Abril 13, 2009

Cambio climático y producción agropecuaria

En los últimos diez años se ha pasado de estar inundados a estar en una sequía extrema” dice una productora agrícola ganadera y de tambo de la zona de Anguil. Contó que hoy no se pueden hacer reservas y que los animales van comiendo lo que hay en el momento. “Estamos racionalizando y distribuimos de acuerdo a la necesidad“, agrega.
El fenómeno del cambio climático proyecta escenarios, para los próximos años, de incrementos en la concentración de dióxido de carbono (CO2), elevación de las temperaturas y cambios en las precipitaciones.
Además, según registros estadísticos, crónicas históricas y estudios dentro-cronológicos (los anillos de los árboles), existen ciclos de lluvias con fases húmedas y secas sucesivas que duran aproximadamente 40 a 50 años. De acuerdo a los cálculos, estaríamos ingresando en una nueva etapa de sequía.
Estos dos fenómenos en simultáneo se retroalimentan, hacen a nuestra región semiárida más sensible a los procesos de degradación e impactan en los sistemas de producción.
Agua
En Argentina, el Registro Meteorológico Nacional se inició en el año 1872, durante la presidencia de Sarmiento. Hoy, otros organismos poseen también estaciones de relevamiento y muchas de ellas automáticas. Pero la información es nueva si se tienen en cuenta los miles de años de “vida” que tiene la tierra.
“Las cartas de lluvias del servicio meteorológico que van desde 1910 o 1920 hasta el 50, muestran un trazado de isohieta; en las que van del 61 al 2000, la línea de lluvia se corre al oeste”, explicó Guillermo Casagrande, de la Cátedra de Climatología y Tecnología Agrícola de la Facultad de Agronomía (Universidad de La Pampa – Arg.)

 

 

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Actualmente, las zonas húmedas de Buenos Aires y la pradera pampeana del este atraviesan una sequía como no habían tenido en los últimos 50 años.
“Molinos y bombas que no registraban antecedentes de quedarse sin agua se están secando. Las recargas de los acuíferos se modifican. Uno podría esperar cambios en el balance hídrico de las cuencas”, mencionó Alberto Quiroga, investigador del INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria – Arg.) y especialista en suelo.
Cambio climático
Las cartas agroclimáticas, que describen precipitación, temperaturas medias, fecha media de primera helada y fecha media de última helada en el abrigo meteorológico a 1,50 m y fecha media de primera y última helada a 5 cm del suelo, brindan una importante caracterización climática.
“El objetivo de tales cartas es tener una referencia del ambiente en el que vas a producir para que los riesgos sean los menores posibles, conocer limitantes, requerimientos, resistencias y tolerancias del lugar”, agregó el ingeniero agrónomo Casagrande.
“Estadísticamente se puede hacer una estimación desde 1921 en adelante, pero ahora entran en juego los cambios que ofrece la atmósfera”. Muchas reacciones se combinan con la temperatura: presión, lluvias, ocurrencia de los fenómenos. “Como las reacciones químicas: a mayor temperatura, mayor energía disponible. Los eventos extremos son más frecuentes: lluvias muy elevadas o muy pobres, veranos de calores fuertes o inviernos helados”, explicó.
Suelo y frontera agrícola
Según explicó Quiroga, en los últimos quince años estuvimos frente a un régimen hídrico favorable que nos emparentó a una región subhúmeda. Los cultivos anuales de producción de granos crecieron en rendimiento, lo que provocó el corrimiento de la frontera agrícola.
El desplazamiento de las pasturas intensificó la pérdida de materia orgánica y “no se atendió la salud física del suelo porque la presencia de agua subsanaba o enmascaraba algunos problemas” marcó Quiroga.
A su vez hubo un ascenso de las napas. Los cultivos utilizaban aguas subsuperficiales además de las precipitaciones.
Los menores niveles de precipitación y el aumento de temperatura generan mayores requerimientos de agua, por demanda tanto de la planta como de la atmósfera.
Hoy las napas descienden, por eso la alerta a los productores se dirige a no utilizar fertilizantes, genética de alto potencial, y a no producir una alta densidad de siembra porque “la tecnología no tiene incidencia si el agua no cubre los requerimientos del cultivo”.
Ganadería y girasol
Desde el gobierno se propicia una toma de conciencia y se intenta hacer un aporte a las decisiones brindando metodologías de trabajo y técnicas de manejo. “Nos interesa que la producción sea sustentable y también sostenible en lo económico, lo social, lo tecnológico, cultural y productivo”, señala Enrique Schmidt, subsecretario de Asuntos Agrarios del Gobierno de la provincia de La Pampa (Arg.).
A partir de ahora es necesario considerar la disponibilidad de agua subterránea y la profundidad a la que llegan las raíces. “Una soja del grupo corto puede explorar a 1,20 metros, un maíz puede llegar hasta 1,80, pero el girasol puede alcanzar los 2,50 metros”, puntualizó el ingeniero.
Considerar la implementación de un sistema mixto que incluya a la ganadería tiene la ventaja de que en las especies de tipo megatérmicas (alfalfa o pasto llorón), las raíces alcanzan profundidades de hasta cuatro metros y medio.
Hacia el oeste, las oportunidades van a estar sólo relacionadas con la producción de forraje. Ernesto Viglizzo, de INTA y de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales (UNLPam), sostiene que pese a su menor productividad biológica y económica, la ganadería “es clave para configurar una estrategia anti-riesgo”.
El recurso
La disminución del rendimiento de los cultivos reducirá la producción de biomasa, de grano y de forraje, y por ende, modificará los niveles de materia orgánica en el suelo, explica Quiroga.
Para suelos arenosos se pueden utilizar fertilizante. Pero gran parte de nuestra provincia posee suelos limosos que con la caída de materia orgánica pierden estructura: al agua le cuesta entrar, a las raíces del cultivo les cuesta explorar, y esto no se soluciona con dinero invertido en fertilizantes.
Allí la estrategia es utilizar cultivos asociados a las gramíneas (sorgo, maíz, trigo, mijo, cebada), especies forrajeras que aportan residuos y carbono.
En algunos casos los procesos de degradación son irreversibles. El gobierno, interesado en intervenir desde una “política de Estado, para mantener los recursos naturales para generaciones futuras”, según manifestó Schmidt, se vale, entre otras herramientas, de la Ley de Suelos.
Otro aporte es el proyecto del GEF, que se implementa desde el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el INTA y los gobiernos de las provincias patagónicas. El objetivo es aplicar sistemas de alerta temprana, ver qué impactos sobre la biodiversidad tienen los distintos usos del suelo y disminuir los riesgos de desertificación. “Se establecerá una red de estaciones meteorológicas en toda la región, tanto en los sectores públicos como en los privados” explicó Marcelo Morandi, del PNUD.
Cultural
Ernesto Viglizzo propone recuperar la noción de marginalidad. Alberto Quiroga habla de retomar habilidades, criterios y estrategias de generaciones pasadas.
“En la década del ´70, cuando las condiciones eran semiáridas, el productor decía, debo tener reservas de forraje equivalentes a los requerimientos de un año y medio porque puedo esperar que las cosas vengan mal”, expone Quiroga. “Lo que se buscaba no era explorar sobre los potenciales de producción asociados al uso de tecnología, sino tener estabilidad”.
VÍA: Ecodigital

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