LA RIQUEZA NO SIEMPRE AYUDA A LOS POBRES
Flujo de riqueza y pesar
En los países más pobres, el arribo de ExxonMobil es una bendición ambivalente. La empresa representa una ambivalencia de dinero y conflicto para los mas empobrecidos
El flujo de ingresos sumió en una mayor pobreza a otros países ya pobres pero con abundancia de recursos.
En la imagen se ve a Hamon Matipe, centro, quien derrochó los US$120 mil que recibió de ExxonMobil.
Se dice que uno de los mitos más importantes de las Tierras Altas del Sur de Papúa Nueva Guinea predijo la llegada de ExxonMobil, el gigante petrolero estadounidense que se dispone a extraer gas natural aquí para enviarlo al exterior. Según el mito, llamado Gigira Laitebo, los habitantes mantienen encendido un fuego subterráneo hurgando la tierra con palos. El fuego llegará a “encender el mundo”, dijo Peter O’Neill, el ministro de Finanzas del gobierno nacional. “El desarrollo del proyecto y la entrega a los mercados internacionales es una forma de cumplir el mito”.
Como todos los mitos, sin embargo, este se encuentra abierto a la interpretación, como sugirió hace poco un grupo de hombres y mujeres de una parroquia católica romana local. “Si llegan extranjeros a nuestra tierra, hay que darles comida y agua, pero no el fuego”, declaró John Hamule, de 38 años. “Si lo hacemos, será la destrucción de este lugar”.
Está previsto que en 2014 Exxon- Mobil empiece a enviar desde allí gas natural a través de un gasoducto de 720 kilómetros, luego de lo cual lo hará a Japón, China y otros mercados del este asiático.
Pero el flujo de ingresos, que se estima proporcionará a Papúa Nueva Guinea US$30 mil millones en tres décadas, obligará a un país que ya se ve afectado por la corrupción estatal y un complejo sistema de tenencia de tierras a manejar un golpe de suerte que, paradójicamente, sumió en una mayor pobreza a otros países pobres y con abundancia de recursos.
Si bien las empresas más ricas de Occidente están habituadas a buscar recursos naturales en los confines más pobres del mundo, pocos lugares del planeta parecen tan mal preparados como las Tierras Altas del Sur para tratar con ExxonMobil. Se trata de la región más empobrecida de uno de los países más pobres del mundo, y los occidentales no la exploraron hasta la década de 1930.
Las constantes guerras tribales por tierra, mujeres y cerdos (estos últimos son considerados de gran valor y una medida de riqueza, además de usarse para pagar dotes y zanjar disputas) se han intensificado en los últimos diez años por la facilidad para conseguir armas, que se contrabandean desde Indonesia y se cambian por la marihuana que se cultiva aquí.
Las autoridades locales, sin embargo, manifiestan su preocupación respecto del constante ingreso de armas a una zona en la que casi no hay presencia gubernamental. Temen que las ventajas del proyecto de gas no colmen las expectativas y que se cree una generación de jóvenes que odie a ExxonMobil.
De hecho, propietarios de tierras indignados ya obligaron a los contratistas de ExxonMobil a suspender los trabajos en varias obras y los empresarios locales compiten por contratos con abiertas amenazas.
ExxonMobil, por otra parte, enfrenta la complicada perspectiva de abordar el sistema de manejo de la tierra de Papúa Nueva Guinea, que concede el control del 97 por ciento de ésta a los propietarios tradicionales, sobre todo pueblos indígenas cuyos derechos de propiedad de pequeños predios son hereditarios. Más de 60 mil personas poseen tierras en las que se extraerá gas o por las que se le transportará.
Para obtener su aprobación, el gobierno invitó el año pasado a tres mil personas a una reunión para acordar una participación en las ganancias. El gobierno organizó la reunión en una isla para evitar la asistencia de personas no invitadas, pero otros dos mil propietarios terminaron por imponer su presencia, dijo Anderson Agiru, el gobernador de la provincia de las Tierras Altas del Sur. La reunión, que tenía una duración prevista de siete días, se prolongó seis semanas. De todos modos, miles de personas acudieron a la capital del país, Port Moresby, para tratar de conseguir una participación. Los funcionarios de ExxonMobil se negaron a conceder entrevistas. En un e-mail, la compañía señaló que “busca generar beneficios económicos y sociales a largo plazo a partir de sus proyectos y su presencia”.
Sin embargo, en las Tierras Altas del Sur, el panorama no es tan sombrío. En los últimos meses, por ejemplo, la Policía regresó después de una larga ausencia. Pero el dinero que llega a manos de la población local, que por ahora es poco, ya es motivo de preocupación para los sacerdotes de la parroquia católica. “La gente de aquí no está preparada para ese tipo de dinero”, declaró el reverendo Paul Palo, oriundo de Papúa Nueva Guinea. Antes había hecho una advertencia a su congregación, a la que le recordó que el jefe de una aldea local derrochó US$120 mil.
Hamon Matipe, jefe septuagenario de Kili, dijo que había dado la mayor parte del dinero a sus diez esposas. Pero también unos US$20 mil para comprar cuarenta y ocho cerdos, que usó como dote para obtener una esposa de quince años, para lo cual pagó más que los habituales treinta cerdos. Él y otros 30 hombres de la aldea luego celebraron con la compra de quince cajas de cerveza, lo que tuvo un costo de alrededor de US$800.
“Ahora el dinero desapareció”, dijo Matipe. “Pero estoy muy contento con la compañía, con la ExxonMobil. Antes, yo no tenía nada. El dinero me permitió comprar cerdos y volver a casarme”.
Vía: The New York Times
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