Octubre 13, 2010

FRANCIA NO QUIERE PRESCINDIR DE SUS INMIGRANTES MUJERES

necesitaLos franceses quieren más empleadas domésticas
Una caminata por cualquier barrio de París pone en evidencia que cada vez son más las mujeres extranjeras (ilegales y legales) que empujan cochecitos de bebé, que cuidan a las personas postradas o planchan las camisas.
Con una población que envejece, y una de las tasas de natalidad más altas de la Unión Europea, Francia necesita ayuda, sobre todo ahora que los cortes presupuestarios afectan los servicios sociales. Recientemente, estas mujeres obtuvieron una pequeña victoria en una campaña que llevaron a cabo sindicatos franceses y grupos de derechos humanos para legalizar a inmigrantes ilegales (los “sans papiers”) que ya tienen empleos.
Documentos de identidad con número y foto identifican ahora a algunas mujeres como miembros de un grupo registrado de trabajadores indocumentados cuyas solicitudes de trabajo están siendo analizadas.
Hace poco, Galina Dubenco utilizó su documento cuando envió una valija a sus parientes en Moldova. Mientras esperaba para colocar regalos y ropa en un autobús, la policía le pidió sus documentos. Es un momento temido. Pero con su tarjeta, la policía retrocedió.
Mientras Francia intenta resolver cómo integrar a sus inmigrantes, esta iniciativa es una prueba adicional de que el país no puede prescindir de ellos. “Nunca hay problema para encontrar trabajo”, dijo Fahra Itri, marroquí de 38 años que trabaja en Francia desde hace 6 años y que, junto con Dubenco y otras mujeres, participó en una manifestación de “sans papiers” frente al Ministerio de Inmigración. “Eso es lo extraño. Lo único que falta es un pedazo de papel”.
Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), en París, la tasa de empleo para las mujeres extranjeras en Francia ha ido creciendo en forma constante en la última década (de 44,2 por ciento en 1995 a 52,3 por ciento en 2008). Pero los empleos son precarios; las mujeres trabajan por su cuenta, aisladas en apartamentos privados, y su estatuto ilegal las hace vulnerables a exigencias insensatas.
A diferencia de sus pares, que trabajan en restaurantes y en la construcción, no pueden hacer huelga porque eso significaría abandonar a las personas que las contrataron para cuidar. Congregadas en Femmes Egalité, con 24 años organizando mujeres en Francia y África, indocumentadas ahora pueden exhibir cierta protección. “Es primera vez que las mujeres aúnan fuerzas para impulsar su legalización como trabajadoras”, dijo Françoise Nassoi, organizadora de Femmes Egalité.
Las tropas de choque del movimiento para legalizar a los sans papiers son en su mayoría hombres que han organizado dos huelgas desde 2008 con el respaldo de los sindicatos franceses. A las mujeres les ha costado más que a los hombres. Cuidadoras como Dubenco no tienen pruebas de sus años de trabajo – ni comprobantes de cheque, ni documentos falsificados-.
A diferencia de los huelguistas varones, que provienen en gran parte de África Occidental y Asia, las mujeres llegan de todo el mundo, lo cual hace que constituyan un grupo menos cohesivo. “Lo importante es que entiendan que son parte de un grupo, un colectivo”, dijo Nassoi.
Vía: The New York Times

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