Historia del contrato de la basura en Capital
Según los especialistas el gobierno porteño no cumplió con la Ley de Basura Cero y que por esto la generación y entierro de más basura hacen que se pague más “porque lleva a un aumento de las rutas y circuitos de las empresas”. Se presentó en septiembre del 2008 un proyecto oficial que fue ampliamente rechazado y llevó a una revisión en los primeros meses de 2009. La nueva visión oficial trató de conformar los reclamos y se generó, según sus detractores, “una especie de Frankestein” que no cumplía la Ley 1854 (Basura Cero).
En el proyecto con modificaciones no se incluye nada de lo que se pedía: ni la recolección diferenciada, ni las campañas de educación y lo que se había hecho con criterio de facturación, se sacó la tonelada pero quedó un artículo que no define bien cómo se va a estar facturando el servicio.

El contrato de la recolección de la basura siempre fue suculento. Su historia reciente arranca en 1979 cuando el intendente de la dictadura, Osvaldo Cacciatore llamó a una licitación internacional. La ganadora fue MANLIBA, integrada por Impresit Sideco SACIIF, del grupo Macri y la estadounidense Waste Manage. La empresa se hizo cargo por 10 años de 12.000 cuadras, el 50% de la superficie porteña. En ese tiempo, Buenos Aires generaba un millón de toneladas de residuos anuales. Y a MANLIBA le pagarían u$s 45 por tonelada.
En agosto de 1987, la Municipalidad licitó por cinco años otras 5.120 manzanas, donde se generaban 600 toneladas por día. Ganó Benito Roggio-Ormas, que conformó CLIBA. En 1989, el ex intendente Carlos Grosso, ex empleado y protegido de Franco Macri, renegoció la concesión con MANLIBA y aceptó pagar u$s 68 millones que la empresa reclamaba por la aplicación del desagio durante el Plan Austral. Tres años después, Grosso acumulaba más deuda con la empresa de Macri y perdió el favor de su ex mentor. Hasta hubo un amague de MANLIBA de rescindir el contrato unilateralmente. Al final, hubo un arreglo y siguió. En 1994, el presupuesto para Higiene Urbana ya superaba los $ 200 millones.
La nueva licitación se llamó en 1997, con Fernando De la Rúa como Jefe de Gobierno. La Ciudad se dividió en cuatro zonas, que fueron adjudicadas por cuatro años a CLIBA, AEBA, Solurban y Ecohábitat. Se dijo que así se ahorrarían $ 40 millones por año.
La última licitación fue en junio de 2004 y las ganadoras, Cliba, Aesa, Urbasur, Integra y Níttida. Les empezaron a pagar por área limpia, $ 24.648.502 por mes. Hubo varias renegociaciones y hasta 2008 les pagaban $ 700 millones por año. Ahora, cobran $ 1000 millones.
Vía: Clarín
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