DEJAR DE UTILIZAR EL CARBÓN NO ES FÁCIL PARA HUNGRÍA
Cuando los directores de la última planta eléctrica alimentada por carbón que queda en Hungría anunciaron el cierre de su mina de ese mineral y comenzarían a desmantelar la planta a finales de este año, la noticia causó conmoción en la ciudad industrial de Oroszlany, donde la plaza hace gala de una estatua de tres mineros.
En la imagen se ve a mineros en Oroszlany que temen perder su sustento al cerrar Hungría paulatinamente la última planta de energía de carbón del país.
Era bien sabido que la planta paraestatal Vertesi y su mina se mantenían a flote sólo gracias a los subsidios estatales anuales de más de US$30 millones. Sin embargo, más de 3 mil de los 20 mil residentes de la ciudad trabajan en industrias relacionadas con el carbón, la planta es uno de los contribuyentes fiscales más importantes de la ciudad y, gracias a ella, bodegas, fábricas y 5 mil casas del área tienen calefacción. “Sabemos que el carbón es una técnica vieja que no es sustentable aquí, pero no hemos encontrado una alternativa”, dijo Gabor Rajnai, Alcalde de Oroszlany. “Todo mundo se pregunta cómo vamos a hacer para calentarnos en el invierno”.
La planta Vertesi tendrá permitido continuar sus operaciones de forma limitada durante tres años después del cierre de la mina, en parte para darle a la ciudad tiempo de encontrar una alternativa de calefacción.
Decidida a reducir la dependencia europea del carbón, la Comisión Europea libra una complicada batalla contra los subsidios que han sostenido durante mucho tiempo al carbón, una industria influyente, pero atribulada por la contaminación. En mayo, el organismo gubernamental de la Unión Europea, con sede en Bruselas, anunció que los rescates económicos y favores para las minas de carbón y plantas de energía quedaban prohibidos al terminar este año, lo que precipitó el fin de Vertesi.
Al tiempo que los países intentan reducir sus emisiones de combustibles fósiles, muchos buscan dejar de depender del carbón, el combustible que produce más emisiones. Sin embargo, el carbón también es el sustento principal de comunidades en países que van desde Hungría hasta Alemania.
Aunque la Unión Europea generalmente prohíbe los subsidios nacionales, el carbón tiene mucho tiempo de ser la excepción. Mas esa posición ha cambiado, en tanto que las preocupaciones sobre el calentamiento global han aumentado y hay mejores fuentes de energía renovable disponibles.
Frecuentemente se habla del carbón como un combustible barato, pero esa designación no siempre es atinada, señalan los analistas de energía. En algunos lugares, ahora hay recursos más baratos disponibles y la etiqueta no toma en consideración la contaminación causada por la quema de carbón.
El sistema de intercambio de emisiones de la Unión Europea obliga, de hecho, a las compañías de energía a pagar algunas de las emisiones excesivas del carbón. El objetivo de la Unión Europea no es eliminar por completo el carbón, sino reemplazarlo, donde no sea económico, con formas de energía más limpia. Sin embargo, suspender los subsidios al mineral no es fácil.
Alemania y España se opusieron vehementemente al plazo propuesto, del 31 de diciembre, al argumentar que la recesión hacía que revocar subsidios este año fuera poco práctico. El carbón representa un 30 por ciento de la producción y el 17 por ciento del consumo de energía en la Unión Europea.
Europa aprobó, en el 2002, la primera ley que retira paulatinamente los subsidios a las operaciones de la industria del carbón —el plazo ha sido pospuesto en repetidas ocasiones—. Algunos países, como Francia e Italia, han puesto fin a sus subsidios. Algunos de éstos, como los que buscan dar nueva capacitación a ex mineros o limpiar los sitios de carbón, no han sido prohibidos.
En respuesta a las presiones, los exasperados ministros de la Unión Europea dijeron, en julio, que otorgarían una extensión muy limitada de ciertos subsidios hasta el 2014, pero con varias estipulaciones nuevas. Por ejemplo, los subsidios pueden ser otorgados ahora “sólo en el contexto de un plan de cierre” que clausure totalmente las plantas para enero del 2014, y tienen que reducirse en un 33 por ciento cada 15 meses. Además, el dinero no puede ser usado para obtener acceso a nuevas reservas de carbón. La propuesta será sometida a voto este año.
Antes de la recesión internacional, Oroszlany construyó un parque industrial para atraer a la pequeña manufactura (General Electric tiene una fábrica en la ciudad) para generar empleos una vez que terminara la dependencia del carbón. Sin embargo, aún es un esfuerzo en ciernes.
En los años 90, había 6 mil 500 personas trabajando en la planta eléctrica; ahora hay mil 500. En el 2009, 800 personas perdieron sus empleos y 300 siguen desempleadas, pese a programas de recapacitación laboral. Vertesi aún suministra alrededor del 5 por ciento de la electricidad del país. Los mineros, cuyas familias extendidas nunca han conocido otra profesión, enfrentan un futuro incierto.
“Tras 20 años de trabajar en la mina, tu cuerpo está bastante dañado, así que ya nadie te quiere contratar”, afirmó Csaba Fekete, de 39 años, mientras se preparaba para su turno.
Judit Bertalan, miembro local del Parlamento, quien se opone al cierre de la mina, dijo: “Aun cuando estamos en la Unión Europea, en Hungría la gente ve esto como un asunto local”.
Vía: The New York Times
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