EL CHAMPAGNE BUSCA REDUCIR LAS EMISIONES DE CARBONO
Muchos metros debajo de un paisaje de uvas para champagne en maduración, Thierry Gasco, maestro viñatero de la casa productora Pommery, pasó su dedo sobre los hombros de una botella verde oscuro que lucía idéntica a miles que reposaban en sus frías bodegas subterráneas.
Sin embargo, para las manos y ojos entrenados, hay una diferencia sutil, aunque significativa. “Así rehacemos el futuro del champagne”, dijo, señalando abajo del cuello de la botella. “Estamos adelgazando el hombro para hacer la botella más ligera, para reducir nuestra huella de carbono y mantener el champagne aquí para generaciones futuras”.
La industria del champagne ha iniciado un esfuerzo para reducir las 200 mil toneladas de dióxido de carbono que emite todos los años al transportar millones de burbujas diminutas alrededor del mundo. La producción y embarque representan casi una tercera parte de las emisiones de carbono del champagne, con la pesada botella siendo el culpable principal.
La modificación actual, que usa 65 gramos menos de vidrio, se da en respuesta a un estudio de 2003 de la huella de carbono del champagne, que la industria quiere reducir en un 25 por ciento para 2020, y en un 75 por ciento para 2050.
El champagne compone sólo 10 por ciento de 3 mil millones de botellas de vino espumoso producidas a nivel global cada año. Sin embargo, la botella destaca por su peso. El prosecco italiano, por ejemplo, usa una botella de 750 gramos, en comparación con los 900 gramos de la de champagne. Además, el prosecco y sus primos efervescentes sólo contienen cerca de la mitad de la presión del champagne, que genera tres veces la presión de aire de una llanta de automóvil.
Aunque algunas de las botellas reestilizadas de Pommery ya están en el mercado, el Comité Interprofessionnel du Vin de Champagne, organización de la industria, espera que todas las casas productoras de champagne empiecen a usar, el próximo abril, el envase de 835 gramos para embotellar la cosecha de uva de este mes; la nueva tendencia en botellas llegará a las tiendas después de tres años de fermentación.
El esfuerzo, dice el grupo, reducirá emisiones de carbono en 8 mil toneladas al año, equivalentes a retirar de la calle 4 mil autos pequeños. La botella aún tiene que resistir la presión extrema del champagne. También necesita sobrevivir la pista de obstáculos de 4 años desde la producción a las bodegas y de ahí a la mesa del consumidor, y que se adapte a la maquinaria existente. Y tendría que ser moldeada para que el cambio pase desapercibido por el consumidor.
Gasco dijo que Vranken Pommery, una de las casas más grandes, ha gastado entre US$635 mil y US$1.3 millones cada año desde 1994 en iniciativas ambientales, entre ellas la investigación y prueba de la botella más ligera.
Vía: The New York Times
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