Junio 9, 2008

Perú protege su guano mientras aumenta la demanda

El auge mundial de los productos básicos ha causado esto: incluso el guano, el estiércol de las aves que fue alguna vez el motivo de una disputa imperialista en alta mar durante el siglo XIX, tiene hoy una gran demanda, una vez máyor.
El aumento de los precios de los fertilizantes sintéticos está causando la atracción hacia el guano, un abono orgánico una alguna vez se encontraba en abundancia en esta isla y en más de otras 20 ubicadas frente a las costas de Perú, donde un clima excepcionalmente seco preserva los excrementos de las aves marinas como el cormorán guanay el piquero peruano.
El guano en la mayoría de las islas, incluyendo la isla de Asia, al sur de la capital Lima, llega ahora a menos 31 centímetros de altura. Sin embargo, el guano que queda es codiciado, si se le mira en el contexto de la controversia dada en Perú y en el extranjero acerca de los fertilizantes sintéticos, como la urea, cuyo precio se ha duplicado a más de $ 600 dolares por tonelada en el último año.
El guano en Perú se vende por aproximadamente $ 250 dolares por tonelada, mientras que atrae $ 500 por tonelada cuando se exporta a Francia, Israel y Estados Unidos. Aunque que el guano es menos eficaz que la urea en la inyección de nitratos en el suelo, su condición de fertilizante orgánico ha elevado su demanda, transformándolo en un fertilizante ideal buscado en todo el mundo.
“El guano tiene la ventaja de estar libre de químicos”, dice Enrique Balmaceda, quien cultiva mangos orgánicos en Piura, una provincia del norte de Perú. “El problema es, que no hay suficiente [guano] para satisfacer la demanda con nuevos cultivos como el banano orgánico quienes compiten por lo que hay disponible.”
Esto explica el por qué Perú es tan vigilante en la preservación del guano restante, un esfuerzo que data de hace un siglo con la creación de la Empresa de Administración del Guano, cuando Perú nacionalizó las islas, algunos de las cuales eran controladas por británicos, para evitar la extinción de esa industria.
Desde entonces, el gobierno de Perú ha limitado la recolección de guano a unas dos islas por año, lo que permite que los excrementos se acumulen. Los trabajadores aplanan las pendientes y construyen muros que retienen el guano. Los científicos incluso trajeron lagartijas que cazan las garrapatas que infectan las aves marinas.
Los administradores del guano establecieron estaciones de vigilantes armados en cada una de las islas para evitar cualquier amenazas contra las aves, las que producen ente 12.000 a 15.000 toneladas de guano por año.

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“Los pescadores son los que mas hacen las travesuras por aquí”, dice Rómulo Ybarra, 40, uno de los dos guardias establecidos en la Isla de Asia, que de otra forma no tendría mas habitantes. “Cuando los pescadores se acerca a la isla, sus motores ahuyentan el guanay,” Dice el señor Ybarra, refiriéndose a la preciada ave cormorán guanay. “Y más lejos en mar adentro, los barcos de pesca persiguen la anchoveta, algo que no podemos controlar.”
La anchoveta, un pescado de unas seis pulgadas [15 centímetros] de la familia de las anchoas, es el principal alimento de las aves marinas que dejan sus excrementos en estas islas donde nunca llueve. El mayor temor de los productores de guano en Perú es que las flotas pesqueras comerciales agoten las reservas de ese pescado, que es cada vez más solicitado para fabricar la harina de pescado que comen las aves de corral y otros animales, mientras que la demanda de carnes aumenta en Asia.
Si bien la población de aves [guaneras] ha subido de 3,2 millones a 4 millones en los dos últimos años, esa cifra aún es débil en comparación con los 60 millones de aves que habían durante la primera fiebre del guano. Frente a la disminución de la población de la anchoveta, los funcionarios de Proabonos están estudiando la posibilidad de detener las exportaciones de guano para asegurar el suministro al mercado interno.

Uriel de la Torre, un biólogo que se especializa en la conservación del guanay y de otras aves marinas, dice que a menos que se tome alguna medida para impedir la pesca excesiva, tanto las anchovetas como las aves [marinas] podrían desaparecer aquí para el 2030.
“Sería un final desafortunado para algo que ha sobrevivido a guerras y otras locuras del hombre”, dice de la Torre. “Pero ese es el escenario al que nos estamos enfrentando: el fin de guano.”

Vía: The New York Times
 

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