ECOTURISMO

Turismo en La Provincia de Mendoza

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SITUACION AMBIENTAL ARGENTINA

Desafío de los Andes 

 

 

 

 

Mariano D'Alessandro

Había llegado por fin el día que esperábamos con tanta ansiedad. Viernes, 19.30 hs, edificio Rulero en Capital Federal, estaba todo listo para comenzar una de las aventuras mas emocionantes que me ha tocado vivir. Parecía que no íbamos a poder convivir en el reducido espacio del Minibus durante tantas horas de viaje pero ni bien terminamos de cargar las bicicletas y el equipaje, nos despedimos de amigos, familiares y novias y partimos dejando atrás el pavimento y la ciudad, hacia el sur de Mendoza, precisamente a Las Loicas, un solitario paraje de frontera ubicado sobre el Paso Pehuenche en medio de la cordillera, a más de 1800 m.s.n.m., cerca del límite con la Provincia de Neuquen.

Luego de pasar por Luján, Junin, Villegas, Realicó, Gral. Alvear, San Rafael, llegamos a Malargüe donde el equipo de apoyo nos recibió con un suculento almuerzo. Con el grupo completo seguimos hacia el campamento base ubicado en Las Loicas, ya en el paso Pehuenche, donde se iniciaba el Desafío Andes, una travesía de  mountain bike a través de la Cordillera de los Andes, una propuesta ambiciosa, exigente y hasta rara tambien, o eso nos hacian sentir quienes se enteraban de nuestros planes para el verano

El lugar era inmejorable: un valle muy verde, donde corre el Río Chico proveniente del deshielo de las altas cumbres, en medio de enormes montañas que tiñen el paisaje de un encanto muy especial. El resto del día estaba destinado a la dificil tarea de distribuirse en las carpas ya instaladas, ademas de bajar y preparar las bicis que ya tenían unos kilos demás de tierra, lubricar cadenas y piñones y sobretodo comenzar a adaptarnos a los ritmos y características del lugar.

Luego de un milímetrico relevamiento y de experiencias anteriores en diferentes lugares del país, habíamos elegido el Paso Pehuenche, camino de ripio, no comercial y por lo tanto tan bello como solitario, para llevar a cabo una propuesta espectacular: cruzar Los Andes en mountain bike.

Para esto hubo un trabajo previo arrollador tanto desde la organización como de los participantes.

Hay que aclarar que para poder inscribirse no es necesario ser un deportista de élite, pero si tener resistencia física, dado que uno mismo es el motor del viaje y hay que disfrutar y no padecer lo que uno ha elegido-

Dada la cantidad de nieve caída en el invierno anterior, durante el pedaleo cruzaríamos innumerable arroyitos provenientes de los deshielos de las Altas Cumbre, por lo que no tendríamos problemas de agua.

En la mañana no solamente tuvimos a los gallos como prescindibles anunciadores naturales del alba, sino que en un momento vimos una impresionante cantidad de chivos dirigirse hacia nuestras carpas. Luego nos enteramos que en esta zona de nuestro país, la vida gira alrededor de la crianza del chivo, en todos los eneros se desarrolla la fiesta nacional del chivo que reune pobladores de ambos lados de la cordillera. Para no despreciar los frutos del lugar, esa noche hicimos honor al apetito del ciclista y cenamos chivito asado.

Luego desayunamos e hicimos conjeturas sobre la resistencia de cada uno sobre la bici, hasta que llegó el momento de la charla preparatoria en la cual se trataba de unificar criterios y poner pautas para el buen desarrollo de la travesía, hablando desde seguridad y recomendaciones en la conducción de la mountain bike, hasta explicar que hacer con los residuos. Luego de media hora de "adoctrinamiento" en pos de una feliz experiencia, llego el solemne momento de partir, luego de hacer una buena elongación de músculos, ceremonia que se repetiría antes y sobre todo después de pedalear, durante todo el viaje.

Con todos sobre sus bicis llegó la foto de rigor y comenzaron a trabajar platos y piñones.

La primera etapa era de 40 km y unía Las Loicas con un paraje solitario llamado La Veranada de Sepúlveda, previo paso por la aduana argentina. Antes de llegar a la aduana ya estábamos reparando un pinchazo. Se formaron dos equipos basicamente, el mas fuerte denominado "polenta" y el cariñosamente denominado "Minardi".

El camino era en subida y los fuertes vientos de frente, nos obligaban a esforzarnos al máximo.

 

 

Nos dábamos gritos de aliento y cada tanto parábamos para cargar las caramañolas con agua helada de vertiente y aprovechábamos para sacar fotos.

El Paso Pehuenche es muy seco y ventoso, por lo que el trayecto se hizo muy duro, pero la belleza del lugar y el ánimo constante de todos, hicieron que ninguno aflojara, hasta cubrir los primeros veinte kilómetros donde paramos a almorzar. Luego de almorzar, llegó la sagrada siesta y el problema se presentó al no haber nada de sombra. La solución eficaz no tardó en llegar: nos hicimos muy amigos en minutos y aprovechamos para conocernos un poco mas, amontonándonos bajo la diminuta sombra del trailler.

Luego del descanso y superada la modorra general, comenzamos a recorrer los últimos veinte kilómetros del día que fueron más difíciles todavía, por el aumento de pendiente, que impedía que superaráramos los 7 km/h de promedio y fundamentalmente por el incansable viento en contra.

A medida que ascendíamos, la geografía del lugar mostraba su cambio; al final llegamos a ver los primeros  y gigantezcos bardones de nieve y el imponente Cerro Campanario, de 4049 metros, uno de los más altos del sur de Mendoza y nevado en gran parte. El atardecer generaba un espectaculo lleno de matices y sombras que pasaban por el rosa, el fucsia, el púrpura hasta llegar a un violeta, todo esto a las 21hs.

Llegamos al campamento, con el poquito de energia que nos quedaba en medio de abrazos, aplausos y gritos de alegría, felicitándonos, por ese primer logro, ya que ninguno había subido al vehículo de apoyo y después de los festejos, como presos de guerra, comenzamos a devorar lo primero que encontramos.

Esa noche fue muy fría -las caramañolas amanecieron heladas-  lo que no nos intimidó, mientras contábamos las experiencias del día de cada uno. Eso si, alrededor del fuego. Cenamos una cazuela a la Strogonoff  y todos a dormir.

Nos levantamos en el segundo día de cordillera, tras pasar la noche más fría de todo el viaje. Sentíamos el esfuerzo del día anterior pero ninguno quería aflojar y después de desayunar iniciamos los cuarenta y cuatro kilómetros hasta el Valle del Campanario, en territorio chileno.

Todos iban en busca de un gran bardón que se suele formar en esta parte del Paso. y como si fuera un viaje de egresados para treintañeros terminamos todos derrapando en bici sobre la nieve y lo peor, indecente e imperdonable: haciendo guerra de nieve entre equipos parapetados detrás de las pobres bicicletas!!

 

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Esta seccion solo busca fomentar aquellos lugares y viajes que son respetuosos del ambiente

Nuevamente el viento no fue nuestro aliado obligándonos a parar con frecuencia a tomar agua, para evitar la deshidratación, la protección solar era parte de nuestra piel; el sol nos pegaba todo el día y era imposible encontrar sombra donde resguardarnos ya que a esta altura casi 2500 metros no había nada de vegetación.

Fue esta la etapa más crítica del Desafío, subíamos bordeando la ladera sur del Campanario y el Río Chico, en esos momentos pedaleábamos en silencio y el único aliciente era saber que durante la tarde comenzaba la bajada del camino.

Cruzamos el hito de frontera argentino-chileno e increíblemente  llegamos al punto más alto del Paso Pehuenche: 2560 metros, uno de los puntos más felices del viaje ya que aqui comienza el primer descenso de varios kilómetros.

Poco después llegamos a la Laguna del Maule, enorme espejo azul en medio de tanta aridez, donde almorzamos, descansamos y algunos se bañaron, mientras Pancho nos explicaba su lección de geografía sobre la formación de valles en la Cordillera.

Encontrarla fue doblemente gratificante porque luego de semejante ascenso, tendríamos una inyección de adrenalina en estado puro con diez kilómetros de alucinante descenso en medio de los Andes.

Es difícil transmitir lo que se siente en un lugar con semejante belleza, con la montaña a un lado , el camino que se pierde en el horizonte y el precipicio con la laguna del otro. Igualmente difícil es convencer a los ciclistas para que reduzcan la velocidad, luego de interminables horas pedaleando en subida, la pendiente es como un oasis y allá van con el rostro desencajado y la mirada demente puesta diez metros más adelante, olvidándo el peligro que se corre en un camino en descenso  de solo cinco metros de ancho.

Llegamos, luego de frenético descenso tocando los 60 km/h, en interminables derrapadas, al Retén de Carabineros, primer puesto fronterizo chileno, donde revisaron los alimentos que llevávamos, ya que está prohibido ingresar carnes, lácteos, verduras y frutas.

Fuimos atendidos en forma ágil, al tiempo que éramos testigos del impresionante caudal del Río Maule, que nace de la Laguna que tiene el mismo nombre. Como caía el sol continuamos viaje. Pasamos por la Cuesta de los Cóndores y por los Monjes Blancos, importantes formaciones macizas de piedra, que adornaban el lugar.

A partir de este momento el camino sufría una metamorfosis general, modificándose todo su entorno. Era sencillamente espectacular, muy angosto -solo pasaba un vehículo-  y corría junto a un precipicio de 150 metros. Como descendíamos constantemente, las reglas de seguridad se hicieron mucho más firmes, justo antes de que uno rodase sin mayores consecuencias. El que compró terreno sufrió luego varias gastadas, ya que en la caída perdió el valioso escudo de su equipo de fútbol favorito, que estaba en su pantalón. La recomendación evidente: siempre usar casco.

Con el correr de los kilómetros, los poseedores de horquillas rígidas, supieron de las reales ventajas que se obtienen al tener una suspensión delantera.

Llegamos al campamento al anochecer sumamente excitados por el descenso y aplaudiendo a los que iban apareciendo.

Mientras hacíamos la elongación pertinente, los que en su vida habían hecho un ejercicio similar morían de risa por las posiciones tipo ballet que tenían que adoptar. Luego ante la infaltable merienda, nos contamos las experiencias y peripecias de cada uno.

Reparamos un cable de freno roto y nos bañamos, a pesar de la temperatura del agua. El Desafío iba tomando forma. No era todavía la medianoche y no quedaba ni uno en pie.

En la 3º etapa el paisaje nuevamente comenzó a cambiar. Dejábamos el clima seco de alta montaña, para encontrar la humedad y el verde del lado chileno de la cordillera.

Los pinos aislados que encontrábamos en un principio se transformaron en bosques. El Río Maule, que llega hasta el Pacífico, se convertía a un azul profundo y comenzaba a sumar rápidos y cataratas.

Luego de almorzar y mientras algunos dormían a la sombra, otros nos fuímos a bañar a una cascadita. El sistema de baño era muy divertido ya que para quedar debajo del agua, había que tomarse de unas ramas y dejarse caer debajo del shock de agua fría. Triste fue el final de las pobres lianas, cuando Claudio, uno de los participantes comenzó a columpiarse y terminó graciosamente sentado en el agua con las pobres ramitas en la mano.

Pasamos por el segundo puesto fronterizo de La Mina, y al preguntarle a un carabinero la altura de ese lugar, nos respondió  cien metros s.n.m. Nuestra conclusión fue que Chile se encontraba en una gran depresión geográfica o que el carabinero había tenido un pequeño error de cálculo de mil cien metros aproximadamente.

Seguimos por Perquín, superando los cien kilómetros de travesía y por Armerillos, nombre de las puntas de metal que usaban los indígenas en sus flechas 300 años atrás y llegamos al campamento establecido en Las Garzas, donde empezamos a encontrar pequeños poblados que salían a las calles a ver a los "locos" que pasaban en bicicletas.

Aquí tuvimos que dejar de tomar agua de ríos y vertientes, ya que de a poco nos íbamos acercando a la civilización- contaminación. Llegamos al campamento y luego del baño correspondiente, y con la poca energía restante, se organizó un pequeño campeonato de truco. Luego a la hora de ir a dormir sufrimos la instalación de un aserradero que funcionaría toda la noche en una de nuestras carpas.

El cuarto día de pedaleo fue, contra lo que esperábamos, uno de los más difíciles, aún sin subidas, por el ripio grueso y especialmente por el sembradío de millones de serruchitos que complicaban la marcha.

Durante la tarde entramos en pavimento, y por más que la mountain bike esta diseñada  para los caminos de combate, fue una bendición: nos dolía hasta el ombligo. Se cuenta que mas de uno besó el asfalto.

Algunos cambiaron las cubiertas con tacos por las lisas, ya que estas son mas convenientes para el pavimento por su mejor adherencia y perfil, permitiendo mejorar la performance considerablemente.

LLegamos muy contentos por haber terminado con éxito esta etapa, y más aún por la belleza y tranquilidad del lugar donde se había establecido el campamento.

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Como la cantidad de kilómetros había sido menor, aprovechamos para llegar al campamento directamente sin escalas para almorzar. y esta decisión fue genial ya que pudimos aprovechar el resto del día para descansar, hacer un picadito de fútbol y bañarnos luego en el lago. Terminamos el día alrededor encantados alrededor del fuego, cenando costillitas de cerdo asadas y porque no acompañándolas en un gesto poco deportivo, pero justo para ese momento, con unos buenos tintos chilenos.

La última etapa fue recorrida exclusivamente sobre pavimento, dado que nos acercábamos cada vez má a la civilización y fue espectacular el pelotón que se formó, con todos los ciclistas codo a codo y en hileras de dos, separados solo por milímetros entre rueda y rueda, sintiendo el rumor que generan las cubiertas con tacos en el pavimento. Igualmente placentero fue la coordinación cual ballet, entre los que "tiraban" desde adelante y los que luego iban a reemplazarlos en la dura tarea de ir adelante del pelotón manteniendo un ritmo y una velocidad de 35km/h constante.

Fue emocionante entrar en Talca con la escolta de carabineros chilenos, y llegar hasta la puerta del hotel donde nos íbamos a alojar. Igualmente emocionantes fueron los abrazos y apretujones luego del "Señores, felicitaciones, hemos cruzado la Cordillera de los Andes". Se sentía que era un trabajo hilvanado por el aporte de cada uno y el festejo simbolizaba la alegría del logro obtenido por medio del esfuerzo y sacrificio conjunto. Esos 320 km recorridos simbolizában mucho más de lo que eran.

Las cámaras de la televisión chilena entrevistaron a un grupo que nunca se olvidará y más tarde vimos a los "héroes" del Desafío Andes por T.V. en el hotel. Luego estuvimos en Santiago de Chile, pasamos frente al Aconcagua e hicimos un rafting de grado 3 y por momentos de 4, pero eso es parte de otra historia. Lo mejor el grupo y el lugar, una meca para este tipo de actividades.

 

 

Recomendaciones:

  • Informarse con anticipación, el cupo es limitado.
  • se recomienda para ciclistas con un mínimo de preparación física.
  • llevar anteojos con protección lateral y cremas protectoras.
  • calzas y guantes
  • buen abrigo (polar)
  • el casco es obligatorio
  • una mountain bike de 21 cambios como mínimo.

Puede comunicarse con el autor al e-mail: info@mtbtours.com  

Más información en el sitio www.mtbtours.com  

 

 

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