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Nuevamente
el viento no fue nuestro aliado obligándonos a parar con frecuencia
a tomar agua, para evitar la deshidratación, la protección solar
era parte de nuestra piel; el sol nos pegaba todo el día y era
imposible encontrar sombra donde resguardarnos ya que a esta altura
casi 2500 metros no había nada de vegetación.
Fue
esta la etapa más crítica del Desafío, subíamos bordeando la
ladera sur del Campanario y el Río Chico, en esos momentos pedaleábamos
en silencio y el único aliciente era saber que durante la tarde
comenzaba la bajada del camino.
Cruzamos
el hito de frontera argentino-chileno e increíblemente
llegamos al punto más alto del Paso Pehuenche: 2560 metros,
uno de los puntos más felices del viaje ya que aqui comienza el
primer descenso de varios kilómetros.
Poco
después llegamos a la Laguna del Maule, enorme espejo azul en medio
de tanta aridez, donde almorzamos, descansamos y algunos se bañaron,
mientras Pancho nos explicaba su lección de geografía sobre la
formación de valles en la Cordillera.
Encontrarla
fue doblemente gratificante porque luego de semejante ascenso, tendríamos
una inyección de adrenalina en estado puro con diez kilómetros de
alucinante descenso en medio de los Andes.
Es
difícil transmitir lo que se siente en un lugar con semejante
belleza, con la montaña a un lado , el camino que se pierde en el
horizonte y el precipicio con la laguna del otro. Igualmente difícil
es convencer a los ciclistas para que reduzcan la velocidad, luego
de interminables horas pedaleando en subida, la pendiente es como un
oasis y allá van con el rostro desencajado y la mirada demente
puesta diez metros más adelante, olvidándo el peligro que se corre
en un camino en descenso de
solo cinco metros de ancho.
Llegamos,
luego de frenético descenso tocando los 60 km/h, en interminables
derrapadas, al Retén de Carabineros, primer puesto fronterizo
chileno, donde revisaron los alimentos que llevávamos,
ya que está prohibido ingresar carnes, lácteos, verduras y frutas.
Fuimos
atendidos en forma ágil, al tiempo que éramos testigos del
impresionante caudal del Río Maule, que nace de la Laguna que tiene
el mismo nombre. Como caía el sol continuamos viaje. Pasamos por la
Cuesta de los Cóndores y por los Monjes Blancos, importantes
formaciones macizas de piedra, que adornaban el lugar.
A
partir de este momento el camino sufría una metamorfosis general,
modificándose todo su entorno. Era sencillamente espectacular, muy
angosto -solo pasaba un vehículo-
y corría junto a un precipicio de 150 metros. Como descendíamos
constantemente, las reglas de seguridad se hicieron mucho más
firmes, justo antes de que uno rodase sin mayores consecuencias. El
que compró terreno sufrió luego varias gastadas, ya que en la caída
perdió el valioso escudo de su equipo de fútbol favorito, que
estaba en su pantalón. La recomendación evidente: siempre usar
casco.
Con
el correr de los kilómetros, los poseedores de horquillas rígidas,
supieron de las reales ventajas que se obtienen al tener una
suspensión delantera.
Llegamos
al campamento al anochecer sumamente excitados por el descenso y
aplaudiendo a los que iban apareciendo.
Mientras
hacíamos la elongación pertinente, los que en su vida habían
hecho un ejercicio similar morían de risa por las posiciones tipo
ballet que tenían que adoptar. Luego ante la infaltable merienda,
nos contamos las experiencias y peripecias de cada uno.
Reparamos
un cable de freno roto y nos bañamos, a pesar de la temperatura del
agua. El Desafío iba tomando forma. No era todavía la medianoche y
no quedaba ni uno en pie.
En
la 3º etapa el paisaje nuevamente comenzó a cambiar. Dejábamos el
clima seco de alta montaña, para encontrar la humedad y el verde
del lado chileno de la cordillera.
Los
pinos aislados que encontrábamos en un principio se transformaron
en bosques. El Río Maule, que llega hasta el Pacífico, se convertía
a un azul profundo y comenzaba a sumar rápidos y cataratas.
Luego
de almorzar y mientras algunos dormían a la sombra, otros nos fuímos
a bañar a una cascadita. El sistema de baño era muy divertido ya
que para quedar debajo del agua, había que tomarse de unas ramas y
dejarse caer debajo del shock de agua fría. Triste fue el final de
las pobres lianas, cuando Claudio, uno de los participantes comenzó
a columpiarse y terminó graciosamente sentado en el agua con las
pobres ramitas en la mano.
Pasamos
por el segundo puesto fronterizo de La Mina, y al preguntarle a un
carabinero la altura de ese lugar, nos respondió
cien metros s.n.m. Nuestra conclusión fue que Chile se
encontraba en una gran depresión geográfica o que el carabinero
había tenido un pequeño error de cálculo de mil cien metros
aproximadamente.
Seguimos
por Perquín, superando los cien kilómetros de travesía y por
Armerillos, nombre de las puntas de metal que usaban los indígenas
en sus flechas 300 años atrás y llegamos al campamento establecido
en Las Garzas, donde empezamos a encontrar pequeños poblados que
salían a las calles a ver a los "locos" que pasaban en
bicicletas.
Aquí
tuvimos que dejar de tomar agua de ríos y vertientes, ya que de a
poco nos íbamos acercando a la civilización- contaminación.
Llegamos al campamento y luego del baño correspondiente, y con la
poca energía restante, se organizó un pequeño campeonato de
truco. Luego a la hora de ir a dormir sufrimos la instalación de un
aserradero que funcionaría toda la noche en una de nuestras carpas.
El
cuarto día de pedaleo fue, contra lo que esperábamos, uno de los más
difíciles, aún sin subidas, por el ripio grueso y especialmente
por el sembradío de millones de serruchitos que complicaban la
marcha.
Durante
la tarde entramos en pavimento, y por más que la mountain bike esta
diseñada para los
caminos de combate, fue una bendición: nos dolía hasta el ombligo.
Se cuenta que mas de uno besó el asfalto.
Algunos
cambiaron las cubiertas con tacos por las lisas, ya que estas son
mas convenientes para el pavimento por su mejor adherencia y perfil,
permitiendo mejorar la performance considerablemente.
LLegamos
muy contentos por haber terminado con éxito esta etapa, y más aún
por la belleza y tranquilidad del lugar donde se había establecido
el campamento.
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