| Cada especie viviente, en este caso
nos referimos a las aves, tiene un área de distribución.
Si los caracteres morfológicos muestran un determinado
patrón de presencia en esa área la clasificamos
como especie en sentido lato, subespecie o variedad. Esta
es una correcta aproximación morfológica
e incluso, cuando se dispone de información, también
morfo-fisiológica y etológica.
Pero dentro
del área de distribución de una especie,
subespecie o variedad existe otro modelo de variación
que no se percibe morfológicamente o por lo menos
bajo los estándares usuales de clasificación.
Me refiero a la variación genética, y
su asociación, teórica, con las variantes
ambientales que se registran en el área de distribución.
Cualquier especie de distribución amplia sirve
para ejemplificar este criterio. Por ejemplo el pecho
colorado chico, "Leistes militaris superciliaris". Su
área de distribución se extiende desde
el norte del país hasta La Rioja, La Pampa y
Buenos Aires. Formalmente es una única subespecie.
Pero desde el punto de vista de las variaciones genéticas
sin manifestación conspicua en la morfología
u otros indicadores clásicos de clasificación,
existen genomas de poblaciones que viven en ambientes
subtropicales húmedos, y genomas de poblaciones
que viven en ambientes semiáridos con estación
fría muy marcada.
Esas poblaciones
pertenecen a la misma subespecie, pero la "fricción"
ambiental entre los genomas y su variabilidad, y las
particulares condiciones ambientales, determinan "n"
genomas particulares sin manifestación morfológica
evidente. Esos genomas particulares han ido asimilando
seguramente adaptaciones propias de cada arreglo ambiental.
Por lo tanto no es lo mismo la población de la
subespecie "superciliaris" que ocupa el Espinal en su
extremo sur, y la que ocupa el chaco caliente en la
isla de Prohaska (isoterma de los 47 grados centígrados).
En consecuencia, y esto tiene derivaciones muy importantes
para la conservación, no solo hay que proteger
las especies o subespecies, sino también su área
de distribución, porque en esa área de
distribución existen lo que denominé,
hace algunos años, "ecoespecies", de notable
importancia para la supervivencia del conjunto (Montenegro,
R.A. 1998. Introducción a la Ecología.
Ed. Univ. Nac. del Comahue, Neuquén, 141 p.).
Lamentablemente,
no sólo están desapareciendo especies
"morfológicas", sino también ecoespecies.
Esto es una verdadera tragedia para la supervivencia
de los ecosistemas, que son en realidad arreglos de
ecoespecies.
Semejante
criterio, ejemplificado aquí a nivel país,
tendría igualmente validez para distribuciones
supranacionales (por ejemplo América del Sur,
América o todo el mundo).
Lo discutido
aquí tiene relación, por otra parte, con
el principio de biogeografía de islas o efecto
Wilson, MacArthur y Simberloff. Yo desarrollé
desde el campo de la ecología teórica,
mi formación original, la noción de que
este principio no solo se aplica a ecosistemas sino
también a poblaciones. Siendo una población
de una especie o subespecie cualquiera el resultado
del arreglo de "n" ecoespecies, cuanto menor sea su
área de distribución menor será
el abanico de posibilidades de supervivencia del genoma
promedio (o su conjunto de genomas, diversidad genómica
"G").
Existen por
lo tanto tres umbrales de desaparición: (a) La
desaparición de individuos, que reduce la población
total "Nt", y por lo tanto su respectiva diversidad
geno-fenotípica; (b) La desaparición concomitante
de ecoespecies, y (c) La desaparición (absoluta)
de la especie misma. Es ingenuo pretender que una especie
o subespecie está protegida, y por lo tanto salvada,
cuando de una distribución por ejemplo nacional
o Sudamericana se reduce a habitar, por ejemplo, la
mitad de la distribución original. La especie
"morfológica" o emblemática sobrevive,
pero la especie o subespecie real (las "n" ecoespecies)
sufrió y seguirá sufriendo una importante
quita equivalente a procesos silenciosos de extinción.
De allí
que un objetivo fundamental de la conservación
sea el conservar también las áreas originales
de distribución con los mayores números
posibles, esto es, con las poblaciones originales para
cada variante ambiental del área original de
distribución.
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