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| Antecedentes | |
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Hasta ahora la liberalización de las inversiones y la apertura comercial de los tratados de libre comercio firmados en el continente, especialmente el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, ha mostrado severos impactos sociales y ambientales para los pueblos y los trabajadores. Los pueblos de América aspiramos a una economía internacional bajo una lógica distinta que privilegie la sustentabilidad. Desde una perspectiva ecológica, los problemas con la política de comercio e inversión clásica son los siguientes: se externalizan (no se consideran) los costos ambientales y sociales, se tiende a intensificar el uso de energía, sobre todo con combustibles fosiles, se sobreexplotan los recursos naturales y se daña la biodiversidad, erosionando la base de la actividad económica y social. Estas políticas intensifican la expropiación de recursos genéticos, la destrucción de ecosistemas naturales, la degradación ambiental en sectores agropecuarios y urbanos, la desregulación ambiental y la violación de los derechos ciudadanos individuales y colectivos de las generaciones presentes y futuras. La degradación del medio ambiente ha tenido un efecto desproporcionado sobre la gente que vive en la pobreza, especialmente las mujeres, ya que es común que estos grupos vivan en hábitats con recursos contaminados donde existe menos voluntad política por mejorar estas condiciones. Los que apoyan las políticas neoliberales tienden a considerar como obstáculos al intercambio comercial algunas dimensiones del desarrollo sustentable (como la seguridad alimentaria, la protección del conocimiento y la utilización colectiva de la biodiversidad, el uso sustentable de los ecosistemas y la existencia de sistemas justos y equitativos de distribución de los beneficios obtenidos de los recursos naturales). Por su parte, los gobiernos han rechazado estos ideales, prefiriendo responder a las necesidades y presiones del mercado internacional. Lo ambiental es una dimensión y perspectiva que atraviesa todos los temas expuestos, por lo que mucho de lo que plantearemos a continuación se concreta o complementa en otros capítulos, por ejemplo, los que tratan los temas de energía y derechos de propiedad intelectual. Principios rectores 2. La calidad del desarrollo debe considerarse una prioridad clave. Los gobiernos deberían establecer límites sociales y medioambientales al crecimiento partiendo de la sustentabilidad medioambiental y de la equidad social. 3. Los acuerdos internacionales de comercio y los Estados Nacionales deben prever políticas para transitar hacia la internalización de costos ambientales y sociales derivados del proceso de producción y consumo nosustentables. Si la internalización de los costos sociales y ambientales causa precios más altos, los gobiernos debiesen promover campañas de sensibilización hacia los consumidores de altos ingresos para que orienten su elección sobre bienes producidos de manera sustentable. 4. Los costos ambientales del comercio deben ser repartidos equitativamente, partiendo del principio de que las partes pueden tener responsabilidades diferenciadas en el logro de las metas comunes. 5. Los gobiernos deberían reconocer la deuda ecológica
entre naciones. Tal deuda es producto de que los países ricos ocupan
un espacio ambiental exagerado, o sea, explotan recursos ambientales en
forma desmedida en relación con su población o territorio.
8. En las regulaciones ambientales debe tener prioridad el principio precautorio (en caso de duda, preferir el curso de acción de mayor cuidado del medio ambiente) y no el principio de evaluación de riesgos (en el que se aplica el análisis de costo-beneficio a los recursos ambientales). 9. Precios justos que eviten el "dumping social" y "ecológico". 10. La liberalización del comercio no debe impedir que los países canalicen la inversión extranjera hacia los sectores donde se puede fortalecer el desarrollo sustentable. 11. La liberalización del comercio y la inversión no debe impedir la regulación y el control de las empresas y los inversionistas para que cumplan con los objetivos del desarrollo nacional sustentable. 12. Las empresas y los inversionistas extranjeros deben cumplir las normas ambientales más altas y compartir aquella tecnología que favorece la protección del medio ambiente y que permite crear empleos. 13. Los países deben mantener su soberanía en cuanto
a la restricción de aquellas inversiones que pudieran agravar problemas
sociales y ambientales y sus impactos desproporcionados sobre los sectores
más vulnerables de la sociedad, como son las mujeres y los pueblos
indígenas.
Bosques Los bosques de las Américas son el hogar de numerosos pueblos indígenas y otras comunidades tradicionales que de ellos obtienen los medios para su subsistencia física, al tiempo que aseguran su sobrevivencia cultural. adicionalmente, muchos otros pueblos y pobladores rurales que habitan en zonas aledañas a los bosques, obtienen de ellos numerosos bienes y servicios que aseguran sus medios de vida. Los bosques son además depositarios de la mayor parte de la biodiversidad terrestre existente en el hemisferio y cumplen funciones ambientales esenciales, tanto en el ámbito local como global. por tanto, deben evaluarse los riesgos que el modelo del libre comercio implica para los bosques de la región y para quienes de ellos dependen. La experiencia y los resultados de los acuerdos comerciales del continente, y especialmente del TLCAN, así como en general las políticas neoliberales muestran que los estándares de protección de los bosques se han debilitado. La tala indiscriminada ha perjudicado gravemente a los pueblos que habitan los bosques o que de ellos dependen. Además, se han perdido empleos en el sector forestal y se ha intensificado la explotación de los bosques nativos sin mejorar los sistemas de extracción forestal ineficientes y destructivos. Las plantaciones forestales industriales no pueden ser consideradas como bosques, ya que carecen de la mayor parte de sus valores característicos y en general resultan en procesos de deforestación. Por ello cualquier acuerdo internacional en las Américas debe:
La conservación de la biodiversidad ha sido responsabilidad de miles de comunidades que cultivan, utilizan e intercambian sus recursos por razones vitales y no por el interés de lucro. Existe una relación directa entre la diversidad cultural, natural y agrícola, que se alimentan mutuamente. El intercambio internacional de los recursos de la biodiversidad ha beneficiado a muchos pueblos, aunque de manera cada vez más desigual en las últimas décadas. La conservación, investigación y desarrollo de los recursos genéticos ex-situ, en centros científicos públicos y privados, combinado con la aplicación de sistemas de propiedad intelectual, ha institucionalizado el despojo y la monopolización de los recursos genéticos. Actualmente la región enfrenta enormes amenazas a su biodiversidad, provenientes de la presión de los tratados internacionales de liberalización comercial y de la acción de las corporaciones multinacionales, favorecidas por legislaciones nacionales o regionales que amparan sus actividades. Estas amenazas son, entre otras, el saqueo y la sobreexplotación de recursos, la erosión genética y cultural, la desaparición de especies de fauna y flora y de variedades agrícolas tradicionales, la disrupción de ecosistemas, la contaminación biológica con especies transgénicas, los múltiples impactos económicos, sociales y culturales sobre las poblaciones campesinas, indígenas, y en general locales con formas de vida tradicional, que se ven desplazadas por la fuerza o por la erosión de sus medios de vida. En años recientes se han intensificado algunos procesos que llevan a mayores impactos negativos sobre la diversidad, tanto natural como cultural. Los megaproyectos de explotación de recursos naturales, incluídas la infraestructura de energía y transporte que éstos conllevan, tiene un impacto negativo físico directo. También hay procesos más indirectos, que conllevan fuertes impactos negativos. Estos son, en forma destacada, la acentuación del proceso de privatización a partir de las leyes de propiedad intelectual, la introducción de organismos manipulados genéticamente, el saqueo y privatización de recursos genéticos y conocimiento debidos a la "biopiratería", y la privatización –formal o fáctica- de las áreas naturales protegidas, enajenándolas de las poblaciones tradicionales y/o expulsándolas. Tomando en cuenta estas situaciones, la agenda de trabajo de las redes de la sociedad civil debería incluir:
El desarrollo energético sustentable supone el respeto al derecho de las comunidades, el ahorro energético y el combate al consumo excesivo de energía. Las fuentes de energía deben ser renovables, limpias y de bajo impacto, garantizando su acceso equitativo y democrático. La integración energética debe ser un proceso que permita el crecimiento de las potencialidades y la cooperación de los distintos países en relaciones de equidad de acuerdo con las características económicas, sociales y culturales de cada pueblo. Se propone:
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LA
OPINION DE DSOSTENIBLE NO A RAIZ DE CUALQUIER NOTA PUBLICADA EN ESTA PAGINA SE CONCEDERA DERECHO A REPLICA A QUIEN LO SOLICITE CON LA FINALIDAD DE MOSTRAR OTRO ENFOQUE SOBRE EL MISMO TEMA, ENRIQUECIENDO DE ESTA MANERA, LOS DEBATES QUE SE GENEREN
OPINIONES |
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Minería La herencia pasada y presente de la minería en las Américas incluye varias décadas de contaminación con metales pesados y destrucción de hábitats terrestres y oceánicos; amenazas a la salud y seguridad de los trabajadores mineros y sus familias, que muchas veces viven cerca de centros mineros insalubres, y producto de estar expuestos a la contaminación, sufren las repercusiones en su salud física y reproductiva. Estas condiciones se dan en todo el hemisferio, reflejo tanto de políticas publicas ineficientes para controlar de manera efectiva los impactos ambientales de esta actividad, como de conductas corporativas francamente depredadoras. La expansión acelerada de las actividades mineras en manos de compañías internacionales no ha sido acompañada por controles, regulaciones y salvaguardas más fuertes para la salud humana y el ambiente. Al contrario, ha generado mayor demanda de recursos como agua y energía. Por lo tanto, se exige a los gobiernos de las Américas: 2. Aceptar y asegurar las más altas normas en salud y seguridad de los trabajadores y la protección ambiental como condiciones en el desarrollo minero. 3. Declarar moratoria en la exploración y desarrollo minero en áreas ecológicas y de valor cultural. 4. Priorizar e incentivar políticas mineras orientadas a la reducción del consumo energético y al aumento de la eficiencia en el procesamiento de minerales. 5. Retomar las recomendaciones de la sociedad civil presentadas en
la Cumbre de Desarrollo Sustentable de Santa Cruz, en diciembre de 1996.
El uso intensivo de plaguicidas químicos en la agricultura de monocultivos para la exportación crea graves problemas de salud pública, tales como: envenenamientos frecuentes por el uso de plaguicidas extremadamente y altamente tóxicos; la generación de problemas crónicos en la salud tales como malformaciones congénitas, cáncer, alteraciones del sistema hormonal, problemas reproductivos y los efectos al sistema neurológico. Especialmente son los niños, las mujeres en edad reproductiva y los/as trabajadores/as indígenas migratorios los sectores que se encuentran en mayor riesgo. De manera similar el uso intensivo de plaguicidas químicos amenaza la biodiversidad de los agroecosistemas y ambiente de la región debido a la destrucción de la microflora y microfauna del suelo, la afectación de insectos benéficos, aves y otras especies de la vida silvestre; los impactos de las aspersiones aéreas, la contaminación de aguas subterráneas, el arrastre de contaminantes por los canales de riego a los ríos, lagunas y mares. Además de que provoca resistencia en insectos, hongos y malezas. Los modelos de regulación y control de la contaminación por el uso de plaguicidas en la región resultan ineficaces debido a la falta de cumplimiento de leyes y normas, un monitoreo deficiente y la falta de reconocimiento del acceso público a la información sobre el uso de plaguicidas y su impacto en la calidad ambiental y alimentaria. Por todo ello, se exige a los gobiernos de las Américas:
La generación de residuos peligrosos crea un grave problema de contaminación ambiental y de salud pública que amenaza con la sustentabilidad de las Américas, a pesar de ello la industria ha promovido un paradigma de evaluación y manejo de riesgos de las sustancias tóxicas antes que prevenir la exposición a ellas, y privilegia las tecnologías de tratamiento de los residuos peligrosos al final del proceso productivo en lugar de proponer cambios y evaluar alternativas al uso intensivo de sustancias químicas tóxicas y materiales peligrosos. Las políticas neoliberales de apertura comercial indiscriminada y de estímulo a la inversión extranjera promueven la autorregulación de la industria y provocan un menor control del comercio de sustancias y materiales peligrosos, la relocalización de industrias contaminantes en la región, la exportación de tecnologías sucias para el tratamiento de residuos peligrosos y en el caso del TLCAN la protección a inversionistas extranjeros con medidas compensatorias que les permiten recibir indemnizaciones millonarias si son afectados por medidas de conservación o de protección a la salud pública, aduciendo prácticas discriminatorias o expropiatorias. Es por ello que demandamos de los gobiernos de
las Américas.
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