|
No
es raro oír hablar hoy en diversos foros de discusión
–tanto académicos (como universidades o consejos profesionales)
como populares (encuentros comunitarios, asambleas barriales, etc.)-
sobre costos sociales, tópicos ambientales u otros aspectos
que surgen de la urgente necesidad de revertir o actualizar medidas
en relación con el consumo masivo de bienes y servicios.
La
presente situación de indefensión de los usuarios
es un tema fundamental que los organismos de control no pueden ni
deben eludir. Es por ello que resulta indispensable que las políticas
públicas activas caminen de la mano de las necesidades que
proclama la gente. Y escuchar "sus" verdades para tomar decisiones
al respecto, en lugar de desoirlas. No son pocas las empresas privatizadas
que parecen privilegiar exclusivamente su rendimiento económico
a la excelencia en la prestación del servicio. Por esa razón,
muestran una verdad distinta, expresada fundamentalmente con variables
de las ciencias económicas en términos que suelen
contradecirse con lo exige el vecino de la ciudad de Buenos Aires.
Por lo tanto, esas "respectivas verdades" de empresas y usuarios
no sólo no concuerdan sino que, en la realidad de los hechos,
resultan opuestas.
Paul
Feyeraben en su Tratado contra el método confirma
que en la búsqueda de la verdad y del conocimiento debe ser
considerado tanto lo científico como lo extracientífico
de cada disciplina. "Una sola ciencia constituye una de las muchas
formas de pensamiento desarrolladas por el hombre, pero no es necesariamente
la mejor". La verdad es una construcción y por lo tanto cada
sector de la sociedad elabora su verdad y su forma de ver el mundo.
Se deduce, por lo tanto, que no existe una teoría que sea
propietaria de la verdad. Según Pierre Bourdieu y otros autores
en El oficio del sociólogo, el "...establecer (...)
que ‘el’ hecho científico se conquista, construye y comprueba,
implica rechazar al mismo tiempo el empirismo que reduce ese acto
científico a una mera comprobación y el convencionalismo
que sólo le opone los preámbulos de su construcción".
La
experiencia nos demuestra que las tutelas en las cuales se privilegia
exclusivamente el rendimiento económico empresario a la calidad
de los servicios, al uso racional de los recursos naturales y al
mantenimiento del desarrolllo sustentable a largo plazo, conduce
a una pauperización casi irreversible de la sociedad en su
conjunto.
UNA
CASCADA DE PROBLEMAS AGRAVADOS POR LA CRISIS
Con
frecuencia la urbanización "se traga" espacios que en un
pasado reciente eran confinados a destinos diferentes de los actuales.
A eso debe sumársele el cambio en la calidad de los suministros
esenciales para la supervivencia, por el privilegio del lucro de
empresas privatizadas frente a otros aspectos no menos indispensables.
Recordemos que la mayor parte de la población mundial respira
el aire de las ciudades que, paradójicamente, es el menos
apropiado para consumo humano. Los contaminantes gaseosos y las
partículas en suspensión constituyen muchas veces
una suerte de cubierta de "barro atmosférico" sobre las ciudades.
Éste absorbe una parte importante de la radiación
solar y nos priva del mayor "desinfectante natural", ya que frena
su acción bactericida. Además, la recolección
de basura domiciliaria, el transporte de residuos patogénicos
y peligrosos, la distribución del agua, de la electricidad
y del gas, la evacuación de aguas servidas, el transporte
público de pasajeros, son algunos de los servicios que generan
problemas ambientales que aumentan en períodos signados por
crisis sociales como la actual. No es menos conflictivo el grado
de sinergia o acción combinada de factores diferentes que
convergen, disminuyendo la calidad de vida de los vecinos.
POLÍTICAS
PÚBLICAS Y ECOSOFÍA
De
este modo, las grandes ciudades han estado caracterizadas por períodos
de intensas transformaciones ambientales y han generado fenómenos
de desequilibrio ecológico que hoy amenazan la calidad de
vida de sus habitantes. Paralelamente a estas conmociones, los diferentes
modos de vida humanos tanto individuales como colectivos evolucionaron
unidireccionalmente en el sentido de un progresivo deterioro.
La
incapacidad del aparato administrativo estatal, fragmentario e insuficiente
-en términos de recursos humanos y económicos- para
contrarrestar este detrimento, se limita en general a abordar el
campo de los problemas sociales urbanos relacionados con la provisión
de servicios públicos desde una perspectiva casi exclusivamente
tecnocrática, minimizando una disciplina menos científica
en términos económicos pero más pragmática
para los ciudadanos comunes, que se articula de manera ético-estético-política
con las necesidades de la gente: la ecosofía. Ésta
integra tres planos de análisis ecológicos: el del
medio ambiente propiamente dicho, el de las relaciones sociales
comunitarias y el de la subjetividad humana, dada por el propio
raciocinio de sus integrantes y la legítima expresión
de sus ideas y necesidades.
Las
relaciones humanas con la sociedad, con su propia psique y con la
naturaleza tienden a degradarse cada vez más, no sólo
en razón de violaciones objetivas de derechos ciudadanos
conculcados sino también por el hecho de un desconocimiento
del hombre como parte de ambiente, lo que provoca pasividad por
omisión en la elaboración de proyectos integrales.
Es por esto que la ecología urbana en su conjunto debería
sufrir una "recomposición". Tendría que tender hacia
prácticas individuales y comunitarias según tres ejes
o componentes esenciales interrelacionados: una ecología
medioambiental propiamente dicha, integrada con una ecología
social más activa y con otra mental menos discriminaroria
de los sectores desprotegidos. La ecosofía implementada en
forma efectiva desde los organismos de control en su conjunto conformaría
un escudo de protección que garantizaría el cumplimiento
de los derechos de los consumidores y usuarios.
La
verdadera respuesta a la crisis sólo puede implementarse
a escala urbana a través de un cambio de este tipo en la
consideración política, social y cultural que reoriente
los objetivos de la producción de bienes y de la prestación
de servicios. Este cambio no sólo deberá considerar
a las relaciones de las fuerzas "medibles" para las empresas privatizadas
en términos económicos sino también a los campos
personales de sensibilidad social y ambiental. Una ecosofía
integral, teórica en términos ético-estético-políticos
y a la vez práctica -porque considera activamente los reclamos
de los ciudadanos- se convierte en un instrumento de múltiples
facetas que reinstaura las instancias analíticas perdidas
en el camino de la crisis y del masivo descontento popular. Se trata
de conjugar el crecimiento mediante la articulación, en primer
lugar, de la consideración de las distintas subjetividades
en estado latente; en segundo de la sociedad en estado "mutante"
que hoy aprendió a exigir a sus representantes y, primordialmente,
del ambiente en su conjunto que los contiene. De vez en cuando todos
deberían reorientar la mirada para aprehender el mundo de
la prestación de los servicios públicos esenciales
a través de las distintas lentes intercambiables que constituyen
las diferentes verdades humanas, para actuar en consecuencia. Lo
contrario conduciría al absoluto fracaso del orden social
y el ingreso a dramáticos callejones sin salida.
|
VERDADES & OPINIONES
LA OPINION DE DSOSTENIBLE NO NECESARIAMENTE COINCIDE CON LA OPINION DE LOS COUMNISTAS. A RAIZ DE CUALQUIER NOTA PUBLICADA EN ESTA PAGINA SE CONCEDERA DERECHO A REPLICA A QUIEN LO SOLICITE CON LA FINALIDAD DE MOSTRAR OTRO ENFOQUE SOBRE EL MISMO TEMA, ENRIQUECIENDO DE ESTA MANERA, LOS DEBATES QUE SE GENEREN.
|