SITUACION AMBIENTAL INTERNACIONAL

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LAS VARIACIONES MORFOLÓGICAS, LAS VARIACIONES GENO-FENOTÍPICAS Y LA NOCIÓN DE ECOESPECIE
POR QUÉ ES NECESARIO CONSERVAR TAMBIÉN LAS ÁREAS ORIGINALES DE DISTRIBUCIÓN DE CADA ESPECIE.
Por
Dr. Raúl A. Montenegro, Biólogo
Presidente de FUNAM y Profesor Titular de Biología Evolutiva en la Universidad Nacional de Córdoba.
Cada especie viviente, en este caso nos referimos a las aves, tiene un área de distribución. Si los caracteres morfológicos muestran un determinado patrón de presencia en esa área la clasificamos como especie en sentido lato, subespecie o variedad. Esta es una correcta aproximación morfológica e incluso, cuando se dispone de información, también morfo-fisiológica y etológica.

Pero dentro del área de distribución de una especie, subespecie o variedad existe otro modelo de variación que no se percibe morfológicamente o por lo menos bajo los estándares usuales de clasificación. Me refiero a la variación genética, y su asociación, teórica, con las variantes ambientales que se registran en el área de distribución. Cualquier especie de distribución amplia sirve para ejemplificar este criterio. Por ejemplo el pecho colorado chico, "Leistes militaris superciliaris". Su área de distribución se extiende desde el norte del país hasta La Rioja, La Pampa y Buenos Aires. Formalmente es una única subespecie. Pero desde el punto de vista de las variaciones genéticas sin manifestación conspicua en la morfología u otros indicadores clásicos de clasificación, existen genomas de poblaciones que viven en ambientes subtropicales húmedos, y genomas de poblaciones que viven en ambientes semiáridos con estación fría muy marcada.

Esas poblaciones pertenecen a la misma subespecie, pero la "fricción" ambiental entre los genomas y su variabilidad, y las particulares condiciones ambientales, determinan "n" genomas particulares sin manifestación morfológica evidente. Esos genomas particulares han ido asimilando seguramente adaptaciones propias de cada arreglo ambiental. Por lo tanto no es lo mismo la población de la subespecie "superciliaris" que ocupa el Espinal en su extremo sur, y la que ocupa el chaco caliente en la isla de Prohaska (isoterma de los 47 grados centígrados). En consecuencia, y esto tiene derivaciones muy importantes para la conservación, no solo hay que proteger las especies o subespecies, sino también su área de distribución, porque en esa área de distribución existen lo que denominé, hace algunos años, "ecoespecies", de notable importancia para la supervivencia del conjunto (Montenegro, R.A. 1998. Introducción a la Ecología. Ed. Univ. Nac. del Comahue, Neuquén, 141 p.).

Lamentablemente, no sólo están desapareciendo especies "morfológicas", sino también ecoespecies. Esto es una verdadera tragedia para la supervivencia de los ecosistemas, que son en realidad arreglos de ecoespecies.

Semejante criterio, ejemplificado aquí a nivel país, tendría igualmente validez para distribuciones supranacionales (por ejemplo América del Sur, América o todo el mundo).

Lo discutido aquí tiene relación, por otra parte, con el principio de biogeografía de islas o efecto Wilson, MacArthur y Simberloff. Yo desarrollé desde el campo de la ecología teórica, mi formación original, la noción de que este principio no solo se aplica a ecosistemas sino también a poblaciones. Siendo una población de una especie o subespecie cualquiera el resultado del arreglo de "n" ecoespecies, cuanto menor sea su área de distribución menor será el abanico de posibilidades de supervivencia del genoma promedio (o su conjunto de genomas, diversidad genómica "G").

Existen por lo tanto tres umbrales de desaparición: (a) La desaparición de individuos, que reduce la población total "Nt", y por lo tanto su respectiva diversidad geno-fenotípica; (b) La desaparición concomitante de ecoespecies, y (c) La desaparición (absoluta) de la especie misma. Es ingenuo pretender que una especie o subespecie está protegida, y por lo tanto salvada, cuando de una distribución por ejemplo nacional o Sudamericana se reduce a habitar, por ejemplo, la mitad de la distribución original. La especie "morfológica" o emblemática sobrevive, pero la especie o subespecie real (las "n" ecoespecies) sufrió y seguirá sufriendo una importante quita equivalente a procesos silenciosos de extinción.

De allí que un objetivo fundamental de la conservación sea el conservar también las áreas originales de distribución con los mayores números posibles, esto es, con las poblaciones originales para cada variante ambiental del área original de distribución.
 

 
   
 
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