Julio 26, 2010

Lecciones de los derrames de petróleo

lec trantBGLas costas que se vieron afectadas por el petróleo en el pasado proporcionan una idea de lo que puede esperar la gente que vive en la costa del Golfo, en Estados Unidos. Es probable que el daño sea persistente.
Desastres como el del Valdez de 1989, el Ixtoc 1 en México en 1979, el Amoco Cadiz en Francia en 1978 y dos derrames en Cape Cod, incluido el de la embarcación Bouchard 65 en 1974, que se estudiaron durante décadas con las técnicas de la química y la biología modernas, permitieron a los científicos pintar un panorama más complejo de lo que pasa luego de un derrame.
El grueso del daño ocurre con rapidez, y luego la naturaleza empieza a recuperarse. Después de unos años, un observador casual podría no ver nada anormal. Lo más probable es que las aves y los peces se hayan recuperado, y el petróleo parecerá haber desaparecido. Sin embargo, como descubrieron Short y su equipo en Alaska doce años después del derrame del Exxon Valdez, con frecuencia parte del petróleo queda bajo la tierra, en bolsones donde puede seguir generando daños de bajo impacto para la vida silvestre durante muchos años.
“La idea de que esto va a ser la muerte del Golfo de México es una completa exageración”, dice Jeffrey W. Short, un científico que dirigió parte de la investigación más importante luego del derrame del Exxon Valdez y que ahora trabaja para un grupo de defensa del medio ambiente llamado Oceana.
“El derrame va a desaparecer. No va durar para siempre.” ¿Pero cuánto durará? Hace apenas 20 años, se pensaba que los derrames de petróleo hacían prácticamente todo el daño en las primeras semanas, cuando el petróleo cargado de sustancias tóxicas afectaba la vida silvestre y la hierba, bañaba las playas y mataba peces y tortugas en altamar.
La respuesta humana a un derrame, por otra parte, puede mitigar o intensificar sus efectos a largo plazo. Por extraño que parezca, parte de los peores daños producto de derrames en las últimas décadas se originó por los excesivos intentos de la gente de limpiarlos.
A los científicos les cuesta brindar pronósticos sobre el derrame actual por dos motivos. La ecología del Golfo de México está especialmente adaptada para descomponer petróleo pero la rapidez y el porcentaje en que podrá descomponer un derrame de esta magnitud es algo que no se sabe con certeza.
Dado que el derrame emerge un kilómetro y medio bajo la superficie y que buena parte de los componentes tóxicos del petróleo se disuelven en aguas profundas y se extienden mucho, los científicos no saben cuáles serán los efectos en las profundidades del océano. De todos modos, muchos aspectos del derrame son similares a otros del pasado, y eso da a los investigadores cierta confianza para pronosticar cómo se desarrollarán los acontecimientos.
Notable persistencia En 1969, una embarcación chocó contra las rocas frente a la costa de West Falmouth, Massachusetts, y derramó 716.000 litros de fuel oil en la Bahía Buzzards. En la actualidad, los cangrejos violinistas (Uca pugnax) cerca de Wild Harbor siguen comportándose como si estuvieran borrachos: se mueven de forma errática, reaccionan con lentitud ante los depredadores y es posible que no desempeñen de manera adecuada su papel de ventilación de los pantanos salados, que contribuye a propocionar oxígeno a las raíces de la hierba. Esa extraña conducta demuestra que los derrames de petróleo tienen efectos de una notable persistencia, con frecuencia en niveles bajos que escapan a la mirada habitual.
En Alaska, el derrame del Exxon Valdez cubrió de petróleo 1,930 kilómetros de costa. Para fines de los 90, la mayor parte del petróleo parecía haber desaparecido, pero los análisis hepáticos de patos y nutrias marinas demostraron que seguían estando expuestos a hidrocarburos, compuestos químicos presentes en el petróleo.
Short, que entonces trabajaba para la Dirección Oceánica y Atmosférica Nacional, organizó una serie de excavaciones para determinar qué había pasado. Su equipo cavó miles de hoyos en las playas de Alaska. Se encontró petróleo en alrededor del 8 por ciento de los hoyos, por lo general en lugares con muy poco oxígeno como para que los microbios lo descompusieran.
Al ritmo que se descompone el petróleo, Short estima que parte de éste podría seguir en el lugar dentro de un siglo. Tal vez la mayor consecuencia del desastre de Deepwater Horizon en el golfo sea la prolongada erosión de las delicadas zonas costeras que puede provocar. En otro lugar de derrame en la costa de Massachusetts, no lejos del lugar del derrame de West Falmouth, el legado de la contaminación con petróleo es evidente en la diferencia entre dos zonas pantanosas a cada lado de un camino costero pedregoso. En un lado, donde hubo un derrame sobre los pantanos en 1974, la hierba es baja y rala. Del lado que no alcanzó el petróleo, es alta y fuerte.
La costa de Luisiana tiene parte de los pantanos más productivos del mundo, con abundancia de langostinos y ostras, que proporcionan un hábitat a peces y aves. Malas decisiones en Francia Los derrames de petróleo generan un fuerte impulso de limpieza. Ese impulso, sin embargo, puede ser también una fuente de destrucción.
Ningún caso lo ilustra con más claridad que el derrame de 1978 del buque tanque Amoco Cádiz. Atrapado en un huracán, chocó contra las rocas cerca de la costa del noroeste de Francia y derramó 254 millones de litros de petróleo que bañaron más de 300 kilómetros de la costa de Bretaña.
El daño inmediato fue grave: se hallaron por lo menos 20 mil aves marinas muertas, se perdieron miles de toneladas de ostras y los peces presentaban úlceras y tumores. Pero luego las autoridades francesas agravaron la situación cuando retiraron cerca de 50 centímetros de sedimento con petróleo de la parte superior de las zonas más contaminadas y profundizaron algunos canales naturales. Con el tiempo, quedó demostrado que fue una decisión desastrosa.
En las zonas que no fueron excavadas, la naturaleza terminó por descomponer la mayor parte del petróleo y la vegetación se recuperó. En las zonas excavadas aún falta el 40% de la vegetación. Buena parte de la misma dinámica se desarrolló en Alaska luego del derrame del Exxon Valdez. En algunas zonas, Exxon lavó playas contaminadas con rociadores de agua caliente de alta presión. Los científicos determinaron que eso fue catastrófico para la ecología. Almejas y otros organismos se recuperaron con mucho mayor lentitud en las playas lavadas.
La lección, dicen los científicos, no es que la gente nunca debe tratar de limpiar un derrame de petróleo. El cálculo de en qué medida hacerlo, sin embargo, es arriesgado. En Louisiana, estallaron conflictos entre el cuerpo de ingenieros del ejército y la población local, encabezada por el gobernador Bobby Jindal, en relación con las propuestas de construir barreras de arena y piedra para evitar que el petróleo ingresara a las zonas pantanosas.
El cuerpo se muestra cauteloso en la emisión de permisos y advierte que cambiar los patrones de flujo acuático podría afectar la ecología de la región. No importa cómo se resuelva esa batalla, en Luisiana puede haber en los próximos meses un problema difícil relacionado con la cuestión de si deben quemarse los pantanos. De quemarse la capa superior de hierba y petróleo, las raíces sobrevivirían y permitirían que brotara hierba sana. Los científicos, en tanto, señalan que eso sólo puede hacerse si no ingresara nuevo petróleo, dado que la quema podría exponer las raíces haciéndolas vulnerables a la absorción de petróleo.
Resiliencia natural
La explosión del Ixtoc de 1979-1980 constituye la mejor analogía del derrame de BP. El Ixtoc contaminó centenares de kilómetros de playas del Golfo de México hasta Texas. “Yo era un joven científico y pensé: ‘Esto va a hacer desaparecer nuestras playas’”, dice Wes Tunnell, un investigador del Instituto de Investigación Harte de Estudios del Golfo de México en Texas. Pero luego observó con asombro la recuperación del golfo. Como constantemente ingresa petróleo al golfo debido a fisuras naturales, el agua abunda en microbios adaptados a la descomposición del petróleo. El agua cálida acelera el proceso y también ayuda a que algunas especies se recuperen más rápido.
Nadie puede saber con certeza si la recuperación del derrame de BP será una repetición del de Ixtoc. “Hace 30 años, esos 500 millones de litros de petróleo se fueron a alguna parte”, dice Tunnell. “El golfo se recuperó y volvió a ser productivo. Mi preocupación es: ¿Tiene hoy la misma capacidad de adaptación que hace 30 años?”
Vía: New York Times

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