LAS SEQUIAS SE INTENSIFICAN COMO NUNCA
El pronóstico anuncia un futuro más seco. El cambio climático amenaza con transformar partes del planeta en zonas desérticas.
Inundaciones, tornados, terremotos, tsunamis y otros eventos climáticos extremos han dejado una estela de destrucción en el primer semestre de 2011. Este podría ser apenas el inicio de un año de mal tiempo. Se anuncia sequía.
En el sur estadounidense, 14 estados están en este momento asándose a altas temperaturas. Y lo que es peor, la sequía, a diferencia de los terremotos y los fenómenos meteorológicos de avance rápido como los huracanes, podría convertirse en un estado permanente en algunas regiones.
Los climatólogos califican la sequía de “desastre progresivo” porque sus efectos no se sienten de inmediato.
Por otra parte, se supone que la demanda global de agua aumentará dos tercios en 2025, y EE. UU. teme una “crisis acechante del agua”. Para contrarrestar una emergencia por sequía, debemos redefinir cómo pensamos, valoramos y usamos el agua. La gran desertificación de 2011 comenzó el otoño pasado; ahora las temperaturas en numerosas regiones de EE. UU. llegaron a más de 37 grados celsius durante días. Un sistema de alta presión se instaló en el centro del país, frenando el aire fresco del norte. Texas y Nuevo México están más secos que nunca.
El calor abrasador provocó 138 muertos el año pasado, más que los huracanes, los tornados o las inundaciones, y convierte la maleza en materia seca vulnerable a los rayos y a la negligencia humana. Ya este año, unos 40 mil incendios quemaron más de 2.3 millones de hectáreas en todo el país (y es probable que el calor de agosto empeore las condiciones).
Richard Seagar, que analizó registros históricos y proyecciones de modelos climáticos para el sudoeste en el Observatorio Terrestre Lamont-Doherty de la Universidad de Columbia en Nueva York, dijo, refiriéndose a lo que constató: “No se lo puede llamar en realidad sequía porque eso implica un cambio temporario. Los modelos muestran una desertificación progresiva. Si los modelos son correctos, el sudoeste entonces enfrenta una sequía permanente”.
El aumento de la población incrementó la carga sobre la provisión de agua. Hay más habitantes que nunca en la tierra, y en muchos lugares el agua se utiliza en niveles insostenibles. En 2008, por primera vez en a historia, el número de habitantes de las ciudades de todo el mundo superó al de las comunidades rurales, y el agua se está urbanizando. Sin embargo, algunas de las ciudades más grandes del mundo (Melbourne, Australia; Barcelona, España; y México D.F.) ya sufrieron emergencias por sequía.
Más sequía podría traer aparejados nuevos tipos de desastres. Pensemos en Perth, Australia: su población pasó el 1.7 millones de habitantes en tanto las precipitaciones disminuyeron. Los planificadores urbanos temen que a menos que se emprendan acciones drásticas, Perth pueda convertirse en la primera “ciudad fantasma” –una metrópoli moderna abandonada por falta de agua–. Ciudades desérticas en auge en Estados Unidos, como Las Vegas, Phoenix o Los Ángeles, podrían enfrentar destinos similares.
Nuestra respuesta tradicional al desecamiento ha sido construir infraestructura hidráulica. Muchos propician construir represas aún más grandes y proyectos de canalizaciones ambiciosos como uno que exigiría “dar vuelta el Misisipi”, un plan para capturar el agua desbordada del Misisipi y canalizarla hacia el oeste seco. No obstante, en la actualidad se considera que los proyectos de desvío de agua son cotosos, ineficientes y destructivos para el ambiente.
Quienes manejan el agua están buscando una fuente de agua a prueba de sequías. La modificación climática, o siembra de nubes, es una idea atractiva. Cuando los químicos descubrieron que el hielo seco rociado en nubes producía nieve, y que las nubes sembradas con ioduro de plata producían lluvia, hablaron del fin de la sequía.
En condiciones perfectas, la modificación climática puede aumentar la lluvia entre un 10 y un 15 por ciento. China dice que produjo 36 mil millones de toneladas de lluvia al año entre 1999 y 2006.
Los críticos, incluido el Consejo Nacional de Investigaciones, cuestionan no obstante la modificación climática y su eficacia. En lo esencial: si bien las pruebas indican que la modificación climática funciona en un grado limitado, es improbable producir una cantidad importante de agua a corto plazo.
El océano es una fuente de agua más promisoria. El hombre soñó durante siglos en convertir el agua salada en una provisión ilimitada de agua dulce. En 1961, el presidente John F. Kennedy dijo que “si pudiéramos alguna vez, en forma competitiva y a bajo precio, obtener agua dulce del agua salada, todos los demás logros científicos quedarían eclipsados”. En 2008, más de 13 mil plantas desalinizadoras en el mundo produjeron miles de millones de galones de agua por día.
La desalinización, que es costosa y controvertida desde el punto de vista ambiental, tarda en ganar adeptos en EE. UU.
El reciclado de aguas residuales ofrece una fuente interesante, aunque estéticamente cuestionable, de agua potable. (Sus defensores hablan de “de las duchas a las flores”; sus detractores condenan los planes del “inodoro a la canilla”). Los proyectos para reciclar aguas residuales, que consisten en extraer y purificar el agua, están ganando aceptación lentamente. Windhoek, Namibia, –uno de los lugares más secos de la tierra– depende exclusivamente del agua de desechos. En El Paso, Texas, 40 por ciento del agua corriente es reciclada de aguas servidas. Fairfax, Virginia, recibe 5 por ciento de su agua corriente de afluentes reciclados.
Singapur presenta un modelo que vale la pena conocer: ningún país implementa un ahorro tan grande de agua. En los años 1950, debió enfrentar racionamiento, pero comenzó a construir un sistema de aguas de nivel internacional en los años 1960. Ahora, 40 por ciento de su agua proviene de Malasia, en tanto un notable 25 a 30 por ciento surge de la desalinización y el reciclado de aguas residuales; el resto se extrae de fuentes como recolección de lluvia a gran escala. La demanda se reduce por medio de impuestos al agua y tecnologías eficientes, y se insta a los habitantes de Singapur a conservarla. Más importante aún, el agua del país es manejada por una autoridad políticamente autónoma, sofisticada y bien financiada.
Esto hace que el uso del agua per cápita en Singapur haya bajado desde 165 litros en 2003 hasta 154 litros por día en 2011.
Estados Unidos es un país mucho más grande y complejo. Pero podría educar mucho mejor a sus ciudadanos respecto de la conservación.
Y podría también adoptar medidas como instalar medidores inteligentes, y detectar filtraciones (que drenan más de 3,8 billones de litros de agua por año); utilizar precios del agua por niveles para estimular la eficiencia: y promover la recolección de agua de lluvia y el reciclado de aguas residuales en gran escala. E instalar una nueva oficina de gestión del agua que administre la reserva del país en forma integral. Información proveniente de Nuevo México, Texas, Louisiana, Georgia y Florida lo muestran claramente: seguir como estamos no es una alternativa.
Vía: The New York Times
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