La CIA “espía” al clima
Los científicos y espías más destacados de EE. UU. colaboran en un esfuerzo para utilizar los activos de inteligencia del Gobierno federal, entre ellos los satélites espías y otros sensores clasificados, para evaluar las complejidades ocultas del cambio ambiental. Buscan obtener discernimientos de fenómenos naturales tales como nubes, glaciares, desiertos y bosques tropicales.
La colaboración reinicia un esfuerzo que fue suspendido por la Administración Bush, y cuenta con el fuerte respaldo del director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, en inglés). Durante el último año, como parte del esfuerzo, los colaboradores han escudriñado imágenes del hielo del Mar Ártico, tomadas por satélites de reconocimiento, en un intento por diferenciar entre cosas como los derretimientos veraniegos y las tendencias climáticas, y han desclasificado las imágenes de la masas de hielo para agilizar el análisis científico. La colección de imágenes es “realmente útil”, aseveró Norbert Untersteiner, catedrático en la Universidad de Washington, quien se especializa en hielo polar y es miembro del equipo de espías y científicos involucrados en el esfuerzo.
Los científicos, dijo Untersteiner, “no tienen manera de enviar a 500 personas” por todo el casco superior del mundo para igualar lo obtenido por la inteligencia, al agregar que los nuevos hallazgos podrían, algún día, resultar en pronósticos glaciales. “Eso será muy importante desde el punto de vista económico y logístico”, precisó, al argumentar que los derretimientos árticos abrirán nuevas aguas pesqueras y rutas marítimas para embarques e impulsarán la búsqueda de petróleo y gas bajo el mar, valuados en cientos de miles de millones de dólares. El programa de monitoreo tiene poco o ningún impacto sobre la recolección de inteligencia, señalaron los funcionarios federales, sino que más bien da a conocer información secreta que ya había sido recabada o aprovecha las oportunidades para registrar datos ambientales cuando los sensores clasificados están inactivos o sobrevuelan zonas vírgenes. El esfuerzo de monitoreo está rodeado de hermetismo, como sucede con la labor de inteligencia del país, porque EE. UU. desea mantener en secreto la capacidad de sus satélites espías y otros sensores. El uso de equipo de inteligencia federal para el monitoreo ecológico ha sido criticado. En octubre, días después de que la CIA abrió una pequeña unidad para evaluar las implicaciones que el cambio climático tiene sobre la seguridad, John Barrasso, Senador republicano de Wyoming, declaró que la agencia debería combatir a los terroristas, “no espiar a los leones marinos”.
Ralph J. Cicerone, presidente de la Academia Nacional de Ciencias y miembro del equipo de monitoreo, indicó que el programa era “básicamente gratuito”. “La gente que no conoce los detalles es la que se está quejando”, externó Cicerone. Unos 60 científicos, principalmente del ámbito académico, pero también algunos de industria y de agencias federales, operan el lado científico del esfuerzo. Todos tienen autorización secreta y reciben orientación de la Academia Nacional de Ciencias, organismo élite que asesora al Gobierno federal.
Cicerone afirmó que el esfuerzo de monitoreo ofrecía una oportunidad para reunir datos ecológicos que, de lo contrario, serían imposibles de obtener, y de hacerlo con la clase de regularidad que puede revelar la dinámica del cambio ambiental. La Administración Obama ha dicho poco sobre el esfuerzo públicamente, pero lo ha apoyado internamente, revelaron funcionarios. En noviembre, los científicos se reunieron con Leon E. Panetta, director de la CIA. “Panetta cree que es crucial examinar las implicaciones potenciales para la seguridad nacional que tienen fenómenos tales como la desertificación, los crecientes niveles del mar y los cambios poblacionales”, comentó Paula Weiss, vocera de la agencia.
Vía: The New York Times
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