Febrero 21, 2011

EL PROGRESO DIVIDE A LOS ABORIGENES AUSTRALIANOS

tradiAustralia vive hoy un auge de recursos naturales, impulsado por la vertiginosa modernización de China, frecuentemente descrito como un fenómeno que sucede una vez cada cien años. Éste ha convertido en multimillonarios a empresarios que negocian con mineral de hierro y carbón, y ha enriquecido a muchos australianos al incrementar el valor de sus casas y al crear empleos bien remunerados.
Sin embargo, ha dejado visiblemente afuera a los aborígenes australianos, cuya propiedad de vivienda y niveles de educación caen por debajo de los promedios nacionales. El alto desempleo y el alcoholismo generalizado han continuado debilitando a las comunidades aborígenes aisladas en el noroeste de Australia, al otro lado del continente de las principales ciudades situadas a lo largo de la costa este. En la imagen se ve a Joseph Roe se opone a una planta de gas natural en James Price Point, Australia, porque dicho lugar tiene un significado espiritual.
Mientras las compañías de recursos naturales incursionan cada vez más en las áreas más remotas de Australia, los líderes aborígenes están apalancando sus derechos como dueños tradicionales de tierras para negociar tratos con compañías y gobiernos que buscan desarrollar sus propiedades.
“Este auge de recursos, de esta magnitud, se presenta quizá cada 50 a 100 años”, dijo Wayne Bergmann, abogado de 41 años y director ejecutivo del Consejo de Tierras de Kimberley, el grupo aborigen más grande en Broome.
“Así que si no nos posicionamos durante esta próxima etapa, es probable que nos quedemos sin las oportunidades que van a ayudar a construir la base económica para nuestras familias en el futuro. No nos podemos quedar con los brazos cruzados”. El Consejo de Kimberley ha respaldado firmemente un plan para construir una planta de gas natural licuado de US$30 mil millones en James Price Point, un sitio deshabitado 60 kilómetros al norte de Broome y accesible solamente por un camino de terracería.
Pero el proyecto ha generado una feroz oposición de los ambientalistas, quienes dicen que destruirá una zona prístina del país y dañará a Broome, el centro turístico más importante en esta parte de Australia. Otro grupo de líderes aborígenes se opone a la planta debido al significado espiritual del lugar. Debido al enfrentamiento de los dos grupos aborígenes, el Gobierno del Estado de Western Australia ha actuado para confiscar las tierras por medio de una “adquisición obligatoria”. Los líderes aborígenes están ahora bajo presión para llegar a un acuerdo en un máximo de seis meses. Si no lo hacen, el Tribunal Nativo Nacional de Títulos de Propiedad emitirá un veredicto, muy probablemente a favor del Gobierno, dicen varios expertos.
Woodside, la compañía de petróleo y gas más grande de Australia, enviaría gas natural desde el Océano Índico, a unos 400 kilómetros al oeste de Broome, a través de un gasoducto a la planta propuesta en James Price Point, donde se licuaría para su exportación, muy probablemente a China. Según un acuerdo preliminar entre el consejo de tierras, el Gobierno y Woodside, el proyecto le generaría aproximadamente US$1 mil 500 millones en regalías, contratos y otras formas de compensación a la comunidad aborigen de Broome durante las próximas tres décadas.
Joseph Roe, el opositor aborigen más prominente del proyecto de gas, de 44 años, dijo que estaba defendiendo su cultura y un “sentido de país”. Los aborígenes simpatizantes de la planta de gas, dijo, “ya no saben cómo conectarse con el país”.
“La gente toma decisiones, yo no fui a ninguna parte para ir a la escuela. Me quedé aquí y practiqué y estudié mis leyes durante 24 años de mi vida”, dijo Roe, refiriéndose a las costumbres y tradiciones aborígenes. Bergmann ha acusado a los ambientalistas, no aborígenes en su mayoría, de paternalismo. Los opositores del proyecto, dijo, querían que los aborígenes siguieran siendo “piezas de museo”, atados a sus tierras.
Los simpatizantes, agregó, han sido injustamente acusados de “traición” cuando simplemente quieren que los aborígenes se beneficien del auge minero de la misma forma en que lo han hecho los australianos blancos. Frank Parriman, aliado de Bergmann en el consejo de tierras, dijo que el desarrollo económico es la única manera para que las comunidades aborígenes se vuelvan independientes.
“No podemos seguir así; nuestras comunidades son disfuncionales”, dijo Parriman, de 52 años. “Tenemos que tener desarrollo económico y aprovechar la globalización, con China o cualquier otro país. No perderemos nuestra cultura simplemente porque participemos con el mundo”.
Vía: The New York Times

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