Junio 19, 2008

La Alumbrera: Primer fallo contra una minera por contaminación

No todo lo que brilla
Es el emprendimiento minero más fabuloso del país. Genera una producción anual promedio de 180 mil toneladas de cobre y 600 mil onzas de oro. Con un problema: exámenes hechos en distintos puntos de la cadena productiva señalan contaminación e incluso informes de la empresa reconocen la situación. Ya hay un procesamiento dictado por la Cámara Federal de Tucumán. Está en marcha el lobby de una industria más que despierta a la hora de relacionarse con el poder.

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Tamaño faraónico. La producción anual del emprendimiento llega a 120 millones de toneladas métricas anuales.
Se escribe tanto sobre el daño ambiental que provoca la minería en la Argentina que finalmente muchas denuncias terminan por parecer mentira. Pero esta historia cuenta con avales de la Justicia y ésa es la novedad. Porque este conflicto comienza por el final. O sea: por un fallo.
Hace diez días la Cámara Federal de Tucumán procesó por contaminación ambiental, sin prisión preventiva pero con un embargo de bienes millonario, a Julián Rooney, vicepresidente de Bajo La Alumbrera, el más grande emprendimiento minero del país, ubicado entre Catamarca y Tucumán. La medida será apelada, llegará a la Cámara de Casación Nacional y quizás hasta la Corte Suprema, pero eso es el futuro. El presente dice que se trata del primer fallo en toda América Latina contra una empresa minera por contaminación. La noticia alarmó a la Cámara de Empresarios Mineros de la Argentina (CAEM) y eso se tradujo en una solicitada que llegó a los diarios el miércoles 4 de junio. En ese texto, los peces gordos de la industria admiten que la sentencia es falaz y que paraliza a un sector pujante “que genera puestos de trabajo y paga los mejores sueldos”. La historia es larga, monumental, por momentos confusa. Comenzó en 1998, en el lecho estático de un canal por el que no corre agua clara.
Juan González es biólogo, pero era, además, secretario de Medio Ambiente de Tucumán cuando hace diez años detectó que en el fondo del arroyo DP2, un cuerpo de agua utilizado por animales para saciar su sed y en algunos casos por huertas de agricultores menores para cultivo, la conductividad eléctrica era alta. La conductividad eléctrica es como la fiebre: un síntoma que anuncia que algo ocurre -que puede existir una forma de contaminación- pero que no señala qué. González, entonces, ordenó una serie de pericias a partir de muestras tomadas de uno de los efluentes de la minera que desemboca en ese canal. En total fueron ocho muestreos realizados por el Sistema Provincial de Salud de la provincia (Siprosa). Los resultados fueron contundentes: se hallaron restos de plomo, cadmio, cobre, selenio, mercurio, cianuro y arsénico por encima de los límites establecidos para la salud. Con los valores en la mano, denunció a Bajo La Alumbrera por violación de la Ley Nacional de Residuos Peligrosos, la 24.051.

González está del otro lado de la línea, en algún lugar del monte tucumano. Dice que en aquellos tiempos de función pública halló más cosas. “Cada dos años, la empresa tiene que mandar informes de impacto ambiental a organismos auditores. En varios de esos informes, muchos valores estaban por encima de lo permitido. Es decir que ellos mismos admitían que contaminaban.” “El desecho se tira al canal. Yo denuncié eso. Pero luego la causa se planchó.”
El proceso durmió en despachos judiciales durante cuatro años. En todo ese tiempo, la actividad minera en la Argentina siguió desplegando sus fauces, que son como bocas insaciables dispersas de norte a sur sobre la cordillera de los Andes, hasta convertirse en una industria gravitante. La Alumbrera, creció sin techos ni límites, a pesar no sólo de esa denuncia sino de otras tantas realizadas por diversas ONG ambientalistas: ese puñado de vecinos y estudiantes autoconvocados en el interior del país que viven anunciando que la minería puede acabar con todo, a veces con pruebas sólidas, a veces no.
Minera Alumbrera Limited -su nombre comercial- está gerenciada por Xstrata Plc, con sede en Suiza, dueña del 50% del paquete accionario. Las empresas canadienses Goldcorp Inc. y Horthern Orion Resources Inc. cuentan con el 37,5 y el 12,5% respectivamente; así se reparte la torta.
El año pasado, las exportaciones de minerales de la Argentina fueron de tres mil millones. Dos mil corresponden a Alumbrera. El precio del cobre, dicen los mercados, seguirá alto por varios años más. Así que el futuro promete. La producción anual de la mina asciende a 120 millones de toneladas métricas. Produce un promedio anual de 180 mil toneladas de cobre y 600 mil onzas de oro. Un negocio tan abrochado como saludable -en términos financieros, desde luego- que se cocina en el norte del país para cotizar en las bolsas de Londres, Toronto y Nueva York. Pero con una astilla, tan pequeña y molesta, clavada en el centro de su talón de Aquiles.
Cuatro años después, entonces, la causa resucitó. Esa resurrección corrió por cuenta de Gustavo Gómez. En el año 2002, cuando asumió como fiscal general de Tucumán, descubrió la denuncia por daño ambiental contra Alumbrera durmiendo el sueño de los justos y retomó la investigación. A la denuncia original sumó otras nuevas, pero una le llamó poderosamente la atención. Según cuenta él mismo, dos jubilados de Santiago del Estero, de esos que ven pasar el tiempo, nunca el mundo, sentados en la puerta de una casucha de material con techos de fibra y ninguna comodidad, escribieron ese año una carta al presidente de la Nación, por entonces Eduardo Duhalde. En la misiva referían que un tren de carga proveniente de la mina, en su paso por el centro del país hacia los puertos del litoral, arrojaba residuos de todo tipo. Duhalde le reenvió la carta a Gómez. Gómez fue con la Gendarmería hasta el puerto de San Lorenzo, donde Alumbrera embarca los minerales que exporta, y recogió muestras de cobre y otros metales. Los resultados otra vez determinaron que los materiales contaminaban y el proceso revivió, pero con mayor intensidad.
Gómez tiró más de la piola. “Vi peces muertos en las cercanías de Río Hondo”, confiesa, y agrega que enfrentar al poder minero, famoso por su capacidad de lobby -y por vincularse hasta la promiscuidad con gobernadores, intendentes, diputados, en fin, con el poder de turno-, no fue sencillo. Lo explica antes de partir hacia Bolivia, donde disertará, justamente, sobre minería y contaminación ambiental.
Vía: Diario crítica de la Argentina

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