Septiembre 14, 2009

Les pagan a campesinos para que no derriben árboles

José Marcolini, un productor rural de la zona, tiene permiso del gobierno brasileño para arrasar casi cinco mil 060 hectáreas de bosque tropical este año, con el fin de crear nuevos campos de soja altamente rentables. Pero él dice que lucha con su conciencia. Un grupo ecológico brasileño le ofrece un pago anual en efectivo por dejar el bosque en pie y contribuir a combatir el cambio climático. Marcolini dice que a él le preocupa el medioambiente. Pero también tiene una familia que alimentar y no sabe si la oferta inicial del grupo en la negociación –US$ 2.47 por hectárea, anualmente– es suficiente como para aceptarla.
“Para que, estando rodeado de soja, yo resista la presión tendrán que pagarme un montón”, dijo Marcolini, al señalar que la tierra deforestada en el estado de Mato Grosso se vende a unos US$268 la hectárea. Mato Grosso significa selva espesa, y en una época el nombre era apropiado, pero en la actualidad, ese estado brasileño es objeto de deforestación. Bajo el estímulo de las ganancias que produce el suelo fértil, los bosques de la región han sido talados agresivamente en la última década, y Mato Grosso es ahora el principal productor de soja, maíz y ganado de Brasil, exportados a todo el mundo por empresas multinacionales.
La deforestación, un factor que incide fuertemente en el cambio climático, representa un 20 por ciento de las emisiones de dióxido de carbono del mundo y 70 por ciento de las emisiones en Brasil. Para los expertos, frenar la deforestación es tan bueno para combatir el calentamiento global como cerrar las plantas térmicas en el mundo.

amazohnas
Hasta ahora no ha habido, sin embargo, ninguna recompensa financiera por mantener los bosques en pie.
Por ello, un número cada vez mayor de científicos, políticos y ambientalistas sostiene que los pagos en efectivo – como el que le fue ofrecido a Marcolini – son la única manera de poner fin a la destrucción de los bosques tropicales y ofrecer una estrategia que cambie las reglas del juego en las iniciativas destinadas a limitar el calentamiento global. A diferencia de soluciones de alta tecnología como capturar y secuestrar dióxido de carbono o fabricar combustible “verde” a partir de algas, preservar un bosque produce un beneficio ambiental asombrosamente simple: el dueño de la tierra reduce las emisiones a cero. Yvo de Boer, secretario ejecutivo de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, dijo que es “absolutamente” necesario atacar la deforestación mediante un nuevo acuerdo internacional sobre clima que se está negociando este año. “Pero la gente derriba árboles porque existe un principio económico para hacerlo, y es necesario ofrecerle una alternativa financiera”, dijo. Tanto el borrador más reciente del acuerdo como el proyecto de ley sobre clima sancionado por la Cámara de representantes a finales de junio en Estados Unidos incluyen planes para que las empresas y los países ricos paguen a los pobres por preservar sus bosques.
Entre las estrategias de pago figuran pagos directos a los dueños de la tierra por mantener los bosques en pie o bien subsidios indirectos, como precios más altos por la carne y la soja que se produzcan sin recurrir a cortar al ras. La deforestación genera emisiones de carbono a través de los incendios y la maquinaria que se utilizan para derribar los árboles, y también destruye la vida vegetal que ayuda a absorber las emisiones de dióxido de carbono de los automóviles y las fábricas en todo el mundo.
De todas maneras, ajustar los incentivos es una tarea compleja “Existe la posibilidad de obtener un resultado muy perverso”, dijo Sean Cadman, representante de la Wilderness Society de Australia. La deforestación es impulsada por fuerzas globales y locales – Brasil e Indonesia están a la cabeza mundialmente en cuanto al nivel de bosques tropicales lluviosos perdidos por año. Los bosques se talan para contribuir a alimentar la población cada vez más numerosa y satisfacer su creciente demanda de carne. Gran parte de la soja brasileña es comprada por empresas radicadas en Estados Unidos como Cargill o Archer Daniels Midland y utilizadas para alimentar vacas en lugares tan distantes como Europa y China. En Indonesia, los bosques tropicales se talan para plantar palmeras, por el aceite de palma para biocombustibles.
Brasil ha tratado de equilibrar desarrollo y conservación.
El año pasado, con una subvención de Noruega que hizo llegar al país US$1 mil millones, creó un Fondo Amazónico para ayudar a las comunidades a mantener sus bosques. La legislación nacional estipula que el 80 por ciento de cada parcela en el Amazonas superior –y 50 por ciento en regiones más desarrolladas– debe permanecer boscoso, pero es un territorio inmenso con escaso cumplimiento de la ley. Los exportadores de soja oficialmente tienen una moratoria para el uso del producto de territorio recién deforestado. En el Mato Grosso, más de mil 800 km2 de bosque tropical lluvioso fueron arrasados en los últimos cinco meses de 2007, según el Instituto Nacional de Investigación Espacial de Brasil, que hace un seguimiento de los bosques que desaparecen. Este verano, sobrevolando campo talado en el avión Cessna de su propiedad, John Carter, productor que se instaló aquí hace 15 años, dijo: “Con tanta plata por ganar, no hay leyes que puedan mantener el bosque en pie.

Vía: The New York Times

TrackBack

TrackBack URL para esta entrada:
http://www.dsostenible.com.ar/nueva/2009/09/14/les-pagan-a-campesinos-para-que-no-derriben-arboles/trackback/

Escribe tu comentario