Advierten sobre el uso exagerado de productos antibacterianos
Los especialistas señalan que lavarse las manos con un jabón común es suficiente para matar ciertos microorganismos. El exceso de geles, líquidos y cremas con microbicidas podría hacerlos más resistentes y afectar al sistema inmune.
Toallitas húmedas, jabones, geles de baño, lociones, cremas de mano, alcoholes varios, detergentes, lavandinas, aerosoles, líquidos para “desinfectar” pisos, almohadones, alfombras y demás… Todo, “antibacteriano” o “antimicrobiano”. Basta recorrer los estantes de farmacias y supermercados para comprobar que la oferta de productos para la higiene personal y del hogar con agentes que matan o inhiben a las de bacterias crece sin pausa en el país, una tendencia que ya acumula un puñado de años en el Primer Mundo y que, allí, está recogiendo fuertes cuestionamientos. Varios estudios demostraron que el exceso de higiene y el objetivo de un medio ambiente estéril puede redundar en un debilitamiento del sistema inmune y, sobre todo, en la aparición de cepas bacterianas cada vez más resistentes.
En Europa y los Estados Unidos venden hasta tijeras, papel higiénico y ropa interior antibacterial. El abanico de opciones que invitan a pensar en una vida libre de gérmenes y enfermedades no deja de expandirse y millones de personas pican el anzuelo. Pero no todo lo que brilla es oro, ni la guerra a ciertos causantes de infecciones es sinónimo de salud. Por el contrario, las discrepancias en torno a los beneficios de esta “obsesión por la higiene” y sus efectos potenciales a largo plazo se multiplican tanto como las ventas.

“Un estudio que revisó los resultados de 27 publicaciones científicas relacionadas con el uso hogareño de jabones microbicidas (esto es, con capacidad de eliminar más microbios que los comunes) confirmó que sus beneficios no son superiores a los de los jabones comunes, y que pueden generar resistencia bacteriana, lo que incrementaría el riesgo de patologías producidas por microorganismos ’sobrevivientes’ más resistentes y, por ende, más difíciles de combatir”, explica Javier Desse, infectólogo del Hospital Paroissien, de La Matanza, y jefe de Infectología del Hospital San Juan de Dios, de Ramos Mejía.
“Hay evidencia acumulada sobre la estrecha relación entre el no lavado de manos y el riesgo de infección. Las manos son la principal fuente de diseminación de microorganismos (por ejemplo, de virus que producen infecciones respiratorias e intestinales), pero para prevenir contagios basta el lavado con jabón común”, subraya Gabriel Levy Hara, médico infectólogo del Hospital Durand y miembro de la Comisión de Uso Racional de Medicamentos del Ministerio de Salud.
“El uso de productos antibacterianos es fundamental para prevenir infecciones en hospitales, sitios de internación de gerontes y en jardines maternales, pero no está demostrada su utilidad en hogares. Por el contrario, se está estudiando el impacto de su uso masivo las casas, en relación a la posibilidad de que reduzcan con el tiempo su eficacia y generen resistencia por parte de los gérmenes patógenos (en particular, las bacterias) al principio activo, diseminando luego esa resistencia a otros gérmenes. Además, pueden ocasionar reacciones alérgicas en personas con alguna predisposición”, advierte Levy Hara.

Pueden ser excepciones algunas personas con problemas de piel crónicos y las que tienen algún tipo de patología que conlleve una baja de defensas (inmunodepresión)”, explica. Nadie duda de la necesidad de limpiar la casa o de higienizarse las manos lo mejor posible, pero los jabones y detergentes “ordinarios” están capacitados para reducir bacterias potencialmente peligrosas.
Nos bombardea la sociedad de consumo con productos, fragancias, ofertas y packaging. En la tele, las revistas y los híper. Y nos acecha con igual eficacia el mandato cultural, según el cual cuanto más limpitos, mejor. Acaso la crisis inminente traiga la abolición de ciertos lujos y ayude a esquivar el primer hábito. Nos pareceremos entonces a nuestros abuelos y volveremos a fregarnos con agua, jabón y punto. Entender otras culturas nos quitará de encima la otra imposición, la de la limpieza obsesiva y exagerada. Un viaje en ómnibus en París, Atenas o Delhi puede servir para experimentarlo.
Vía: Clarín
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