Los Kamayura del Amazonas son ignorados
Cuando los hombres jóvenes de la tribu Kamayura, en Brasil, se pintan y se preparan para los juegos rituales de guerra en un festival, terminan sus cánticos al lado de una fogata con el sonido de soplidos —¡shuu, shuu!—, un intento simbólico para eliminar el olor a pescado, a fin de no ser detectados por sus enemigos.
Por siglos, el pescado que habita los lagos y los ríos de la selva han sido un elemento importante en la dieta de los Kamayura, y su principal fuente de proteínas.
Sin embargo, el olor a pescado ya no es problema para los guerreros. La deforestación y, de acuerdo con algunos científicos, el cambio climático convierten a la región del Amazonas cada vez más seca y caliente, lo cual ha diezmado la población de peces y puesto en peligro la existencia de los Kamayura.
Igual que otros grupos étnicos pequeños del mundo con poco dinero y poca capacidad para mudarse, ellos luchan por adaptarse a los cambios.
“Nosotros lo viejos podemos con el hambre, los pequeños son los que sufren; siempre están pidiendo pescado”, dijo Kotok, el jefe de la tribu, parado frente a un pequeño refugio que contiene las flautas sagradas de su grupo. Él vestía una camiseta blanca encima de su vestimenta típica, que básicamente es nada.
Kotok, quien como todos los de la tribu sólo poseen un nombre, dijo que actualmente los hombres se pueden pasar toda la noche pescando sin obtener ni una pequeña parte de lo que se sacaba donde los peces eran abundantes. Ahora pueden nadar sin peligro en lugares donde antes había pirañas.
Responsable de tres esposas, 24 hijos y cientos de integrantes de la tribu, este líder dijo que su alguna vez idílica existencia se convirtió en una especie de mal sueño. “Estoy estresado y ansioso, todo ha cambiado muy rápido y la vida se ha vuelto muy dura”, añadió en portugués.
“Como jefe debo tener visión y mantener el camino, pero no sé que sucederá con mis hijos y con mis nietos”.
El Intergovernmental Panel on Climate Change dijo que 30% de los animales y plantas enfrentan un gran riesgo de extinción, si la temperatura global asciende dos grados Celsius en las próximas décadas.
No obstante, algunos antropólogos temen también una ola de extinciones culturales en docenas de grupos étnicos pequeños; la pérdida de sus tradiciones, sus artes y sus idiomas.
“En algunos lugares la gente deberá mudarse para preservar su cultura”, dijo Gonzalo Oviedo, asesor senior en políticas sociales en International Union for Conservation of Nature con sede en Gland, Suiza. “Sin embargo, aquellos grupos que son pequeños y marginales, serán absorbidos y desaparecerán”.

Tacuma, el viejo chamán de la tribu, dijo que la única amenaza que recuerda que rivaliza con el cambio climático fue la del virus de sarampión, que llegó al Amazonas en 1954 y provocó la muerte de más de 90% de los Kamayura.
Las culturas amenazadas por el cambio climático se extienden por todo el mundo. En ellas se incluye a los residentes de las selvas tropicales como los Kamayura, quienes enfrentan la reducción de sus fuentes de alimentación.
En las comunidades árticas remotas, donde los únicos caminos eran los ríos congelados, ahora el agua fluye la mayor parte de año; los habitantes de algunas islas actualmente ven sus tierras amenazadas por la elevación del nivel de los mares.
Muchos grupos étnicos dependen de los ciclos naturales y deben adaptarse a las variaciones del clima, por ejemplo una temporada de sequía o un huracán que provoque la muerte de animales. Sin embargo, en escala mundial, el cambio es más grande, rápido e inevitable y va en una sola dirección: El calentamiento.
Para los Kamayura, las opciones parecen limitadas. Viven en medio del parque nacional Xingu National, un territorio que alguna vez estuvo en lo profundo de la selva del Amazonas, pero que ahora está rodeado de granjas y ranchos.
De acuerdo con el gobierno brasileño, anualmente se han talado aproximadamente 8,000 kilómetros cuadrados de selva en los últimos años. Con cada vez menos vegetación hay menos humedad en el ciclo hidrológico regional, lo cual hace impredecibles las lluvias estacionales y convierte al clima en más seco y más cálido.
Lo anterior finalizó con los ciclos naturales que por mucho tiempo regularon la vida de los Kamayura. Ellos se levantan con el sol y no tienen horas fijas de alimentación, sólo comen cuando están hambrientos.
La cantidad de peces empezó a decaer en la década de 1990 y “llegó al colapso” desde 2006, dijo Kotok. Con las temperaturas más altas y los niveles de agua disminuidos junto con la humedad, los peces no llegan a las zonas de desove.
El año pasado, por primera vez, la playa del lago que está junto al poblado no estaba cubierta de agua durante la temporada de lluvias. Esto convirtió en inútil el método que utilizaba la tribu para atrapar tortugas: colocaban alimento en agujeros que se llenaban, lo cual atraía a los animales.
La actividad agrícola de la tribu también se ha afectado. Por siglos, los Kamayura plantaban lo que serían sus cosechas de verano cuando se apreciaba en el horizonte una estrella determinada.
“Cuando aparecía, todos celebraban, porque era la señal de empezar a sembrar yuca; entonces la lluvia y el viento se avecinaban”, dijo Kotok. Sin embargo, hace unas siete u ocho temporadas, a la aparición de la estrella no siguieron las lluvias. Esto fue un cambio brusco que obligó a la población a ajustar su calendario.
Desde entonces, viven en un inestable método de prueba y error. En 2008 las familias tuvieron que plantar la yuca cuatro veces; los sembradíos murieron en septiembre, octubre y noviembre, porque no había suficiente humedad en el suelo.
Fue hasta diciembre que las plantas se dieron. También fracasaron con maíz, dijo Mapulu, la hermana del jefe. “Brotó y se marchitó”, añadió la mujer.
Ella, como especialista en plantas medicinales, dijo que una raíz que utilizaba para tratar la diarrea y otros padecimientos se volvió casi imposible de conseguir porque la flora de la selva ha cambiado. El pasto que usaban para atar las vigas de sus cabañas también se volvió difícil de encontrar.
Sin embargo, tal vez el mayor miedo de los Kamayura sean los nuevos incendios forestales del verano. Antes la selva era muy húmeda para encenderse; hoy es inflamable a causa del clima seco. En 2007 por primera hubo un incendio en el parque nacional Xingu y se destruyeron cientos de hectáreas.
“Todo Xingu se quemaba; nos lastimó los pulmones y los ojos. No teníamos a dónde escapar. Sufrimos igual que los animales”, dijo Kotok.
Vía: Sentido común
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