Octubre 5, 2010

Una ciudad sustentable en el desierto

una cUtopía en el desierto: una ciudad futurista usa antiguos métodos de enfriar el aire caliente. En las arenas árabes, una visión ecologista es cuestionada. Los promotores de Masdar, ciudad bajo construcción cerca de Abu Dhabi, dicen que será la primera urbe neutral en carbono del mundo. Será hogar de un instituto de investigación enfocado en la energía renovable y la sustentabilidad, y con el tiempo, si todo sigue como se planea, de diferentes compañías de tecnología limpia y 45 mil residentes, mientras que 45 mil personas más se trasladarán allí a diario, según pronósticos.

Los barrios tendrán edificios y elementos de diseño particulares. La Plaza Masdar, por ejemplo, contará con 54 sombrillas que abren y cierren automáticamente al amanecer y al atardecer

Allá por 2007, cuando el gobierno local anunció su plan para “la primera ciudad sin carbono del mundo” en las afueras de Abu Dhabi, muchos occidentales lo consideraron una maniobra, una reedición de la torre de 828 metros de altura de la vecina Dubái en el desierto y del archipiélago de islas artificiales sombreadas de palmeras.

La ciudad, llamada Masdar, sería un cuadrado perfecto de alrededor de un kilómetro y medio de lado construida sobre una base de siete metros de altura a los efectos de aprovechar las brisas del desierto. Bajo su laberinto de calles peatonales, una flota de autos eléctricos sin conductor navegaría en silencio por túneles apenas iluminados. El proyecto evocaba tanto una fortaleza medieval amurallada como una versión mejorada de Tomorrowland en Disney World.

La verdad es que esas primeras opiniones resultaron ser erradas. Para fines de septiembre, a medida que la gente empezaba a mudarse a la primera parte del proyecto –una zona de 1,4 hectáreas en torno de un instituto de investigación en sustentabilidad–, era evidente que Masdar era algo más audaz, y también más nocivo.

El lugar combina diseño de alta tecnología y antiguas prácticas de construcción para crear un extraño modelo de comunidad sostenible, pero también refleja la mentalidad de comunidad cerrada que se ha extendido por el mundo como un cáncer. Su pureza utópica y su aislamiento de la vida de la ciudad real cercana se basan en la convicción de que la única forma de crear una comunidad armoniosa es aislarla del mundo.

El estudio que diseñó la ciudad, Foster & Partners, una firma conocida por sus proezas tecnológicas, trabajó en una visión social atractiva en la cual la tradición local y el impulso modernizador ya no están en conflicto.

Norman Foster, el socio principal, dijo que empezó por hacer un meticuloso estudio de los viejos asentamientos árabes, entre ellos la antigua ciudadela de Aleppo en Siria y las torres de departamentos de ladrillos de barro de Shibam, en Yemen, que se remontan al siglo XVI. “La idea”, señaló, “era mirar atrás y entender los principios fundamentales”, la forma en que esas comunidades habían vivido en una región donde la sensación térmica puede ser de 65 grados.

Uno de los descubrimientos fue que esos asentamientos con frecuencia se construían en terrenos altos, no sólo por razones defensivas, sino también para aprovechar los vientos más fuertes. Algunos también usaron elevadas “torres de viento” huecas para canalizar el aire hasta el nivel de la calle. El diseño angosto de las calles –que casi siempre estaban en ángulo con la trayectoria este-oeste del sol para aprovechar al máximo la sombra– aceleraba el flujo de aire por la ciudad.

El equipo de Foster estimó que con la combinación de esas ideas podría lograr que Masdar fuera casi un 50 por ciento más fresca. De esa forma podrían reducir a más de la mitad la cantidad de electricidad para el funcionamiento de la ciudad. Se estima que el 90 por ciento de electricidad que se use será solar y que el resto se generará por medio de incineración de desechos (que produce mucho menos carbono que la acumulación).

Masdar está a 30 kilómetros del centro de Abu Dhabi. Se sigue una calle angosta que pasa por una refinería de petróleo y recorre zonas desoladas de desierto antes de llegar al muro de hormigón de Masdar y descubrir la ciudad elevada. Desde ahí, una calle va desde la base hasta un estacionamiento ubicado bajo el límite de la ciudad.

Salir de ese espacio y desembocar en una de las estaciones de “Tránsito Personal Rápido” recuerda los sets de “2001: Odisea del espacio”. Nos encontramos en un espacio enorme y oscuro frente a una hilera de autos blancos con forma de vaina que están alineados en zonas rectangulares de vidrio. El día que llegué, se probaban los primeros trece autos eléctricos futuristas de una flota propuesta de centenares. En cuanto se dé de alta el sistema, dentro de unas semanas, un usuario podrá subirse a un auto y elegir su destino en una pantalla LCD. El auto se incorporará en silencio al tránsito y parecerá conducirse solo por una red de calles debajo del nivel de la ciudad. No hay cables ni vías.

Sólo cuando la gente llega a su destino podrá advertir el grado en que todo está diseñado para un desempeño eficiente y de bajo consumo. Los ascensores de la estación están ocultos discretamente para alentar el uso de una escalera de hormigón que llega a la superficie. Al llegar a las calles –que el día de mi visita gozaban de una fuerte brisa–, la única forma de trasladarse es a pie.

Hasta ahora, las construcciones son de dos estilos. Laboratorios dedicados al desarrollo de nuevas formas de energía sostenible y vinculados al Massachusetts Institute of Technology, funcionan en grandes estructuras de hormigón revestidas de paneles de etileno tetrafluoroetileno, un plástico translúcido muy fuerte que está de moda en los círculos arquitectónicos contemporáneos por su aspecto elegante y su durabilidad.

Las construcciones residenciales, que por ahora corresponderán en su mayor parte a profesores, estudiantes y sus familias, usan un léxico arquitectónico más tradicional. Una fachada ondulante de enrejados de hormigón se basa en la habitual mashrabiya de la región. Los bloques enrejados dirigen la luz solar y ocultan los interiores a la vista, mientras que las curvas dan panoramas angulares del exterior, de modo tal que los habitantes de los apartamentos nunca enfrentan de forma directa las ventanas de los edificios que tienen enfrente.

Al igual que muchas universidades de Oriente Medio, el barrio está dividido por sexos. Las mujeres y las familias viven en un extremo, mientras que los hombres solos lo hacen en el otro. Cada extremo tiene una pequeña plaza pública que hace las veces de centro de encuentro social.

La decisión más radicalizada de Foster fue la forma en que abordó uno de los desafíos del diseño urbano más problemáticos del siglo pasado: qué hacer con el auto. No sólo cerró Masdar por completo a los vehículos de motor a combustión, sino que ubicó su reemplazo –su red de autos eléctricos– bajo la ciudad. Los autos tradicionales se ven detenidos en los límites de la ciudad.

De todos modos, cabe preguntarse si a pesar de la inteligencia técnica y la sensibilidad a las normas locales, Masdar podrá alcanzar alguna vez la riqueza y la textura de una ciudad real. Un sistema ferroviario liviano la comunicará finalmente con Abu Dhabi, y sin duda la vida urbana se hará más animada a medida que la población diurna crezca hasta los 90 mil habitantes previstos.

Foster señaló que se contempla que la ciudad albergue todo un espectro social, desde estudiantes hasta los trabajadores de servicios. “Las cosas no pasan por la exclusión social”, argumentó. El área en vías de terminarse este otoño tiene algunos elementos de diseño comunes al proyecto global.

El transporte automatizado Masdar usará un sistema automatizado de vehículos eléctricos, entre ellos autos para pasajeros y camiones de carga. El nivel del suelo de la ciudad fue elevado 7 metros, y los vehículos operarán abajo.

Las calles están trazadas en ángulos que optimizan la sombra. Parques largos y angostos atrapan y refrescan los vientos prevalecientes y ayudan a ventilar la ciudad. Calles angostas dejan pasar un poco de luz solar, pero aleros crean sombra. Los árboles circundantes ayudarán a mitigar la arena y el polvo dispersados por el viento. Paneles fotovoltaicos suministran energía a los edificios y brindan sombra para mantener más frescos los techos. La ciudad está rodeada por áreas de recreo, instalaciones para la generación de energía, estacionamientos y áreas de producción de alimentos. Una línea de tren ligero pasará por el centro de Masdar para conectarlo con el centro de Abu Dhabi y proporcionar transporte dentro de la nueva ciudad.

La torre de viento canaliza el viento para ventilar una plaza pública a su base. El aire es enfriado con rociadores de agua. Autos automatizados con cabida para cuatro adultos.

Sin embargo, Masdar parece la encarnación de esa idea. Desde que murió la idea de que la planificación detallada podía mejorar al conjunto de la humanidad, en algún momento de la década de 1970, tanto los muy ricos como la clase media educada se complacen cada vez más en amurallarse en una serie de miniutopías.

Eso no sólo comprende la proliferación de comunidades suburbanas cerradas, sino también la transformación de los centros de las ciudades en lugares como París y Nueva York en zonas destinadas a los turistas y los ricos. Masdar es la culminación de esa tendencia: una sociedad autosuficiente, elevada sobre un pedestal y fuera del alcance de la mayor parte de los ciudadanos del mundo.

Vía: The New York Times

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