Asia templada consistirán en un notable desplazamiento de los bosques boreales, desaparición de partes importantes de los glaciares de montaña, y escaseces en el suministro de agua. La incertidumbre más importante en estas estimaciones se deriva de la ausencia de proyecciones fiables del ciclo hidrológico para posibles escenarios de cambio climático mundial. Los efectos del cambio climático sobre el monzón asiático y sobre el fenómeno ENOA son algunos de los resultados más inciertos de la modelización del ciclo hidrológico. Las proyecciones de rendimiento de los cultivos agrícolas son inciertas, no sólo por la incertidumbre en cuanto al ciclo hidrológico, sino también por los efectos potencialmente positivos del CO2 y de las prácticas productivas. El aumento del nivel del mar pone en peligro las playas de arena de las zonas costeras, pero sigue siendo un problema antropógeno en los deltas fluviales. Es necesario realizar estudios de impacto que aborden de manera integrada múltiples factores de desgaste. |
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6.10 El Asia tropical El Asia tropical es fisiográficamente variada y ecológicamente rica en especies naturales relacionadas con los cultivos. La población total actual de la región asciende a unos 1.600 millones y, según las proyecciones, aumentará a 2.400 millones de aquí a 2025. Aunque esta población es esencialmente rural, en 1995 contaba seis de las 25 ciudades más grandes del mundo. El clima en esta región se caracteriza por un régimen de tiempo estacional vinculado a los dos monzones, y por la aparición de ciclones tropicales en las tres áreas básicas de ciclogénesis (la Bahía de Bengala, el norte del Océano Pacífico y el sur del Mar de China). El cambio climático vendrá a sumarse a otros factores inclementes, como son la rápida urbanización, la industrialización y el desarrollo económico, que contribuyen a una explotación insostenible de los recursos naturales, un aumento de la contaminación, la degradación de la tierra y otros problemas medioambientales. Ecosistemas: Son previsibles importantes desplazamientos de los ecosistemas hacia mayores altitudes en las montañas y tierras altas del Asia tropical. A grandes alturas, las malas hierbas desplazarán probablemente a las especies forestales, aunque es posible que la vegetación cambie más lentamente que el clima y se vea limitada por una mayor erosión en el Gran Himalaya. Los cambios en la distribución y en la salud de los bosques pluviales y de los bosques monzónicos más secos serán complejos. En Tailandia, por ejemplo, la superficie de bosque tropical podría pasar de un 45% a un 80% de la cubierta total de bosques, mientras que en Sri Lanka habría un aumento notable de los bosques secos y una disminución de los pluviales. Es probable que la mayor variabilidad prevista de la evapotranspiración y de las lluvias afecte a la viabilidad de los humedales de agua dulce, ocasionando una reducción y desecación de éstos. El aumento del nivel del mar y de la temperatura en superficie son los factores de desgaste más probables que acompañarán al cambio climático en los ecosistemas costeros. Los arrecifes de coral podrían adaptarse a la subida del nivel del mar, pero experimentarían un blanqueamiento por efecto del aumento de la temperatura. Se prevé que la migración hacia el interior de los manglares y de los humedales dependientes de las mareas se vea limitada por la infraestructura y por las actividades humanas. Hidrología y recursos hídricos: El Himalaya desempeña un papel esencial en el suministro de agua al Asia monzónica continental. El aumento de la temperatura y la mayor variabilidad estacional de las precipitaciones ocasionarán previsiblemente una mayor recesión de los glaciares y un mayor peligro de desbordamiento de los lagos glaciales. Una disminución del flujo medio de los ríos de deshielo, junto con un nivel más alto de los flujos máximos y una mayor sedimentación, afectarán notablemente a la generación de energía hidroeléctrica, al suministro de agua en las ciudades y a la agricultura. La disponibilidad de agua proveniente de ríos de deshielo podría aumentar a corto plazo, aunque disminuiría a largo plazo. La escorrentía procedente de los ríos de deshielo podría también cambiar en el futuro. Una disminución del agua de deshielo afectará aún más al flujo de estos ríos en la estación seca. El aumento de la población y la mayor demanda en los sectores agrícola, industrial e hidroeléctrico afectará en una mayor medida a los recursos hídricos. Las presiones más acentuadas sobre los recursos hídricos afectarán a las cuencas fluviales más secas y a las de bajo flujo estacional. Se prevé que los cambios hidrológicos en las cuencas de drenaje de las islas y de las costas sean pequeños en comparación con los del Asia tropical continental, sin contar los que ocasionará el aumento del nivel del mar. Producción de alimentos y de fibras: La sensibilidad de los principales cultivos cerealeros y forestales frente a la magnitud prevista de los cambios de temperatura, humedad y concentración de CO2 en la región ha quedado patente en numerosos estudios. Así, por ejemplo, los impactos sobre el rendimiento de los cultivos de arroz, trigo y sorgo sugiere que todo aumento en la producción debido a la fertilización por CO2 quedará más que compensado por la merma del rendimiento a que darán lugar los cambios de temperatura o de humedad. Aunque los impactos del cambio climático podrían originar cambios importantes en el rendimiento, producción, almacenamiento y distribución de los cultivos, el efecto neto de los cambios a nivel regional es incierto, debido a: las diferencias entre variedades; las diferencias locales en cuanto a estaciones de cultivo, gestión de los cultivos, etc.; la ausencia de posibles enfermedades, plagas y microorganismos en las simulaciones mediante modelos de cultivo; y la vulnerabilidad de las extensiones agrícolas frente a peligros medioambientales episódicos tales como crecidas, sequías y ciclones. Serán especialmente vulnerables las poblaciones rurales de bajos ingresos que dependen de métodos agrícolas tradicionales o que se asientan sobre tierras marginales. Sistemas costeros: Las tierras de las costas serán especialmente vulnerables; el impacto más evidente del cambio climático será el aumento del nivel del mar. Las llanuras costeras bajas densamente pobladas e intensamente cultivadas, las islas y los deltas son especialmente vulnerables a la erosión de las costas y a la pérdida de tierra, a las inundaciones y crecidas del mar, al movimiento corriente arriba del frente salino/de agua dulce, y a la intrusión de agua del mar en los embolsamientos de agua dulce. Se hallan especialmente en peligro los grandes deltas de Bangladesh, Myanmar, Viet Nam y Tailandia, y las áreas bajas de Indonesia, Filipinas y Malasia. Podrían sufrir impactos socioeconómicos las principales ciudades y puertos, los enclaves turísticos, la pesca artesanal y comercial, la agricultura costera y el desarrollo de la infraestructura. Estudios internacionales han previsto para esa región el desplazamiento de varios millones de personas desde la zona costera si se produjera una subida de 1 m del nivel del mar. El costo de las medidas de respuesta que habría que adoptar para reducir los efectos de dicha subida podría ser ingente. Salud humana: La incidencia y la extensión de algunas enfermedades transmitidas por vectores aumentarán previsiblemente por efecto de un calentamiento mundial. El paludismo, la esquistosomiasis y el dengue, que son causas importantes de mortalidad y de morbilidad en el Asia tropical, son muy sensibles al clima; si se produjera un cambio climático, se propagarían probablemente hacia nuevas regiones en la frontera de las actuales áreas endémicas. En las poblaciones afectadas por primera vez, el número de fallecimientos sería inicialmente más alto. Según cierto estudio, centrado específicamente en la influencia del clima sobre las enfermedades infecciosas en las regiones actualmente vulnerables a partir de diversos escenarios MCG, el cambio climático ocasionaría un aumento del potencial epidémico de 12-27% para el paludismo y de 31-47% para el dengue, y una disminución de 11-17% para la esquistosomiasis. Se prevé también un incremento de las enfermedades transmitidas por el agua o relacionadas con ésta, que son ya causantes de la mayoría de emergencias epidémicas en la región, si el aumento de la temperatura y de la humedad viniera a añadirse a las condiciones actuales y al aumento previsto de la población, a la urbanización, al empeoramiento de la calidad del agua y a otras tendencias. Conclusiones: Todos los efectos directos del cambio climático aquí evaluados (por ejemplo, el cambio en la disponibilidad de agua o en el rendimiento de los cultivos, o la inundación de áreas costeras) tendrán otros efectos indirectos sobre la seguridad de los alimentos y la salud humana. La idoneidad de las estrategias de adaptación a diferentes entornos climáticos variará según las subregiones y usos de la tierra en la región. Algunas de las opciones de adaptación son: nuevas variedades de cultivos resistentes a la temperatura y a las plagas; nuevas tecnologías que reduzcan la disminución del rendimiento de los cultivos; mejoras en la eficiencia de riego; y planteamientos integrales de la gestión de las cuencas fluviales y de las zonas costeras que tengan presentes los problemas actuales y futuros, y en particular el cambio climático. |
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7. Necesidades de investigación Las deficiencias e insuficiencias que se ponen en evidencia en este informe especial sugieren diversas áreas prioritarias de actividad en el futuro mediante las que ayudar a los responsables de políticas en su difícil tarea. Se necesitaría, en particular:
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SITUACION AMBIENTAL INTERNACIONAL | ||||||
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