CÓMO DETENER UNA OLA DE INTOLERANCIA
Ha habido un clamor contra las leyes que se aplican a los homosexuales y a las lesbianas en África. En la imagen se ve a Steven Monjeza y Tiwonge Chimbalanga, de Malaui, que fueron condenados a 14 años de cárcel por “actos antinaturales”, y fueron indultados en mayo. No es fácil ser homosexual en África y en 2010 resultaba incluso más peligroso que de costumbre.
Desde Senegal hasta Burundi, pasando por Zambia, Malaui y Kenia, se ha perseguido a los gays y a las lesbianas, se ha criminalizado su orientación sexual y se han aplicado leyes contra los homosexuales.
Los líderes políticos y religiosos africanos critican con frecuencia la homosexualidad y la califican de “comportamiento no africano”. Pero a juzgar por el clamor en todo el continente contra los homosexuales y las lesbianas, y las duras leyes que se les aplican en la mayoría de los 53 Estados africanos, da la impresión de que la homosexualidad está muy extendida. Y en algunos países, el origen de la campaña contra los gays y las lesbianas puede remontarse tanto a una fuente extranjera (el fundamentalismo cristiano americano importado) como a las tradiciones y costumbres africanas. En ningún lugar del continente los homosexuales y las lesbianas se enfrentan a una persecución como la que sufren en Uganda.
El 9 de octubre, Rolling Stone, un periódico editado por los titulados de la Universidad Makerere de Kampala, donde reina el fundamentalismo cristiano, publicaba en su portada una lista de los “100 gays y lesbianas más destacados del país”, que completaba con fotografías y direcciones particulares y un titular en amarillo que decía “colgadles”. Al menos cuatro homosexuales fueron atacados como consecuencia de ello, según activistas pro derechos humanos. Aunque fue objeto de numerosos ataques por sus actos, el periódico insistió el mes siguiente. Esta vez, el Tribunal Supremo de Uganda ordenó que Rolling Stone dejara de publicar ese tipo de listas.
Uganda es un terreno abonado para todo tipo de misioneros religiosos y ha sido uno de los destinos preferidos de los evangelistas de Estados Unidos durante al menos una década.
El año pasado, tres religiosos evangelistas estadounidenses visitaron Kampala durante una conferencia de tres días sobre la “actividad homosexual” y la supuesta amenaza que representa para los valores tradicionales africanos y cristianos.
Poco después, se presentó un nuevo proyecto de ley contra los gays en el Parlamento ugandés y sus ponentes admitieron que los evangelistas les habían animado a hacerlo. Este proyecto exige duros castigos y, en casos extremos, la pena de muerte. El clamor contra la propuesta de la nueva ley se ha extendido por todo el mundo. El presidente Barack Obama la calificó de “odiosa”, y a principios de 2010, el presidente de Uganda, Yoweri Museveni, se distanció de ella. Por el momento, el proyecto de ley no se ha sometido a votación.
Kapya Kaoma, un sacerdote anglicano de Zambia que redactó un informe sobre el tema, ha investigado extensamente la cercana relación entre la derecha cristiana americana y la oleada de intolerancia sexual en Uganda y en cualquier otro lugar de África.
Incluso sin la influencia evangélica, la homosexualidad no es ampliamente tolerada por los africanos. En Sudáfrica, que cuenta con la legislación más liberal sobre los derechos sexuales, incluido el reconocimiento de los matrimonios del mismo sexo desde 2006, se han dado varios casos de violaciones de lesbianas por parte de grupos de hombres con el fin de “curarlas”. Recientemente visité Malaui, donde a principios de este año una pareja homosexual fue condenada a 14 años de cárcel por protagonizar una ceremonia de compromiso, antes de que los indultara el presidente, Bingu wa Muthariki, quien cedió a la presión internacional para ponerlos en libertad.
En docenas de entrevistas con hombres y mujeres de Malaui, no logré encontrar ni una sola persona que estuviera de parte de Tiwonge Chimbalanga y Steven Monjeza, los dos acusados. Los gays y las lesbianas se enfrentan a una larga lucha para obtener una plena aceptación entre sus compatriotas africanos.
Su mejor esperanza para lograr un trato más justo puede venir de fuera de África. Con la elección de Obama, la influencia de los cristianos evangélicos, que alcanzó su cota máxima durante el Gobierno de Bush, ha disminuido considerablemente. La presión internacional contribuyó decisivamente a facilitar la puesta en libertad de los dos detenidos en Malaui.
Con ayuda extranjera y un liderazgo nacional más progresista, puede llegar el día en el que todos los africanos se identifiquen con la Constitución sudafricana, que protege los derechos de todos, con independencia de su “raza, género, sexo, embarazo, estado civil, origen étnico o social, color, orientación sexual, edad, minusvalía, religión, conciencia, creencias, cultura, idioma y nacimiento”.
Vía: The New York Times
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