Sube tensión por conflicto del agua entre la India y Pakistán
El agua se ha convertido en una creciente fuente de tensión en muchos lugares del mundo. Varios países africanos discuten los derechos de agua del Nilo. Israel y Jordania reclaman el río Jordán. Del otro lado del Himalaya, los proyectos de represas de China irritan a India, su rival en lo relativo al poder regional y hasta global.
En ese elevado valle del Himalaya del sector de Cachemira que controla India se ha establecido el último frente de batalla entre India y Pakistán. Esta vez no se trata de territorio, algo que está en disputa desde la cruenta división de la India británica en 1947, sino del agua que brota de los glaciares de la montaña y llega a los campos resecos del corazón agrícola de Pakistán.
Los trabajadores indios construyen a toda máquina una cara represa hidroeléctrica en un valle cercano, uno de los varios que India planea construir en los próximos diez años para alimentar su economía en rápido crecimiento pero necesitada de energía.
En Pakistán, el proyecto genera temores a que India, su rival y el país que está río arriba, tenga el poder de manipular el flujo de agua que recibe su sector agrícola, que es la cuarta parte de la economía y da empleo a la mitad de la población. En mayo presentó una demanda ante la corte internacional de arbitraje para que se suspenda la construcción.
Pero aquí el enfrentamiento agrega una nueva capa de volatilidad en un momento crítico para una de las relaciones más tensas del mundo, la que opone a dos países que tienen armas nucleares y una profunda desconfianza y que ya han librado tres guerras.
La disputa amenaza con alterar las delicadas negociaciones para reanudar las conversaciones de paz, que están detenidas desde que militantes paquistaníes dieron muerte a por lo menos 163 personas en atentados en Bombay, India, en noviembre de 2008. Estados Unidos se muestra particularmente interesado en reducir la tensión para que Pakistán pueda retirar tropas y material de su frontera con India y desplazarlos a su frontera con Afganistán para efectos de combatir a los insurgentes talibanes. Como la población de los dos países crece con rapidez, el agua reviste una importancia vital para ambos. Pakistán también se ha convertido en un fértil terreno de reclutamiento para los grupos militantes, que aprovechan la falta de oportunidades y la fuerte hostilidad respecto de India. Los ríos que atraviesan Punjab, la provincia más poblada de Pakistán, son centrales para el país, y la disputa por su uso alimenta los temores relacionados con su vecino más grande.
Para India, los hidroproyectos son vitales para asegurarse el agua del Himalaya y subsanar la grave escasez de energía que afecta a su economía. Si bien la represa Kishenganga está permitida en el marco de un tratado de hace cincuenta años, la disputa se centra en cómo se la debe construir y en el cronograma de liberación de agua. Pakistán sostiene que tener el drenaje en la base de la represa le permitirá a India manipular el flujo de agua cuando quiera. “Pakistán queda en una situación muy vulnerable”, dice un abogado que ha trabajado antes en casos de agua para Pakistán. “No pueden limitarse a decirnos que confiemos en ellos. No lo hacemos”.
India rechaza toda sugerencia de que haya tratado de robar el agua. En un discurso del 13 de junio, la ministra de Relaciones Exteriores india, Nirupama Rao, calificó las acusaciones de “propaganda estridente” y agregó que “el mito del robo del agua no resiste un análisis racional.” Los especialistas en agua coinciden, pero señalan que Pakistán tiene un motivo legítimo de preocupación. Si India opta por llenar su represa en un momento crucial para Pakistán, tiene la posibilidad de arruinar una cosecha.
Briscoe estima que si India construye todos los proyectos que planea, podría tener la capacidad de contener alrededor de un mes del flujo del río durante la estación seca de Pakistán, lo que bastaría para arruinar toda la temporada de siembra. En Bandipore, es el orgullo nacional lo que está en juego, dicen los trabajadores. “Esta represa es un asunto de prestigio nacional”, señala un ingeniero del proyecto. “Tenemos derecho a construir la represa, nuestro futuro depende de ello”.
Los paquistaníes sostienen que tienen razones para preocuparse. En 1948, un administrador indio interrumpió el flujo de agua a una serie de canales de Punjab, en Pakistán. Autoridades indias dijeron que fue una confusión burocrática, pero los paquistaníes no lo olvidan.
La escasez de agua en Pakistán y la incapacidad del país de almacenar grandes cantidades de agua no hicieron más que agravar las cosas. Pakistán está a punto de ingresar en la categoría de país “con escasez de agua”, según la definición de las Naciones Unidas. “Se encuentran ante un problema muy grave”, dice un alto funcionario estadounidense en Islamabad.
Kaiser Bangali, un economista, sostiene que la verdadera forma de aliviar la crisis de agua de Pakistán es establecer métodos de conservación de agua y técnicas agrícolas modernas. En un país donde las temperaturas estivales llegan a los 49 grados centígrados, un 40 por ciento del agua paquistaní se pierde antes de llegar a las raíces de las plantas.
La tensión no sería tan grave, dicen los expertos, si India y Pakistán dialogaran. “Es como un matrimonio mal avenido”, dice el abogado paquistaní. “Sería mejor comunicarse de manera abierta, pero hoy no lo hacemos”.
Vía: The New York times
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