EL FUTURO DE LA COMISIÓN BALLENERA INTERNACIONAL
La Comisión Ballenera Internacional (CBI) es el organismo que regula la caza de ballenas y supervisa la investigación sobre las poblaciones de ballenas. Desde hace algunos años, las diferencias de opinión entre los países miembros han polarizado las posturas al interior de la misma.
Por un lado, se encuentran los países que buscan eliminar la moratoria a la caza comercial de ballenas impuesta en 1986, y por el otro, aquéllos que buscan mantener la prohibición y fortalecer las medidas de conservación. Para la 62° Reunión de la CBI en Agadir, Marruecos, se presentó ante los países miembros una controversial propuesta que buscaba romper con esta dinámica y sentar en la mesa de negociación a ambas facciones.
La CBI se creó en 1946 con la firma de la Convención Internacional para la
Reglamentación de la Caza de la Ballena. La pesca desmedida de ballenas para satisfacer la elevada demanda de grasa y carne de ballena en aquella época, hizo necesario un ordenamiento de la industria ballenera y la conservación de estos recursos. La CBI debía establecer los
límites al número y tamaño de ballenas a cazar, además de asegurar la protección de determinadas especies. La firma del convenio no logró revertir la sobrepesca; al contrario, la situación se agravó a tal grado que casi todas las grandes ballenas se consideraron comercialmente extintas, mientras que algunas poblaciones y especies como la ballena azul y la ballena franca fueron condenadas casi a desaparecer.
Esta grave situación dio origen a una de las campañas más sobresalientes del movimiento ambiental bajo el lema “¡Salven a las Ballenas!”. Es en 1982 cuando la CBI establece finalmente una moratoria total a la pesca comercial de cetáceos que entró en vigor en 1986 y continúa al día de hoy y gracias a esta medida fue posible salvar a cientos de miles de ballenas. Aún así, poblaciones de varias especies que fueron objeto de una intensa explotación, como la ballena azul, el rorcual común, la ballena sei y las ballenas francas continúan en situación vulnerable.
A pesar de la moratoria, Japón, Noruega e Islandia, continúan cazando ballenas a nivel comercial, fuera del control de la CBI. De 1986 a la fecha han cazado 33,561 ballenas abusando de un vacío legal en la Convención que permite la caza bajo objeción y para investigación científica. Japón justifica la caza bajo la apariencia de investigación científica, subsidiando una industria que provee carne de ballena al mercado local. Noruega objetó formalmente la moratoria desde el principio. Islandia, inconforme con la prohibición, dejó la CBI en 1992 reingresando con una reserva en contra de la moratoria en el 2002.
Esta violación a la moratoria forma parte del conflicto mencionado al principio y que ha polarizado a los países miembros de la CBI en dos bloques: uno demanda el cese de toda caza comercial y el otro justifica su derecho a continuar con esta actividad. Esta falta de consenso entre ambos bloques dificulta el funcionamiento de la CBI y la toma de acciones a favor de la conservación.
Con la finalidad de buscar una solución a este conflicto y mejorar el funcionamiento del organismo, el Presidente y VicePresidente en turno de la CBI, el Embajador Cristián Maquieira y el Embajador Anthony Liverpool respectivamente, presentaron para la reunión de este año una propuesta que resultó un tanto controversial. Entre sus elementos más polémicos se incluía un plan que fusionaba la caza comercial y científica en una sola no determinada. Ello implicaba levantar la moratoria a Noruega, Islandia y Japón permitiéndoles así cazar legalmente durante 10 años; esto a cambio de la disminución significativa de las cuotas y el cese de toda pesca científica (bajo reserva y objeción) adecuándose a cuotas de captura establecidas y aprobadas por la CBI.
La propuesta Maquieira-Liverpool fue finalmente rechazada por falta de consenso. El comisionado de México ante la CBI, el Dr. Lorenzo Rojas, manifestó que esta propuesta difícilmente sería aceptada al implicar para los países el cese de ciertos principios fundamentales. Para México, por ejemplo, el levantamiento de la moratoria y la legitimación de la caza científica del Japón era un punto inaceptable. Es necesario recordar que México fue el primer país en designar un santuario ballenero, medida que contribuyó significativamente a la recuperación de la población de la ballena gris oriental y marcó un hito en la historia de la conservación. Hoy en día, el país cosecha los beneficios de este esfuerzo gracias al avistamiento de ballenas.
En cuanto al futuro de la CBI, el impasse respecto a las cuotas de caza probablemente continúe por un tiempo. Sin embargo, como señala el Dr. Rojas, habrá que desarrollar un nuevo enfoque para retomar las consultas y negociaciones sobre el futuro de este organismo internacional, ya que no es posible resolver los problemas más complejos cediendo los principios básicos de cada país. El nuevo enfoque puede surgir del diálogo sobre los temas de interés común, como el mantener las poblaciones de ballenas sanas y como elementos funcionales del ecosistema. En este sentido, existen temas apremiantes que amenazan la existencia de las ballenas como la mortandad incidental en artes de pesca, la degradación del hábitat y la contaminación marina química y acústica, entre otras, que pueden abrir nuevas puertas para la colaboración.
Otro aspecto positivo a resaltar es el papel de actores externos a la CBI. La sociedad civil ha tenido un rol clave en las negociaciones; WWF, Grupo Pew Medio Ambiente y Greenpeace, por ejemplo, identificaron los seis elementos indispensables a incluir en cualquier acuerdo. Recientemente el Parlamento Europeo condicionó la entrada de Islandia a la Unión Europea al cese definitivo de toda caza de ballenas. Japón por lo pronto enfrenta una demanda interpuesta por Australia ante el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya por actuar en contra de un acuerdo internacional a través de su programa de caza científica. El éxito de la industria de avistamiento de ballenas, que tan sólo el año
pasado generó 2,100 millones de USD y 13,000 empleos a nivel mundial es una actividad mucho más atractiva y rentable que la caza de ballenas, que depende en gran medida de subsidios gubernamentales y enfrenta a su vez restricciones al mercado de productos de ballena.
Finalicemos en un tono esperanzador señalando que el futuro será testigo de una CBI más enfocada en la conservación de ballenas…ya que “una ballena viva vale más que una muerta”.
Vía: Pronatura
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