Julio 6, 2008

Analizan la contaminación electromagnética

Preocupan cada vez más los peligros asociados a la exposición a radiaciones provenientes de redes eléctricas -alta tensión y domiciliarias- y antenas de telefonía móvil, entre otras.
De la mano del desarrollo tecnológico aumenta la exposición a la contaminación electromagnética, acentuada por la creciente expansión de telefonía móvil. Preocupan cada vez más los peligros asociados a la exposición a radiaciones provenientes de redes eléctricas -alta tensión y domiciliarias- y antenas de telefonía móvil, entre otras. Pueden provocar efectos en la salud, como alteraciones en el sistema nervioso central y ciertos tipos de cáncer. En Chile existen normas técnicas y de seguridad para la instalación de antenas, pero no se asegura, como señala la Constitución, “un medioambiente libre de contaminación” ni hay regulación jurídica.
El fracaso de políticas y normas ambientales que previenen la degradación de los ecosistemas y dan solución a problemas de salud pública, ha forzado a la comunidad a adoptar nuevos enfoques. Así ocurrió con el deterioro de la capa de ozono. Se comenzó a hablar del asunto mucho antes que se comprobara que el problema se debía a la liberación de ciertas sustancias químicas. “La amenaza era tan grave, que la comunidad internacional no podía quedarse quieta esperando el consenso de los científicos”, dice Valentina Durán, investigadora del Centro de Derecho Ambiental de la Universidad de Chile.
Principio de precaución.
El caso de las antenas de telefonía y de celulares es similar. Su tecnología ha llegado a millones y es una de las empresas con mayor ritmo de expansión. Los usuarios aumentaron un 137 por ciento en los últimos cinco años: 1747 millones de celulares en el mundo, según la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT). Las estadísticas se dieron a conocer en la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información (CMSI), realizada recientemente en Túnez. Pero los efectos podrían incluir tumores, cáncer y leucemia, entre otras enfermedades.
Movimientos ciudadanos se han opuesto a la instalación de antenas y torres de alta tensión y presentan recursos judiciales que la mayoría de las veces no son acogidos. Cualquier norma a implementar debiera ser transparente, permitir la participación ciudadana como una herramienta jurídica, asegurar el acceso a la información y proteger la salud de la población y el medioambiente. Los vecinos exigen una mayor fiscalización, la prohibición de nuevas instalaciones y el respeto a la propiedad y a los planos reguladores. En el mundo hay una creciente tendencia a legislar sobre el tema:
“Las normativas se centran en otorgar protección sanitaria a los ciudadanos frente a los efectos adversos conocidos para la salud. Los efectos menos probados han sido tomados en cuenta sólo por algunas normativas, expresamente sobre la base del principio de precaución. Es el caso de Suiza, Italia, Australia y Nueva Zelanda”, agrega Valentina Durán.
Andrei Tchernitchin, académico del Laboratorio de Endocrinología Experimental y Patología Ambiental del Instituto de Ciencias Biomédicas de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, describe los efectos de la contaminación electromagnética. Explica que podría provocar esclerosis lateral amiotrófica, Alzheimer, dermatitis, enfermedades alérgicas, asma bronquial, aumento de incidencias de abortos, alteraciones neuroconductuales, cardíacas y endocrinas, entre otras. Al investigar las muertes causadas por arritmia e infarto agudo del miocardio se ha establecido que hay relación con la exposición acumulativa a este tipo de contaminación. Pero aún  los científicos no se ponen de acuerdo.

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“Existe evidencia experimental de efectos biológicos asociados a la exposición a radiaciones electromagnéticas. Algunos de estos efectos, descritos en trabajos experimentales y en estudios epidemiológicos, han sido interpretados como evidencia de que exposiciones prolongadas a campos electromagnéticos de baja intensidad son potencialmente nocivas”, dice Tchernitchin. No obstante, numerosos científicos aún no admiten esta posibilidad. La controversia se explica, agrega, por la alta variabilidad en la población bajo estudio: “El desarrollo del cáncer por exposición a radiaciones electromagnéticas es un efecto diferido, es decir, se desarrolla después de un período de latencia que puede durar muchos años. En el caso de los teléfonos celulares y de las centrales de retransmisión, la información es insuficiente por su limitado tiempo de uso. Aún así, debiera aplicarse el principio precautorio. Se trata de un caso paradigmático, por cuanto existe desacuerdo en la comunidad científica acerca de los efectos en la salud de los distintos grados de exposición a la radiación. Además, hay temor y desconocimiento en la ciudadanía, que se manifiesta en el rechazo que provocan las instalaciones de antenas y torres”.
El principio de precaución fue reconocido en el protocolo sobre seguridad de la biotecnología, del Convenio sobre la Diversidad. Ha sido incorporado en las legislaciones de Suiza, Australia, Alemania, Canadá, Francia, Holanda, Nueva Zelanda, Suecia, Brasil, Colombia y Ecuador, entre otros. Chile no lo consagra en las políticas ambientales, a pesar de los tratados internacionales que han sido ratificados como la Convención de Viena para la Protección de la Capa de Ozono, el Protocolo de Montreal, la Convención de la Biodiversidad y la Convención de Cambio Climático. La Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (1992), señala: “Con el fin de proteger el medio ambiente, los Estados deberán aplicar ampliamente el criterio de precaución conforme a sus capacidades. Cuando haya peligro de daño grave  e irreversible, la falta de certeza científica absoluta no deberá utilizarse como razón para postergar la adopción de medidas eficaces en función de los costos para impedir la degradación del medio  ambiente”.
Graves efectos para la salud.
La contaminación electromagnética debiera regularse a través de normas de emisión. Existe una instalación indiscriminada de antenas de celulares.
Según expertos, la emisión de un celular supera tres millones de veces la radiación natural. El español Carlos Requejo, geobiólogo, dice que la radiación electromagnética acelera las ondas cerebrales al límite del estrés y puede tener otros efectos biológicos: “En ausencia de normativas, las compañías aprovechan el vacío legal. Las antenas repetidoras de la red móvil proliferan. Muchos informes científicos alertan sobre los riesgos de la radiación electromagnética, especialmente microondas, emisiones de televisión, radares y telefonía móvil, pero también en informática -chips- y múltiples dispositivos electrónicos”. Según Requejo, la exposición continua a celulares o antenas repetidoras provocaría daños en la membrana celular, efectos sobre el sistema inmunitario con pérdida de defensas y alteración del ADN.
Se ha relacionado el uso de celulares al incremento de tumores, cáncer de piel y tumores cerebrales. También se lo vincula al Parkinson y al riesgo de acelerar la aparición de Alzeimer. Un estudio del doctor Hyland, de la Universidad
Británica de Warwick, afirma que las ondas utilizadas por los celulares son de la misma frecuencia que las ondas cerebrales Alfa. Según Tchernitchin, “debemos prevenir e informar a las personas que los celulares, hornos microondas y hasta el monitor de su computador son un factor de riesgo para su salud. En Chile somos muy descuidados y no tenemos regulaciones. Algunos de los microondas que se venden aquí, han sido rechazados en Europa y Estados Unidos por no cumplir las normas de seguridad”. Un microondas puede generar radiaciones mil veces mayores que la de un celular.
El celular se ha instalado en la sociedad de consumo y cada teléfono tiene una vida útil de un año y medio. En el mundo más de 500 millones entran en desuso cada año, generando unas 250 mil toneladas de residuos peligrosos y sustancias químicas que se acumulan en el medioambiente. En Chile no hay cifras fiables.
Se sabe que se han instalado algunas antenas en patios de colegios y jardines infantiles. En 2001, superaban las 1400,cifra que aumentó a 3000, el 2003. Hoy existen unas 4000.
Por otra parte, se sabe que se han instalado algunas antenas en patios de colegios y jardines infantiles. En 2001,superaban las 1400, cifra que aumentó a 3000 en 2003. Hoy existen unas 4000.
En el Congreso internacional CIDEL en el año 2002 se analizaron aspectos ambientales de campos eléctricos y magnéticso en líneas de alta tensión.
CIDEL ARGENTINA 2002. El trabajo de Vernieri, Arnera y Barbieri de la-UNLP indica que el transporte de energía eléctrica ocasiona, inevitablemente, una alteración del ambiente en el cual se desarrolla. Entre las perturbaciones más importantes a considerar podemos citar a los campos eléctricos y magnéticos que generan las instalaciones eléctricas, el impacto visual y el efecto corona vinculado a perturbaciones del tipo de ruido audible y radio interferencia.
Entre estos efectos, son los campos eléctricos y magnéticos, los que han despertado la preocupación del público debido a su posible vinculación con aspectos de salud. En cuanto a esta problemática, actualmente no hay evidencia científica convincente de que los campos electromagnéticos produzcan efectos de largo término, particularmente cáncer. Sin embargo, mientras el debate persiste en la comunidad científica, diferentes compañías han optado por aplicar técnicas de diseño que permitan reducir los valores de emisión de campos de las líneas eléctricas. No obstante, deberá tenerse en cuenta que en la búsqueda de la reducción de los niveles de campo, también se ven alterados los otros aspectos ambientales, tales como el impacto visual, interferencia, etc.
Con el objeto de cuantificar los parámetros perturbadores ambientales, se presentan cálculos de campo eléctrico, magnético, radio interferencia y ruido audible, comparando diseños convencionales con aquellos que optimizan su impacto visual y a su vez reducen los niveles de emisión de campos.
Los casos analizados, correponden a líneas eléctricas aéreas en 500 kV y 132 kV. En el primer caso, Caso A, se comparan los efectos ambientales de dos diseños empleados en líneas eléctricas aéreas en 500 kV: el diseño tradicional con torre arriostrada, y el diseño compacto tipo “Cross Rope Suspension” (CRS).
En el segundo caso, Caso B, se comparan los efectos ambientales de tres diseños empleados en líneas eléctricas aéreas en 132 kV: el diseño convencional con ménsula, cadenas de aisladores de suspensión y configuración coplanar vertical, y el diseño compacto con aisladores rígidos tipo “Line Post”, en sus dos variantes, configuración coplanar vertical y triangular.
En el tercer caso, Caso C, sobre un circuito múltiple de dos ternas en 132 kV se comparan los efectos producidos para dos alternativas de alimentación de las ternas, variando la asignación de secuencia de fases.

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El estudio de UNLP IITREE llegó a las siguientes conclusiones
* Se han presentado diversos ejemplos de diseños de líneas, para los cuales han sido comparados cualitativa y cuantitativamente sus parámetros ambientales.
* En todos los casos, junto al diseño convencional, se presentó el diseño que optimizara el impacto visual y a partir de ello se realizaron cálculos en condiciones extremas con el objeto de comparar resultados de “referencia”.
* La utilización de diseños compactos disminuye sensiblemente los valores máximos y perfiles de campo eléctrico y de inducción magnética, resultando así también beneficiosos en cuanto al aspecto de impacto visual.
* Sin embargo la utilización de diseños compactos aumenta los niveles de radio interferencia y ruido audible.
Vía: ARS y UNLP IITREE

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