Abril 27, 2008

El desarrollo sostenible significa que se debe incluir a todos

Cacerolazos y otros motines populares, corridas en los mercados y acaparamiento (foto) acompañaron la suba de los precios en el principal importador mundial de arroz, Filipinas. Este archipiélago del océano Índico conoció esta semana los resultados de su último censo de población: hay oficialmente 89 millones de filipinos, pero oficiosamente son muchos más. En 2000, había 77 millones. Con un crecimiento demográfico del 2% anual, esto significa que cada hora hay 200 bocas más que alimentar.
LAS BOCAS INÚTILES. La situación de Filipinas no es única. Los países que más temen el aumento de cereales y alimentos básicos son pobres o tienen muchos pobres. Y sus gobiernos temen todo aquello que pueda alterar el ejercicio institucional. Hay 28 millones de filipinos que viven con sólo un dólar al día. Por el alza de los precios, el temor a que ya no sobrevivan ha dejado de ser una especulación de economistas clásicos.
Como en las islas Filipinas, en el resto del mundo las opciones son las mismas. Alimentar a esta nueva población económicamente poco valiosa se vuelve una nueva carga, y cada vez más onerosa, para el Estado y para la comunidad internacional (en Haití, en Sudán, en Gaza, y cada vez en más puntos y regiones). Además, hay que darle dónde habitar, porque si se abandona a las poblaciones a sí mismas, se afincarán en el campo, al que quitarán espacio para siembras y cosechas productivas, con lo que a su vez aumentarán la escasez y los precios. En Filipinas, el Estado prohibió la construcción en tierras útiles para la agricultura, con la esperanza de llegar al autoabastecimiento arrocero. Si los precios del arroz bajan, la alimentación generaría una paz social que contrarrestaría la criminalidad y litigiosidad que aumentarían con el hacinamiento.
JOE SIXPACK. Arroz, maíz, leguminosas, frijoles, oleaginosas, carne y leche quieren producir, más baratos, los países centroamericanos, del Caribe y del ALBA, reunidos el sábado en una cumbre urgente en Managua. El ex sandinista y actual presidente nicaragüense Daniel Ortega la inauguró no sin malicia con una pregunta retórica: “¿Quién podría pensar que en algún momento en Estados Unidos se iban a racionar los alimentos?”.
Si es verdad que se racionó la venta de arroz en Wal-Mart, en cambio la ausencia de racionamiento, y de autocontrol, es una prueba que los candidatos presidenciales norteamericanos deben ofrecer para agradar a sus electorados populistas. En especial, al mítico Joe Sixpack, que acopia y bebe, en una sola sentada, paquetes de seis latas (y aun seis botellas) de cerveza. Un personaje que Homero Simpson encarnaba como estereotipo. El único consumo que no aumenta cuando se asciende en la escala social norteamericana es el de calorías. Acusados de elitismo, los precandidatos demócratas Barack Obama y Hillary Clinton tuvieron que descender precipitadamente la escala y mostrarse comiendo panqueques, waffles y empanadas de calórico queso de Filadelfia.
EL PAN DE LOS AÑOS MOZOS. En el país más agrario de América, parece natural que el triunfo del ex obispo católico Fernando Lugo el domingo pasado se haya debido al voto campesino. El fin de seis décadas de gobierno del Partido Colorado enfrenta al Paraguay, que vive el contrabando de alimentos argentinos, con la deuda de la Reforma Agraria. Tanto más difícil de pagar, porque, según dijo el presidente electo, “no hay catastro”. La concentración de la propiedad de la tierra en unas pocas, poderosas manos es sin embargo un hecho bien conocido. El Partido Liberal, que integra la Alianza de Lugo, es tradicionalmente un partido de dirigentes ganaderos.

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TRISTES TÓPICOS. La soja subsidiada que le compra la Comunidad Andina de Naciones está en la base de la riqueza del departamento boliviano de Santa Cruz de la Sierra. Tropical y plano, el departamento se empeña en desmentir las tarjetas postales de Bolivia. En el Oriente boliviano no hay ovejas sino vacas, el arado de buey fue reemplazado por máquinas y el dueño de toda explotación agropecuaria se siente un gran estanciero. Es la “nación camba”, cuya elite se identifica con la modernidad, la libre empresa, el éxito y la inserción de Bolivia en el mundo. El Occidente boliviano, según muchos de ellos, está habitado por indios sin ambición para los negocios. Representa, en suma, atraso, izquierdismo y aislamiento. No es casual que los de Oriente busquen por el medio del referéndum convocado para el 4 de mayo, e ilegal en este Estado unitario, alejarse y hasta separarse del gobierno central. En Santa Cruz beben cerveza paceña. Pero, advierte una etiqueta verde, tropicalizada: el agua no es andina, es local. Y la cerveza está hecha de cebada, se jactan: no como las argentinas, que son de arrocillo.

Vía: Crítica

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