Enero 29, 2009

Un experimento podría afectar el ecosistema del mar Argentino

En la búsqueda de mitigar los efectos del calentamiento global, el gobierno alemán, en colaboración con la India, arrancó el martes con un controvertido experimento en el noroeste de las islas Georgias. Un operativo que podría afectar el ecosistema del mar Argentino.
El rompehielos Polarstern, uno de los buques oceanográficos más prestigiosos del mundo, se propone sembrar 20 toneladas de sulfato de hierro disuelto, en un radio de 300 kilómetros cuadrados, en aguas antárticas. El objetivo es estudiar cómo reaccionan las algas y el plancton a una profundidad de 3.800 metros. Si esta fertilización con hierro llegara a dar resultado, se podría reducir el calentamiento global a un costo relativamente bajo.
El lugar no fue elegido al azar sino que se trata de una zona con escasa concentración de hierro aunque rica en nutrientes.
Pero el problema que plantean algunas asociaciones ambientalistas es que, al desconocer las consecuencias de la concentración de hierro para la flora marina, esta medida puede afectar severamente al ecosistema acuático.
Sobre este punto, el doctor Vicente Barros, del Centro de Investigación del Mar y de la Atmósfera de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA, considera que se trata de un experimento intrascendente, porque “la capa de mezcla que se encuentra entre los 700 y 800 metros no recibe la luz, por lo tanto, tampoco es posible que se produzca la fotosíntesis”.
Sobre los peligros de esta prueba, sostiene “si nos imaginamos lo peor, puede derivar en un cambio del sistema ecológico, que ponga en riesgo a muchas especies. Y en el mejor de los casos, que no se logre nada”.
La tuerca sobre la cual gira el proyecto Lohafex es el fitoplancton. Ya que este conjunto de organismos diminutos con capacidad fotosintética, no sólo proveen el alimento que sustenta la vida en los mares, sino que juegan un rol decisivo en la regulación del gas invernadero de la atmósfera.
Los científicos especulan que al verter hierro, las algas se van a multiplicar a gran velocidad, van a absorber el dióxido de carbono (CO2) acumulado en una alta tasa en la atmósfera. Al concluir su ciclo vital estas algas se hunden y la mayoría del CO2 ya incorporado en la planta, termina en las profundidades. El mar asimila el CO2 del aire y reduce así el efecto invernadero.

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Sobre las complicaciones de la fertilización por hierro, la Fundación Vida Silvestre Argentina advierte que también, podría incrementar la producción de otros gases de efecto invernadero como el metano y el óxido nitroso.
Una visión más optimista de este examen la ofrece Gustavo Lovrich, biólogo marino del Centro Austral de Investigaciones Científicas (Cadic), en Ushuaia, Tierra del Fuego. Aunque no se atreve a dar un pronóstico definitivo sobre los resultados, supone que “como el hierro no es un elemento ajeno al sistema marino, es posible que se metabolice favorablemente y no quede disponible para el resto del ecosistema”.
Al ser consultado sobre las consecuencias menos propicias, dispara “el aumento en la cantidad de algas microscópicas puede incrementar el alimento para el krill, lo que dejaría un mayor aumento en la población de este pequeño crustáceo”.
El equipo de científicos esta compuesto por unos 40 expertos de diferentes naciones. La India como Alemania aportan la mayoría del personal. El resto de la tripulación se completa con italianos, españoles, franceses, norteamericanos, ingleses y un chileno.
En los últimos ocho años se han realizado cinco experimentos similares. Aunque nunca a una escala tan amplia.

Vía: Panorama (Santiago del Estero)

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