Julio 6, 2009

En los Andes aceptan lo tóxico para tener empleo

Al principio, podría parecer que Claudia Albino, una lavandera que gana US$3 diarios en este desolado pueblo de Los Andes, no podría tener ningun vínculo con Ira Rennert, el multimillonario neoyorquino que construyó unas de las residencias más grandes de EE. UU.
Sin embargo, el imperio industrial de Rennert incluye la fundidora con imponente chimenea que domina la casa de Albino, así que la salud y la suerte económica de ella y otras personas de este pueblo de 35 mil habitantes dependen de las maniobras corporativas del empresario.
La Oroya ha sido llamado uno de los lugares más contaminados del mundo por el Instituto Blacksmith, grupo sin fines de lucro que estudia sitios tóxicos. Sin embargo, durante los últimos meses, la fundidora peruana que forma parte del imperio de Rennert ha afirmado que los bajos precios de los metales evitaron que la empresa concluyera una limpieza oportuna.

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La tensión en el poblado es precisamente el tipo de mezcla funesta de inversión extranjera y contaminación ambiental temida por los grupos indígenas en otras partes de Perú, en particular en la cuenca del Amazonas, donde las protestas por problemáticas similares dejaron un saldo de docenas de muertes en junio.
Al citar dificultades financieras, los operadores de la fundidora han amenazado con cerrar durante varios meses, lo que pondría en peligro a 3 mil empleos en la planta y miles de empleos indirectos, como el de Albino, quien lava ropa para las esposas de los trabajadores de la empresa.
Algunos trabajadores y residentes protestaron recientemente el posible cierre, mientras que el Gobierno señaló que podría estar abierto a extender la fecha límite para realizar limpieza. Varios funcionarios involucrados en las pláticas dijeron que una posible solución al impasse involucraría otorgarles a los trabajadores algún control de la planta.
“He oído hablar de ese hombre, Rennert, en la televisión, de su gran riqueza y de las casas que tiene en todo el mundo. En cuanto a mí, ya no puedo pagar los exámenes de los niveles de plomo en la sangre de mis hijas”, dijo Albino, quien atribuye a las emisiones de la fundidora el crecimiento estancado de su hija menor, de 7 años.
Los residentes de La Oroya hablan sobre el plomo en su sangre como la gente de otras partes habla del clima. El 97 por ciento de los niños menores de 6 años tenía niveles de plomo que serían considerados tóxicos por los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades, en Estados Unidos, de acuerdo con un estudio del 2005 realizado por científicos de la Universidad de St. Louis, en Missouri.
Sin embargo, aunque algunos habitantes están furiosos con Rennert y la compañía, Doe Run Peru, otros los defienden porque ofrece empleos con buenos sueldos, lo que contribuye a un pueblo marcadamente dividido.
Casi todos los habitantes desean que la fundidora siga abierta y prosiga con la limpieza, pero como Perú está en proceso de forjar lazos más estrechos con EE. UU. mediante su acuerdo comercial con Washington, algunos cuestionan los beneficios de tal convenio
Vía: The New York Times

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[...] puede pasar si el calentamiento global sigue envenenando la atmósfera?. Da idea la denuncia del New York Times (Simon Romero, 24/6/09) sobre la situación de la Oroya, un pueblo andino del Perú. Se ha [...]

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