EL PARQUE NACIONAL SERENGETI EN PELIGRO
Una ruta pavimentada podría afectar el turismo en Tanzania.
Los expertos temen que una autopista dañe el ecosistema africano.
En la imagen se ve a niembros de la tribu masai en una senda de Tanzania que tarde o temprano se convertirá en una autopista, afectando la migración de 2 millones de animales del Serengeti.
En esta infinita extensión de hierba amarilla, cada primavera dos millones de gñus, cebras, gacelas y otros animales herbívoros marchan hacia el norte en busca de pasturas más verdes mientras leones y hienas los acechan y los buitres los sobrevuelan. Se llama la Gran Migración, y se le considera una de las concentraciones de vida animal más espectaculares del planeta. Pero cuánto más seguirá existiendo, es otra historia.
El presidente de Tanzania, Jakaya Kikwete, que obtuvo la reelección en reñidos comicios el 31 de octubre, planea construir una autopista nacional a través del parque Serengeti, que atravesaría la ruta migratoria y llevaría un denso tránsito de camiones cargados y autobuses veloces al camino de las manadas de animales.
Científicos y grupos conservacionistas pintan un panorama desolador de lo que podría pasar a continuación: animales raros como los rinocerontes arrollados, construcción de vallas, semillas que se adhieren a las llantas de los autos y se extienden por todo el parque, interrupción de la migración y un daño grave e irreversible para todo el ecosistema. “El ecosistema del Serengeti es una de las maravillas del planeta”, dijo Anne Pusey, una antropóloga de la Universidad Duke en Carolina del Norte. “Hay que preservarlo”.
Ninguno de los principales grupos conservacionistas que presionan a Kikwete para que reconsidere su decisión dice que intenta bloquear la construcción de la autopista nacional. Sólo se oponen a que atraviese el Serengeti. Pero pocas cosas simbolizan mejor el progreso que una carretera. Esa ruta comunicará zonas marginadas del norte de Tanzania y fue una de las promesas electorales de Kikwete.
Salvator Rweyemamu, el vocero del presidente, dijo que Tanzania había hecho más que la mayor parte de los países para proteger la vida silvestre y agregó, con evidente frustración, que “ustedes siempre hablan de los animales, pero tenemos que pensar en la gente”. Centenares de miles de personas dependen aquí del turismo para subsistir.
El Serengeti, por otra parte, es como una gigantesca máquina registradora para Tanzania, dado que atrae más de cien mil visitantes por año, genera millones de dólares en entradas al parque y contribuye a impulsar el multimillonario sector de safaris de Tanzania. “Si algo malo le sucede al Serengeti, estamos perdidos”, dijo Charles Ngereza, un operador turístico de Tanzania.
La mayor parte de la población de Tanzania vive con unos pocos dólares por día, de modo que el desarrollo económico fue un tema muy presente en la elección. La corrupción, sin embargo, es una creciente preocupación. Se ha acusado al partido gobernante de Kikwete de dilapidar millones de dólares del Tesoro mediante la concesión de contratos a compañías fantasma. “Las masas están descontentas. Quieren un cambio”, dijo Azaveli Lwaitama, analista político de la Universidad de Dar es Salaam. Eso puede ser cierto en las ciudades, pero en las zonas rurales, donde vive la mayor parte de la población, el presidente sigue teniendo mucho apoyo.
En Engare Sero, un pueblo de seis mil habitantes, en su mayoría pastores masai, casi todos los entrevistados el mes pasado contestaron que votarían a Kikwete. Engare Sero se encuentra en la ruta de la carretera de 480 kilómetros prometida, que ya está marcada con pintura roja en las rocas. Aquí los únicos caminos son sendas de grava cuyo recorrido destroza la espalda.
El jefe Loshipa Sadira habló de las razones por las que la gente quería la autopista: productos más baratos, acceso más rápido al hospital, mejor comunicación con las ciudades y la oportunidad de contar algún día con electricidad y servicio de telefonía celular. Es difícil rebatir sus argumentos. Loshipa y su familia subsisten como pastores de vacas en un lugar desértico. Hay praderas fértiles cerca, pero en su mayor parte están reservadas para los animales.
Esa política se remonta a la época colonial, cuando se expulsó a los masai de sus tierras en aras de la conservación. Eso sumió a muchos masai en la miseria, por lo que los hombres jóvenes van a las ciudades a vender tanzanita (piedra semipreciosa local) o buscar empleo. El jefe Sadura agregó que su gente no sólo quiere la autopista, “hace años que rezamos por su construcción”, dijo.
Vía: The New York Times
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