La deforestación y los narcos destruyen Biosfera Maya
“Hay traficantes, ganaderos, leñadores, cazadores ilegales y saqueadores”, expresó Richard D. Hansen, arqueólogo estadounidense que dirige la excavación de El Mirador, la primera y más grande ciudad-estado maya, en el extremo norte de la reserva. “Todos los villanos están haciendo fila para destruir la reserva. No puedes imaginarte la devastación que está ocurriendo”.
Grandes franjas de la selva tropical guatemalteca, en una época cuna de una de las civilizaciones más grandes del mundo, hoy son taladas para despejar la tierra para los capos del narcotráfico propietarios de ranchos ganaderos.
Otras partes de la Reserva de la Biosfera Maya, la mayor área protegida de Centroamérica, han sido incendiadas por pequeños poblados de ocupantes ilegales. Saqueadores y cazadores furtivos, que se mantuvieron alejados cuando los ejércitos de guerrilleros rondaban la región durante los 36 años de guerra civil del país, hoy ejercen sus oficios libremente.
El presidente guatemalteco Álvaro Colom tiene grandes planes para convertir a la región en un importante destino de ecoturismo, pero si espera traer turistas, dicen varios funcionarios, tendrá que traer primero la ley a El Mirador.
La vasta reserva comprende casi dos terceras partes de la región de Petén, que se prolonga al norte hacia México y limita con Belice al este. La reserva, que abarca una quinta parte de Guatemala e incluye cuatro parques nacionales, alberga diversos ecosistemas con nichos para jaguares, monos araña y guacamayas rojas.
Las amenazas para la reserva son muchas, legales e ilegales y están entrelazadas. Claudia Mariela López, directora de Petén para la dependencia de parques nacionales, declaró que aproximadamente 150 kilómetros cuadrados de la reserva eran deforestados anualmente por cazadores ilegales, posesionarios y rancheros.
Los ocupantes ilegales son principalmente campesinos que llegan en busca de tierra de cultivo. Sin embargo, la población de Petén ha crecido de 25 mil habitantes, en los años 70, a más de 500 mil, de acuerdo con un reporte de la Unesco. Voluntariamente o no, a menudo se convierten en peones de los capos del narcotráfico. En algunos casos, funcionan como una avanzada para los narcotraficantes, al evitar que entren las autoridades, advertir de intrusiones y despejar la tierra de la que, con el tiempo, se apoderan las organizaciones de narcotraficantes.
El mini “narcoestado” en rápido proceso de deforestación dista mucho de la visión del presidente Colom de una exuberante área vacacional con temática maya.
Las autoridades guatemaltecas han logrado un poco de progreso. Los soldados han bombardeado y hecho cráteres en pistas de aterrizaje secretas y expulsado a los invasores de las tierras protegidas. El gobierno dice que ha recuperado más de 108 mil hectáreas de tierra protegida en Petén.
Para Hansen, catedrático de arqueología de la Universidad Estatal de Idaho, los riesgos de no proteger la región son obvios en cada piedra que desentierra. Los mayas, expresó, en gran parte sellaron su destino mediante la deforestación y la erosión. “Destruyeron su medio ambiente”, agregó. “Talaron su selva” y eso los arruinó para siempre. “Y, en la actualidad, estamos haciendo lo mismo”.
Vía: New York Times
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