Febrero 11, 2010

Restauración orgánica de tierras

Una revolución subterránea está en vías de propagarse por toda la Universidad de Harvard. Ocurre bajo la tierra e involucra hongos, bacterias, microbios y raíces, que hoy son alimentados con abono orgánico y té de composta en lugar de pesticidas y nitrógeno sintético. el cepopupLos resultados han asombrado tanto a los administradores universitarios que lo que comenzó como un pequeño proyecto piloto en las áreas verdes de Harvard Yard, ha extendido las prácticas orgánicas por 10 hectáreas en el campus.
“Nuestro objetivo es ser enteramente orgánicos en las 32 hectáreas que mantenemos, en el curso de los próximos dos años”, expresó Wayne Carbone, gerente de servicios paisajistas de Harvard.
Drew Gilpin Faust, rectora de Harvard, quien el año pasado inició un esfuerzo universitario para reducir los gases de efecto invernadero en un 30 por ciento para el 2016, adoptó el programa orgánico en Elmwood, casa del rector en la Calle Brattle.
A Faust le intrigó el esfuerzo, la primavera pasada, cuando vio una muestra que el Proyecto de Restauración de Tierras de Harvard Yard había montado afuera de su oficina. Hoy, el pasto cultivado orgánicamente en el campus está verde gracias a los microbios que alimentan la tierra, lo que elimina el uso de nitrógeno sintético, base de la mayoría de los fertilizantes comerciales.
Tampoco se utilizan herbicidas o pesticidas. Las raíces alcanzan una profundidad de 20 centímetros en la tierra que alguna vez estaba tan compactada que los árboles sembrados en ella se estaban muriendo. Al igual que la mayoría de los campus universitarios, Harvard Yard es sumamente utilizado. “Tenemos de 6 mil a 8 mil personas aquí todos los días”, indicó Carbone.
Sin embargo, hoy la actividad microbiana debajo de sus pies ha oxigenado la tierra. Las raíces de los árboles pueden respirar porque están absorbiendo nutrientes y agua.
El proyecto inició en la primavera del 2008. Eric T. Fleisher, director de horticultura en el Battery Park City Parks Conservancy, organización sin fines de lucro, en Nueva York, pasaba un año como becario Loeb en la Escuela de Posgrado de Diseño de Harvard, e hizo equipo con Carbone y su personal para ver qué podían hacer los microbios en una parcela de tierra maltratada en el Harvard Yard.
Cuando empezó el proyecto, externó Fleisher, “la tierra estaba tan compactada, que no podíamos excavar más de unos siete centímetros”. Sin embargo, no todo el mundo está contento.
“No lo apruebo en absoluto”, manifestó el reverendo Peter J. Gomes, de pie enmedio de su jardín, donde un pequeño letrero cerca del seto anunciaba que era parte de uno de los paisajes orgánicos de Harvard. Cree que el lema y el letrero son “un montón de disparates”.
Vía: The New York Times

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