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Valles
Calchaquíes
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Mariano
D'Alessandro |
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Había
mucha ansiedad en esa partida. La semana laboral había concluido,
de a poco iban llegando los bikers al punto previsto para la partida
con su equipo personal, bolsas de dormir, aislantes, bolsos,
bicicletas, cascos, la organización aportaba lo suyo: los bolsos
con equipo mecánico, el botiquín, las interminables cajas con los
alimentos necesarios para la travesía, el equipo de cocina, las
garrafas, había que prestar mucha atención, nada podía quedar en
Buenos Aires y todo debía entrar en el minibús y en el trailler.
Durante la carga de las bicicletas habían comenzado las primeras
bromas, había una gran ventaja y es que cada uno de los
participantes, ya había viajado con nosotros al menos una vez y eso
allanaba el camino.
Había
mucha ansiedad. Hacia dos años que habíamos planificado la travesía
y uno que la habíamos relevado, es decir habíamos viajado para
conocer los caminos, medir el kilometraje de cada etapa, conocer guías
de mountain bike locales, los desniveles de altura, alojamientos,
puntos posibles de campamentos y almuerzos y había llegado el día
de comenzar a rodarla. La expectativa era enorme.
Había
mucha ansiedad. Participantes que llegaban desde los Estados Unidos,
algunos que llegaban en diferentes vuelos desde Buenos Aires, otros
que llegaban desde Corrientes, Santa Fe y Tandil, muchos horarios
diferentes para coordinar, el grupo era súper heterogéneo, cada
uno enriquecería al montón con su cultura, estilos, educación y
costumbres.
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No
se realizan ventas de paquetes turísticos
No se dispone de información adicional.
Esta seccion solo busca fomentar aquellos lugares y viajes que son
respetuosos del ambiente |
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Partimos
finalmente y llegamos a Salta capital luego de veintiocho
extenuantes horas de minibús, atravesando las provincias de Bs As,
Santa Fe, Córdoba, Santiago del Estero, Tucumán y parte de Salta,
esa noche tuvimos nuestro merecido descanso en un albergue de la
capital salteña y allí el grupo estuvo definitivamente completo.
Al
día siguiente la travesía comenzó, se unieron Rolo y Marcos,
quienes oficiarían de guías además de quien escribe y partimos en
vehículo hacia Piedra del Molino, el punto más alto a 3348
m.s.n.m, de la ruta que va desde Salta hacia Cachi atravesando la
Cuesta del Obispo.
Sin
sentir puna, el grupo iba muy animado en el vehículo, primero
escuchando la charla o briefing de bienvenida, luego mientras cada
uno se presentaba y por último viendo el imponente paisaje y camino
en zig-zag que teníamos del otro lado de las ventanillas.
Almorzamos y luego le llegó el turno a la acción, preparamos las
bicis y comenzamos a rodar, descendiendo hacia el oeste primero por
la ruta 33 y luego por la 42. El paisaje era alucinante, la aridez,
los cardones -hábiles sobrevivientes del desierto- las diferentes
tonalidades de rojos eran los ingredientes de este espectáculo, y
mientras el grupo descendía con ritmo sostenido, quizás dejando
pasar los paisajes, quizás no pudiendo reparar en muchos detalles,
pero entregado al ritmo, al esfuerzo, liberando esa ansiedad que habían
acumulado en los días previos a la travesía..
Luego
de 50 km y de cruzar los Valles Encantado y Cachipampa, todos
eligieron continuar pedaleando, hasta llegar a las 21.00 hs a Cachi,
luego de pedalear una hora y media en la penumbra total.
Estaba
claro que la travesía se presentaba en forma intensa desde todo
punto de vista y en todas sus formas, no había espacio para las
medias tintas, eran necesarias la fuerza, la destreza y la
resistencia -como decía Carlos, uno de los participantes de
Corrientes- para recién comenzar a disfrutar. La recompensa serían
los paisajes, las enseñanzas, las experiencias y la convivencia con
las otras quince personas que formaban el grupo.
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En
un nuevo día partimos desde Cachi, tuvimos un gentil encuentro con
la prensa local, visitamos el pueblo, su iglesia con arte en madera
de cardón, descubrimos la historia que habla de colonización española,
de riquezas robadas, influencia aborigen desde el Altiplano, la
fuerte identidad local, sus construcciones típicas e higiene
intachables y luego de entrar en calor nos entregamos nuevamente a
la acción. Hicimos con mucho esfuerzo 15 km en puro ascenso,
trepando más de cuatrocientos metros en muy poco tiempo y en poca
distancia. Una de las ladies del grupo -Sonia- sufrió la puna, y
tuvo que regresar con uno de los guías, luego de descomponerse.
Llegamos finalmente hasta la escuela Las Arcas, desde donde
obtuvimos la mejor foto del Nevado de Cachi de más de 6300 m.s.n.m,
cruzamos el río a través de un puente peatonal, admiramos la
variedad de colores que ofrecía el paisaje, observando Cachi muy
lejos y muy abajo en el horizonte, fotografiamos los campos llenos
de ajíes secándose y en veinte minutos descendimos disfrutando la
adrenalina y excitación de conducir la mountain bike por caminos
sinuosos en descenso. Llegamos a Cachi todos vivitos y coleando y
nuestro equipo de apoyo ya tenía el almuerzo preparado: matambre
con vitel tonné! Obviamente Sonia tuvo que abstenerse y estar a te
y galletitas todo el día.
En
la tarde y sobre la ruta 40, recorrimos 27 km hasta llegar a Seclantás,
acompañando al Valle Calchaquí. Nos alojamos en cabañas -en ese
momento el hecho de dormir en camas, con sábanas y almohadas, y
poder disfrutar de una ducha caliente eran elementos que cotizaban
en lo más alto del mercado negro de la travesía, solo superadas
por el buen vino tinto y la cerveza local "Salta" que
acompañaban cada cena-.
La
rutina de cada día comenzaba con el desayuno a las 8.15 hs de la mañana,
la preparación, revisación y limpieza de las bicis a las 9.00 hs y
a las 10.00 hs todos listos para comenzar la jornada. Dos
participantes por día debían colaborar con el equipo organizador,
con las tareas domésticas de la travesía, para hacer más
eficiente el uso del tiempo y poder disfrutar de la bici, que era el
objetivo principal.
Ese
día comenzamos el que sería el más duro de la travesía. Partimos
desde Seclantás, cruzamos el río Calchaquí hacia el oeste y
comenzamos un exigente ascenso hacia la Laguna de Brealito. El
trayecto a recorrer era de 22 km de ida, pero la distancia engañaba,
había ochocientos metros de desnivel a superar entre los dos mil
doscientos y los dos mil novecientos metros sobre el nivel del mar y
la diferencia de oxígeno en el aire era muy notoria y transformaba
cada vuelta de pedal en un ejercicio muy intenso, sobretodo para
quienes estamos habituados a vivir a nivel del mar. El camino
primero ancho y suave, fue haciéndose cada vez más duro, los
cardones cada vez más grandes eran testigos silenciosos de nuestro
sufrimiento voluntario y luego de diez kilómetros superamos la
primer cuesta importante y reagrupamos aprovechando que había que
reparar una pinchadura. Estas fueron una constante en toda la travesía,
organizamos una competencia que finalmente ganó Johnny con seis
pinchaduras! Fue un buen consejo el agregar líquido antipinchaduras
y la colocación de bandas de kevlar por dentro de las cubiertas.
El
siguiente punto de encuentro y luego de un descenso momentáneo que
sirvió para liberar nuestras piernas de tanto esfuerzo, fue el
pueblo de Brealito. La fatiga era considerable y todavía no había
pasado lo peor! Quedaban los últimos cinco kilómetros de ascenso
en caracol hasta llegar al abra. El camino era increíble y el zig-
zag y el caracol, nos permitía ver a nuestros compañeros trepar en
diferentes partes del mismo, por momentos usábamos la relación de
cambios para máximo esfuerzo, en silencio, solo escuchando el ruido
de las ruedas en contacto con el suelo y la propia respiración
trabajando en forma constante como un tren a vapor. Llegamos
finalmente a la Laguna, un espejo verde en medio de los cerros
colorados, que no encajaba, que parecía imposible de ser real
mezclada con tanta aridez.
Luego
del merecido descanso y almuerzo, iniciamos la vuelta con el desafío
de llegar antes de que oscurezca. Todo lo sufrido en la mañana se
transformó en un montón de sentimientos confusos y mezclados al
comenzar a descender, entre ellos había alegría, emoción,
derroche de adrenalina, satisfacción personal y mucha concentración.
La elongación final, los masajes para relajación y la ducha de
agua caliente hicieron lo que faltaba para terminar un día
perfecto. Marcos,
nuestro guía local, se despidió del grupo esa noche, su aporte había
sido aprovechado por todo el grupo.
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ECOTURISMO |
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Desde
Seclantás continuamos en vehículo hasta Molinos, un pueblo con
mucha historia y una Iglesia color crema que es una belleza. Siempre
nos acompañaba el buen tiempo, no hay ni soles ni noches
estrelladas como las que se pueden vivir en esta región. Luego del
almuerzo hicimos 47 km por la Ruta 40 hasta llegar a Angastaco.
Lentamente se iban perdiendo de vista los nevados de más de seis
mil metros, el paisaje continuaba ofreciendo sus contrastes de
cerros rojos, valles verdes, casas de adobe y ajíes secándose al
sol, tuvimos oportunidad de cruzarnos con zorros, llamas y guanacos
y por segunda vez llegamos a destino de noche. Nuestro albergue era
un poco más precario, cenamos pastas con pesto y salsa de
roquefort, tuvimos nuestro vino tinto y nos olvidamos del cansancio
y nos dedicamos a divertirnos hasta la hora de ir a dormir.
Para
los argentinos, a diferencia de ciclistas de países extranjeros, es
tan importante disfrutar de paisajes, descensos, esfuerzo sobre la
bici como de una buena cena, con mucha charla, diversión y cerveza
o vino que acompañen la velada y este grupo no era la excepción.
En
Angastaco comenzamos uno de los caminos más espectaculares que yo
haya hecho alguna vez. Se llama Quebrada de las Flechas y esta
compuesto por una serie de formaciones injclinadas que acompañan
durante 20 km hasta el cruce del Río Calchaquí. Allí es donde
tuvimos muchísimas paradas obligadas, las máquinas de fotos no
paraban de trabajar, se acababan los rollos, los caprichos de la
naturaleza no dejaban de asombrarnos mientras descendíamos
suavemente camino a San Carlos. Antes de llegar a la ciudad entramos
en un camino de pavimento que fue un alivio para más de uno y
nuestras partes menos nobles comenzaron finalmente sus merecidas
vacaciones. En San Carlos hicimos nuestra elongación frente a la
Iglesia, y como quedaban 27 km hasta Cafayate, cargamos las bicis en
el trailler, mientras la mayoría fue de compras, aprovechando los
tapices, el vino patero, las artesanías y el queso de cabra locales
que son todas una delicia.
Llegamos
a los bungalows en Cafayate, cenamos ravioles y a dormir. El día
siguiente iba a ser diferente: mañana libre para visitar el centro
de Cafayate o para visitar alguna bodega, mientras los cocineros
preparábamos el plato del mediodía, unos piononos con salmón y
palmitos acompañados por huevos rellenos, de los que no quedó ni
una miguita.
El
plan era hacer en vehículo solo 20 km de la ruta 68 que comunican
Cafayate con Salta capital, para luego bajar las bicis del trailler
y comenzar a rodar por la alucinante Quebrada de las Conchas o
Quebrada de Cafayate. Habíamos elegido pedalear en la tarde para
disfrutar el estallido de los rojos en el atardecer. Comenzamos en
"El Paso", seguimos por "La Yesera", "Casa
de loros", "El Sapo", "Santa Bárbara",
"Garganta del diablo", "Las abritas" hasta
llegar casi sin luz a "Las Curtiembres" totalizando 50 km
de recorrido a través de las formaciones más extrañas que hayamos
visto y que parecen sacadas de una película del oeste americano. En
"Garganta del diablo" entramos a un cañon espectacular
hasta donde los más veteranos hacían gala del eco que poducían
con sus gritos y chillidos. Cualquier salteño hubiera pensado cual
sería el problema psicológico de esos ciclistas.
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La
travesía estaba concluyendo y esa última noche salimos a cenar en
un restaurante de Cafayate. Fue extraño vernos vestidos sin
nuestros coloridos atuendos de ciclismo! Esa cena fue espectacular,
todos demostraron mucha unión y compromiso, y pudimos expresar todo
lo bien que lo habíamos pasado juntos.
Para
el último día el programa era la visita a las Ruinas de Quilmes
para luego hacer el descenso desde la Cuesta del Infiernillo a más
de 3000 m..n.m. hasta Tafi del Valle y luego el descenso hasta
Famaillá.
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El
primero se hizo sin inconvenientes, hacía mucho frío allí arriba,
el viento era muy fuerte y el descenso fue muy veloz y divertido.
Almorzamos en Tafi, visitamos la ciudad y al momento de recomenzar a
pedalear una nube iba cubriendo lentamente el Embalse La Angostura,
el lugar hacia donde nosotros nos dirigíamos. Desde allí comenzaba
el descenso a Famaillá con la particularidad de que el clima seco
de puna se transformaba en Selva Sub-tropical a medida que bajábamos.
Tuvimos que parar y cargar las bicis en el trailler, ya que las
nubes se cerraron en una niebla muy densa, el suelo estaba húmedo y
el tránsito vehicular no aportaba mucha seguridad. La conclusión
fue que disfrutamos intensamente los siete días de bici y no había
necesidad de correr riesgos pocas horas antes de concluir la misma.
Cargamos
las bicis en el trailler e hicimos, con un poco de pena, ese
descenso espectacular viajando en el minibús. Al llegar a San
Miguel de Tucumán un halo de pena se podía respirar. En ese lugar
nos separábamos, algunos volvíamos en minibús, otros volvían a
Bs As en avión, otros a sus respectivas ciudades por su cuenta y
los norteamericanos volvían a su país.
Exteriorizamos
nuestra emoción, nos prometimos el envío de fotos y dejamos la
fecha abierta para otra nueva aventura. |
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Resumen
Cantidad
de días:
9 días
Distancia a recorrer: 280km de caminos de
ripio, conociendo los paisajes más increíbles en el
norte del país, conociendo la cultura indígena, lindando
la frontera con Bolivia.
Ubicación: Provincias de Salta y Tucumán
Perfil
de la travesía: Esta es una travesía espectacular
que se desarrolla en uno de los lugares con más riqueza
de paisajes, relieve, historia y patrimonio cultural. La mayor
parte de este viaje se hace sobre caminos de ripio, atravesando
cerros, conociendo caminos famosos por su belleza y entorno,
poniéndonos en contacto con la cultura de otra Argentina
diferente a la que estamos habituados a ver.
Vamos
a ver paisajes que creíamos que estaban solo en el
Gran Cañon del Colorado, vamos a conocer los atardeceres
rojizos sobre los cerros del mismo color, vamos a ver yacimientos
arqueológicos, vamos a recorrer el parque Nacional
Los Cardones, vamos a pasar por Tafi del Valle y Salta capital
para ver construcciones del siglo XVIII.
En
Cafayate vamos a conocer los viñedos y en Quebrada de las flechas
nos vamos a enloquecer con su paisaje lunar!!
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