Junio 30, 2010

Reflexiones sobre el movimiento ecologista

refl20t¿Está el movimiento ecologista de mediana edad listo para ser reactivado por algunos jóvenes iconoclastas? Hay una nueva variedad de ambientalistas que Stewart Brand ha bautizado como “Turquoise”, ya que combinan la mentalidad verde ecologista con un tono de azul, como del pensamiento de mente abierta y azul cielo. Estos ambientalistas turquesas serán, por lo menos así lo espera, guiados por la ciencia, no por la nostalgia ni la tecnofobia.
Fue Brand quien ayudó a inspirar el Día de la Tierra al colocar la primera foto del planeta en la portada de su publicación Whole Earth Catalog, en 1968. Ahora tiene otro libro, Whole Earth Discipline, en el que exhorta a los ecologistas a “cuestionar fábulas convenientes”. En ese espíritu, déjeme ofrecer unas cuantas sugerencias: 1. El punto es el clima. En el primer Día de la Tierra, los oradores alertaron sobre la sobrepoblación, el hambre, el agotamiento de los combustibles fósiles, la escasez global de minerales vitales, la contaminación, los pesticidas, las epidemias de cáncer y las fusiones de reactores nucleares. Bueno, el apocalipsis esperado nunca ocurrió, y es el inesperado problema de los gases de efecto invernadero lo que preocupa a los científicos hoy en día.
2. Nunca se puede hacer una sola cosa. A los ambientalistas de los 70 les gustaba justificar su oposición a las nuevas tecnologías, al advertir que nunca se puede hacer una sola cosa. Era un buen lema y también bastante correcto. Las nuevas tecnologías sí vienen con efectos secundarios inesperados, pero resistirse a la nueva tecnología produce sus propias sorpresas desagradables. El movimiento “No Nukes” (para erradicar la energía nuclear) efectivamente llevó a más dependencia en la electricidad generada por las plantas de carbón que emiten carbono.
3. “Que coman alimentos orgánicos” no es una opción global. Para los seres humanos ricos de los países industrializados, la comida orgánica es un lujo casi inofensivo. Sin embargo, la mayoría de la gente en el mundo no es rica. Si los comerciantes ecológicos los convencen de que necesitan elegir frutas y verduras orgánicos más caros, es probable que ellos y sus hijos terminen comiendo menos frutas y verduras.
4. El “frankenfood” (los alimentos genéticamente modificados), al igual que Frankenstein, es ficción. Los horrores imaginados de esta clase de alimentos los han mantenido fuera de Europa y los países pobres cuyos agricultores quieren exportar alimento a Europa. Mientras tanto, los estadounidenses han estado cultivándolos y comiéndolos sin temor durante más de una década.
5. La energía “verde” no ha hecho mucho por la vegetación. Desde el primer Día de la Tierra, la energía eólica y solar se han puesto de moda con una variedad de nombres: alternativa, apropiada, renovable, sustentable. Sin embargo, hoy, pese a décadas de subsidios, proveen menos del 1 por ciento de la energía eléctrica en el mundo.
6. Los “Nuevos Nukes” son los nuevos “No Nukes”. En los 80, Gwyneth Cravens se unió a los ecologistas que exitosamente evitaron que se abriera el reactor nuclear de Shoreham, en Long Island. Luego, después de educarse sobre el calentamiento global, descubrió que el reactor habría impedido la emisión anual de 3 millones de toneladas de dióxido de carbono. Escribió un libro sobre la industria nuclear llamado Power to save the world (Energía para salvar al mundo). Brand también renunció a su oposición a la energía nuclear y ahora la promueve como energía verde debido a sus bajas emisiones de carbono.

Vía: The New York Times

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