Julio 6, 2009

Buscan energía limpia, pero se arriesgan ha provocar terremotos

Hace tres años, el ex petrolero Markus O. Häring era un héroe en esta ciudad de catedrales medievales y de intensa pasión ecológica, todo porque había perforado un pozo de 5 kilómetros de profundidad cerca de la esquina de las calles Neuhaus y Shafer.
Häring estaba en busca de una enorme fuente de energía limpia y renovable en el calor generado en el interior del lecho de roca de la tierra. Todo parecía ir bien, hasta el 8 de diciembre del 2006, cuando el proyecto provocó un terremoto que estremeció y dañó edificios al tiempo que aterrorizó a muchas personas en una ciudad que, como lo aprenden todos los niños en las escuelas de Basilea, fue devastada hace 650 años por un temblor que provocó que dos campanarios de la Catedral Münster cayeran en el Río Rin.
Rápidamente cancelado, el proyecto de Häring pronto fue olvidado por casi todo el mundo fuera de Suiza. Sin embargo, hace poco tiempo, AltaRock Energy, compañía de arranque estadounidense, empezó a utilizar casi el mismo método para perforar profundamente en un terreno cubierto por fallas sísmicas, ubicado a dos horas por carretera al norte de San Francisco.
Residentes de la región, que abarca los Condados Lake y Sonoma, ya han protestado por una serie de temblores más pequeños provocados por un conjunto de proyectos de energía geológicamente menos invasivos en la zona. Funcionarios de AltaRock dijeron que eligieron el lugar en parte por que el historial de sismos principalmente de poca intensidad garantizaba que los riesgos eran limitados.
Al igual que el esfuerzo de Basilea, el nuevo proyecto aprovechará la energía geotérmica al fracturar roca sólida a más de 3 kilómetros de profundidad para extraer su calor. AltaRock, fundada por Susan Petty, veterana investigadora de energía geotérmica, ha conseguido más de US$36 millones del Departamento de Energía de Estados Unidos, de varias firmas grandes de capital de riesgo, entre ellas Kleiner Perkins Caufield & Byers, y de Google. AltaRock asegura que evitará las grandes fallas sísmicas y que puede operar sin peligro.
Sin embargo, en un reporte sobre impacto sísmico que AltaRock fue obligada a presentar, la compañía no mencionó que el programa de Basilea fue cancelado por el terremoto que provocó. La firma estadounidense afirmó que no estaba segura de que el proyecto hubiera causado el terremoto, aunque sismólogos y funcionarios del Gobierno suizo para el proyecto de Basilea coincidieron en que sí lo causó. AltaRock tampoco mencionó que miles de terremotos más pequeños inducidos por el proyecto suizo continuaron durante meses después de la cancelación.

 

 

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El proyecto de California es el primero de docenas que podrían estar en operaciones en EE. UU. en los próximos años, impulsados por una presión para reducir las emisiones de los gases con efecto invernadero y por el apoyo de la Administración Obama a la energía renovable.
El potencial de la geotermia como fuente de energía limpia ha creado grandes esperanzas, y sus defensores creen que podría impactar de manera significativa la dependencia estadounidense en los combustibles fósiles, suministrando potencialmente casi el 15 por ciento de la electricidad de la nación para el 2030, de acuerdo con un cálculo de Google.
Desde hace mucho tiempo, las compañías de energía han producido cantidades limitadas de energía geotérmica al aprovechar las capas de vapor superficiales, con frecuencia abajo de géisers o de grietas, llamadas fumarolas. Pero para que esta energía sea usada más ampliamente, los ingenieros necesitan encontrar una forma de extraer el calor de niveles más profundos que se filtra en el centro de la tierra.
Los sismólogos han sabido que las actividades humanas pueden provocar temblores, pero dicen que la ciencia no ha avanzado lo suficiente para asegurar qué provocará un gran terremoto.
El tono es más urgente en Europa. “Ésta fue mi pregunta principal a los expertos: ¿pueden descartar que esta actividad del hombre provoque un gran terremoto?”, dijo Rudolf Braun, presidente del equipo creado por el gobierno local de Basilea para estudiar los riesgos de reanudar el proyecto.
“Me sorprendió mucho que todos respondieron: ‘no. No podemos descartarlo’”, indicó Braun, cuyo estudio se espera que esté listo este año. “Sería sencillamente desafortunado si, en Estados Unidos, se apresuran a seguir adelante y no toman en cuenta lo que pasó aquí”.
Para cuando las personas estaban saliendo de sus trabajos en medio de un chubasco en Basilea el 8 de diciembre del 2006, los problemas de Häring ya habían empezado. Su incisión en la tierra había provocado temblores que la gente empezaba a sentir en la ciudad.
Häring planeaba usar la red de fracturas como una gran tetera que hiciera circular agua a través de las fracturas y esperaba que ésta emergiera como vapor. Sin embargo, lo que le sorprendió esa tarde fue la intensidad de los temblores porque los defensores del método creen que pueden realizar un delicado acto de malabarismo, al fracturar la roca sin crear terremotos más grandes.
Alarmado, Häring y otros funcionarios de la compañía decidieron liberar toda la presión en el pozo para intentar detener las fracturas. Pero cuando estaban a unos cuantos kilómetros del sitio de la perforación, dando órdenes por el altavoz de un teléfono a los trabajadores ubicados en la parte superior del pozo, un temblor mucho más intenso sacudió el cuarto donde se encontraban.
“Creo que lo provocamos nosotros”, dijo un funcionario impactado.
Un análisis de la información sísmica demostró que estaba en lo correcto. El terremoto registró una intensidad de 3.4 grados en la escala de Richter, modesto en algunas parte del mundo. Pero provocó temblores que tienden a originarse más cerca de la superficie que los naturales, y los residentes generalmente los describen como una sola explosión o sacudida, más que como un estruendo.
Para entonces, gran parte de la ciudad estaba conmocionada. En la sala de redacción del Basler Zeitung, el principal periódico de la ciudad, los reporteros se metieron abajo de mesas y escritorios, algunos se negaban a moverse hasta que un veterano editor les gritó que fueran a buscar la noticia, recordó el reportero Philipp Loser, de 28 años.
Los sismos, incluyendo otros tres superiores a los 3 grados, sacudieron la ciudad durante aproximadamente un año, más de 3 mil 500 en total, de acuerdo con los sensores de la compañía.
Aunque no se reportaron lesiones serias, la compañía de seguros de Geothermal Explorers al final pagó más de US$8 millones principalmente en demandas por daños menores a los dueños de miles de casas de Suiza y de los vecinos Alemania y Francia.
Funcionarios en AltaRock insisten en que han aprendido las lecciones de Basilea y que sus propios estudios señalan que el proyecto puede llevarse a cabo sin peligro.
James T. Turner, vicepresidente de operaciones de AltaRock, afirmó en una visita al sitio del proyecto, en mayo, que el monitoreo de la compañía y los sistemas a prueba de fallas eran superiores a los usados en Basilea.
“Creemos que todo va a salir muy bien”, dijo Turner, de pie junto a una torre de perforación donde la compañía planea hacer un pozo de 4 kilómetros de profundidad. “Y cuando sea un éxito, tendremos una historia de buenas noticias que dirá que podemos extender la energía geotérmica”.
Vía: The New York Times

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