Anti-Cumbre en Lima, pequeño espacio para disidencia total
Son cientos de dirigentes indígenas y sociales los que llegaron con sus atuendos coloridos y vestidos tradicionales a la Cumbre de los Pueblos a Lima para expresar que “la otra Cumbre” los excluyó y de ninguna manera los representa.
Son indios aymaras, quechuas y amazónicos con plumas de guacamaya y bombines de fieltro negro en la cabeza, con los rostros pigmentados de rojo o chapeados en su tez morena quemada por el sol, más que luz una lumbre en las alturas andinas, un ardor que no atempera el frío.
Tina Mambani llegó desde Bolivia a la Cumbre de los Pueblos –la llamada Anti-Cumbre- con su bombín, un poncho de alpaca y un mensaje claro y preciso: “el neoliberalismo está matando a los pueblos originarios; ha llegado la hora de la transformación.”
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Mambani es dirigente social del Movimiento al Socialismo (MAS), el partido que llevó al poder al presidente boliviano Evo Morales, y dice que el gobernante indígena conduce a su país “a la transformación social y al cambio de modelo, por eso no lo quieren.”
A Evo podrán tenerle poco afecto las elites de la autonómica provincia de Santa Cruz y las trasnacionales petroleras y de telecomunicaciones afectadas por la nacionalización de esos sectores, pero aquí, en esta Cumbre de los Pueblos, lo idolatran, es el héroe.

Evo Morales participó de un partido de fútbol como preámbulo a la cumbre.
En esa cumbre alternativa a la Cumbre América Latina-Unión Europea a realizarse este viernes en Lima, Evo es el equivalente a un “rockstar” o héroe de acción que lidera la disidencia total contra Washington, “el imperio,” las transnacionales y las oligarquías.
La lista de adversarios es mucho más larga, pero como dice el dirigente indígena peruano Felipe Huanacu “no queremos enemigos, sólo queremos ser tratados e a igual a igual, que no nos usen sólo para ‘marquetear’ el turismo.”
La Cumbre de los Pueblos es un hervidero de indígenas con banderas con lienzos multicolores, de dirigentes sociales de todos los países latinoamericanos, la mayoría con barba, pantalones de mezclilla y muchos libros y documentos bajo el brazo, y de activistas europeos.
El francés Michelle Lebert, uno de los organizadores de la cita, dijo a Notimex que la concurrencia a la Cumbre de los Pueblos superó las seis mil personas “porque ese es el número de credenciales que imprimimos y ya se acabaron.”
Sobresalen los líderes indígenas, con nutridas delegaciones de Perú y Bolivia, siguen los dirigentes sociales, estudiantes universitarios que aspiran a cambiar al mundo, académicos que se mantienen en las trincheras de la revolución y “unos 200 activistas europeos,” según cálculos de Lebert.
La sede del encuentro alternativo es la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI), unos 30 kilómetros al norte de Lima, cuyo campus está poblado por estos días de banderas rojas, rostros del Che Guevara y pancartas con lemas infinitamente revolucionarios.
En la explanada frente al Teatro de la UNI, donde se desarrollan las principales disertaciones de la cita alternativa, un joven peruano con chamarra indígena de alpaca vende DVD piratas que ostenta como tales porque “la piratería es una manera de divulgar el mensaje.”
El joven ofrece un DVD sobre la deplorable vida de los indígenas en Ecuador y explica que él ha estado ahí, en las comunidades del país vecino, y también vende por un dólar el video “Del cielo llora sangre,” sobre las fumigaciones colombianas a los plantíos de coca.
“El mundo no es sólo uno. Es múltiple y es diverso,” reza uno de los lemas de la Cumbre en una pancarta colgada a un lado del Teatro de la UNI, y a un lado las juventudes comunistas peruanas y un grupo que afirma que Cristo “fue el primer revolucionario” reparten panfletos.
En este evento financiado por Unión Europea los invitados reciben un vale para pasar a un improvisado comedor a servirse tallarines con carne en envases plásticos desechables y a la hora del almuerzo las delegaciones se dispersan por los patios para comer.
Plumas, bombines, ponchos de alpaca y banderas multicolores –las insignias de las diferentes nacionalidades indígenas- dominan el ámbito, mientras la diputada peruana María Sumini, una combativa quechua de pura cepa, habla en uno de los estrados.
“El problema –dice a viva voz a la audiencia- no es la pobreza, sino la riqueza que está en pocas manos.”
A Sumini le revuelve el estómago el apelativo de “Anti-Cumbre” que la prensa ha dado a este encuentro alternativo y afirma en entrevista que más que estar en contra de algo, los asistentes están a favor de la inclusión, del respeto a las plurinacionalidades, culturas y razas.

Greenpeace recuerda en Machu Picchu la agenda de la cumbre.
“No somos ‘anti’ nada. Sólo queremos que los presidentes que tendrán su cumbre nos escuchen, que consulten al pueblo y hagan lo que el pueblo quiera,” sostuvo la congresista peruana del Partido Nacionalista.
Algunos gueros europeos de rubios cabellos largos y pantalones cargo deambulan por ahí, medio despistados, como buscando cómo servir a la revolución, a la emancipación de los pueblos originarios que decidieron hacer su propia cumbre porque a la otra no fueron invitados.
Preguntamos a Sumini si todos los presidentes que participarán este viernes en la V Cumbre América Latina-Unión Europea cuentan con su descalificación, y ella se aprestó a negarlo: “No, no todos. Evo es un presidente de los nuestros, él sí nos representa.”
Vía: La voz (Arizona)
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