Mayo 22, 2008

Buenos Aires en emergencia

La Amigos del lago de Palermo nos hicieron llegar un mail con un documento realizada por varias entidades integrantes de APEVU -Asamblea Permanente por los Espacios Verdes Urbanos y que a su vez fue introducido como proyecto de ley con la firma de los entonces diputados/as Sergio Molina, Héctor Bidonde y Beatriz Baltroc, quedando registrado bajo Exp Nº 2395-D-2007
La Ciudad de Buenos Aires se halla prácticamente colapsada en las cuestiones siguientes:
Infraestructura
La proliferación indiscriminada de edificios en altura no sólo pone en peligro de colapso la infraestructura de servicios de la ciudad, sino también la provisión de agua potable a millones de personas en la zona del acuífero Puelche, perforado y con sus aguas contaminadas por las bases de las torres construidas sobre la costa (Puerto Madero, Centro, Retiro, Recoleta, Palermo, Belgrano, Núñez); esas mismas bases obstruyen el normal escurrimiento de las aguas de lluvia hacia el río a través de la primera napa de agua -efecto conocido como endicamiento de la napa freática- constituyéndose en factor determinante de inundaciones.
Asimismo, la red cloacal está colapsada desde hace más de veinte años: los cinco arroyos entubados que atraviesan la ciudad y desaguan en el Estuario del Plata -utilizados originalmente como desagües pluviales- son desde entonces emisores directos de efluentes cloacales e industriales que desagotan “en crudo” en nuestra costanera, aumentando de esta forma la contaminación del estuario. Recordemos que, debido a la deficiente calidad de las aguas, está prohibido bañarse desde 1976 (OM Nº 32.716 por la cual se declaró la “emergencia sanitaria”).
También está colapsada desde hace años la red de tránsito y polucionado el aire que respiramos: el actual sistema de autopistas aporta más de un millón de vehículos diarios que arriban y egresan del centro porteño; sumados al millón propio de la Ciudad, configuran un caos diario en el que casi 6 millones de personas y dos millones de vehículos se desplazan conformando un verdadero infierno por las emanaciones tóxicas y los ruidos que superan todos los estándares tolerables. No se puede trabajar, ni siquiera vivir con una ventana abierta a la calle; los diálogos en la vereda son casi imposibles.
No obstante, los grandes inversores pretenden continuar agravando este cuadro de situación; van por más. Tal, por ejemplo: el caso de la ampliación del Aeroparque Jorge Newbery sobre tierras públicas adyacentes (Bosque Alegre) y con un nuevo relleno costero; la pretendida rezonificación del Predio Ferial de Palermo, solicitada por el anterior Poder Ejecutivo de la Ciudad y apoyada por el actual, para dar lugar a la construcción de un estadio para 12.000 personas en la zona más caótica de Buenos Aires, como es la de Pacífico / Plaza Italia; la proyectada urbanización de un sector de la playa ferroviaria de Retiro y la permanente recepción de propuestas de explotación inmobiliaria sobre cuanto terreno no se encuentre construido todavía (aún los dedicados a operaciones portuarias) y de demolición indiscriminada de valiosos inmuebles para construir otros nuevos con mayor cantidad de metros cuadrados cubiertos..
En los últimos cuatro años, en medio de un auge inusitado de la construcción, la superficie destinada a vivienda “suntuosa” representó la mayor cantidad de permisos de construcción demandados, mientras la Defensoría del Pueblo de la Ciudad denunciaba que “en los últimos cinco años surgieron 24 nuevos asentamientos de emergencia en los que viven unas 12.000 personas, que sumadas a los habitantes que residen en las villas conforman un núcleo de 150.000 marginados” en su mayoría localizados en la zona sur de la ciudad. (La Nación 13/02/07). También según datos oficiales, el 67% de los trabajadores de la construcción “está en la ilegalidad” y un porcentaje igual de los adquirentes de inmuebles de lujo, lo hacen en forma subvaluada para evadir impuestos (INDEC / AFIP La Nación 3/2/07 – 22/2/07).

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También debemos tener en cuenta que en la Ciudad de Buenos Aires, a lo largo del siglo XX los espacios verdes públicos parquizados disminuyeron en más de un 70% en relación a la cantidad de habitantes (de 7 m2/hab. a 2 m2/hab.) y que la “puesta en valor” de más de setenta plazas porteñas en los últimos dos años, a resultado en una disminución de aproximadamente un 30% de su superficie absorbente por la construcción de caminos y veredones de solado rígido que reemplazaron a los antiguos senderos de granza (dislate que también a contribuido a aumentar la temperatura ambiente).
Como si esto fuera poco, este año, la diputada Silvia Majdalani, con la anuencia del Poder Ejecutivo de la Ciudad, presentó un proyecto de ley que, derogando la OM Nº 46.229 de protección de los espacios verdes, pretende retrotraer su situación a la época Menem-Grosso, es decir, autorizar la entrega en concesión de importantes sectores de espacios verdes públicos (y por consiguiente su disminución) para “equipamiento” con fines comerciales.
El Estado Nacional
Es el mayor tenedor de tierras. En la Ciudad de BsAs, el Estado Nacional es poseedor de aproximadamente 340 hectáreas que pertenecían a antiguas playas de maniobras ferroviarias, cárceles a demoler o demolidas, instalaciones militares desactivadas, el Mercado de Hacienda, etc. En el Gran Buenos Aires, esta cifra supera las 8.000 has, de las cuales corresponden sólo a Campo de Mayo, aproximadamente 5.000 has.
A pesar de que la Constitución Nacional otorga facultades únicamente al Congreso de la Nación para “Disponer del uso y de la enajenación de las tierras de propiedad nacional” (art. 67 – inc. 4º  de la CN de 1853 y art. 75 – inc. 5 de la de 1994), funcionarios públicos y “emprendedores” privados parecen dispuestos a volcarlas rápidamente al ardiente mercado inmobiliario, cuando la realidad indica su urgente aplicación a uso y utilidad pública.

Vía: Asamblea Permanente por los Espacios Verdes Urbanos

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